La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Palabras y sentimientos

Filed under: abandono,dolor,Historias personales,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 11:49 pm el lunes, julio 21, 2008

Hace poco estuve cenando con unos amigos que tienen dos hijas adoptadas. La mayor (que está a punto de empezar 1º de la ESO, ¿doce años?), sin venir a cuento, de pronto me preguntó: «¿Tú tienes miedo de que te abandonen?». Me pilló desprevenida, y creo que le contesté que sí, que creía que todos tenemos una parte de nosotros a la que le da miedo que nos abandonen o nos fallen las personas en las que confiamos. Y entonces ella me dijo, «ya… es que a mí ya me ha pasado una vez».

Su respuesta me ha tenido varios días pensando en la importancia de enseñar a nuestros hijos no sólo a manejar sus miedos o su rabia, sino a entender las causas de sus sentimientos para poder hacerles frente. Creo que uno de los aprendizajes más importantes y complicados de la vida es entender por qué uno siente las cosas que siente. Y también creo que la palabra es el mejor instrumento de transmisión de conocimiento. Pero es un instrumento limitado: las palabras nunca son más fuertes que las vivencias.

Y eso que yo soy «mamá charlitas», de esas que aprovechan las ocasiones que van surgiendo para hablar y poner las emociones y los sentimientos en palabras, y tratar de explicar cómo funcionamos los humanos. Cuando miro atrás, me doy cuenta de que mi padre era mucho más dado que mi madre a este tipo de conversaciones. Y, si sigo recordando, me doy cuenta de dos cosas:

– Hay cosas que me dijeron de pequeña que en ese momento no me sirvieron para nada (o eso me pareció) pero que con el tiempo (y cientos de repeticiones) calaron profundo. Un ejemplo: yo era un niña tímida patológica, y mi padre siempre decía: «la vergüenza no sirve para nada, vergüenza solo de pecar». Aunque pasada por un cierto tamiz «laicista», esa enseñanza repetida mil veces que en su momento no parecía ayudar en nada, la tengo completamente incorporada. (¡Si no de qué iba yo a llevar el pelo fucsia!). Y eso me lleva a pensar que no se trata de convencer a mi hija y de que me dé la razón en el momento, que uno no transmite con palabras los aprendizajes emocionales, que va ?sembrando? esperando que llegue el momento en que a fuerza de repetición y madurez cobren sentido.

– Tambien hay cosas nunca verbalizadas que uno incorpora por la vivencia. Las enseñanzas no-habladas de mi niñez las llevo grabadas sin palabras, pero las llevo. Algunas son hábitos y reacciones aprendidas que me simplifican la vida; en cambio, las que no me gustan me ha costado mucho reconocerlas y desmontármelas, precisamente porque ni las tenía racionalizadas, pero ahí estaban.

La experiencia con mi hija me ha enseñado que hay cosas que por mucho que te las hayan explicado, por mucho que «se sepan», se necesita vivirlas para saberlas. Y no una vez, sino muuuuuuuchas, sobre todo si has tenido experiencias antes en sentido contrario. Y aquí retomo con lo del miedo al abandono o «la herida primaria» como la llama Nancy Verrier en su interesantísimo libro The Primal Wound.

Confieso que, hasta que no lo he empezado a vivir, no he entendido todo eso de las heridas invisibles de la adopción. Tal vez porque me gano la vida escribiendo, tenía sobrevalorado el poder curativo de la palabra, como si lograr hablar de lo doloroso y explicarlo en un relato coherente fuera suficiente para cerrar las heridas.

En mi caso, había oído hablar de la luna de miel y de lo de después. La nuestra fue larguísima, y los primeros berrinches llegaron meses después. Me sorprendía la cantidad de rabia que podía caber en su pequeño cuerpecito de 80 c.m. de altura. Coincidía con la edad de las rabietas, pero me daba cuenta de que eran «más bestias» que las que había visto en otros niños… ¿o era una neura de madre primeriza? El tiempo pasó y también las rabietas. Y durante dos años, todo parecía colocado, todo era «normal».

Luego, con el primer «desafío fuerte» (empezar el curso en clase nueva y con niños que sabían más que ella, que ya sabían las letras y ella no, etc.) llegó la primera racha de episodios de rabia y de poner al límite nuestra relación: ?Si no lo hago bien en el cole, ¿váis a querer seguir siendo mi papá y mi mamá??.

He aprendido en este tiempo que hay heridas que parecen cerradas y de pronto se reabren. Las situaciones o circunstancias que la hacen sentir insegura reavivan sus miedos que (gracias a Dios) proyecta hacia fuera en forma de enfado. Y también, creo que ahora estoy aprendiendo que no es suficiente con hablar y entender los miedos, que necesita sacarlos afuera, aunque sea a mordiscos y patadas, para comprobar que nada cambia, que seguimos ahí, que eran infundados.

¿Sirve de algo tener después una charlita sobre el tema? Pues cada vez lo tengo menos claro. La última vez me miró y me dijo «mami, ¿y si nos olvidamos que ha pasado?». Y me pareció que tenía razón, que ella no necesitaba en ese momento volver a hablar de cosas que ya hemos hablado mil veces. Que su cabeza sabe y entiende, pero sus emociones van por otro lado.

Y aquí de nuevo la duda. ¿Simplemente necesita experimentarlo más veces? ¿O necesita que pongamos en palabras cosas que hasta ahora no poníamos? Siempre le hemos hablado de su historia desde el respeto y la comprensión a su madre biológica que no eligió unas circunstancias muy duras. ¿Será que necesita también que hablemos más, mucho más, de cómo vivió ella ese momento y de cómo le influye en lo que siente ahora?

De madre a madre

Filed under: Adop. Internacional,Adopcion interracial,Reflexiones al sol,Stephanie — Beatriz San Román a las 8:16 pm el martes, julio 1, 2008

Por S. Milla

Hace apenas una semana que conocí, por fin, a la madre de mi hija. Y ha sido una de las experiencias más importantes de mi vida. Y, sobre todo, creo que lo será también para mi pequeña. Ahora sé más sobre ella: el nombre de sus abuelos, de sus tíos. Lo que sintió su madre al tenerla. Cuánto lloró al entregarla para siempre, y también, al volver a saber de ella.

