De madre a madre
Por S. Milla
Hace apenas una semana que conocí, por fin, a la madre de mi hija. Y ha sido una de las experiencias más importantes de mi vida. Y, sobre todo, creo que lo será también para mi pequeña. Ahora sé más sobre ella: el nombre de sus abuelos, de sus tíos. Lo que sintió su madre al tenerla. Cuánto lloró al entregarla para siempre, y también, al volver a saber de ella.
Sé que si quiere, podré darle respuestas. El nombre de su familia etíope… Lo que sintió su madre por ella, al dar a luz, al entregarla… Cuando quiera saber a quién se parece, tendrá respuestas. Podrá ir juntando las piezas de sus dos familias, recomponer una historia que cambió de rumbo un día para llevarla a otro mundo, a otro continente, sin que ella pudiera decidir al respecto.
Es curioso: al mirar a su madre, no hacía más que reconocer gestos, expresiones. Eran iguales, y a la vez, diferentes. Y cuando volví a casa, a sus brazos y a sus abrazos, veia en mi hija los rasgos de su madre. La forma de la frente… El rizo, grande y abierto, de su pelo… El ángulo de inclinación entre la nariz y la boca… La forma en que su labio superior y la nariz se curvan ligeramente hacia arriba cuando está de lado…
Al llegar a casa, dormí con ella la siesta, y al despertar, la miraba dormida y reconocía a su madre en sus rasgos. Me hizo sentir bien. Me gustó saber que en un futuro le podré decir de quién tiene su sonrisa, su forma de inclinar la cabeza un poco hacia un lado y hacia atrás cuando se ríe. Su diferencia hizo que la sintiera más cercana, más real. Mi hija es mi hija porque llevo sus rasgos grabados en el alma, y ahora que sé cuáles son sus raíces, la siento aún más mía.
Esta mañana he vuelto a ver la foto que me ha regalado su madre de su segundo cumpleaños. Es escalofriante: mi hija y su madre tienen exactamente el mismo gesto. Idéntico. Clavado. No digo los rasgos, no, sino el movimiento de la cara, ¡es un espejo! Me gusta ver esa foto. Y sé que a Madot le gustará verla, seguro, como a mí me gusta ver las fotos de mi madre cuando era niña.
No todo han sido maravillas en el encuentro. (Pero eso nos pertenece sólo a nosotras y a nuestra gente). Ver de cerca la situación de mi “homóloga”, como la llamábamos, es muy duro. Yo no tengo la culpa de su situación, pero ella tampoco. Yo no elegí nacer donde lo hice. Ella, tampoco. Y aunque no soy responsable, me siento solidaria. Porque ella nació con las cartas marcadas. Y de no ser así, no habría dejado a su hija. Seguro.
Cuando, tiempo ha, le envíe fotos de nuestra hija, me dio reparo incluir alguna mía. No sé, sentía pudor de hacerlo. Quería que viera que su hija estaba bien, que era cuidada y querida, pero me daba algo de vergüenza “presumir” de madre. Finalmente, incluí una imagen de las dos porque imaginé que ella también tendría curiosidad por saber quién cuidaba de su bebé. ¡Qué equivocada estaba! En un lugar privilegiado en su casa había sólo dos marcos de fotos: en uno, las imágenes de sus padres. En otro, la única foto en la que yo estaba con nuestra hija. De las más de 30 fotos que tenía, había elegido justo esa. Me alegró, y me rompió el corazón a la vez. Tras la tristeza inicial, sentí alivio: a ella le pasaba como a mí – se sentía unida a la madre de su hija.
Y es que es así como me siento: conectada a ella.
Hubo gente que me dijo que era valiente al ir a ver a la madre de mi hija. Nunca lo sentí como un gesto de valor. Para mí (y sólo puedo hablar por mí) fue algo natural. Algo fluido, parte de un proceso lógico. Es la continuación de una historia que escribimos juntas, aunque sean capítulos diferentes. Y siento que además experimentamos sentimientos muy similares, aunque los vivamos desde mundos que son universos diferentes.
