La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Filed under: Reflexiones al sol,retos-y-dificultades — Beatriz San Román a las 10:22 pm el lunes, abril 25, 2011

Hace unas semanas mi amiga Jimena defendió su tesis doctoral. Su investigación sobre el sistema de salud mental chileno es muy muy interesante, aunque toca temas que poco tienen que ver con el contenido de este blog. Sin embargo, hubo una parte que me hizo pensar en la facilidad con la que se coloca a los niños etiquetas-diagnósticos para explicar sus dificultades.
Mi amiga ha trabajado durante años como psicóloga en el sistema público de sanidad. En muchas ocasiones, los usuarios del servicio les llegan derivados de otras especialidades. Les llega por ejemplo un chico con diagnóstico de retraso mental. Tras hablar con su entorno (la madre, los profes, etc.) descubren que vive en una situación de violencia doméstica.
Pronto resulta obvio que el chico no tiene retraso mental. Tiene problemas de motivación, de concentración, de muchas cosas, pero su inteligencia está algo por encima de la media. El psiquiatra le había pasado un test para medir su C.I. y los resultados dieron un diagnóstico-etiqueta equivocado: retraso mental.
Cuando hablamos de personas, y no digamos ya de niños, a veces la ciencia, “lo científico”, me asusta. Se diseñan unas pruebas, se aplican y se diagnostica sin valorar adecuadamente todo lo que queda fuera de lo que el test en cuestión está diseñado para diagnosticar.

Las preguntas que vendr

Filed under: etica-y-adopcion,ORIGENES,Preguntas incómodas,retos-y-dificultades — Beatriz San Román a las 10:44 pm el domingo, enero 9, 2011

En las últimas semanas ha circulado por las listas de internet un artículo de Luna Bolívar. Las dos citas que lo encabezan son demoledoras:

“No habría tantos niños en orfanatos si no hubiera tanta gente dispuesta a pagar tanto dinero por ellos”

“Quien paga demasiado (…) contribuye a sostener un sistema corrupto”

En los comentarios de la página, no son pocos los que lo tachan de alarmista y sesgado. Lo acusan de que “no tiene ningún rigor, no ha contrastado nada (…) Ni se han molestado en conocer la realidad”.

Es verdad que es difícil de creer que el sistema de adopción internacional vaya en función de los intereses de los países adoptantes pero a estas alturas hay ya tanta información que no se puede sostener lo contrario. El texto cita datos de UNICEF y opiniones de expertos de Terre des Hommes y Against Child Trafficking, dos organizaciones que trabajan sobre el terreno, y que llevan tiempo denunciando cómo funciona la industria de búsqueda de niños para la adopción.

También aparecen en los comentarios historias de quienes han descubierto o están descubriendo a posteriori que su expediente de adopción estaba plagado de mentiras. Y de personas adoptadas, que dan su punto de vista. Laura Heckel, vicepresidenta de La Voz de los Adoptados, ha escrito un post sobre el tema que lleva por título ¡¿Queda claro?!

No estoy de acuerdo con mi amiga Laura en una cosa. Ella dice que los adoptantes deberían de pensar que, cuando sus hijos tengan 25 ó 30 años, no se conformarán en confiar en que todo fue claro, querrán la certeza (certeza que, hoy por hoy, no existe en gran parte de los procesos). No creo que haya que esperar tanto. Mucho antes, pondrán en el buscador “adopción en tal país” y encontrarán este artículo y otros similares, los informes de UNICEF y los Servicios Sociales Internacionales  relatando cómo se falsean las adoptabilidades aquí y allá… A buen seguro tendrán muchas preguntas de difícil respuesta. Muy posiblemente algunas tendrán un tono inquisidor: ¿Qué hicimos cuando supimos que el sistema facilitaba los abusos? Y si descubrimos que su historia oficial tenía fisuras, ¿las enterramos sin más o tratamos de atesorar la información que les pertenecía y que sabíamos que ellos podían demandar en el futuro? ¿Hicimos algo para evitar el lado oscuro del sistema o vimos el dolor y la injusticia y decidimos mirar hacia otro lado?

