La aventura continúa

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Los “huérfanos” del Chad y el respeto a las leyes y el derecho

Clasificado bajo: Reflexiones al sol, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 11:31 pm el Domingo, Noviembre 4, 2007

Por Beatriz San Román

Desde hace ya varios días, todos los informativos abren con noticias sobre lo ocurrido en el Chad. Un día sí y otro también, el tema surge en conversaciones con amigos y conocidos (será porque tengo un hija que, a primera vista se ve, es adoptada). Así que me he forzado a seguir las noticias para, al menos, poder dar la réplica.

En la radio y la televisión, se ha oído de todo estos días. Hasta se han llegado a oír razonamientos del tipo “claro, con lo que tardan los procesos de adopción”, como si eso justificara algo de todo este desaguisado. Como afirma Tierra de Hombres, las acciones del “Arca de Zoé” en el Chad solo pueden ser calificadas de “irresponsables e ilegales” ya que “no respetan ni la Convención de los Derechos del Niño y de la Niña ni la Convención de la Haya sobre Protección de niños y niñas en materia de adopción internacional”.

Cuanto más datos salen en las noticias, más confuso se vuelve todo. Al principio, parecía que el “Arca de Zoé”, como si de un moderno Schlinder se tratara, se saltaba las leyes a la torera para salvar a niños y niñas abandonados. Eso, al menos, les habían contado a las familias francesas que los iban a acoger. Contrariamente a lo que se ha dicho en algunos medios, no se les había ofrecido una adopción “rápida y barata”. Ellos eran conscientes de que el proceso era irregular, y que acoger a uno de esos niños iba a ser de todo menos legalmente sencillo, pero –equivocadamente a mi juicio– creían que sólo saltándose las leyes podrían evitar que muchos de esos niños murieran ante la indiferencia de todos.

Según los responsables de la ONG francesa, idearon esta operación conscientes de que sería un escándalo, con el objetivo de azuzar la conciencia europea sobre la situación del Chad. Bueno, también teóricamente en beneficio de esos menores que teóricamente eran huérfanos y estaban a punto de morir. Ahora parece que los niños no eran huérfanos, y que la ONG solicitó al gobierno chadiano permiso para su traslado, asegurando que iban a un centro de acogida que habían creado en otra zona del país. Es decir, que en nombre de la solidaridad sacaron a los niños de sus familias y su país con engaños y mentiras.

Seguramente esperaban que los niños aterrizaran en París y que se montara un circo entre los defensores de devolver y abandonar a su suerte a 103 desvalidos “huérfanos” y los de saltarse las leyes y convenciones internacionales para evitarles una muerte inminente.

Cuanto más lo pienso, menos lo entiendo. ¿Estamos ante una utilización consciente de esas criaturas? Con el fin de sacudir nuestras conciencias (que comparto con ellos que necesitan una sacudida), ¿podemos pisotear los derechos de los niños y de sus familias, engañar y manipular a gobiernos y a quien haga falta?

Las leyes, y muy especialmente las dos que se mencionan, están hechas para garantizar la convivencia sin que nadie pisotee los derechos de los demás. Para eso existen. Y por eso son de obligado cumplimiento. En concreto, el Convenio de la Haya sobre Adop. Internacional, fue creado precisamente para eso: para garantizar que se adopten sólamente los niños que son adoptables. Cuando el Convenio exige garantías en cuanto a la orfandad o la renuncia por parte de los progenitores, no está alargando los procesos de adopción porque sí, está creando un marco que evite tratar a los niños como mercancía y traficar con ellos.

Uno de los medios para los que escribo me manda un mail pidiéndome una columna sobre qué tipos de garantías deben exigir los adoptantes a las entidades que tramitan las adopciones para no verse envuelto en un caso así. Ante el encargo, me doy cuenta de que el común de los mortales no tiene por qué conocer cómo funcionan los procesos, y que al verme pasear con mi hija pueden pensar “te podía haber tocado aquí”. No, no se confundan. Las familias que adoptamos internacionalmente no nos saltamos las leyes a la torera y exigimos que quienes nos gestionan el proceso también las cumplan. Lo del “Arca de Zoé” es un caso aislado que nada tiene que ver con los procesos de adopción internacional.

¿Tres solicitudes por cada niño adoptable?

Clasificado bajo: Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 5:59 pm el Sábado, Febrero 17, 2007

Por Beatriz San Román

Si no recuerdo mal, la primera vez que oí decir que por cada niño adoptable había 3 familias que solicitaban una adopción fue a un portavoz de UNICEF, que aclaraba que se refería a menores de 3 años sin necesidades especiales. Con posterioridad, he tenido ocasión de comprobar que los científicos sociales especializados en adopción no dudan del dato y lo dan por cierto. Pero… ¿de dónde sale? Es evidente que no existe un censo y, por tanto, es imposible conocer el número de niños y niñas exacto. Es, por tanto, una estimación basada en otros datos recogidos sobre el terreno.