Tras llegar a casa, descargué las fotos en el ordenador. Como tantas veces, mi hija se sentó en mi regazo a verlas, ¡le encanta hacerlo! Al llegar a mis fotos con su madre, ella exclamó, señalando mi imagen con el dedo, “¡¡mamiiiiii!”. Y le dije, de corazón, “sí, es mami, y ella es tu mami de Etiopía, la mamá que te tuvo en su barriga”. Y así es: estamos las dos, a veces llorosas, otras sonrientes, pero unidas, de la mano. Somos familia. Una familia rara, sí, pero familia.
Ella ahora no entiende lo de sus dos “mamis”. Ni le importa. Pero me hace feliz saber que cuando lo entienda, y cuando le importe, podrá saber. Como sabrá que sus dos madres la quieren. Más que a nadie.
julio 3rd, 2008 a las 5:44 pm
Un relato conmovedor, me emociona y provoca algo de “sana” envidia el que hayas podido conocer a la “otra” madre de tu hija. Será un testimonio que seguro tu hija apreciará. Espero que tu experiencia sirva para quitarle el miedo a muchos padres adoptivos a conocer los origenes de sus hijos y para que se den cuenta de lo enriquecedor que puede ser.
julio 5th, 2008 a las 10:42 am
Hola S. Milla, me ha emocionado mucho tu relato y me he sentido totalmente identificada en él. También he tenido la suerte de localizar a la madre biológica de mis hijos, aunque aún no de conocerla personalmente, pero todo se andará. Sólo puedo decir que siento que mi familia ha aumentado, que en Etiopía tengo una parte de ella.
Un abrazo
julio 7th, 2008 a las 10:22 pm
¡cómo me gustaría poder conocer a su primera madre¡ Por desgracia, mis intentos han quedado en nada, me estrello en todos los frentes que abro, y no puedo echarme al país de origen a buscar. El detalle de la foto es precioso. Gracias por compartir algo tan íntimo. Tu hija con el tiempo entenderá el alcance de ese encuentro. Saludos. Linares
julio 14th, 2008 a las 6:47 pm
La historia es tan natural que me cuesta entender que alguien que tenga acceso a esa información tan valiosa pueda despreciarla. Creo que es una riqueza que muchos de nuestros hijos no poseerán, desgraciadamente, y por eso yo también siento envidia.
Admiro tu capacidad de expresión. No caigas en la tentación de dejar de compartir con los demás.
Gracias Stephanie
julio 18th, 2008 a las 12:27 pm
Me ha gustado mucho la sinceridad con la que has escrito el artículo y sobretodo la discreción que en él has sabido guardar. Es muy bonito.
Antes de tener a mi hijo siempre me preocupaba el papel de la madre biológica , pero desde que tuve a mis hijos en mis brazos, desapareció totalmente cualquier ápice de curiosidad, pasando a ser su existencia meramente una anécdota.
Nunca he tenido la necesidad de conocer a las madres biológicas de mis hijos, pues creo que para ellos y, en nuestro caso, no tiene por qué ser siempre beneficioso.
Otro tema es que tengas una necesidad especial de calmar tus preocupaciones al respecto, y que este hecho luego te ayude a ti a educarlos mejor y con más empatía hacia ellos. En mi caso, ya he comentado que no tengo esa necesidad, por lo que creo que si no sé tiene es mucho mejor no forzar el encuentro.
El tema de las “dos mamis” lo veo complejo y poco aconsejable en un niño adoptado de temprana edad, y es imprescindible saberlo llevar con la máxima empatía, para que él lo entienda. Requiere mucho de ti.
Suerte
julio 20th, 2008 a las 4:48 am
Hola S.Milla, gracias por compartirnos tu experiencia, con ello enriqueces y facilitas el camino a muchos de nosotros. Actualmente estamos ubicando los padres biológicos de nuestro hijo de 10 años, quien ha expresado su deseo de conocerlos. Vamos de la mano de Dios, con mucha fe y con la plena seguridad que cumpliendo su deseo y acompañandolo en este proceso, estamos ejerciendo nuestro rol de padres adoptivos y que deseamos con mucho amor lo mejor para ellos. Maria
julio 20th, 2008 a las 12:07 pm
Hola, Naga:
Gracias por tus palabras, eres muy amable. Sin embargo, disiento contigo en una cosa respecto a la madre bio de nuestros hijos. Quizás para nosotros su existencia pueda ser una mera anécdota, pero para ellos no lo es. Son sus raíces, el espejo donde mirarse, la gente a la que se parecen, los genes que llevan. Y creo que cuanta más información tengan sobre de dónde vienen, menos les costará poner toda su historia en su lugar.