Sé que si quiere, podré darle respuestas. El nombre de su familia etíope? Lo que sintió su madre por ella, al dar a luz, al entregarla? Cuando quiera saber a quién se parece, tendrá respuestas. Podrá ir juntando las piezas de sus dos familias, recomponer una historia que cambió de rumbo un día para llevarla a otro mundo, a otro continente, sin que ella pudiera decidir al respecto.

Es curioso: al mirar a su madre, no hacía más que reconocer gestos, expresiones. Eran iguales, y a la vez, diferentes. Y cuando volví a casa, a sus brazos y a sus abrazos, veia en mi hija los rasgos de su madre. La forma de la frente? El rizo, grande y abierto, de su pelo? El ángulo de inclinación entre la nariz y la boca? La forma en que su labio superior y la nariz se curvan ligeramente hacia arriba cuando está de lado?

Al llegar a casa, dormí con ella la siesta, y al despertar, la miraba dormida y reconocía a su madre en sus rasgos. Me hizo sentir bien. Me gustó saber que en un futuro le podré decir de quién tiene su sonrisa, su forma de inclinar la cabeza un poco hacia un lado y hacia atrás cuando se ríe. Su diferencia hizo que la sintiera más cercana, más real. Mi hija es mi hija porque llevo sus rasgos grabados en el alma, y ahora que sé cuáles son sus raíces, la siento aún más mía.

Esta mañana he vuelto a ver la foto que me ha regalado su madre de su segundo cumpleaños. Es escalofriante: mi hija y su madre tienen exactamente el mismo gesto. Idéntico. Clavado. No digo los rasgos, no, sino el movimiento de la cara, ¡es un espejo! Me gusta ver esa foto. Y sé que a Madot le gustará verla, seguro, como a mí me gusta ver las fotos de mi madre cuando era niña.

No todo han sido maravillas en el encuentro. (Pero eso nos pertenece sólo a nosotras y a nuestra gente). Ver de cerca la situación de mi ?homóloga?, como la llamábamos, es muy duro. Yo no tengo la culpa de su situación, pero ella tampoco. Yo no elegí nacer donde lo hice. Ella, tampoco. Y aunque no soy responsable, me siento solidaria. Porque ella nació con las cartas marcadas. Y de no ser así, no habría dejado a su hija. Seguro.

Cuando, tiempo ha, le envíe fotos de nuestra hija, me dio reparo incluir alguna mía. No sé, sentía pudor de hacerlo. Quería que viera que su hija estaba bien, que era cuidada y querida, pero me daba algo de vergüenza ?presumir? de madre. Finalmente, incluí una imagen de las dos porque imaginé que ella también tendría curiosidad por saber quién cuidaba de su bebé. ¡Qué equivocada estaba! En un lugar privilegiado en su casa había sólo dos marcos de fotos: en uno, las imágenes de sus padres. En otro, la única foto en la que yo estaba con nuestra hija. De las más de 30 fotos que tenía, había elegido justo esa. Me alegró, y me rompió el corazón a la vez. Tras la tristeza inicial, sentí alivio: a ella le pasaba como a mí – se sentía unida a la madre de su hija.

Y es que es así como me siento: conectada a ella.

Hubo gente que me dijo que era valiente al ir a ver a la madre de mi hija. Nunca lo sentí como un gesto de valor. Para mí (y sólo puedo hablar por mí) fue algo natural. Algo fluido, parte de un proceso lógico. Es la continuación de una historia que escribimos juntas, aunque sean capítulos diferentes. Y siento que además experimentamos sentimientos muy similares, aunque los vivamos desde mundos que son universos diferentes.

Tras llegar a casa, descargué las fotos en el ordenador. Como tantas veces, mi hija se sentó en mi regazo a verlas, ¡le encanta hacerlo! Al llegar a mis fotos con su madre, ella exclamó, señalando mi imagen con el dedo, ?¡¡mamiiiiii!?. Y le dije, de corazón, ?sí, es mami, y ella es tu mami de Etiopía, la mamá que te tuvo en su barriga?. Y así es: estamos las dos, a veces llorosas, otras sonrientes, pero unidas, de la mano. Somos familia. Una familia rara, sí, pero familia.

Ella ahora no entiende lo de sus dos ?mamis?. Ni le importa. Pero me hace feliz saber que cuando lo entienda, y cuando le importe, podrá saber. Como sabrá que sus dos madres la quieren. Más que a nadie.

La decisi

Filed under: Adop. Internacional,Adopcion interracial,adopcion-y-etica,ECAIs,Reflexiones al sol,Uncategorized — Beatriz San Román a las 1:40 pm el domingo, junio 1, 2008

Por Mariana.

Ya son varias las veces que me han hablado de los comentarios de psicólogas y trabajadoras sociales de algunas ECAIS, con respecto a las ?decisiones? de las madres biológicas de nuestros hijos etíopes. Comentarios que surgen en respuesta al interés de algunas familias adoptivas en conocer sobre dichas familias biológicas. Las profesionales de estas ECAIS les dicen que ?las madres biológicas tomaron su decisión en su día, y que no tienen que pensar mas en ellas? .
Me gustaría abrir una reflexión sobre las decisiones de las madres biológicas de nuestros hijos etíopes (extrapolable a muchos otros países del Tercer Mundo donde hay adopción internacional y miseria).

Sus no-decisiones
Decisiones… ¿Realmente las madres de nuestros hijos etíopes toman sus propias decisiones, toman alguna decisión en su vida? Esta palabra se me antoja tan prepotente, ignorante y equivocada en boca de supuestos profesionales de nuestro primer mundo.
Si cronológicamente hiciésemos un listado de las NO-decisiones que toman las mujeres etíopes a lo largo de su vida, nos encontraríamos con que:

? Una mujer etíope no decide ser explotada desde su más tierna infancia, siendo la última en comer en su hogar y trabajando como un animal de carga.

? Una mujer etíope no decide ser mutilada. En Etiopía entre el 80 y el 90 % de las niñas son sometidas a diversas mutilaciones. La tasa de mortalidad materna alcanza altas cuotas debido a las complicaciones en los partos relacionadas con la mutilación.