La ONU estimó hace dos años que en África había 22 millones de personas infectadas por el HIV. Hay quien opina que la estimación no era ajustada, y que seguramente los africanos seropositivo no pasaban de los 14 millones; otros creen que eran por lo menos 3 millones más y que pronto se doblará esa cifra. A ninguno de ellos se les puede demostrar sin lugar para la duda la exactitud de la estimación, pero su falta de precisión no puede ser coartada para ignorar la incómoda realidad que refleja. Admitamos, a modo de hipótesis, que respecto al tema que nos ocupa los expertos de UNICEF y los estudiosos del tema se equivocan largamente, y que la relación no es de 1 a 3 sino de 1 a 2. ¿Cambiaría eso mucho las cosas?

La desproporción entre solicitudes y menores adoptables es especialmente difícil de aceptar para los que, como quien escribe, adoptamos pensando que había en el mundo muchos niños y niñas que necesitaban desesperadamente que nuestro egoísta primer mundo entendiera que no precisamos compartir genes para construir una relación padres-hijos. El dato nos pilla por sorpresa, y nos hacemos las preguntas que señalaba Silvia en los comentarios al post anterior. ¿De verdad hemos avanzado tanto en la corrección de las desigualdades y la pobreza? Es obvio que, como reconocía el propio Kofi Annan, estamos fracasando en esa lucha. Entonces, ¿qué ocurre? ¿Ya no nacen niños en el tercer mundo? ¿Qué se nos escapa en este razonamiento?

En algunos lugares, especialmente en el continente asiático, las medidas de control de la natalidad unidas al desarrollo económico han hecho que la necesidad de recurrir a la adopción internacional para proteger a la infancia desamparada haya disminuido. Corea, que en los 80 era el país que más menores daba en adopción internacional, tiene hoy una renta per cápita casi un 50% superior a la de Portugal. Resulta difícil explicar que continúe necesitando de la adopción internacional como entonces.

Si bien es cierto que el caso del sureste asiático no tiene equivalente en otras zonas del mundo donde la pobreza no deja de crecer, también lo es que, para una criatura que llega al mundo en un país pobre y en el seno de una familia en la que el hambre es una vieja conocida, no siempre la adopción internacional es la mejor opción. Como recuerda con insistencia UNICEF, buscar una familia a miles de kilómetros es la mejor opción cuando todo lo demás ha fallado, cuando no se ha logrado corregir la situación por la que el niño estaba en desamparo, ni se ha encontrado un hogar apropiado en el entorno del niño. Los programas de apoyo a las mujeres que tienen bebés a su cargo, la organización de cooperativas de comercio justo, la concesión de microcréditos, etc. etc. permiten a muchos niños crecer en sus familias.

Cuando en el post anterior escribí “se acaban los bebés”, no niego que había un ápice de provocación. En este momento hay en el mundo miles de bebés a los que sólo la adopción internacional puede proveer de lo que necesitan, pero también son legión los padres deseosos de convertirlos en sus hijos. Existe un desequilibrio “oferta-demanda”, tal y como ocurrió hace unos años en España, cuando las solicitudes de adopción nacional doblaban los niños adoptables. Como se recordará, en comunidades como Madrid o Cataluña, se optó entonces por cerrar la admisión de solicitudes.

Los peligros del desequilibrio

A diferencia de lo que ocurre en la nacional, la adopción internacional mueve mucho, muchísimo dinero. No nos gusta reconocerlo, pero para mucha gente es un lucrativo negocio. Ya sabemos que, ante una demanda insatisfecha, el mercado reaccionará haciendo crecer la oferta si los beneficios potenciales son suculentos. Ya lo está haciendo, y ante este dato uno encuadra en su contexto las noticias sobre las granjas de bebés desmanteladas en Guatemala o la falisificación de documentos de orfandad. Los mecanismos de control se están revelando muy insuficientes, totalmente desbordados por un tumor creciente de corrupción; los derechos recogidos en el Convenio de la Haya son pisoteados con regularidad.

Cerrar temporalmente las solicitudes de adopción internacional de menores de 3 años y reorientar las existentes hacia donde realmente se necesitan, sería una solución. Una solución hoy por hoy utópica y seguramente imposible de llevar la la práctica, pero si fuera posible, ¿sería la mejor? Le he dado muchas vueltas estos días. Un cierre, como en la nacional, respetaría el orden de solicitudes y, a medida que se necesitasen más familias, abriría el cupo de admisión. ¿Se protege así mejor el interés de los niños adoptables? No, seguramente se protege el interés de otros menores, precisamente de los que no deben ser adoptados aunque vivan en el tercer mundo. Para los menores que necesitan una familia que los adopte, sería mejor que se eligiera entre los solicitantes a los más idóneos, lo que nos lleva otra vez a una cuestión de difícil solución. ¿Quién o con qué criterios puede seleccionar a las familias más adecuadas entre las que merecen un CI?

Me congratula ver en las listas de adopción en las que participo que muchas familias de las que hoy empiezan el proceso manejan este tipo de información incómoda, pero necesaria. Hace unos años, el lema de los padres en proceso era “o confías o revientas”, pero hoy son muchos los que no están dispuestos a mirar para otro lado cuando huelen algo turbio y afrontan la adopción con un espíritu más crítico y más alerta.