Al adoptar, yo asumí que mi futuro hij@ tendría otra madre, y que esa presencia siempre iba a estar allí. Ahora que mi hija es pequeña no lo entiende, claro que no, pero acabará queriendo saber, al igual que dentro de poco querrá saber por qué el cielo es azul o porque el agua cae de arriba abajo y no al revés.
Siempre comparo el comprender sus dos historias con aprender a hablar: nadie da clases de “hablar” a sus hijos, pero éstos comienzan a aprender desde que nacen. Y el día que comienzan a hacerlo tan sólo están reflejando los meses y meses de escuchar y probar que llevan a sus espaldas.
Tener información sobre la otra familia de mi hija no era una necesidad “mía”, sino “nuestra”. Como madre, entiendo que lo que es bueno para mi hija, es bueno para mí, y quizás no hubiera tenido la oportunidad de hacerlo más adelante.
Creo en integrar con naturalidad nuestras dos historias: respetar su origen es asumirlo de verdad, no negarlo, sino saber que está allí con sus detalles, con su realidad, con nombres, caras y lugares. Lo que mi hija quiera hacer luego con ello será sólo su decisión, pero sólo deseo que experimente que, de verdad, de corazón, siempre puede hablar de ello, compartir conmigo sus experiencias y sensaciones al respecto, aunque a veces sus preguntas me puedan doler.
Y sí, tener dos madres es complejo, pero es la realidad de nuestros hijos. ¡Nadie dijo que este fuera un camino fácil! Y claro que requiere mucho de mí, pero ¿acaso la maternidad no requiere muchísimo en todos los aspectos? Este es uno más.
De nuevo, gracias por tus palabras y suerte también,
Stefanie
julio 21st, 2008 a las 11:43 am
Hola Stefanie, la verdad es que no puedo estar más que de acuerdo en lo que escribes, y sobretodo en cómo lo escribes y lo bien que sabes reflejar nuestros sentimientos.
Todo nuestros hijos tienen en común que nacieron de la barriga de otra persona que no es su madre actual, pero no creo que por ello tengamos que ponerles una mamá más en sus vidas, pues creo que con una mamá ya es suficiente como para que tengan que asumir además a otra. Creo que en nosotros reside que les hagamos la vida más fácil o no.
Como bien dices, creo como tú que como padres tenemos que hacer por ellos lo que creamos mejor (siempre pensando por ellos nunca por nosotros), y es por ésto que he hecho el inciso antes en mi nota: “sólo entiendo que este encuentro es positivo si de verdad tu comprendes mejor a tu hijo y lo puedes educar mejor”. No debemos hacer las cosas porque creamos que hay que hacerlas, sino proque creemos que de verdad les benefician, y es por ello que hay que pensar muy bien las consecuencias de nuestros actos cuando tocamos temas tan peliagudos como el origen.
No todas las relaciones hijos adoptados y madres bio son tan bonitas como a veces se pintan en muchos artículos (podría explaiarme en este aspecto como cualquiera que lleve algunos años en la adopción) y es por ello que he comentado que debemos preparar muy bien nuestros corazones y nuestras cabezas antes de dar un paso como el que tú comentas, y que en tu caso tan bien te ha resultado, pero bien sabes que hay otros tantos que no ha sido así, y que el no saber llevar bien este tema de la madre bio, ha destrozado a muchos niños adoptados. No todos estamos tan bien preparados Stefanie, y éso hay que tenerlo en cuenta.
No quiero decir con ésto que nustros hijos no sepan que tienen una madre bio, sólo faltaría, pero hay que saber hacerlo desde la óptica del niño , durante las diferentes etapas de su duelo, y sin dar a esta madre bio, más relevancia de la que tu crees que deba tener, y que es decisión de cada uno de los padres.