? Una mujer etíope no decide dejar la escuela ni su hogar para contraer un matrimonio temprano en contra de su voluntad, lo que compromete su derecho a la educación, el pleno desarrollo de su personalidad, sus habilidades y su capacidad física y mental. Cuando sobreviene un embarazo, compromete también su salud y, en ocasiones, su vida. La mayoría de las adolescentes que contraen matrimonio a edad temprana son presionadas para tener hijos antes de haber alcanzado la madurez fisiológica, lo que redunda gravemente en términos de morbilidad y mortalidad materna.

? Una mujer etíope no decide el numero de hijos que quiere tener (7 como media) .

? Una mujer etíope no elige como parir. Las mujeres niñas casadas a temprana edad tienen partos horribles, que causan desgarros muy importantes. Se calcula que más de 150 mil mujeres padecen fistulas en Etiopía. Y cada año se suman diez mil nuevos casos. Mujeres que están siempre acompañadas de un olor a orines y heces, ya que no controlan sus esfínteres, lo que la gente en Etiopía asocia con una maldición. Como consecuencia, las jóvenes son estigmatizadas y rechazadas en sus comunidades, por lo que muchas terminan suicidándose o mendigando en las calles con sus niños. Y muchos partos acaban con la muerte del niño.

? Una mujer etíope no decide ser maltratada (el 84% de las mujeres etíopes han sufrido o sufren maltrato en el seno de su hogar).

? Una mujer etíope no decide ser violada ni abusada sexualmente por su pareja. Un 59 por ciento de las mujeres son objeto de violencia sexual en su hogar, de acuerdo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Después de saber todo esto, ¿podemos decir que las madres etíopes de nuestros hijos deciden su entrega, deciden sobre algo? A ver si va a ser la primera decisión que toman en su vida y va a ser precisamente ésta.

Desgraciadamente la adopción internacional, que en principio es positiva, se esta convirtiendo en algo éticamente discutible, discutible desde varios puntos de vista debido a las diversas actuaciones de las entidades, personas y organismos que participan en ella.

¿Cómo no ser solidarios?
A veces he leído en los foros, ?yo no pienso en la madre de mi hijo?, ?No confundamos adopción con caridad?, ?No quiero saber de la familia biológica ( por x causas)?.

¡Que fácil es pronunciar frases como esas cuando no se conoce la realidad de las madres etíopes! ¿Adopción y caridad?. ?Yo no adopto para hacer caridad, adopto porque quiero ser padre y madre…?. Pero no adoptamos en Noruega ni en Islandia, adoptamos en países económicamente muy desfavorecidos. Completamente de acuerdo en no confundir adopción con caridad. Pero la cosa tiene mas matices, no es todo blanco y negro.

Quizás para empezar sería positivo dejar de usar la palabra caridad, y sustituirla por solidaridad. No solidaridad hacia nuestros hijos, sino solidaridad hacia la situación de la inmensa mayoría de familias biológicas de nuestros hijos. Solidaridad y respeto. En la mayoría de los casos, si no tuviesen vidas tan difíciles y desesperadas, no darían a sus hijos en adopción, así que nos guste o no hay un factor predominantemente económico por medio. Y solidaridad y respeto hacia el país de origen de nuestros hijos.

Norte-Sur, ¡cuantas diferencias! ¿Cuál es el futuro, ya presente? ¿Madres del tercer mundo donantes de hijos? ¿Hombres y mujeres del primer mundo receptores de ellos? ¿Se podría considerar una expoliación más de los países pobres?

Adopción y solidaridad, ¡cómo no van a estar mezcladas, si estamos en mundos tan distintos! Pero la solidaridad ya digo que no es hacia nuestros hijos, sino hacia sus familias biológicas. Y hacia familias como ellas. Y hacia los niños que no han decidido tampoco nacer en uno de los países a la cola del desarrollo, y por ello morir tempranamente o sufrir enfermedades aquí erradicadas con las vacunas y la atención medica…

La creación de ?huérfanos?
Empezamos en la adopción pensando que hay muchísimos niños huérfanos que necesitan una familia…pero eso no es exactamente así. Los niños en los orfanatos que pueden salir en adopción son un pequeño número. El aumento de demanda -la demanda excesiva- y la falta de control corrompen el proceso y crean ?huérfanos? para nosotros, niños que sin la adopción internacional podrían seguir viviendo con sus familias. Niños que al testarlos para el VIH si salen positivos nadie sabe con seguridad a dónde van a parar. Estos niños podían haber seguido viviendo con sus familias…

Y muchos acaban la adopción yendo a buscar a sus hijos a Etiopía, y deseando que pasen los días para volver, sin querer saber nada o casi nada mas del país de sus hijos. ?Para que, si ya son españoles?, dicen . Para algunos da igual que sea Etiopía, Colombia, China o cualquier otro país. Sólo son sitios proveedores de niños. Del niño objeto de deseo.

¿Podemos considerar a las madres etíopes de nuestros hijos meros recipientes que algún día llevaron a nuestros hijos en su seno y quedarnos con la conciencia tranquila? ¿Podemos considerar que ellas ?decidieron ? dar a sus hijos en adopción como aquel que realmente decide algo con objetividad, como si no hubiesen sufrido para llegar a eso, como si fuesen libres de decidir? La adopción internacional merece una reflexión mucho más profunda: esos ?bomboncitos? o ?chocolatitos? han crecido en un vientre, han estado con sus madres, las han querido y han sido queridos, y sus madres los seguirán queriendo siempre, porque las madres etíopes no son menos madres que nosotras.

Por supuesto que hay madres irresponsables, madres que no quieren a sus hijos, madres maltratadoras, y esas haberlas las hay en todas partes. Pero con vidas tan terribles ¿hasta qué punto podemos decir que una madre etíope elige dar en adopción a su hijo, que lo decide con total independencia de criterio?

La usurpación de su historia
No entiendo la postura de numerosas ECAIS, poniendo trabas o estando en contra de la búsqueda de la familia biológica. Y menos entiendo que falseen la historia de nuestros hijos en numerosas ocasiones, negándoles así la existencia de su familia biológica. O que no les den a las familias adoptivas los papeles de sus hijos que les corresponden por derecho que es el derecho del niño a conocer su propia historia. ¿Nos gustaría a nosotros que nos borrasen de un plumazo nuestro pasado, nuestros orígenes, nuestra historia?