Adopted: the movie

Filed under: Adopcion interracial,retos-y-dificultades — Beatriz San Román a las 1:53 pm el domingo, agosto 2, 2009

Este vídeo reproduce una conversación entre una mujer de 32 años adoptada en Corea y su madre adoptiva. Jeniffer deseó de niña con todas sus fuerzas ser blanca, y fue muy difícil para ella entender qué significa no serlo en una sociedad como la nuestra. “Yo pensaba que encajabas perfectamente; tenías un montón de amigos, siempre estabas haciendo cosas…” le dice su madre.

Pero ella es tajante. No, no sentía que encajase, y le hubiera gustado que sus padres hubieran tenido una actitud diferente, que hubieran entendido su dolor y sus dificultades para definirse como persona. Su mensaje es claro: ningún niño merece aprender a integrar su diferencia solo, porque el aprendizaje por la vivencia produce mucho dolor y aislamiento.

El trailer pertenece al documental Adopted. The movie.

M

Filed under: libros,nancy-verrier,retos-y-dificultades,trauma — Beatriz San Román a las 11:09 am el martes, junio 23, 2009

Esta semana me ha llegado un libro que pedí por Amazon para leer en vacaciones: Coming Home to Self, de Nancy Verrier. Son nada menos que 486 páginas, todo un tocho, pero un tocho con una pinta excelente. Por lo que he leído y hojeado (más hojeado que leído de momento), buena parte del mismo recoge el contenido de su libro anterior, The Primal Wound: Understanding the Adopted Child, donde explicaba cómo reacciona el cerebro de un bebé o un niño ante el trauma de la separación, y cómo la impronta de esa experiencia permanece a lo largo de los años.

La vicepresidenta de La voix des adoptés me dijo una vez que ese primer libro había cambiado su vida, porque por fin le había permitido entender por qué era cómo era y por qué sentía lo que sentía. Al leerlo, me dí cuenta de lo que quería decir… y, sobre todo, me encontré leyendo las razones científicas de por qué mi hija es hipersensible a determinadas cosas, por qué se bloquea a veces, por qué en determinadas ocasiones mi niña feliz cambia de pronto de estado de ánimo y se muestra huraña o furiosa y, a la vez, desconcertada.

El segundo libro de Nancy Verrier se adentra en cómo influye el trauma de la separación (o la herida del abandono, como la llaman muchos especialistas) no sólo en la niñez, también en la adolescencia y la edad adulta de las personas adoptadas (y de las madres biológicas). Y, lo que es aún más interesante, en cómo entendiendo de dónde surgen los bloqueos y las emociones como la rabia, la culpa o la tristeza podemos desarrollar estrategias para hacerles frente. Es como si les dijera a las personas adoptadas: “vale, tienes razones para bloquearte, para sentir tristeza, rabia, etc., pero no tienes por qué dejar que esas emociones manejen tu vida”.

Como la inmensa mayoría de los adoptantes, inicié el camino pensando que, una vez superado un período de adaptación, la crianza de un hijo adoptado no presentaría retos muy diferentes a los de cualquier otro niño. Tendríamos, desde luego, que explicarles su historia y ayudarles a encajarla, pero de alguna manera albergaba la fantasía de que, si sabíamos explicar las cosas con naturalidad y contestar adecuadamente sus preguntas, lo demás sería muy similar a tener un hijo biológico.