Es un tema muy complejo, que a quienes nos toca de cerca nos sacude porque nos obliga a cuestionarnos si tal vez no tomamos decisiones muy importantes en base a creencias erróneas. Nos queda –al menos a mí– mucho que reflexionar y que madurar todavía. Ante esa pareja que frenó su proceso de adopción porque entendía que con su solicitud estaba contribuyendo a aumentar la oferta de bebés y la corrupción de los procesos, no puedo menos que quitarme el sombrero… Y quedarme pensando que mi segunda adopción será de un niño mayor o no será.

El domingo, tormenta

Clasificado bajo: Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 4:59 pm el Martes, Febrero 13, 2007

Por Beatriz San Román

El pasado otoño, me pidieron de La Vanguardia que escribiera un artículo reflexionando en torno al boom de la adopción internacional. ¿Por qué el espectacular incremento de sus cifras? ¿Por qué la eligen aquellos que podrían engendrar hijos biológicos? ¿Es una forma nueva de solidaridad de ciudadanos que se rebelan contra un mundo injusto? ¿Es realmente lo mismo criar un hijo biológico que uno adoptado? Por unas cosas o por otras, la publicación del artículo se ha ido retrasando. Entre tanto, han ido apareciendo novedades, como los nuevos requisitos en China, la publicación de los datos del 2006 o el anuncio de una nueva ley sobre la materia. La semana pasada releí lo que había escrito y me dí cuenta de que necesitaba algunas matizaciones. A la luz de la nueva situación en China, por ejemplo, me parecía inapropiado ponerla como ejemplo del alargamiento de los procesos.

A finales de la semana pasada, mandé el nuevo texto corregido a la redacción. Pero llegué tarde :(. Ayer me dijeron que el anterior ya está en imprenta y que saldrá el próximo domingo. Vaya por delante mis disculpas a quienes encuentren en él alguna afirmación hiriente.

Una parte del artículo reflexiona sobre la dificultad creciente de los procesos, que muchos padres en trámite viven con desesperación. No conciben como es tan difícil encontrar un bebé sin familia que pueda ser su hijo. La razón es simple: actualmente las solicitudes triplican el número de niños menores de 5 años que esperan una adopción internacional.

Si a este dato unimos que de los niños adoptados en 2005 en España, un 79% era menor de dos años y sólo un 7% tenía más de cinco, el panorama se torna sombrío. Para los bebés, sobran solicitudes; para otros muchos –¡muchísimos!– niños que necesitan una familia, faltan adoptantes.

El tema merece una reflexión profunda. Hace unos años había rumores sobre los engaños y el tráfico de niños en la adopción internacional; hoy hay innumerables casos y hasta granjas de bebés documentados en la hemeroteca, y denuncias contra ECAIS por casos de falsa adoptabilidad inexplicablemente archivadas como sobreseídas en el ICAA y equivalentes. El otro día, una pareja de ex-solicitantes de un CI me explicaba por qué había renunciado a adoptar. Durante el cursillo de formación, en la ICIF les dijeron que para la franja de edad que se planteaban (de 0 a 3 años) por cada niño adoptable había ya tres solicitudes. Contrastaron la información, y viendo que era cierta, se plantearon que si seguían adelante estarían contribuyendo al aumento de las irregularidades y los engaños. Chapeau a los que logran anteponer su ética al deseo de tener un hijo. Ha llegado el momento de cambiar el chip de la adopción internacional. Se acaban los bebés, y quienes nos planteamos una segunda o primera adopción deberíamos reflexionar sobre si somos capaces de adoptar un niño de cierta edad. De momento, no se necesita buscar padres que adopten niños pequeños.

Si la ley que está en ciernes de verdad quisiera garantizar la legalidad de los procesos, tal vez debería empezar por no admitir solicitudes de menores de tres años. No es una realidad fácil de oir ni de asimilar, pero no podemos seguir haciendo oidos sordos y mirar para otro lado. Las víctimas de nuestra indiferencia son niños y familias indebidamente separados (en otras palabras, tráfico de niños), y también niños que cumplen y cumplen años en orfanatos a la espera de una familia.

Todo esto se me quedó fuera en el artículo que saldrá publicado el próximo Domingo 18 en el Magazine(*). Para quienes queráis enviar vuestros comentarios y críticas –positivas o negativas– al Magazine, podéis hacerlo pulsando aquí.

(*) El Magazine es un suplemento dominical que se entrega con los siguientes periódicos: · El Adelantado de Segovia, El día de Córdoba, Diario de Cádiz, Diario de Ibiza, Diario de Jerez, Diario de Mallorca, Diario de Sevilla, Europa Sur, Faro de Vigo, Información, Levante, Nueva Alcarria, La Nueva España, La Opinión de A Coruña, La Opinión de Granada, La Opinión de Málaga, La Opinión de Murcia, La Opinión de Tenerife, La Opinión de Zamora, La Provincia-Diario de Las Palmas, La Razón y La Vanguardia.

Tertulia: “El lugar de los orígenes.
¿Dónde situamos a la familia biológica?”