En nuestro país se ha firmado el convenio de La Haya, nos creemos civilizados, tolerantes y amplios de miras, se trabaja ?por el bien del menor?… pero muchísimas veces se niega el derecho del niño adoptado internacionalmente a su propia historia, ya sea falseándola directamente como antes dije (con lo que vulneramos el tratado de los derechos del niño e incurrimos en ilegalidades, porque ¿qué validez tienen los juicios basados en historias falsas?), ya sea negándoles un poco de información a las familias biológicas, algo que tendría que ser totalmente comprensible desde el punto de vista humano. Muchísimas de estas familias están desesperadas por saber solo si sus hijos están bien. Y muchas veces se hace que el niño o niña ?nazca? el día que nos conoce…

La adopción internacional en España -masiva y descontrolada- hará que en unos años haya muchísimos niños adoptados que nos harán muchísimas preguntas. Podemos esconder la cabeza bajo la arena, creernos a pies puntilla los informes ?oficiales? en cuanto a los orígenes, decir que no somos nadie para buscar, que cuando nuestros hijos sean mayores de edad ya lo harán ellos (el promedio de vida en Etiopía es de 48 años, ¿quién de la familia biológica quedara vivo para entonces?), que la familia biológica no importa…

Pero también, si decidimos buscar, hemos de saber que nos encontraremos en la mayoría de los casos con historias terriblemente duras, que nos van a crear problemas de conciencia y con las que lógicamente, si somos sensibles, vamos a crearnos un compromiso moral.

Así que como conclusión yo diría que aquí las únicas que deciden, y deciden decir frases gloriosamente penosas desde el punto de vista humano y de conocimiento, son esas trabajadoras de esas ECAIS, a las que quizás mas les valdría darse una vuelta por Etiopía. Aunque solo sea para adquirir un mayor conocimiento de causa a la hora de hablar de seres humanos…

El carnet gen

Filed under: abandono,Adop. Internacional,Adopcion interracial,adopcion-y-etica,dolor,Reflexiones al sol,Uncategorized — Beatriz San Román a las 3:30 pm el jueves, abril 24, 2008

¿Carné genético para familias adoptivas? La presentación de este producto nos ha dejado a muchos con la boca abierta.

Resulta que ADECOP (la federación de ECAIS) y los laboratorios Lorgen han llegado a un acuerdo para comercializar un servicio dirigido especialmente al colectivo de familias adoptivas. O dicho de otra manera, para intentar convencernos de que necesitamos pagarles a ellos 495 euros del ala. Por este inmódico precio, nos ofrecen unas pruebas de ADN que certifiquen que nuestros hijos son nuestros hijos.

Sólo a un prodigio de los negocios amante de la serie C.S.I. se le podrí­a haber ocurrido venderlo como «la respuesta a una necesidad social». Se nos dice que, en caso de accidente, contaremos con un documento que certifique que nuestros hijos son nuestros hijos.

Seamos serios: accidentes hay muchos, y algunos de ellos son mortales, cierto. Pero son absolutamente excepcionales aquellos en los que la policí­a recurre a hacer pruebas de ADN para saber quién era el fallecido. Primero están los documentos que pudiera portar, la identificación por parte de familiares, las huellas digitales, las radiografías dentales… Sólo en aquellos casos en que el cuerpo está tan deteriorado que lo anterior no es posible, se recurre a la genética.

Por un momento, pongámonos en el macabro supuesto de que nuestro hijo fuera uno de esos casos excepcionales y que muriera en un incendio y su cadáver quedara calcinado. Un simple pelo del cepillo con el que se peina servirí­a para certificar su identidad. Aunque si el tema nos obsesiona, siempre podemos cortarle una uña y guardarla en lugar seguro por si un dí­a ocurre una desgracia. No me imagino a ningún juez discutiendo la validez de esa prueba para recuperar el cadáver de un hijo.

Los argumentos de ADECOP y los señores de LORGEN para convencernos de que es algo que necesitábamos urgentemente no tienen desperdicio. Intentan ser de lo más persuasivo. Lógico, por otra parte, pues tratan de sacarnos un buen pico y saben que no tomaremos la decisión por impulso.

«La identificación de menores adoptados ofrece a los padres adoptivos interesados seguridad jurí­dica y tranquilidad personal», afirma Javier Valverde, el director gerente del laboratorio.

«Esto resuelve una situación de inferioridad de padres adoptivos e hijos adoptados respecto al resto de la sociedad?» apostilla Javier Góngora, el presidente de ADECOP.

«No es un problema legal, sino de conciencia», añade el representante de ADECOP sin ni siquiera sonrojarse.

«Este carné es, en muchas ocasiones, la única posibilidad de certificar el parentesco no consanguíneo entre el menor y sus padres». Subrayo lo de «en muchas ocasiones» porque me parece totalmente grotesco. En los últimos veinte años, sólo a través de la adopción internacional, ha habido decenas de miles de adopciones. ¡Y ni un solo caso en el que una familia haya necesitado algo así!

Apelar a nuestra conciencia para vendernos masivamente (¡anuncian que estará disponible en las farmacias!) un producto que lo más probable es que jamás lleguemos a necesitar, me parece francamente inmoral. ¿Será que ahora que las solicitudes de adopción internacional han bajado un 30% las ECAIS buscan diversificar su negocio?

Filed under: Adop. Internacional,adopcion-y-etica,media,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 8:10 pm el viernes, marzo 14, 2008

Hace unos días una buena amiga me pasó el link de la página de Medical Adoptions. Ya desde la primera frase, se me hizo un nudo en el estómago: «El órgano que necesitas, el hogar que ellos merecen».

Tuve que releer varios párrafos para asegurarme de que no entendía mal. La supuesta agencia de adopción explica que el tráfico de órganos es ilegal, pero que si necesitas un riñón, puedes adoptar un niño. Aclaran que esta fórmula no es válida para transplantes de corazón, pero sí para otros órganos no vitales entre los que se listan el hígado, el pulmón, el ojo, los intestinos («hasta 50 cm» aclaran) o las transfusiones de sangre.

