La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

África, “esa gran desconocida”

Archivado en: Reflexiones al sol, Uncategorized — Beatriz S.R. a las 10:42 am el Miércoles, Febrero 17, 2010

En el cole de mi hija este año han decidido colaborar con una ONG que trabaja en Malawi. Como creo que no todas las formas de cooperación son igulamente efectivas, e incluso que algunas son contraproducentes, busco en Google la página web de la ONG en cuestión y lo primero que encuentro es el siguiente párrafo:

“África. El inmenso continente desconocido. Su belleza intacta, primitiva. Un mundo donde todo está por hacer, por empezar. Sumido en la miseria y la ignorancia. ¿Qué és África?. Tan cerca, tan lejos”.

No dudo de las buenas intenciones del colegio, ni de las de la ONG, pero me parece un desatino que alguien que tiene esa visión de África ponga en marcha un proyecto de cooperación allí. África es un continente inmenso, sí, pero pensar que allí todo está por empezar me parece de un desprecio y un etnocentrismo supino.

Sigo buscando en la web y veo que mandan desde aquí materiales, papillas, etc. para repartir en Malawi. Se explica que necesitan mandar constantemente containers para mantener los proyectos, y la verdad que no lo entiendo. Será porque no entiendo la cooperación como caridad, porque me parece un horror crear relaciones de dependencia. ¿Enviar papillas? Sólo con el dinero del transporte del container podrían haberlas hecho in situ, comprando allí los cereales,  permitiendo que el dinero de las donaciones vaya a parar al mercado local en vez de convertirse en beneficios para las empresas de transporte y un montón de emisiones de CO2 (pocas cosas hay menos sostenibles que los envíos a larga distancia).

Mientras algunas ONGs (otras, quiero creer que la mayoría, hace tiempo que cambiaron su discurso y sus prácticas) sigan viendo la cooperación como una limosna, no vamos bien. La cooperación y la justicia son algo muy serio, no se trata de darles migajas de nuestros recursos; eso sólo acalla conciencias.

Se acabó el 2009

Archivado en: Adop. Internacional, Adopcion y Escuela, CORA, ECAIs, Historias personales, Reflexiones al sol, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 2:42 pm el Sábado, Enero 9, 2010

Lamentablemente, no ha estado muy activo últimamente. Creo que, en gran parte, se debe a que las personas que normalmente escriben han estado más ajetreadas que de costumbre: mudanzas, nuevos trabajos, situaciones personales más o menos complicadas… ¡y yo que pensaba que la crisis al menos nos iba a traer más tiempo libre!

Por lo que a mí respecta, el 2009 ha sido un año… intenso. Ha sido un año muy guapo, lleno de pequeños momentos para paladear y saborear, mucho que pensar y mucho por hacer. Muchos posts se han quedado en el tintero mientras los días se me escurrían entre los dedos. El último trismestre pintaba tranquilito, pero finalmente ha sido un período muy ajetreado:

- Acepté muchas invitaciones para dar charlas en asociaciones, jornadas sobre adopción y también para seminarios en centros de recursos para profesores en torno a temas como la adopción y la diversidad en las aulas, el racismo en la escuela, etc.. De Gijón a Córdoba, de Cáceres a Girona, de Zaragoza a Badajoz… De cada viaje, me traje nuevas cosas en las que pensar,  y esa sensación de conocer gente que no resigna, que lucha y resiste para que las cosas cambien a mejor… ¡vitaminas para el alma!

- Tras el verano, nos comunicaron que el Ministerio ampliaba por tres años más la financiación del estudio sobre La integración familiar y social de los menores adoptados internacionalmente: perspectivas multidisciplinares y comparativas, que finaliza el próximo mes de marzo y que ahora cambiará su nombre para ampliar su temática: Adopción Internacional y Nacional: Familia, educación y pertenencia Es una excelente noticia, porque a estas alturas ya no tengo dudas de que es el más ambicioso de cuantos se han hecho sobre el tema en España y creo que, a través del intercambio entre los distintos grupos de trabajo que lo componemos, avanzamos cada vez un poquito más deprisa en descubrir y entender las complejidades que entraña.