Clasificado bajo: Reflexiones al sol, Uncategorized — Beatriz S.R. a las 12:19 am el Lunes, Febrero 5, 2007

En adopción internacional la familia biológica se halla físicamente lejos, y normalmente es desconocida. Sin embargo, a medida que avanzamos en el proceso, establecemos una conexión con esos seres lejanos, en torno a los cuales nuestros sentimientos y nuestras emociones van evolucionando. Aún antes de conocer a nuestros hijos, pensamos en su primera madre, en cómo vivirá ella la separación de su hijo. A menudo, esa figura desconocida provoca en nosotros emociones confusas, en las que se mezcla el agradecimiento, la compasión y la impotencia al entender que la vida fue con ella injusta y cruel.

Sabemos que, aunque ahora sean pequeños, nuestros hijos entenderán un día que, antes de nosotros, hubo otro papá y/o otra mamá. Su familia biológica forma parte de su historia, una historia que necesitarán asumir y entender para sentirse bien con ellos mismos. Hablar de ella con nuestros niños no siempre nos resulta fácil. Es comprensible. Después de todo, nosotros crecimos oyendo una y mil veces –y creyendo– aquello de “madre no hay más que una”. ¿Cómo encajar que nuestro hijo tiene dos sin sentirnos amenazados por ello? ¿Dónde colocar –tanto en nuestras explicaciones como en nuestros afectos– la familia de nacimiento de nuestr@ hij@? Son preguntas para las cuales los padres adoptivos vamos modelando las respuestas con el tiempo.

Puede que al principio nos sintamos incómodos al pensar o hablar de ellos, incluso que esa parte irracional de nosotros que no dominamos se sienta amenazada por su mera existencia. Con el tiempo, asumimos que sí, que nuestros hijos tienen dos padres y/o dos madres, y que unos y otros jugamos un papel distinto –pero importante– en su vida. Importantes, sobre todo, para ellos, que a medida que crezcan entenderán que una parte de lo que son no tiene su origen en nosotros. Pero también para nosotros, que como padres sentimos importante todo lo que concierne a nuestros hijos.

Es natural, pues, que sintamos con la familia biológica de nuestros hijos una conexión especial. Esos desconocidos que al principio eran solo unas líneas en un expediente estarán ya de por vida presentes en nuestra historia familiar, en nuestro pensamiento y en nuestros sentimientos. Si al principio se nos hacía un nudo en la garganta cuando le hablábamos de ellos a nuestro pequeño, con el tiempo comprendemos que forman parte de nuestra historia familiar. Establecemos con ellos una relación, extraña pero intensa, porque aunque en la mayoría de los casos no nos hayamos conocido, sentimos hacia ellos mucho más que hacia el resto de desconocidos que habitan el planeta.

Con objeto de compartir experiencias y reflexiones sobre este tema, la Asociación CRIA organiza una tertulia en la que, además de servidora, participarán también Liliana Zanuso –psiquiatra y mediadora familiar– y Diana Marre –antropóloga, directora del área de adopción y circulación de menores del CIIMU. Estáis todos invitados.

Lunes 12 de febrero de 2007 - 20.00 h.
Balmes, 184, 4art 1ª - 08006 Barcelona

(Se ruega confirmar la asistencia en el tel. de CRIA: 93 217 17 96)

Los problemas derivados de la adopción NO existen

Clasificado bajo: Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 12:34 am el Domingo, Enero 21, 2007

Por Beatriz San Román

Desde nuestra sociedad occidental, seguimos viendo la adopción como una forma alternativa de ser padres. Ciertamente lo es, pero es ante todo una medida de protección de la infancia en desamparo. Sin embargo, todo el sistema parece orientado no a buscar una familia a un niño que carece de ella, sino en buscar un hijo para aquellos que desean ser padres. Solo así se entiende que hablemos de “problemas de la adopción” o “problemas por ser adoptados”. La adopción de por sí NO causa ningún problema, al revés, ofrece al niño un espacio para reparar sus carencias.

Las causas de los “problemas” están ANTES de la adopción. Me explico:

- Existe consenso entre todos los especialistas en que los dos primeros años de vida son muy importantes para el desarrollo de una sana personalidad.

- Nuestros hijos, aunque sean pequeños cuando llegan, han pasado por experiencias traumáticas que no viven los niños que crecen en la familia en la que nacen: rupturas importantes, institucionalización, etc. En algunos casos, hay además cuidados negligentes o maltrato.

- Por lo general, han estado en situaciones en las que tanto sus necesidades físicas como emocionales no han recibido la respuesta adecuada. Es lógico por tanto que su desarrollo tanto físico como psicológico se haya visto comprometido.

- Cuando llegamos a casa, todos vamos al médico. Nos preocupa evaluar su estado de salud FISICA: desnutrición, anemias, parásitos… Rápidamente buscamos ayuda profesional para reparar las secuelas que han dejado en su salud su vida anterior. ¿Y las huellas que ha dejado en su salud PSICOLOGICA? Pues resulta que como no se ven a simple vista, y a veces pasa mucho tiempo antes de que seamos capaces de detectar los “síntomas”, pasan desapercibidas. Pero es de cajón que lo que han vivido les ha marcado, ha modelado su modo de ver el mundo, lo que esperan de los demás y lo que sienten.

