La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Filed under: acogimiento familiar,sistema-de-proteccion — Beatriz San Román a las 10:27 am el miércoles, marzo 31, 2010

Me cuenta una familia acogedora que hace poco recibieron al fin la noticia de que el niño al que habían acogido durante su primer año de vida iba a ser dado en adopción. Los responsables de menores no quisieron ni oír hablar de un paso paulatino de una familia a otra, ni siquiera permitieron a la familia acogedora acompañar al niño a la cita en la que iba a ser entregado a su nueva familia. Ni que decir tiene que el niño estaba aterrorizado y lloraba desconsoladamente. ¿Qué niño de un año no lo haría cuando lo sacan unos extraños de su hogar, se lo llevan a un lugar que desconoce y se lo entregan a unos desconocidos?

Por increíble que parezca, el comentario de la persona responsable de tal despropósito fue que los menores que al final van a ser dados en adopción deberían permanecer en centros porque si no lo pasan fatal. ¿Para cuándo una formación adecuada de todos aquellos que intervienen en el sistema de protección de la infancia?

Es verdad que hace un tiempo se pensaba que los niños que estaban en los sistemas de protección era mejor que no se vincularan hasta llegar a sus hogares definitivos. En los centros, incluso se empeñaban en rotar el personal de manera que no “se encariñaran” nunca con nadie (y, tristemente, en algunos centros españoles que por suerte cada vez son menos se sigue haciendo). Sin embargo, ya hace muchos años que los estudios han demostrado que los niños no sólo necesitan comida y cuidados materiales para crecer sanos y desarrollarse de un modo positivo. Tanto es así, que en muchos países, hace ya más de una década que cerraron los centros para menores de cinco años (salvo para aquellos que por razones de salud necesitan unos cuidados que no se pueden dar en otro lugar), pues los estudios demostraron que los centros no podían cubrir sus necesidades, y que necesitaban el calor y el amor de un hogar, aunque fuera como medida provisional en una familia de acogida, para poder desarrollarse de forma sana.
Hace unos años leí en un artículo no recuerdo si canadiense o estadounidense una entrevista con un especialista que se congratulaba de la desaparición de los centros para bebés y niños pequeños en su país. He tratado de localizarla y no lo he conseguido, pero recuerdo una frase contundente “en unos años la sociedad verá la institucionalización de bebés y niños de prescolar con el mismo horror con el que hoy se ven los tratamientos con electroshock usados antaño, como una crueldad”.

Sí, la ciencia avanza en la comprensión de las necesidades de los niños (y, por ende, de aquellos que se ven privados de familia). Y, sin embargo, no siempre los técnicos y los responsables de los servicios de protección tienen la formación necesaria.