La aventura continúa

Postadopción Blog

Adopción internacional y delincuencia institucional

Clasificado bajo: Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 9:46 pm el Jueves, Octubre 5, 2006

Todavía con un déficit de sueño importante (aún no sé si agota más el apretado programa del I Fórum Internacional de Infancia y Familias o la marcha de algunos buenos amigos que se acercaron a Barcelona con tal motivo), escribo estas primeras líneas.

Ha sido un encuentro muy interesante, aunque tristemente la percepción exterior ha venido marcada por las declaraciones de Jaume Funes, secretario de Famílies i Infància del Departament de Benestar de la Generalitat y su repercusión en la prensa.

No es de recibo que un representante de la administración cargue la responsabilidad de posibles irregularidades en la “presión de las familias”. ¡Menudo morro! La administración (a la que el señor Funes representa) es responsable de garantizar que todos y cada uno de los procesos de adopción se hagan con las necesarias garantías. Es inaceptable que la autocrítica (necesaria, siempre) se haga de puertas afuera, echando mierda sobre todo y todos, en lugar de tomar el toro por los cuernos y emplearse en corregir lo que no está funcionando bien.

En el mismo Fórum, Anne-Marie Crine hizo una excelente exposición sobre lo que ella llama “delincuencia institucional”. Su ponencia llevaba el título de “Secretos y Mentiras” y ponía de manifiesto una verdad cada vez menos oculta: los teóricos garantes de los procesos (administración, ecais y demás) permiten con frecuencia, ya sea por activa o por pasiva, que se cometan numerosas irregularidades. Y cuando hablamos de irregularidades, las hay de distinta índole, algunas muy serias, que violan gravemente el Convenio de la Haya. Ayer me contaban por teléfono el caso de una familia con las maletas ya hechas, a punto de viajar a Rusia a conocer a la niña que les habían asignado, y que reciben en el último momento la noticia de que los padres biológicos han reclamado a la niña ya que no habían consentido en su adopción. Los adoptantes estaban destrozados, pero daban gracias al cielo de que el tema se hubiera destapado antes de seguir adelante. Como señalaba Crine, no es posible construir una sólida relación padres-hijos sobre la base de la corrupción y el engaño. Las familias somos las primeras interesadas en que los procesos de adopción se lleven a cabo en el marco de la más estricta legalidad.

En la adopción se unen el deseo de ser padres –que no el derecho– con la necesidad y el derecho del menor a tener una familia. La adopción es para nosotros una forma tan legítima como la que más de ampliar o fundar nuestra familia pero, por encima de todo, es una medida de protección de los menores desamparados. Es por ello que exigimos al señor Funes y a las autoridades competentes que asuman la responsabilidad que les otorga el Convenio de la Haya y pongan en marcha todos los mecanismos necesarios para que todas y cada una de las adopciones cumplan con todas las garantías de legalidad. Que investiguen a fondo cualquier sospecha de irregularidad. Que controlen a las ECAIS que ellos mismos han acreditado. Que dejen de escudarse en la “presión de las familias” para eludir su responsabilidad.

Un dato para la reflexión: Las cifras de UNICEF revelan que por cada niño adoptable existen tres familias solicitantes de una adopción.

¿Cómo es ser madre de una niña negra?

Clasificado bajo: Montse - Lugano, Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 6:04 pm el Martes, Agosto 29, 2006

Por MONTSE - Lugano

A menudo para mi ser madre (adoptiva, que a veces me olvido!) de dos niñas negras es como andar sobre la cuerda floja, pero sabiendo que si pierdo el equilibrio quien se cae no soy yo, son mis hijas. Y eso me da mucho miedo. Ser madre de una niña negra significa:
- Aprender lo que es el racismo y tener que aprender a combatirlo.
- Sentirte algo negra y desear ser negra como tu hija.
- Aprender a responder a tono y según las circunstancias a los comentarios de cualquiera, familiar, desconocido… ¡Todos se sientes con derecho a interrogarte!
- Enseñar a tus hijas a proteger su intimidad, sin esconder su realidad (y eso es muuuuuuuuy difícil).
- Sentirte un poco culpable por haberlas traído a este mundo tan blanco…
- Interrogarte continuamente sobre qué es la identidad y para qué sirve.
- Desear para tus hijas lo mejor, sin tener claro que es lo mejor. ¿Que se sientan africanas, cuando de africano solo tienen las personas que las engendraron? ¿Sentirse europeas, cuando muchos europeos no las reconoceran jamás como tales? ¿No sentirse nada?
- Esperar que sean guapas, simpáticas e inteligentes, para que el mundo “las trate bien” y les “perdone el ser tan negras”. Esperar que salgan cirujanos, cientificos…Sabiendo que eso no asegura la felicidad.