Detrás de cada adopción, tenga la edad que tenga el menor, hay un niño que ha sido duramente golpeado por la vida. Traen sus heridas en el alma, invisibles, pero reales. La adopción, por sí sola, no cura ni repara de forma instantánea esas heridas. Quizás al principio nos parezca que las han cerrado, que pasado el primer tiempo de adaptación, cuando ya sacan su rabia y la procesan, ya está. Pero no es cierto. A medida que crecen vamos viendo que las huellas que dejaron en ellos lo que han vivido están ahí:

- Hay niños que adquieren fluidez en su nueva lengua a velocidad asombrosa, pero que a medida que avanzan en los primeros cursos de primaria les cuesta más y más seguir el ritmo escolar. (Los especialistas dicen que una cosa es el lenguaje cotidiano y otra el académico, y que aunque manejan perfectamente el lenguaje en la mayoría de las situaciones, no tienen asentadas las estructuras de lenguaje para seguir una clase, donde se usa un lenguaje más abstracto).

- Las heridas que dejan en ellos el abandono o las pérdidas, la falta de un ambiente apropiado para que desarrollen su afectividad, su seguridad, etc. son difíciles de reparar, un trabajo de toda la vida para que consigan desarrollar todo su potencial. No importa, que hayan sido adoptados de bebés. A medida que crecen y entienden lo que han pasado, sienten unas veces rabia, otras dolor… ¡Y encima no siempre lo expresan de manera que los podamos entender!

Los familias adoptivas cumplimos una FUNCIÓN REPARADORA. Por el bien de nuestros hijos, es necesario que asumamos que, después de lo que han vivido, es imposible que su integridad psíquica haya quedado ilesa. Tenemos RETOS ESPECÍFICOS, y es necesario que nos informemos y que de una vez por todas la administración se decida a FORMAR PROFESIONALES que nos puedan ayudar a nosotros y a nuestros hijos.

Cuando asumamos que el objetivo de toda adopción no es tener un hijo sano y feliz sino reparar la situación de un niño que ha sufrido, estaremos en mejor situación para ayudarle a proyectarse de forma positiva hacia el futuro.

Las miradas de nuestros hijos

Clasificado bajo: Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 5:33 pm el Domingo, Diciembre 3, 2006

Por Concha, madre de Kyle

Una vez más me dormí ante la tele y me desperte cuando se terminaba el
cuarto capítulo de “Hijos del corazón”. Un amigo me había grabado los tres primeros y en dos sentadas los he visto esta semana.

¿Os habéis fijado en las miradas de los niños que aparecen?

La mirada “autosuficiente” y a la vez “desvalida” de los niños en la casa de acogida y orfanatos.

La mirada “alucinada” cuando salen y descubren el mundo que hay detras de las cuatro paredes en las que han vivido.

La mirada “enfadada” cuando se encuentran con la barrera del idioma, porque lo que es válido los primeros meses, después ya no lo es (necesitan
verbalizar todo lo que les pasa y todavía no tienen el suficiente vovabulario para hacerlo).

La mirada “pilla” cuando desde los primeros días empiezan a probarnos.

La mirada “indefensa” cuando se dan cuenta que todo es nuevo y que tienen que encontrar su sitio en su nuevo entorno.

Las miradas de nuestros niños van cambiando atraves del tiempo. Cuando me dicen que mi hijo está muy cambiado porque ha crecido mucho, yo siempre pienso en lo equivocados que están, el cambio que se detecta en él no es el crecimiento, bueno eso también, pero lo que más ha cambiado en él para mí es su mirada.

El tiempo y el cariño hacen que nuestros hijos del corazon cambien su mirada
y aunque ésta sea aveces autosuficiente, desvalida, alucinada, enfadada, pilla
o indefensa, llegan a tener la mirada serena que da la seguridad del cariño
de su familia, consiguen poder tener la mirada que les corresponde y que
todos los niños tienen el derecho a tener: la de un niño feliz.

Adoptando en precario

Clasificado bajo: Abraham, Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 8:12 pm el Jueves, Noviembre 30, 2006

Por Abraham

Hay una cuestión que siempre me llama la atención. Se dice que las familias debemos exigir toda la información a las ecai’s para una adopción digna, pero ¿cómo podremos hacerlo si llegamos sin dignidad a la adopción? (o por lo menos, ahora me doy cuenta de que en mi caso, de algún modo fue así).