- En octubre, volví a  la Universidad (a mi edad, a algunas les da por la liposucción y otras nos damos de bruces con formas más radicales de mantenerse en forma ja ja). Para rematar el mes, tuve un accidente de tráfico, que me ha dejado un problema en las cervicales que todavía me tiene en situación de baja, pero al que espero dejar atrás cuando acabe la rehabilitación.En diciembre, se publicaron finalmente dos reportajes sobre temas relacionados con la protección de la infancia en los que venía trabajando desde el 2008. El primero, al que finalmente pusieron por título Mimos de familia, lo disfruté enormemente. El segundo, Adopciones en la encrucijada, me obligó a mirar de frente las incongruencias y los fallos del sistema, y el drama enorme para todos los implicados que se esconde detrás de eso que eufemísticamente se llaman “irregularidades”.

- En el medio, asistí en representación de CORA a las jornadas sobre el marco de garantías en la adopción internacional organizadas por el Ministerio y el Gobierno de Aragón. Sabíamos de antemano que los discursos sobre la necesidad de extremar el control y las precauciones para evitar adoptabilidades fraudulentas de las asociaciones de CORA y de las ECAIs eran muy distintos; lo que no sabíamos es que los representantes de éstas últimas eran tan cobardes como para tratar de silenciar las cosas turbias que están ocurriendo mediante la difamación y la calumnia. Curiosamente, cuando se les ha solicitado vía bureaufax que asumieran o negaran la autoría del libelo que repartieron en las jornadas y que venía firmado por las distintas federaciones de ECAIs, han dado la callada por respuesta. El tema hubiera dado seguramente mucho de sí en el blog, pero me faltaron ganas y tiempo. Si a alguien le interesa, dejo los enlaces al comunicado de CORA y a mi respuesta sobre el tema.

Se acabó el 2009 y el 2010 me encuentra con muchos proyectos interesantes, muchas preguntas a las que encontrar respuesta y muchas ganas de seguir disfrutando de la vida, de mi familia, de los amigos… Espero que sea un buen año para todos, y que el blog se reactive… aunque sea con posts más cortos. ¡La aventura continúa! ¡Feliz 2010!

specialmente el último trimestre.

Las adopciones de Bones y demás series

Archivado en: Reflexiones al sol, media — Beatriz S.R. a las 12:41 am el Lunes, Agosto 31, 2009

 

BONES2Los encargados de traducir los diálogos de las series traducen indefectiblemente “foster home” por “hogar adoptivo” (que ya de por sí suena raro), y “foster family/mother/father” por “familia/madre/padre adoptivo”. Mentes criminales, CSI… no hay ninguna serie policíaca que se precie que no tenga varios capítulos en los que a alguno de los personajes le destrozó la vida su “hogar” o su familia adoptivos. La prota de Bones, una brillante antropóloga con ciertas dificultades para implicarse emocionalmente en sus relaciones, hace referencias constante a las familias adoptivas de su pasado. En la wikipedia, al hablar de ella dicen “La Dra. Brennan no ha tenido una vida nada fácil; a los 15 años entró en el sistema de adopciones debido a que sus padres desaparecieron poco antes de Navidad y su hermano Russ, quien ese entonces contaba con 19 años decidió no hacerse cargo de ella, ya que pensó que estaría mejor con una familia adoptiva”. Cuando uno ve la serie, entiende que no paso por varias adopciones, sino por distintas centros y familias de acogida.

“Foster” no significa adopción, sino algo así como “acogida”, pero nadie parece haberse dado cuenta. Bueno, sí, estoy segura de que no soy el único miembro de una familia adoptiva que pega un respingo cada vez que los problemas psicológicos de un personaje, muchas veces un asesino en serie, se atribuyen a haber pasado su infancia en uno o más “hogares adoptivos” donde sufrió todo tipo de abusos.

En algún momento, me plantée escribir a las cadenas que emiten las series una carta, señalándoles el error de traducción. Los “foster homes” son en realidad centros de menores, y las “foster families”, familias de acogida. Me frenó pensar que, si cambiaran las traducciones, serían las miles de familias de acogida que hay en este país las que pegarían un bote en la silla al ver repetido de forma abrumadora el estereotipo de familia de acogida maltratadora. Una y otra vez. Es como lo de los hombres que tienen una doble vida, con dos familias, una en la Costa Este y otra en la Costa Oeste. ¿Os habéis fijado la cantidad de telefilmes y series que incluyen uno en su argumento? ¿Será una fantasía americana o realmente se habrán dado muchísimos casos?