Me llevó mucho tiempo (muchas lecturas, jornadas formativas y muchas conversaciones y entrevistas con adoptados adultos y con profesionales del tema) entender que no todo era tan sencillo. Hace años una persona que me lleva varios años de ventaja en este apasionante camino de aprender a entender las necesidades específicas de nuestros hijos me dijo algo que luego he recordado muchas veces. Kike (que así se llama este compañero y amigo) decía que los padres adoptivos tenemos una función terapéutica, que somos como electricistas ante un mecanismo que ha estado a la intemperie y que viene dañado. No podemos cambiarlo, pero podemos y tenemos que poner cinta aislante aquí, reforzar o reparar allá, etc. Los libros de Nancy Verrier son como un manual del electricista.

Nota IX/ 2010: El libro se ha editado en castellano con el título de El niño adoptado: comprender la herida primaria. Si quieres recibirlo en tu domicilio, consulta este enlace.

Levantar el acelerador

Filed under: Adopcion y Escuela,Reflexiones al sol,retos-y-dificultades — Beatriz San Román a las 11:23 pm el lunes, junio 1, 2009

Por Ana González

(Con el post anterior –Nuestras prioridades, ¿son las suyas?– a medio escribir, tropecé con este texto de Ana en el foro de adoptiva, en un hilo de debate donde se hablaba de qué necesitan los niños que tienen dificultades en varios frentes a la vez. Con su permiso, lo reproduzco a continuación porque no tiene desperdicio. ¡Gracias Ana!).

Por ahora, a los casi cuatro años de estar todos juntos, nuestro hijo va muy bien en el cole. “Demasiado bien” pienso yo, y así se lo dije a su maestra. Demasiado responsable, demasiado atento, demasiado cumplidor, demasiado autoexigente para no haber cumplido aún los cinco años, demasiado hipervigilante. Creo que la tortilla puede dar la vuelta en cualquier momento y que toda esa gran carga que él asume puede convertirse en crisis por no llegar a ser lo que él espera de sí mismo.

He comprobado que, cuando hay días de fiesta o vacaciones, todo es más fluido; él es más niño y menos “niño perfecto”, se puede enfadar, hacer el vago, ponerse cabezota, intentar ir más allá del límite… ¡Y eso me encanta! Aunque siga marcándole pautas, por dentro me encanta, porque de repente aparece Él, el niño que es y que a veces no deja salir afuera. A veces le doy fiesta del cole, aunque sólo sea para quedarnos en casa haciendo el vago, o nos regalamos “algo de los fines de semana”.

Creo que estamos robando la infancia a nuestros hijos. Yo que nací a principio de los años sesenta, que soy profesional liberal y trabajo en lo que me gusta y disfruto, creo que estamos pasándonos mucho con las exigencias a niños que además no criamos nosotros: niñeras, profesores, psicólogos, logopedas… Y los padres adoptivos que taaanto quisimos que llegaran, ¿dónde estamos? En el trabajo o en la sala de espera del terapeuta.

Creo que nuestros hijos necesitan tiempo con nosotros, tiempo para enfadarse con nosotros, con nuestras exigencias, para chillar que ellos necesitan más, mucho más de lo que les ofrecemos, necesitan recuperar su infancia y la confianza en los adultos, y eso pasa por quizás ganar menos dinero y “perder más el tiempo” para regalárselo a ellos.

Un niño que insulta al adulto es un niño que está enfadado con los adultos porque no le gusta lo que le dan; hay que ver qué no le dan y qué sí. Los niños están tan cerca de su propia vida, de sus miedos, de su verdad, que nunca mienten cuando gritan o se expresan. Un niño que grita aún no ha tirado la toalla, aún hay esperanza, porque demuestra que quiere luchar.

 Ver también:

La autoestima: un fruto hermoso y largamente trabajado

Nuestras urgencias y prioridades, ¿son las suyas?

 

Nuestras urgencias y prioridades,

Filed under: Adopcion y Escuela,Reflexiones al sol,retos-y-dificultades — Beatriz San Román a las 10:54 pm el domingo, mayo 31, 2009

Esta semana dos madres, que ni siquiera se conocen entre sí, me han dicho que nuestros hijos son “niños de largo recorrido”. Me gusta la expresión, creo que refleja muy bien algo que nos lleva años aprender (al menos en mi caso) y que tendemos a olvidar en el trajín de las prisas cotidianas.