Llegas al C.I., no planteándote los distintos aspectos de tu futura paternidad y en busca de respuestas a tus dudas, sino planteándote qué coño le parecerá bien de ti, a la persona con la que te vas a entrevistar. Y lo digo así, cuando yo las entrevistas en absoluto las viví de forma traumática, pero lees los correos y esa es la preocupación. Nadie vive entre la mierda pero el día de la visita domiciliaria, no serías capaz de reconocer tu propia casa de tanto destello… Un claro mensaje de la naturalidad con que se afronta todo el proceso…. Todos, en principio, somos buenos padres en potencia, distintos, pero válidos. Cuando la paternidad se ejerce mediante la adopción, la ‘criba’ debe ser positiva, la Administración debe informar y formar a los futuros padres, cosa que no hace (gracias que existen estos foros) y detectar ‘problemas’, pero no aplicando el tercer grado, jugando a veces al poli-bueno poli-malo, y menos por empresas privadas que, en algunas ocasiones parece que se limitan a justificar las tasas. Por otro lado, hay regiones en las que gracias que existe la alternativa de las empresas privadas, porque, de otro modo, la espera del C.I. sería realmente eterna…

No te cuestionas, por ejemplo, el que para empezar el trámite te pidan el certificado de penales, pero luego alucinas con lo que le cuesta a la Administración proteger a unos niños en posesión de unos ‘padres’ ‘peligrosos’, y permitirles el paso a la adopción nacional (y no pretendo que por tener una marca en penales, uno sea ya mal padre).

Cuando consigues ’superar’ la prueba burocrática, te encuentras con que tienes que decidirte por una empresa o por un trabajador autónomo que, por ejemplo, en el caso de los monoparentales te reciben con un pufff… buenoooo… a ver siiii… el país os pone muchos problemas…. ¿Cómo se te va a ocurrir preguntar por la procedencia de los niños si en ese momento de ilusión plena, estás viendo que esta gente tiene tal lista de espera, que se permiten dejarte en remojo con un “a ver si…”?

Tú llegas transparente a la adopción, quieres ser sincero, franco, hacer ver que eres la buena persona que sientes que eres (con todo lo subjetivo que esto implica, tanto por el emisor como por el receptor) y en lo último que piensas es que alguna de las agencias acreditadas por la misma administración que te está pasando la manita por la cabecita al tiempo que te dice ‘… síii, puedes llegar a ser buen padre….’, puede formar parte de un entramado de corrupción y mentira, sin que sobre ella se esté ejerciendo el debido control…. el mismo que sientes que están ejerciendo sobre ti.

Mi primer contacto con los foros, fue en el de Rusia. Cuando allí me quejé (preguntando) de que mi ecai me había pedido 5 originales de cada documento (con la consiguiente legalización, etc) en el momento de la firma del contrato, cuando alguno de los documentos caducaría incluso antes de que el expediente pudiera ser traducido, y luego te enteras de que por protocolo público. sólo tenían que presentar una solicitud de cita para registrar el expediente, para lo que podían pasar meses… (vamos… todos mis documentos caducados ya…) me quedé alucinado con la cantidad de mensajes al privado que, con toda la buena intención (y, de algún modo, por su propio interés) me decían que no se me ocurriera hablar mal de las ecai’s o facilitadores en el foro, que ellos entraban a leer los mensajes y podían tomar represalias… Alucinante… Había verdadero miedo… ¿Quién se atreve a preguntar NADA en esas condiciones? Cuando uno no sabe los plazos de espera, ni si existe una lista donde estás apuntado y gracias a la cual los expedientes serán atendidos cronológicamente… Además, con esa misma gente tendrás que tramitar los seguimientos de la post-adopción…

Aprendí a vivir la adopción con dignidad, desde que entré en África y contacté con ‘cabezas dignas’…. Y aun así nos quejamos… con absoluta razón. Sólo con información uno se puede quejar, pero de poco vale si el proceso de adopción ‘tiene’ que hacerse en precario. En precario llegamos al C.I., en precario lo superamos, en precario PEDIMOS que acepten gestionar nuestro expediente (al precio que marquen tanto en tiempo como en dinero), en precario vamos a recoger a nuestros hijos y, cuando ya estamos viendo la realidad de la adopción, en precario nos quejamos con la boca pequeña (por no hacerle la puñeta a quienes vienen detrás ¿…?) ¡Pero si en la propia embajada (en España) le dicen a una compañera que tiene que esperar un mes a que vuelva quien puede legalizar su expediente, ya que no dejó a nadie autorizado para hacerlo (mediocridad y prepotencia) y además le van a cobrar entorno a los 1.200 € por ponerle ‘cuatro’ sellos y otras tantas rúbricas y le dicen que los países africanos también tienen que comer… (que digo yo que habrá sido una broma… vamos… por distender la conversación…).

Por otro lado, no todos tenemos la misma actitud ante la vida, pero no sólo del entorno que nos rodea, sino de nuestra propia vida. Si mucha gente no quiere saber ‘nada’ de su pasado ‘doloroso’ (hablo en términos de ‘dolor occidental’ de una persona ‘normal’, ni siquiera de casos ‘graves’, que los hay, de situaciones difíciles…) cómo podemos esperar que quieran saber del pasado de sus hijos. ¿Para qué? ¿Para ocultarlo?

El fin de la inocencia

Clasificado bajo: Reflexiones al sol, Stephanie — Beatriz S.R. a las 11:00 am el Lunes, Noviembre 6, 2006

Por STEFANIE

No puedo decir que ésta sea una idea original mía. Es más: creo que es muy común a todos los que hemos adoptado, y que, igualmente, todos la hemos ido viviendo de forma progresiva. Me refiero a la pérdida de la ingenuidad con la que comienzas un proceso de adopción.