Esta es sólo mi opinión claro está, y lo bonito de la viña del señor es que hay uvas de todos los tamaños, colores y sabores. Suerte y te invito a que leas y participes en mi blog (www.hoyelmejordia.com)
septiembre 23rd, 2008 a las 7:41 am
Hola, muchas gracias por compartir tu experiencia de vida. En mi caso no sé cómo voy a manejarlo cuando algún día mi hija empiece a preguntar por sus orígenes. Su madre biológica fue una niña de 15 años que llegó ebria al parto y que era adicta a inhalar pegante para zapatos (muy común acá en Colombia) y quién sabe a qué otras cosas más, y que la abandonó al nacer. O sea que no tenemos manera de rastrearla. Le pido a Dios que ilumine mi corazón cuando ese momento llegue, pues aún no habla a pesar de que va a cumplir 4 años, ya que tiene retraso madurativo.
febrero 5th, 2009 a las 6:17 pm
Qué historia tan conmovedora y a la vez tan natural! Así es como me gustaría que pudiese ser en mi caso y como creo que sería más beneficioso para este triángulo de las dos madres con sus hij@s. Es verdad lo que dices que formamos todos parte de una misma historia, en diferentes capítulos, pero unidas por los mismos hilos. Por esto creo que debe de ser una experiencia sanadora y positiva para tod@s, aunque seguro que duela a cada uno en distintas partes. Pero este dolor se puede soportar más si podemos entenderlo y compartir el triángulo!!
Una maravilla.
Gracias por contarlo
octubre 8th, 2009 a las 1:53 pm
Hola Stephanie, me encanta lo que has hecho y ojalá pueda hacerlo yo. Ya sé que es un blog de postadopción pero estoy muy sensibilizada con las irregularidades y demás, me gustaría que tú o alguien que conozcas, si es posible, me dijeras cómo está ese tema en Cabo Verde, es muy importante, entre hoy y mañana elijo país, no tengo muchas opciones, soy monoparental y prefiero ir por p.p.
Gracias en cualquier caso.
octubre 8th, 2009 a las 4:20 pm
Hola, Inma:
No conozco demasiado el proceso en Cabo Verde. Por lo que sé (y por lo que también he leído en este blog) es bastante transparente y muy justo, pero es un país muy pequeño y creo que los expedientes salen con cuentagotas.
Te deseo mucha, mucha, mucha, muchísima suerte,
Un beso !!!!
noviembre 20th, 2009 a las 6:22 pm
Qué suerte!! Esa niña va a ser feliz!!! me ha encantado leerte y me da sana envidia pero esta vez pensando en mi propia situación, yo me he planteado buscarla cuando vaya a por mi hij@ en ese mismo momento y contactar con ella si puedo.
Lo habéis hecho así o habéis iniciado la búsqueda desde España?
noviembre 27th, 2009 a las 4:32 pm
No me había fijado en este comentario de una mamá cuya hija nació en Colombia, país del que será el mí@.
Al haber nacido en un hospital sí que se puede rastrear a la madre, de hecho deberá aparecer la renuncia hospitalaria… ¿has probado a preguntar por dicha renuncia o a llamar a la clínica y preguntar por su ficha de ingreso?
mayo 17th, 2010 a las 12:09 pm
La vida de nuestros hijos no nos pertenece. Es una vida que custodiamos con responsabilidad y respeto. Pero… como no es nuestra propia vida, existen diversas decisiones trascendentales que NO nos corresponden tomar. Una de ellas, quizás la más significativa, es la de tomar contacto con la familia de origen.
Realmente, ¿quién soy yo y qué derecho tengo a irrumpir en la vida de una mujer colombiana a la que los servicios sociales y judiciales de su país deciden apartar de uno de sus hijos?
Información, toda la del mundo. Pero no me corresponde a mí la decisión de tomar contacto con ella. Algún día, esa decisión sólo podrá ser tomada por mi hijo. Y, si Dios quiere, ahí estaré yo para apoyarle en lo que él quiera hacer.