Cuando decidi adoptar me planteé cuáles eran mis limites:
- ¿Un niño que no tenga nuestro ADN? Por qué no… El equilibrio mental de mi familia da asquito, y si vierais a mi suegra…
- ¿Un niño negro? Si, no soy racista, adoptaría hasta un niño suizo y tengo muchos más prejuicios contra los suizos. Ademas el racismo es algo bastante superado en Europa…
Asi que comence con una base errónea y sin pensar en los problemas que podría tener esa personita por el hecho de ser diferente.
Dicen que uno de los elementos fundamentales para crear nuestra identidad es nuestro aspecto exterior, nuestra “raza”. Entonces la “raza”, el “color de la piel”… ¿son importantes? ¡No lo sabía! Asi que voy a hacer el esfuerzo de enseñarle algo de ….su (¿su?) cultura de origen. ¿Pero qué cultura de origen si llegó que no tenía ni un año? No lo sé…Yo, apátrida, no creyente y algo cínica, pero MADRE, voy a tener que enseñarles a querer y respetar un pais que no conocen y –dicho sea de paso– yo tampoco. Mostrarme firme durante la fase del rechazo a los orígenes, hablar siempre con respeto de sus padres biológicos, mostrando siempre comprensión, aun cuando uno no comprende nada…

Ser madre de una niña negra, a veces, muchas veces, duele. Duele por que la quieres, así como es, ¡perfecta!, y sabes que este mundo perfecto no es y la hará sufrir.
Comencé esta aventura de un modo inconsciente e ignorante y no me arrepiento. Porque aunque duela, tambien llena, alegra la vida, te hace pensar, buscar recursos, tener ganas de combatir la injusticia y de cambiar el mundo; en resumen, te entran ganas de ser una persona mejor. Y se me ocurre… ¿y si todos los blancos adoptaran a un negro?

Más sobre los trastornos de atención

Clasificado bajo: Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 11:27 pm el Miércoles, Agosto 23, 2006

Mireia dejó un comentario al post anterior sobre la relación entre TDA y adopción. Visitando algunas webs encuentro lo siguiente:
- Aunque todavía queda mucho por estudiar y avanzar en la materia, los estudios apuntan a que en la mayoría de los casos el TDA es una condición hereditaria.
- Cuando los genes no parecen ser la causa, se apuntan otros factores como el nacer prematuramente, la exposición a drogas o alcohol durante el embarazo o las lesiones post-nacimiento en las regiones prefrontales del cerebro.
Salvo que aceptemos que los niños adoptados se han dado de golpes o que en sus países de origen las embarazadas son alcohólicas, parece que la relación adopción-TDA no tiene base.
Lo que sí parece cierto es que las familias adoptivas en mayor cantidad que otras vemos que nuestros hijos tienen dificultades para seguir el ritmo escolar. Se me ocurren algunas razones:

1. Pensar que un niño que hasta hace dos meses vivía en un orfanato, en otro país, con un idioma distinto, se va a sentar y seguir las clases como sus compañeritos, es ciencia ficción.

2. Se prima la integración en la escuela por encima de la adaptación del niño a su nueva familia y no se les da el tiempo necesario para asimilar todos los cambios que la adopción supone y sentirse seguros en su nuevo entorno. No hay que ser neurólogo ni un lumbreras para entender que un niño inseguro y estresado no está en situación idónea para adquirir nuevos conocimientos.