El año pasado, mientras preparaba un reportaje sobre el tema para el Magazine, conocí decenas de familias acogedoras. Me sirvió para romper muchas de mis ideas preconcebidas, y para darme cuenta de que se parecen bastante a las adoptivas. Si éstas últimas han entendido que no necesitan compartir ADN para querer a sus hijos, las familais de acogida han ido un paso más allá. Han entendido que no necesitan compartir genética ni apellidos para criar y querer a un niño como si fuera su hijo. Ni siquiera una garantía temporal de que seguirá siéndolo en un futuro. Garantía que, por otra parte, no tenemos ninguno…

¿Dónde falla el sistema de la adopción internacional?

Archivado en: Adop. Internacional, Reflexiones al sol, etica-y-adopcion — Beatriz S.R. a las 7:28 pm el Miércoles, Agosto 12, 2009

Del 8 al 10 de septiembre, la Universidad Autonóma de Madrid organiza un curso de verano sobre “Adopción Internacional de Menores”. En estos días ando encerrada tratando de cerrar el guión de mi intervención en la mesa redonda que lo clausura. Se trata de contestar si el sistema funciona, si garantiza que las adopciones se hacen siempre con el máximo respeto a los intereses de los menores. A día de hoy, tengo claro que la respuesta es no. Los motivos creo que quedan explicados en el editorial publicado en el último Newsletter de AFIN del que hablaba en el post anterior (“La adopción internacional hoy: el imperativo moral de una reforma urgente”), pero lo que resulta más difí­cil de dilucidar es por qué se sigue manteniendo un sistema incapaz de hacer frente a la situación actual de la adopción internacional.

Como dice Alicia en los comentarios al post anterior, el tema es complejo. Es difícil de entender por qué las administraciones no son más diligentes y rotundas a la hora de exigir que las adopciones sean limpias. Para empezar, el sistema actual de ECAI es un lastre notable (lo que no justifica la falta de respuesta y la falta de control, pero contribuye a ello). Como cada comunidad autónoma tiene potestad para acreditar las suyas, nos encontramos con que hay un enorme número de ellas, y que todas dependen para su supervivencia de que sigan saliendo niños en adopción de los países donde están acreditadas. Se crearon pensando en gestionar un gran volumen de expedientes, sin tener en cuenta que tal vez (como está ocurriendo) no hubiera ñinos adoptables para todos ellos. La inmensa mayoría de ellas tienen en la adopción su única fuente de financiación: sin nuevas adopciones, no hay dinero para pagar las nóminas. Y ya se sabe, hasta las verdades más evidentes son difíciles de ver cuando te va en ello el sueldo…

Creo que el tema es complejo, sobre todo, porque entra en  juego un etnocentrismo soterrado que pocas veces se verbaliza, eso de “bueno, al final están mejor aquí”. Y si sus padres (y sus hermanos mayores, sus vecinos y sus abuelos aunque nadie parece tenerlos en cuenta) son pobres, pues mejor en una familia donde no pasen penurias. Y eso sirve incluso para justificar que sus familias hayan sido presionadas, engañadas o coaccionadas para que den a sus hijos en adopción. ¿Cuándo vamos a reconocer de una vez por todas que no es admisible someter a un niño al trauma de separarse de su familia simplemente porque ésta era pobre?

No, no es ético ni moralmente admisible “elegir” a los miembros más pequeños y sanos de las familias que viven en situaciones muy duras, sacarlos de la familia que los quiere para que otra más rica pueda tener el hijo que ansia y olvidarnos del resto. ¡Y, además, va en contra de las leyes internacionales y nacionales que rigen en materia de adopción!

Nuestra legislación, los responsables en materia de adopción ¡y hasta el convenio con Vietnam! dicen y repiten que todo debe ser en el interés del menor, de acuerdo a la Declaración de Derechos del Niño. Y esa declaración sobre la que teóricamente se constituyen las adopciones defiende el derecho del niño a vivir en la familia en la que nace, con independencia de su estatus económico (salvo cuando esa familia suponga un riesgo para su desarrollo).

