El fin de la inocencia
Por STEFANIE
No puedo decir que ésta sea una idea original mía. Es más: creo que es muy común a todos los que hemos adoptado, y que, igualmente, todos la hemos ido viviendo de forma progresiva. Me refiero a la pérdida de la ingenuidad con la que comienzas un proceso de adopción.
Al principio, pensaba que la cosa era bastante simple. Hay niños que no tienen familia, y a mí me encantaría poder dar una familia a un niño sin ella. Limpio, claro, sin dobleces. Por eso mi primer shock llegó cuando, en la reunión informativa de mi comunidad autónoma, nos explicaron que si hacía falta tanto papeleo era porque el tráfico de niños era una realidad. Parecía tan improbable… El tráfico de niños me sonaba a fines maléficos, de explotación sexual o de mano de obra esclava, de donantes vivos de órganos. No sé, algo muy alejado a lo que yo (y creo que todos los demás asistentes al curso) nos proponíamos. Y sin embargo, el tiempo me ha hecho ver que era cierto. No lo de los órganos, o la explotación o la prostitución infantil (al menos, eso espero), sino a que es tan horrible como cierto que hay un mercado de niños. Y es algo que me tiene totalmente descolocada.
He aprendido que a pesar de los millones de huérfanos que hay en el mundo, sólo una pequeña parte cumple los requisitos de la “demanda”. Niños pequeños, sanos, sin historia conocida. A ser posible, blanquitos de piel. (Es curioso: incluso en regiones de piel oscura, el claro se sigue cotizando al alza). Y a medida que aumenta la demanda, ya aparece quien se hace cargo de encontrar oferta. Y quienes no tienen miedo a saltarse un par de reglas con tal de tener al niño soñado.
Y poco a poco, una se va enterando de cosas que no imaginaba. Casos de niños con informes falsos. Criaturas asignadas que no habían sido dadas en adopción. Países en los que hay quienes engañan a los padres con patrañas para que entreguen a sus hijos. O donde, directamente, los compran. Facilitadores que, según la cantidad de dinero que reciban, “encuentran” niños a la medida de lo buscado. Muchos casos poco claros en los que, al final, la gente prefiere callar por el bien de los menores – o por no arriesgarse a ser señalados con el dedo, a poner en peligro su proceso o ser los que den la nota. Y al final, te das cuenta de que sí, es verdad: el tráfico de niños existe. Y los promotores somos nosotros. Cuando pagamos. (Porque es más corrupto quien corrompe que quien se deja corromper). Cuando callamos. Cuando hacemos la vista gorda. Cuando tenemos miedo a preguntar. O incluso a responder.
Por eso, cuando amigos y conocidos se llevan las manos a la cabeza diciendo cómo es posible que se tarde tanto en adoptar habiendo tanto niño necesitado, no me queda más remedio que decir “porque hay tráfico de niños”.
noviembre 6th, 2006 a las 2:09 pm
Pues así de ingenua he empezado yo y, efectivamente, así de escandalizada y asustada me encuentro ahora. Sólo llevo seis meses en este camino y ahora que ya tengo mi CI me encuentro cara a cara con esta triste realidad. Y ¿qué haces?¿qué dices? Es tan difícil encntrar el equilibrio entre lo que deseas y como lo consigues…
noviembre 6th, 2006 a las 11:48 pm
Cada cual comienza esta andadura motivada por alguna idea y muchos coincidimos contigo, Steffi.
Maduramos durante el proceso y ese motivo también evoluciona. Al final, se nos antoja tan idiota y absurdo …..
Llegamos a la conclusión de que no es suficiente como razón principal. Algunos actúan en consecuencia y se quedan por el camino. Pero otros continuamos porque nuestro deseo de ser padres se impone sobre cualquier otro razonamiento y aparece con una fuerza que ni siquiera sospechábamos.
Creo que es un proceso inevitable y conveniente …….
Al final, de esa idea romántica que queda oculta en el fondo de nuestra cabeza, ya solo nos queda el recuerdo de la ilusión con la que iniciamos este largo camino …..
Besos
PD: Sobre el tráfico de niños no digo nada, me limito a leerte. Gracias.
noviembre 7th, 2006 a las 12:29 pm
Me gusta leerte, consigues expresar lo que algunos no sabemos transmitir tan claramente. Para mi adopcion interncional y etica no son irreconciliables, siempre que no cerremos los ojos y denunciemos. Y sin los que ya hemos perdido la inocencia conseguimos transmitir lo que hemos aprendido/descubiero a los que empiezan, las cosas pueden mejorar notablemente.
Gracias por la reflexion.