La página no tiene desperdicio. La sección de FAQ argumenta que la donación de órganos entre familiares es perfectamente legal y, puesto que los niños están deseando donarlos a cambio de una vida mejor, no existe tampoco una cuestión ética. Es una buena idea para aquellos que «tienen mucho amor que dar».

Sobrecoge el apartado de tarifas, que clasifica a los menores adoptables según su procedencia. El «Platinum Package», el más caro, es para niños blancos. También está el «Golden Package» (asiáticos) y hasta la mejor oferta («Best value» dicen ellos) para los africanos. El precio de la adopción varía también dependiendo de la edad del menor ¡y del órgano que se desee!

Tarifas del ?Golden Package?

En la web hay hasta un fotolistado de niños con órganos disponibles. Allí encontramos la historia de la pequeña Angela (6 años) a la que se describe como una niña preciosa «con riñones perfectos». O la de Natia (15 años) rescatada de las redes de la prostitución infantil, que ha estado libre de los pecados de la carne desde que descubrió a Dios, pero que sugiere que este tema ¡»es negociable»!

La primera vez que entré en la página tuve que cerrarla con un ataque de asco infinito, bloqueada por la indignación y la náusea. Luego, con el paso de las horas, me fui dando cuenta de que obviamente la web no es lo que parece.

Leída con detenimiento, la web da suficientes pistas para entender que no, que no se trata de una agencia legal o ilegal que venda unos servicios repulsivos. Está hecha con astucia, calcando el lenguaje «sensible» (o sensiblero) de muchas agencias legales de adopción internacional que anuncian sus servicios en internet. Tiene una apariencia verosímil, muy currada, pero son demasiadas las incongruencias y las barbaridades.

Ni se sostiene que alguien pueda insinuar que los niños están dispuestos a aceptar que las relaciones sexuales entren en el trato ni que puedas elegir un donante a través de una foto (no es tan sencillo encontrar donantes compatibles con el enfermo). Nadie que conozca mínimamente los procesos de adopción puede creerse tampoco que estén en disposición de tramitar en cualquier país (Corea, Rusia, México, Panamá, Chequia… ¡la lista es enorme!) y encima en unos plazos de 20 a 28 días. El cuestionario de registro, leído con frialdad, hasta puede resultar hilarante. Te preguntan si has sido condenado por violación o abusos de menores, pero te aclaran que las preguntas son un puro trámite y que no se usarán para denegar una solicitud. ¡Si hasta te preguntan si has comprendido que dentro del acuerdo está el comprarle un coche al adoptado!

La pregunta entonces es ¿quién y con qué objeto se ha tomado el trabajo de realizar esta web? Otra buena amiga me sugiere que se trata a buen seguro de una crítica ácida y feroz al sistema y que, como tal, es magistral. Y seguramente está en lo cierto. Una parte de mí se alegra de encontrar una explicación plausible, pero entonces surgen dos nuevos interrogantes:

– Si hay quien no logra entenderla como tal, y se traga el cuento, ¿es efectiva? Por desgracia somos capaces de asumir que existen injusticias atroces sin que eso nos robe el sueño. La muerte de niños y civiles en los conflictos de Oriente Medio, por ejemplo, nos sobresaltan por un minuto, y después seguimos con nuestra vida…

– Y la cuestión tal vez más espinosa: ¿qué tipo de civilización incivilizada hemos construído donde una cosa así nos puede llegar a parecer verosímil?

Espero que se reciban en la Interpol (children@ interpol.int), en la Guardia Civil y en webs como la de protégeles un montón de denuncias. Eso significaría al menos que todavía somos capaces de escandalizarnos y de actuar en consecuencia.

El c

Filed under: adopcion-y-etica,Historias personales,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 11:24 pm el martes, enero 15, 2008

Por Xavier G.

Empecé la aventura de la adopción convencido de que era indispensable un conocimiento previo del país de origen de mi futuro hijo. El entender su cultura y filosofía de vida debía servir de herramienta para elaborar nuestro futuro juntos.

Un 2 de noviembre de hace tres años viajé a Katmandú, entrando de lleno en el mundo de las adopciones. Con la maleta llena de ilusión, con las mejores intenciones y conociendo el país. Aunque me creía preparado, no alcanzaba a ver la complejidad del camino que estaba emprendiendo. Intencionadamente escapé de los circuitos establecidos, escogí una adopción libre y directa sin involucrar ECAIs u otros intermediarios. El camino era más complejo. Las vías oficiales no ven con buenos ojos a quien escapa de sus redes, desaconsejan vivamente esa opción argumentando los peligros que acechan. Yo estaba firmemente convencido de que, ocupándome en primera persona de seguir todos los pasos de la adopción, me aseguraría de que ésta fuera transparente y limpia.

Saber donde nació mi hija, su origen étnico, la composición de su familia, su idiosincrasia, asegurarme y comprobar que los datos aportados (su orfandad y abandono de la familia extensa) eran verídicos fueron una de las prioridades. Rastrear su ingreso en la fundación en la que vivió diversos años era de vital importancia. Una vez asentadas las bases, reconocido y comprobado su pasado, creía (como la mayoría de adoptantes) que con amor y afecto todo se podía superar. El pasado era eso, simplemente pasado.

Recuerdo el primer encuentro como entrañable y sencillo. Tomando un masala (té con leche) en la fundación, ella se acercó mirándome fijamente. Me dijo: ?Namaste?. ?Namaste?, respondí. Empezamos el camino juntos, día a día nos descubríamos y vinculábamos, día a día ella se convertía en mi hija y yo en su padre. Día a día nos ?adoptamos? mutuamente.