La adopción es una medida de protección válida para devolver a los niños que han perdido su familia el derecho a crecer en un entorno familiar pero ningún niño debería salir de una familia que lo quiere por falta de recursos. Lo contrario, es simplemente colocar nuestro egoísta (aunque legítimo) deseo de ser padres por encima de los derechos del menor.´

Crecer sin referentes biológicos…
en una familia donde todos los tienen

Archivado en: ORIGENES, Reflexiones al sol — Beatriz S.R. a las 8:02 pm el Martes, Julio 28, 2009

El mes pasado estuvimos en Argentina, país donde mi hija tiene un montón de familia: tíos, primos, sobrinos (los hijos de sus primos) y una abuela que ha cumplido nada menos que 97 años. A pesar de la alerta sanitaria por la Gripe A, ha sido un viaje muy bonito. No hemos podido ir al teatro ni a otro tipo de actividades que implicaran reunir a gente bajo techo, pero ha sido un viaje en el que hemos crecido y aprendido en muchos aspectos.

Quizás porque fui hija de inmigrantes en una época donde los viajes eran más costosos y escasos que ahora, no recuerdo que en mi infancia se hicieran en casa comentarios sobre los parecidos familiares. La familia más cercana estaba a muchos cientos de kilómetros, así que únicamente veíamos a los abuelos, primos y demás parentela en verano. Al principio, con el Seiscientos, eran dos días de coche, haciendo noche a mitad de camino; más adelante, con el Renault 8 y la mejora de las carreteras, hacíamos todo el viaje de un tirón. Sí recuerdo algún comentario de esos de “cómo se parece esta niña a su madre”, pero los recuerdo ya de adolescente. Y también recuerdo que me molestaba un montón, supongo que porque estaba en pleno proceso de reafirmación frente a ella… (sorry, mom ;) ).

El caso es que entre mi familia argentina, que es un clan muy unido y que se ven entre ellos casi a diario, los comentarios sobre los parecidos de los más pequeños con los adultos son casi una constante. Supongo que ocurrirá en la mayoría de las familias, pero es la primera vez que soy consciente de ello: que si Fulanito es calcadito a su padre, que si Menganita llora y patalea en la cuna como lo hacía su madre, etc.

A diferencia de hace 12 meses, mi hija está en una etapa en la que no tiene dudas sobre la firmeza y la continuidad de nuestra familia, y creo que el sentirse querida y mimada por la parte argentina de la familia le ha hecho sentirse muy bien. Pero no puedo evitar preguntarme si esos mismos comentarios no le hubieran resultado hirientes en otros momentos, si los hubiera sentido como un cuestionamiento de su pertenencia al clan…

Voy a pedirles ayuda a los jóvenes adoptados que participan en SoyAdoptado, a ver si nos iluminan con sus recuerdos y sus experiencias sobre este tema. ¿Alguna persona adoptada que quiera compartir sus reflexiones al respecto?

Levantar el acelerador

Archivado en: Adopcion y Escuela, Reflexiones al sol, retos-y-dificultades — Beatriz S.R. a las 11:23 pm el Lunes, Junio 1, 2009

Por Ana González

(Con el post anterior –Nuestras prioridades, ¿son las suyas?– a medio escribir, tropecé con este texto de Ana en el foro de adoptiva, en un hilo de debate donde se hablaba de qué necesitan los niños que tienen dificultades en varios frentes a la vez. Con su permiso, lo reproduzco a continuación porque no tiene desperdicio. ¡Gracias Ana!).

Por ahora, a los casi cuatro años de estar todos juntos, nuestro hijo va muy bien en el cole. “Demasiado bien” pienso yo, y así se lo dije a su maestra. Demasiado responsable, demasiado atento, demasiado cumplidor, demasiado autoexigente para no haber cumplido aún los cinco años, demasiado hipervigilante. Creo que la tortilla puede dar la vuelta en cualquier momento y que toda esa gran carga que él asume puede convertirse en crisis por no llegar a ser lo que él espera de sí mismo.