Al principio, pensaba que la cosa era bastante simple. Hay niños que no tienen familia, y a mí me encantaría poder dar una familia a un niño sin ella. Limpio, claro, sin dobleces. Por eso mi primer shock llegó cuando, en la reunión informativa de mi comunidad autónoma, nos explicaron que si hacía falta tanto papeleo era porque el tráfico de niños era una realidad. Parecía tan improbable… El tráfico de niños me sonaba a fines maléficos, de explotación sexual o de mano de obra esclava, de donantes vivos de órganos. No sé, algo muy alejado a lo que yo (y creo que todos los demás asistentes al curso) nos proponíamos. Y sin embargo, el tiempo me ha hecho ver que era cierto. No lo de los órganos, o la explotación o la prostitución infantil (al menos, eso espero), sino a que es tan horrible como cierto que hay un mercado de niños. Y es algo que me tiene totalmente descolocada.

He aprendido que a pesar de los millones de huérfanos que hay en el mundo, sólo una pequeña parte cumple los requisitos de la “demanda”. Niños pequeños, sanos, sin historia conocida. A ser posible, blanquitos de piel. (Es curioso: incluso en regiones de piel oscura, el claro se sigue cotizando al alza). Y a medida que aumenta la demanda, ya aparece quien se hace cargo de encontrar oferta. Y quienes no tienen miedo a saltarse un par de reglas con tal de tener al niño soñado.

Y poco a poco, una se va enterando de cosas que no imaginaba. Casos de niños con informes falsos. Criaturas asignadas que no habían sido dadas en adopción. Países en los que hay quienes engañan a los padres con patrañas para que entreguen a sus hijos. O donde, directamente, los compran. Facilitadores que, según la cantidad de dinero que reciban, “encuentran” niños a la medida de lo buscado. Muchos casos poco claros en los que, al final, la gente prefiere callar por el bien de los menores – o por no arriesgarse a ser señalados con el dedo, a poner en peligro su proceso o ser los que den la nota. Y al final, te das cuenta de que sí, es verdad: el tráfico de niños existe. Y los promotores somos nosotros. Cuando pagamos. (Porque es más corrupto quien corrompe que quien se deja corromper). Cuando callamos. Cuando hacemos la vista gorda. Cuando tenemos miedo a preguntar. O incluso a responder.

Por eso, cuando amigos y conocidos se llevan las manos a la cabeza diciendo cómo es posible que se tarde tanto en adoptar habiendo tanto niño necesitado, no me queda más remedio que decir “porque hay tráfico de niños”.

Y le tocó a Haití

Clasificado bajo: Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 11:18 am el Viernes, Octubre 20, 2006

Por Beatriz San Román

¿La baronesa de los ascensores ha adoptado dos niñas? ¡Nooooooo! Contratar un vientre de alquiler es una forma de reproducción asistida –que por cierto, no es legal en España– pero no es una adopción.

Últimamente entre la Baronesa Thysen, Madonna y Funes, tenemos la adopción en los medios todos los días. Lo que significa que nos indignamos en mayor o menor medida todos los días. Desde las asociaciones de familias se está estudiando la elaboración de un documento-guía para la prensa, que les explique qué es y qué no es adopción, y exija que el tema se trate siempre con la delicadeza que merece y protegiendo la intimidad de las familias y, sobre todo, lo niños.

Personalmente, me enciende de forma particular cada vez que se nombra Haití como ejemplo de país donde las adopciones son dudosas. No es de extrañar que las familias de la lista adopcionenhaiti hayan reaccionado con un escrito claro y contundente, entregado en el ICAA, exigiendo al señor Funes que se retracte. Bien por ellas, que han reaccionado con agilidad y mesura.

Conozco al dedillo los procesos de las últimas familias que tramitaron por protocolo público cuando aún se podía, y estoy en contacto con muchas de las familias que tramitan o han tramitado por ECAI. Llevo años en contacto directo –tan directo como permiten las comunicaciones en Haití ;-) – con haitianos involucrados en los procesos, siguiendo de cerca las actuaciones de sus autoridades para garantizar los procesos. Y como reconocen en privado algunos funcionarios los procesos, a nivel de legalidad y transparencia– son casi modélicos.

¡Qué curioso que España sea el único país que ha cerrado las adopciones en Haití! El único motivo por el que no se han reabierto las adopciones en Haití es porque el embajador español en Puerto Príncipe –sin argumento alguno– sigue negándose a dar su visto bueno a la reapertura (ya se sabe, para qué se va a complicar el la vida con la revisión de los procesos y la tramitación de visados).

He llegado a leer incluso que UNICEF desaconseja adoptar en el país. Desde ANSANM, solicitamos a UNICEF que nos diera información sobre ese punto, y nos contestaron con un fax en el que se nos decía que ello no era cierto en absoluto. ¿Por qué entonces tanto revuelo y tanta sospecha?