Pasé nueve largos meses en su país, aprovechando para indagar sobre lo que me parecía fundamental: reconstruir junto a su familia sus orígenes y su historia antes de que entrara formar parte de mi vida. Conocer el lugar donde nació, donde se crió, cuáles fueron sus primeros pasos en la vida, saber el porqué de su orfandad. Quería saber toda su historia, consciente de que ésta debía servir como vehículo de integración a nuestro mundo. En medio de la búsqueda de sus orígenes, seguían papeleo y burocracia interminables, a veces agotadores. La esperanza y la impotencia hacían contrapeso a la alegría cotidiana de ver reforzarse nuestro vínculo. Ella no era ajena a toda esa incertidumbre, sufriendo ante la lentitud del proceso y rezando a sus dioses para que los ?papeles? llegaran. Su expediente de adopción estuvo apilado durante meses en la estantería de un ministerio gubernativo corrupto e insensible, ajeno a la realidad de cientos de niños de la calle y orfanatos. El país que había aprendido a amar, me mostraba su lado más oscuro.

Tras meses de tensión y espera y, finalmente, un día monzónico, mi hija pudo embarcar en el avión con destino hacia su nuevo hogar. Días más tarde, un salvoconducto me permitía dejar el país donde había visto florecer a mi hija. En el camino quedaban alegría y llanto por una cultura, una filosofía y unas gentes que habían conquistado mi corazón. En ese momento creía que el círculo de la adopción se había completado.

Hoy, tres años después de ese primer encuentro, me enfrento a una nueva realidad: el círculo sigue abierto. Siento el peso de las incógnitas que planean sobre nuestros hijos ensombreciendo su futuro, la impotencia ante todas esas vidas arrancadas. Las dudas y preguntas, ¿realmente estaba preparado y comprendía el significado de la adopción? ¿Somos conscientes, al comenzar el camino, de lo que supone despojar a todos esos niños de su pasado sin saber nada, o muy poco, sobre sus orígenes, ni sobre la veracidad de esas historias? ¿No los abandonamos a la soledad en esta sociedad nuestra llena de contradicciones e incoherencias? Un lugar donde siempre habrá alguien que les recuerde que son diferentes y los señale por el exotismo de sus rasgos o el color de su piel?

Hoy, tres años después, me siguen asaltando las dudas, no sobre sus orígenes ni sobre su historia, que me preocupe en comprobar y conocer. Las dudas son de carácter ético ¿Fue una adopción todo lo transparente y limpia posible? ¿O también, de alguna manera, pertenece al mercadeo de esta industria lucrativa? Hoy mis dudas van en otra dirección. Reflexionando me pregunto si la adopción es el camino idóneo para restablecer el equilibrio entre nuestro mal llamado ?primer mundo? y ese denostado tercer mundo. ¿No seremos los nuevos colonos expansionistas del siglo XXI? ¿No será la adopción internacional otro acto más de egoísmo que engendramos en esta vida?

Por otro lado, ¿qué hacer con toda la información obtenida? ¿Archivarla, completando el álbum de fotos? ¿Pasar página y dar por concluido el capítulo, hojeándolo cada año, como las viejas fotos de vacaciones familiares? ¿Cómo emplear toda esa información para que no se pierda, para que sirva de instrumento en la formación de la identidad de nuestros hijos? Hay que evitar caer en el error de dejarla en el álbum solo para nuestra gratificación personal, para recordarnos que hicimos ?lo correcto?. ¿Cómo transmitir a nuestros hijos sus orígenes, su cultura, su país, en una sociedad que continuamente aniquila lo diferente? ¿Como enseñar a nuestros hijos a querer, respetar y enorgullecerse de su pasado? Cada vez hay mas adoptantes que se preocupan por conocer las historias de sus hijos, evitando el error de ignorarlo o menospreciarlo. Aun así?¿estamos a la altura? ¿Como encajar esas piezas del puzle en sus vidas? Incluso con nuestras mejores intenciones como padres ¿podremos luchar contra la presión de una sociedad poco preparada para entender y respetar la diferencia y la idiosincrasia de nuestros hijos y de su pasado?

¿Somos conscientes que este círculo jamás se completará y de que deberemos seguir haciéndonos preguntas y dudando sobre las vidas arrancadas de nuestros hijos? Para proteger su identidad debemos, a veces, cuestionarnos cosas dolorosas, ponerlos a ellos en primer plano. ¿Estamos dispuestos a no caer en la tentación de obviar que la adopción tiene una función reparadora?

Gracias a mi hija he podido descubrir el significado de la paternidad, lo maravilloso que es contribuir al crecimiento y desarrollo de este pequeño ser, ella forma parte fundamental de mi vida y de mi historia. Me cuesta recordar como era el mundo cuando ella no estaba conmigo. Mi experiencia como padre es positiva y enriquecedora. Doy un paso atrás e intento ver la situación con perspectiva, veo el volumen de las adopciones internacionales, la escasa preparación con la que comenzamos el camino la gran mayoría de adoptantes, las contradicciones con las que nos encontramos y a las que tenemos que hacer frente?¿es ético seguir adoptando en las circunstancias actuales?

Web Revelación Yahoo! 2007:
Premio Favorita del Público – ¡Vota tu preferida!

Entender el pasado para construir el futuro

Filed under: Adop. Internacional,ORIGENES,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 12:25 am el jueves, enero 3, 2008

De vez en cuando, recibo algunos mails de adultos adoptados que han leído en la web el libro de La aventura… Todos ellos me resultan muy interesantes, porque no muchas veces tenemos acceso a la adopción vista por un adoptado ya adulto.

Recuerdo uno que me impacto especialmente, porque fue el primero y porque durante algún tiempo estuvimos cruzándonos mensajes en el ciberespacio. Javier había descubierto que era adoptado un año después de que su padre adoptivo muriera (su madre había fallecido antes). Como muchos de su generación, fue al solicitar un certificado de nacimiento en el registro para casarse.

De pronto, en medio de los preparativos del bodorrio, allí estaba él con un papel que le intrigaba y revolvía el estómago a partes iguales. «Repasando mi infancia, me dí cuenta de que lo había sabido desde siempre. Había algo en el modo en que me miraban mis tías y mis abuelos, en el rápido y casi imperceptible cruce de miradas entre mis padres ante según que preguntas que parecían banales. Con tu libro, he puesto nombre a muchas cosas que no sabía cómo llamar, pero que he sentido tal cual describes. (…) Estoy intentando encontrar a mi madre biológica, aunque apenas tengo un nombre y algún dato lejano. (…) Tengo tantas preguntas sin respuesta.»