Mi hija llegó a nuestra familia con algo menos de 24 meses. Recuerdo que los primeros dos años (quizás algo más) yo estaba extasiada con la rapidez con la que aprendía cosas nuevas. Como buena madre primeriza, almacenaba en mi cabeza mil y una anécdotas que me reafirmaban en eso de que los niños son como esponjas, y en que mi hija era la más lista del mundo mundial.

Con el tiempo, he ido aprendiendo que sí, que como todos los niños tiene una enorme capacidad de aprender, que a veces parece mucho más madura que otros niños de su edad… pero que también hay algunos aspectos donde su ritmo es más lento, y donde nuestras prisas de adulto plantean exigencias injustas que nos provocan después una falsa sensación de fracaso. A nosotros, pero sobre todo a ella.

Es algo que he ido intuyendo con el tiempo, y que vi con claridad meridiana una Semana Santa. No salimos de vacaciones ni hicimos grandes planes, pero no había deberes, ni madrugones, ni “venga-que-vamos-a-llegar-tarde”. Fue entonces cuando me di cuenta que, al eliminar la presión, mi hija se transformaba. ¡Qué gozada verla canturrear y reír a carcajada limpia de la mañana a la noche! ¡Y que rápido se avanza cuando uno se siente feliz!

Las jornadas de nuestros hijos vienen cargadas de retos y exigencias que marcan los adultos. Y de recordatorios y presiones constantes. Que si no te metas el dedo en la boca o no te muerdas las uñas, que si te tienes que acordar de prepararte la mochila del cole, que si en la mesa no se juega, que si así no se contesta, que si no has hecho aún los deberes, que si te tienes que esforzar más en el cole…

Queremos (por su bien, todo creemos hacerlo por su bien) que aprendan a compartir y a dominar su genio, que mejoren su caligrafía, que sean ordenados y educados, que sigan el ritmo de las clases… Y está bien que eso nos preocupe, porque es parte importante de los aprendizajes que les ayudarán en el futuro a ser personas autónomas e independientes.

Lo que cuestiono (y me cuestiono) es si las prioridades y los plazos que marcamos son adecuados. Tengo la sensación de que a veces nos empecinamos en exigirles más de lo que pueden simplemente porque “se supone” que son cosas que a su edad deberían tener dominadas hace tiempo. Como si ellos hubieran tenido siempre la estimulación, el cariño, la seguridad y la ayuda necesaria para desarrollarse que “se supone” que todo niño tiene en esos primeros años de vida tan fundamentales.

Creo que muchas veces presionamos a nuestros hijos para que se esfuercen en objetivos que están lejos aún de su alcance. Y que, al hacerlo, perdemos un tiempo y una energía preciosos que podríamos centrar en hacerles avanzar en lo que realmente es prioritario. Nuestras metas de adultos (aprobar el control, librarse del pañal nocturno, dejar de morderse las cutículas, etc.) distraen sus esfuerzos y los nuestros en aspectos más prioritarios (aunque quizás menos visibles a los ojos de los que les rodean).

Antes me preocupaba si mi hija aprendía o no las mates al ritmo de sus compañeros, pero ahora he entendido que eso es lo de menos. O que es importante, pero no prioritario. He comprendido que su motivación y su capacidad de tolerar la frustración repercuten mucho más en sus avances que los ejercicios de refuerzo. Que lo prioritario es dedicar el tiempo que pasamos con ellos a que se sientan incondicionalmente queridos y apoyados, y a fomentar el autoconocimiento, el autocontrol y la autoestima. Sin ellos, las otras metas no son estimulantes desafíos, sino pruebas que no superan y que les hacen sentirse inseguros e incompetentes una y otra vez.

 

Ver también:

La autoestima: un fruto hermoso y largamente trabajado