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Hermano Mayor:
la adopción en Cuatro

Filed under: adolescencia,media — admin a las 11:34 am el Martes, febrero 9, 2010


Hace unos días, se emitió en televisión una entrega del programa Hermano Mayor protagonizada por una familia adoptiva. Para los que no tuvieron ocasión de verlo, se puede hacerlo en este enlace.

La situación que narraba era complicada: familia con hija de 19 años, adoptada internacionalmente, en una situación fuera de madre. La chica no parece tener interés por nada que no sea salir con sus amigos, la convivencia está totalmente enquistada: broncas, insultos y desplantes por parte de la hija, patadas, ordenadores que vuelan, impotencia, etc. etc. Miraba la tele con esa incómoda sensación de estar violando la intimidad de terceros que tantas veces me producen este tipo de programas. Su dolor, su sufrimiento y sus dificultades retransmitidas en la tele… Porque si algo veía en la pantalla, era el dolor de todos ellos: el dolor de unos padres que se sienten cada día más pequeños; el de una chica físicamente grande, pero emocionalmente bloqueada al punto de parecer una niña de prescolar. Creo que las imágenes reflejaban bastante bien el drama cotidiano de muchas familias, que seguramente se han sentido menos solas y más comprendidas al verse reflejadas.

Como ocurre siempre con la Super Nanny y similares, el tiempo de producción del programa bastaba para que todo se encaminara y pareciera reconducirse. Siempre me hace sospechar porque lo que en la vida real lleva mucho tiempo, en la tele se arregla con una tanda de patadas a un balón y un par de conversaciones “terapéuticas”.

No me quedó demasiado claro, pero me pareció entender que el “Super Nano” de turno había sido antes deportista de élite y también drogodependiente. Y lo que menos claro me parecía era su modo de afrontar el problema. Vale que una chica de 19 años no es un bebé, vale que uno no puede menos que sentir ternura por unos padres desbordados y maltratados, vale que uno debe decidir si se queda en el papel de víctima o si asume todo lo horrible que le haya podido pasar y tira hacia adelante… Sin embargo, a mí me pareció que el presunto terapeuta iba de duro, y que no estaba dispuesto a recoger el dolor y la rabia de la chica. Su sufrimiento, disfrazado de insolencia y rebeldía, tiene por respuesta un “¿no quieres que te abandonen? Pues eres incoherente, porque con tu comportamiento lo que vas a conseguir es que te vuelvan a abandonar”. Ugh, confieso que sentí una patada en el estómago.

3 Comentarios en “Hermano Mayor:
la adopción en Cuatro”

  1. Eugenia comentaba que:

    A mí, que soy madre adoptiva, la historia me pareció muy próxima… y la terapia que se aplicaba no me gustó nada. Eché de menos algún psicólogo que supiera algo de adopción, alguien que explicara a esos padres que esa niña (abandonada varias veces y maltratada por una de sus familias de acogida) necesitaba ayuda desde mucho antes, que lo que les estaba pidiendo -a gritos, y a golpes – es que no la abandonaran otra vez…

  2. emma comentaba que:

    Desde luego el enfoque no fue el adecuado, pero no olvidemos que no deja de ser un reality, busca el morbo y la audiencia, y para lograrlo cuanto más escandaloso sea el caso, mejor. Es molesto que la TV siga difundiendo despropósitos sobre la adopción. Por otra parte el hermano mayor pareciera que sirve tanto para un roto como para un descosido…
    Un abrazo

  3. ana lopez comentaba que:

    “no quieres que te abandonen? Pues eres incoherente, porque con tu comportamiento lo que vas a conseguir es que te vuelvan a abandonar”. “Ugh, confieso que sentí una patada en el estómago.”

    Pues: ¿qué quieres que le diga? Dado el tipo y posibilidades de padres que tiene, no se puede pedir peras al olmo y llega un momento en el que no se puede consentir el maltrato de una hija, MAYOR DE EDAD a sus padres. Por muy adoptada que sea. No es una niña pequeña y había que decirle algo fuerte y, en mi opinión, educativo. Que el tratamiento ha de ser amplio y multidisciplinar, claro, pero que hay que decirle lo que se le ha dicho, pues también.

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