Javier me contaba que su relación con sus padres adoptivos había sido buena, que eran sus padres, que se había sentido querido… pero que necesitaba saber y entender.

Esta semana he recibido un mensaje de una mujer joven, 21 años. Pongamos que se llama Violeta. Me cuenta que esta pasando una etapa extraña, que a ella misma le sorprende. «Nunca manifesté no haber superado el tema de la adopcion, es más estaba segura que sí. Pero de pronto me he dado cuenta de que no es así. Me doy cuenta que hablar del tema ya no es lo mismo para mí. Ya no es algo cotidiano, es una idea que me remuerde y no sé que hacer. (…) Me siento mal, la seguridad en mi vida se desvaneció… No encuentro una solución… a mi vida. Estuve leyendo tu libro y hay pila de frases que son semejantes a mi vida».

En la adopción internacional, los orígenes se diluyen en la bruma de la lejanía en el espacio y el tiempo. Algunos (lo hemos visto en el Congo, en Etiopía, en Nepal…) usurpan sin contemplaciones la verdadera historia de nuestros hijos. Ecais e intermediarios que hacen la vista gorda cuando saben perfectamente que los expedientes mienten, que los huérfanos no son tales, que tienen padres biológicos vivitos y coleando… ¿Creerán de verdad que eso va en beneficio del bien superior del menor?

Las extra

Filed under: media,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 2:37 pm el lunes, diciembre 24, 2007

Mañana del día de Nochebuena. Se me ha atragantado la lectura de El País, y en concreto el artículo titulado «Familias» de Enrique Gil Calvo. Leo con estupor:
«Respecto al bofetón, es muy oportuno que su legítima desautorización se haya incluido en una ley de adopción, pues en efecto, la incidencia del maltrato infantil se da en mucha mayor medida entre los progenitores no biológicos: padrastros, madrastras, adoptantes, tutores… «.

Ignoro las razones por las que se incluyen en una ley determinadas modificaciones de otras leyes que no tienen que ver más que de refilón con el caso, pero supongo que es una cuestión de agrupar las materias para los trámites parlamentarios. En la misma ley de adopción, se modifica otra norma de modo que los nietos de emigrantes españoles puedan solicitar la nacionalidad española. ¿Será porque los que tienen primos emigrados son más proclives a la adopción que los demás?

El texto de Enrique Gil Calvo no tiene desperdicio. Lo de los «progenitores no biológicos» tiene hasta su gracia. Vale que el diccionario nos da «progenitor» como sinónimo de «padre», pero no hay que saber demasiado latín para entender que se refiere a la primera acepción que la RAE da del término: «varón o macho que ha engendrado». Con los progenitores, con aquellos de los que pro-vienen nuestros genes, siempre hay una relación biológica. ¡Los progenitores no biológicos no existen!

Con todo, lo más preocupante es la ligereza con la que el señor Gil Calvo relaciona el maltrato infantil con la adopción, afirmando con rotundidad que su incidencia se da en «mucha mayor medida» en las familias que no compartimos ADN. Lo escribe, y se queda tan ancho. Que yo sepa, jamás se ha hecho un estudio al respecto, y me temo que su afirmación no responde más que a una especulación hecha a la ligera, quien sabe si influída por el trauma infantil del cuento de Blancanieves.

Puedo entender que fuera con prisas porque todavía tenía que comprar los regalos de Navidad, pero aún así creo que se le puede exigir un poquito más de rigor a la hora de verter afirmaciones como ésta que extienden una sombra de sospecha sobre todo un colectivo. Lo peor ha sido escuchar en una tertulia en la radio que uno de los participantes repetía el argumento de la relación entre adopción y maltrato sin que sus contertulios tuvieran nada que objetar.

No teníamos pocos estereotipos negativos que desmontar, y escribió Gil Calvo. Ojalá escriba también una rectificación.

P.S.: Si queréis pedir que se rectifique y se aclare que no hay ninguna base científica en la relación entre ausencia de lazos genéticos y maltrato infantil, podéis enviar un mail al Defensor del Lector de El País: defensor@elpais.es

Buscando respuestas en Addis

Filed under: adopcion-y-etica,Montse - Lugano,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 9:55 pm el miércoles, diciembre 12, 2007

Buscando respuestas en Addis«¿Qué tipo de información quiere? ¿Por qué no comprobó los documentos y buscó información cuando vino a adoptar a sus hijas?»

Sentada delante del funcionario de policía, en el humilde despacho de esta mujer con galones, medito la respuesta. No es el primer policía con el que hablo, ni el primer despacho en el que me siento. Gracias al privilegio de ser blanca siempre me han abierto la puerta, aunque no siempre he sido bien recibida.

Parece que he encontrado a alguien que muestra interés en escucharme y no quiero desaprovechar la oportunidad. Delante de la mujer con galones valoro la situación. Hasta ese momento la conversación avanzaba de forma rígida y lenta. Hasta ese momento he medido las palabras con cuidado para no tropezar? No he olvidado ni por un momento que me encuentro en el despacho de un alto cargo de policía de un país que puede ser cruel con sus ciudadanos y que no respeta los derechos humanos. Esta ciudad cuenta con 90.000 niños de la calle? ¿qué importancia puede tener mi historia para esta mujer?

Durante el viaje de la adopción mis prioridades eran otras: los problemas de salud de las niñas, los detalles burocraticos por ultimar… Esas niñas que irrumpían con fuerza en mi vida requerían todas mis energías. Tampoco daba demasiada importancia al tiempo que habían vivido en ?su? país. La vida es larga, pensaba, y unos meses en el océano de una vida se pierden. Si a eso le añadimos la falta de estímulos externos (la representante de mi agencia estaba más interesada en ofrecernos ceremonias del café, itinerarios turísticos y tiendas de souvenirs que información concreta sobre las niñas), se perdona mi falta de sensibilidad sobre el tema.

Por otro lado, de forma inconsciente, para mí mis hijas habían nacido al reunirnos y juntas comenzábamos a escribir nuestra historia. Mis hijas no fueron ?reales? hasta algún tiempo después. Durante la preparación a la adopción, ningun intermediario ni experto en el mundo de la adopción mencionó la importancia de atesorar y guardar la historia de mis hijas. No despertaron mi conciencia ni me ayudaron a ver el respeto que merece la historia de cada niño.