¿Irregularidades? El proceso en Haití es largo, porque la familia biológica debe renunciar al menor ante el Instituto de Bienestar Social haitiano y ratificar después su renuncia ante el juez. Ello garantiza la adoptabilidad de los menores. La única irregularidad que se está cometiendo es que el ICAA haya autorizado a una ECAI a realizar acogimientos vacacionales pre-adoptivos (te traes el niño dos meses y, si hay feeling, lo puedes adoptar. ¡Alucinante!). Por mucho que los niños sean huérfanos y estén en una situación difícil, no es de recibo jugar con sus sentimientos y confundir a las familias. Y esta práctica, SÍ viola el Convenio de la Haya.

Pero no, no hablan de eso cuando vierten sospechas sobre nuestras familias y se insinúa que nuestros procesos no tienen garantías. Insinuación gravísima, primero porque no es cierta, pero además porque nuestros hijos también escuchan la radio y la televisión, y no es admisible que sin denuncia ni prueba alguna se esparza mierda sobre todo y sobre todos. Y duele que sea precisamente sobre Haití, cuando en otros países un porcentaje bajo pero creciente de las adopciones levantan sospechas al más ingenuo y la administración mira para otro lado.

La única razón que se me ocurre para entender el por qué de esta injustificable criminalización de las adopciones en Haití es triste: las familias que adoptamos en Haití somos pocas y representamos pocos votos. ¿Quién se arriesga a ponerse en contra al colectivo de familias que han adoptado en Rusia en período electoral? Mejor poner de ejemplo un país más pequeño. Y le tocó a Haití. :(

Las asociaciones de familias han solicitado una reunión con Jaume Funes para pedirle explicaciones sobre sus declaraciones y exigirle que en lugar de lanzar sospechas generalizadas investigue y ponga los mecanismos para evitar que se produzca una sola adopción irregular. Es su responsabilidad y su obligación, pero puede estar seguro de que contará con todo nuestro apoyo y nuestra colaboración para que así sea. La Vanguardia publicaba ayer un artículo de Carme Figueras, Consellera de Bienestar y Familia de la Generalitat y madre adoptiva que podemos suscribir palabra por palabra: nadie está más interesado que las familias en conseguir procesos limpios de sospechas.

Adopción internacional y delincuencia institucional

Clasificado bajo: Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 9:46 pm el Jueves, Octubre 5, 2006

Todavía con un déficit de sueño importante (aún no sé si agota más el apretado programa del I Fórum Internacional de Infancia y Familias o la marcha de algunos buenos amigos que se acercaron a Barcelona con tal motivo), escribo estas primeras líneas.

Ha sido un encuentro muy interesante, aunque tristemente la percepción exterior ha venido marcada por las declaraciones de Jaume Funes, secretario de Famílies i Infància del Departament de Benestar de la Generalitat y su repercusión en la prensa.

No es de recibo que un representante de la administración cargue la responsabilidad de posibles irregularidades en la “presión de las familias”. ¡Menudo morro! La administración (a la que el señor Funes representa) es responsable de garantizar que todos y cada uno de los procesos de adopción se hagan con las necesarias garantías. Es inaceptable que la autocrítica (necesaria, siempre) se haga de puertas afuera, echando mierda sobre todo y todos, en lugar de tomar el toro por los cuernos y emplearse en corregir lo que no está funcionando bien.

En el mismo Fórum, Anne-Marie Crine hizo una excelente exposición sobre lo que ella llama “delincuencia institucional”. Su ponencia llevaba el título de “Secretos y Mentiras” y ponía de manifiesto una verdad cada vez menos oculta: los teóricos garantes de los procesos (administración, ecais y demás) permiten con frecuencia, ya sea por activa o por pasiva, que se cometan numerosas irregularidades. Y cuando hablamos de irregularidades, las hay de distinta índole, algunas muy serias, que violan gravemente el Convenio de la Haya. Ayer me contaban por teléfono el caso de una familia con las maletas ya hechas, a punto de viajar a Rusia a conocer a la niña que les habían asignado, y que reciben en el último momento la noticia de que los padres biológicos han reclamado a la niña ya que no habían consentido en su adopción. Los adoptantes estaban destrozados, pero daban gracias al cielo de que el tema se hubiera destapado antes de seguir adelante. Como señalaba Crine, no es posible construir una sólida relación padres-hijos sobre la base de la corrupción y el engaño. Las familias somos las primeras interesadas en que los procesos de adopción se lleven a cabo en el marco de la más estricta legalidad.

En la adopción se unen el deseo de ser padres –que no el derecho– con la necesidad y el derecho del menor a tener una familia. La adopción es para nosotros una forma tan legítima como la que más de ampliar o fundar nuestra familia pero, por encima de todo, es una medida de protección de los menores desamparados. Es por ello que exigimos al señor Funes y a las autoridades competentes que asuman la responsabilidad que les otorga el Convenio de la Haya y pongan en marcha todos los mecanismos necesarios para que todas y cada una de las adopciones cumplan con todas las garantías de legalidad. Que investiguen a fondo cualquier sospecha de irregularidad. Que controlen a las ECAIS que ellos mismos han acreditado. Que dejen de escudarse en la “presión de las familias” para eludir su responsabilidad.

Un dato para la reflexión: Las cifras de UNICEF revelan que por cada niño adoptable existen tres familias solicitantes de una adopción.

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