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Pensando en el ying y el yang
en un día perfecto

Archivado en: Uncategorized — Beatriz S.R. a las 10:45 am el Lunes, Noviembre 16, 2009

Por Stefanie Milla

Hoy he tenido un día perfecto con mi hija. Hemos jugado, nos hemos hecho cosquillas, hemos dejado que el tiempo se nos escurriera entre las manos, se ha abrazado a mí, me ha pedido y me ha dado mil besos, se ha acurrucado y dejado mecer en mis brazos… Ha sido un día precioso en la inmensidad de sus detalles, en el que, simplemente, todo parecía estar en su sitio. Un día dedicado a querernos, nada más. Sin rutinas, sin obligaciones. “¿Vamos al parque?”, le dije. “No, quiero estar en casa. Contigo”. Sólo quería eso: estar conmigo. Y nada más decirme eso, me dijo, “¡vamos a la cama a hacernos cosquillas!”. Tiradas, riendo, me decía que se quitaba mis besos mientras hacía como si se limpiara la cara. “¿Qué vas a hacer ahora”, me retaba. “¡Tendré que darte mil besos más!”. Y se reía y reía, con ese abandono y esa forma de reírse con todo el ser que tienen los niños de tres años.

Y ha sido precisamente hoy, cuando se ha dormido la siesta entre mis brazos (porque quería rendirse al sueño entre mis brazos “como cuando era pequeña”, me dijo), cuando la he mirado, con ese abandono del sueño de los niños, el día en que he pensado en cuánto se parece a su madre etíope. Tiene el mismo pelo, sus ojos, la boca, la nariz fina y chata. Ha sido otra parte bonita de un día bonito: saber que sé a quién se parece. Reconocer sus rasgos, como yo me reconozco en los de mi abuela y los de mi padre. Saber que ella tendrá en quién reconocerse, con quién buscar parecidos.

A menudo me repiten la “suerte” que tiene mi hija por ser adoptada. Otras me dicen que la suerte la tuve yo (y no puedo estar más de acuerdo). Y, en ocasiones, me dicen que qué “bonita” es la adopción.

Yo no creo que sea “bonito”. Tiene, como todo en la vida, partes buenas y partes malas. Para mí, la mayoría son muy buenas. Pero, ¿y para ella? ¿Quién soy yo para juzgar cómo será para ella? Confío en que haya ganado muchas cosas. Desde luego, me voy a partir el alma porque gane muchísimas. Pero también ha perdido. Ha perdido una madre, una familia que se parece a ella, un país, una cultura en la que no es extraña, en la que nadie cuestionaría su pertenencia. Ying y yang, dulce y salado, bueno y malo, luz y oscuridad: todo tiene varias facetas. Yo espero con todo mi corazón que para ella el balance tenga más luz que oscuridad, que tire más a lo positivo que a lo negativo, pero también creo que habrá momentos en que su adopción le duela. Y que aunque me quiera muchísimo, echará de menos a la madre que no ha conocido. Y pensará en ella, y le dolerá tenerla lejos. Creo que es compatible, del mismo modo que es compatible querer mucho a un padre – y también a la madre. El amor crece: no es finito, no se acaba. Es más: creo que cuanto más amor se tiene, más se produce.

Yo no podré ponerme en su lugar. No quiero pensar que puedo entender cómo se va a sentir por haber sufrido un abandono ni qué se siente al ver que no te pareces a tu familia porque, sencillamente, no lo sé. Puedo imaginarlo, puedo comprender, pero lo único que podré hacer es escuchar, escuchar y escuchar. Y respetar lo que siente, aunque me duela. Y, lo que es muchísimo peor, aunque le duela a ella. Pero para eso soy su madre: para la bueno y para lo malo, para siempre jamás. Sobre todo, cuando nos duela.

4 Comentarios en “Pensando en el ying y el yang
en un día perfecto”

  1. José Luis comentaba que:

    Precioso. Yo he sentido lo mismo otras veces, aunque no sé expresarlo de un modo tan bello como Stefanie.
    Saludos

  2. Eva comentaba que:

    Perfectamente bien explicado.

    Curiosamente a mi las personas que no nos conocen me dicen que mi hija ha tenido mucha suerte. A esas personas siempre les respondo que la suerte la hemos tenido nosotros.

    Pero… las personas que nos conocen siempre nos dicen “qué suerte habéis tenido”. Yo siempre supe que sería una suerte ser padres.

    Mi hija por el momento no puede reconocerse en su madre china. Pero su madre española sigue intentándolo. De todos modos, y sobre todo al principio de la adopción, al mirar a mi hija, veía a su madre. Curiosamente antes respondía a algo físico, ahora a algo emocional. Simplemente veo, admiro y me emociono al descubrir todo lo que sus padres biológicos le dejaron en herencia.

    El nombre chino de mi hija es “guapa del agua”. Me recuerda mucho a la canción de Victor Manuel y Ana Belén “Niña de agua”. Especialmente en la estrofa ” nada me gustaría, como saber cierto, a qué o a quién tendré que agradecerlo”.

    Saludos
    Eva

  3. Laura Heckel comentaba que:

    Buenos Dias:
    Stefanie muy bonito, yo soy adoptada y tengo 28 años de origen colombiano, y claro que teneis suerte ambas, es muy gratificante escuchar de padres adoptivos ese esfuerzo y esa fuerza con la que quieren educar y ponerse en el lugar de sus hijos, solo puedo daros las gracias…en mi blog tambien escribí un articulo que se llama “Gracias” “No, gracias a ti”…que habla justo de esto, de ese sentimiento de gratitud que muchos de los adoptados tenemos, y que aveces llega a limites de anular nuestra autoestima porque pensamos que no nos lo merecemos.
    Un beso a todos
    Laura

  4. Naya comentaba que:

    creo que ,es una pequeña sugerencia.es mejor empezar por mostrarle de la vida el lado positivo y hacer hincapie en todo lo que ha recibido,En la vida que tiene y ttendrá y en las posibilidades ,que dios le ha regalado dandole una familia que la ama y que luchará por ella.Hay que dejar el dolor y aferrarse a las gracia,es decir a la alegria de saber que uno tiene una vida para vivir.

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