Ni que decir tiene que con la asignación nada cambió: seguía sin ver al niño real, al ser humano que escondía la foto borrosa y mal definida que me enviaron. Un día entiendí, por fin, que mis hijas no habían nacido solas, que su madre ?esa que nosotros llamamos ?biológica?? les había dado la vida, llevado en su vientre y transmitido misterios que yo solo puedo intuir. ¡Sin ella mis hijas no existirían! Toda información puede ser importante, cualquier dato relevante. Comprobar la documentación, buscar testigos, detalles que den vida a una historia… debo buscar y lo que encuentre transmitírselo a mis hijas pues les pertenece.

Dónde, cuándo, cómo, por qué… Preguntas que ya estaban ahí desde siempre, adquirieron una nueva dimensión. Un dia mis hijas preguntarán y yo quiero poder decirles que he buscado respuestas, porque siempre he estado de su lado. Buscar cualquier dato relacionado con el tiempo que vivieron en su país de origen y guardarlo para entregárselo a medida que crezcan adquiere vital importancia. En el país que vio nacer a mis hijas, la vida no esta informatizada y muchas calles no tienen nombre, así que no puedo perder tiempo. Debo ponerme en marcha antes que el tiempo borre las huellas que en el futuro pueden ayudar a mis hijas a recomponer el puzle de sus vidas.

«¿Qué tipo de información quiere? ¿Por qué no comprobó los documentos y buscó información cuando vino a adoptar a sus hijas?», repite en su inglés vacilante la mujer con galones.

Respiro hondo, la miro a los ojos y le pregunto: «¿Usted es madre?»

Filed under: Reflexiones al sol,Stephanie — Beatriz San Román a las 12:57 am el miércoles, noviembre 28, 2007

Por Stephanie Milla

Con motivo de la emisión de las noticias sobre El Arca de Zoé, las irregularidades en las adopciones en el Congo y el documental «Huérfanos en venta» de la BBC, he oído y leído a varias personas decir que los medios están desatando una ampaña «anti-adopción».

Sinceramente, no puedo estar más en desacuerdo. La verdadera campaña anti-adopciones no es denunciar los casos que hay de robo, tráfico o compraventa de niños, sino cerrar los ojos ante
esos casos. Es indecente, deshonesto, prepotente, delictivo, ilegal, inmoral y, además, el camino más corto para cerrar las adopciones en un país. A mí eso me preocupa por los niños que, necesitándola, se quedan sin familia, no por los aspirantes a padres adoptivos. Ellos tienen opciones, incluso la opción de no adoptar. Esos niños no las tienen.

A mí no me quita la ilusión por adoptar conocer los casos de corrupción: lo que hace es indignarme profundamente y despertar en mí una furia inmensa. Yo he adoptado para ser madre de un niño que necesita una familia, no para robárselo a nadie. Y, lo siento, no me parece que la corrupción
relacionada con los niños se justifique diciendo que «la corrupción existe en todas partes», como he llegado a leer. En primer lugar, porque aspiro a que no haya corrupción en ninguna parte, y si la hay, no quiero ser ni cómplice ni instigadora. (Ni víctima, claro está. Pero si no quiero ser víctima,
no puedo ser causante). Y en segundo y más importante, porque me sigue pareciendo que el tráfico de seres humanos, sea para prostitución, niños soldado, trabajo esclavo o adopción es un crimen muchísimo más abominable que los de naturaleza económica.

No, no me quita la ilusión conocer el lado oscuro de la adopción, sino que me abre los ojos. ¿O alguien cree que nuestros niños vienen de lugares paradisíacos? Sus historias son, por definición, historias tristes en las que ellos son víctimas de una situación familiar catastrófica, la pobreza o la simple y desgarradora desidia de sus padres. Nosotros intentamos, como padres, compensarlo, pero el inicio de sus vidas nunca es bueno. Yo quiero enmendarlo, pero no puedo borrar su pasado.

Creo que la ilusión por adoptar es perfectamente compatible con la realidad. Es más, es imprescindible para asumir de verdad, cara a cara, los retos de la adopción. No puedo dejar de pensar en los padres adoptivos de Ciryl, el bebé ruso que en el documental «Huérfanos en venta» muere ante los ojos de sus recientes padres. No sé qué hubiera hecho yo, pero algo tengo claro: quizás si hubieran tenido menos «ilusión» y más conocimiento sobre los problemas que podía presentar ese hijo, en vez de sorprenderse de que el niño comiera poco y estuviera tan apagadito, le hubieran llevado corriendo a un pediatra en vez de dedicarse a filmar su muerte en vídeo. Habrían estudiado las patologías que podía presentar, habrían tenido a mano direcciones de médicos en esa ciudad. Esa «madre» decía que quería adoptar en Rusia para tener un «niño rubio de ojos azules» (literal). Y que al ser ruso, podría ser jugador de hockey o bailarín. (de nuevo, literal). Y cuando le dan al niño, que estaba obvia y claramente enfermo, se dedica a filmarlo en vez de llevarle a un médico. Quizás no se hubiera salvado, no lo sé, pero desde luego, no se habría muerto tirado en una toalla extendida en el suelo del hotel. Y no debió sentirlo tanto como su hijo cuando lo dejó en la morgue local, que no se le ocurrió repatriar el cadáver. Eso sí, le puso un pijamita amarillo, que era más mono que dejarle sólo con el pañal. Habrían hecho menos planes de futuro, y más de presente. Y quizás, sólo quizás, el niño estaría vivo.

Es cierto que hay muchos niños adoptados que ahora juegan sanos y felices, algo que no estaban al llegar a sus nuevas familias. Pero si lo hacen es porque sus padres han puesto los medios para que se recuperen. Necesitan cariño, sí, tanto como el aire que respiran, pero también necesitan atención especializada, y son legión los padres adoptivos que lo saben y afrontan ese reto y lo superan con nota. La ilusión es imprescindible, pero sin que nos nuble el sentido porque estamos tratando con niños heridos, que son un material ultrasensible.

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