3. Se confunden con el TDA otros problemas en el aprendizaje como elDéficit Cognoscitivo Acumulativo (en la web de la Asociación Atlas hay mucha información sobre este tema). En resumen de andar por casa: el DCA se produce cuando el cerebro del niño no recibe los estímulos necesarios para desarrollarse adecuadamente y, como resultado, le fallan los cimientos (como las estructuras del lenguaje que nos sirven para elaborar los pensamientos) sobre los que asentar nuevos aprendizajes. En clase, es como si les quisiéramos explicar lo que es una raíz cuadrada cuando no tienen aún la noción de la suma y la multiplicación. Se les exige de acuerdo a la edad cronológica, sin tener en cuenta su desarrollo cogniscitivo, los niños se ven sobrepasados, se desmotivan y dejan de atender.

Después de pasar la tarde leyendo sobre estos temas, mi conclusión es que con demasiada frecuencia al niño que no presta atención se le etiqueta como niño con trastorno de atención. ¿Blanco y en botella? ¡Leche! Y nadie se para a pensar que tras su inatención pueden haber muchos otros factores. Y esto vale también para los no adoptados: es más fácil poner una etiqueta y darle tranquilizantes para que no moleste el ritmo de la clase que buscar la causa y ponerle remedio.

La raza humana

Clasificado bajo: Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 6:34 pm el Martes, Julio 11, 2006

Recientemente los científicos han cuestionando la validez del término “raza” para aplicarlo a la especie humana, pues las variaciones genéticas entre unos y otros grupos de individuos no son suficientemente significativas. ¿Debemos de acuerdo a los progresos de la Ciencia eliminarlo también en el habla no-científica? La cuestión ha despertado numerosos debates entre la comunidad de padres adoptantes. Hay quienes consideran que el término es ya hoy anacrónico, y se sienten ofendidos cuando se considera a su hij@ “de otra raza” por tener una herencia genética asiática o africana.

El debate tiene más miga de la que aparenta. La R.A.E. define raza como
“Cada uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos caracteres diferenciales se perpetúan por herencia”. Está claro que mi hija comparte con Sydney Poitier o con Etoo unos rasgos transmitidos en su herencia genética. La cuestión es si el tono de la piel o la textura del cabello son o no son “diferenciales”. ¿Qué entendemos por diferenciales? ¿Lo que marca una diferencia cualquiera? ¿una diferencia “esencial? ¿Lo son el color de la piel, la textura y color del pelo o el de los ojos? Mi cabello –rizado y oscuro– se parece al de mi hija mucho más que al de mi vecina, tan rubia y alemana ella. Lo mismo puedo decir del color y la forma de los ojos…

Al hijo de otro de mis vecinos –un chaval negro y fuerte que mide 1,85 m.– le para la policía una semana sí y otra también para pedirle la documentación. A él no le importa si la raza humana es una sola, pero tiene claro que, en demasiadas ocasiones, la gente le juzga antes de conocerle simplemente basándose en su físico.

Las familias que tenemos hijos… ¿cómo decirlo? ¿puedo decir aún “de otra raza” o mejor algo como “con características físicas que denotan que pertenecen a otro origen genético”? –oh, oh, esto empieza a parecerse peligrosamente a los dodecasílabos de lo lo políticamente correcto–… Para entendernos: las familias que hemos adoptado en Asia, África, etc. estamos acostumbradas a que nuestro aspecto llame la atención. Coleccionamos estupidiarios de todas las barbaridades que nos dicen o preguntan auténticos desconocidos y nos vemos forzados a desarrollar estrategias de respuesta que protejan tanto la intimidad de nuestros pequeños como su autoestima. Y sabemos que tenemos que prepararles para los múltiples incidentes “raciales” (¿debería decir “derivados de los prejuicios y estereotipos ligados a sus rasgos físicos”?) que vivirán cuando crezcan y vuelen en solitario.

Como madre, no me quita el sueño la utilización de la palabra raza, mis desvelos van por otro lado. Una joven adoptada de pequeña en Brasil describía Madrid como un lugar hostil, donde apenas ponía un pie en la calle notaba miradas de desconfianza cuando no de abierto desprecio. De niña, paseando junto a sus padres, seguramente llamaba la atención, pero no había sentido esa hostilidad que ahora, al empezar su vida adulta y andar por la vida en solitario, se hace dolorosamente patente. ¿Seremos capaces de asumir que con toda probabilidad nuestros hijos se sentirán en algún momento discriminados? ¿Seremos capaces de entender su dolor y su ira? Y lo que es aún más importante, ¿seremos capaces de ayudarles a desarrollar una sana identidad y hacer frente a los prejuicios?

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