He comprobado que, cuando hay días de fiesta o vacaciones, todo es más fluido; él es más niño y menos “niño perfecto”, se puede enfadar, hacer el vago, ponerse cabezota, intentar ir más allá del límite… ¡Y eso me encanta! Aunque siga marcándole pautas, por dentro me encanta, porque de repente aparece Él, el niño que es y que a veces no deja salir afuera. A veces le doy fiesta del cole, aunque sólo sea para quedarnos en casa haciendo el vago, o nos regalamos “algo de los fines de semana”.

Creo que estamos robando la infancia a nuestros hijos. Yo que nací a principio de los años sesenta, que soy profesional liberal y trabajo en lo que me gusta y disfruto, creo que estamos pasándonos mucho con las exigencias a niños que además no criamos nosotros: niñeras, profesores, psicólogos, logopedas… Y los padres adoptivos que taaanto quisimos que llegaran, ¿dónde estamos? En el trabajo o en la sala de espera del terapeuta.

Creo que nuestros hijos necesitan tiempo con nosotros, tiempo para enfadarse con nosotros, con nuestras exigencias, para chillar que ellos necesitan más, mucho más de lo que les ofrecemos, necesitan recuperar su infancia y la confianza en los adultos, y eso pasa por quizás ganar menos dinero y “perder más el tiempo” para regalárselo a ellos.

Un niño que insulta al adulto es un niño que está enfadado con los adultos porque no le gusta lo que le dan; hay que ver qué no le dan y qué sí. Los niños están tan cerca de su propia vida, de sus miedos, de su verdad, que nunca mienten cuando gritan o se expresan. Un niño que grita aún no ha tirado la toalla, aún hay esperanza, porque demuestra que quiere luchar.

 Ver también:

La autoestima: un fruto hermoso y largamente trabajado

Nuestras urgencias y prioridades, ¿son las suyas?

 

Nuestras urgencias y prioridades, ¿son las suyas?

Archivado en: Adopcion y Escuela, Reflexiones al sol, retos-y-dificultades — Beatriz S.R. a las 10:54 pm el Domingo, Mayo 31, 2009

Esta semana dos madres, que ni siquiera se conocen entre sí, me han dicho que nuestros hijos son “niños de largo recorrido”. Me gusta la expresión, creo que refleja muy bien algo que nos lleva años aprender (al menos en mi caso) y que tendemos a olvidar en el trajín de las prisas cotidianas.

Mi hija llegó a nuestra familia con algo menos de 24 meses. Recuerdo que los primeros dos años (quizás algo más) yo estaba extasiada con la rapidez con la que aprendía cosas nuevas. Como buena madre primeriza, almacenaba en mi cabeza mil y una anécdotas que me reafirmaban en eso de que los niños son como esponjas, y en que mi hija era la más lista del mundo mundial.

Con el tiempo, he ido aprendiendo que sí, que como todos los niños tiene una enorme capacidad de aprender, que a veces parece mucho más madura que otros niños de su edad… pero que también hay algunos aspectos donde su ritmo es más lento, y donde nuestras prisas de adulto plantean exigencias injustas que nos provocan después una falsa sensación de fracaso. A nosotros, pero sobre todo a ella.

Es algo que he ido intuyendo con el tiempo, y que vi con claridad meridiana una Semana Santa. No salimos de vacaciones ni hicimos grandes planes, pero no había deberes, ni madrugones, ni “venga-que-vamos-a-llegar-tarde”. Fue entonces cuando me di cuenta que, al eliminar la presión, mi hija se transformaba. ¡Qué gozada verla canturrear y reír a carcajada limpia de la mañana a la noche! ¡Y que rápido se avanza cuando uno se siente feliz!

Las jornadas de nuestros hijos vienen cargadas de retos y exigencias que marcan los adultos. Y de recordatorios y presiones constantes. Que si no te metas el dedo en la boca o no te muerdas las uñas, que si te tienes que acordar de prepararte la mochila del cole, que si en la mesa no se juega, que si así no se contesta, que si no has hecho aún los deberes, que si te tienes que esforzar más en el cole…

Queremos (por su bien, todo creemos hacerlo por su bien) que aprendan a compartir y a dominar su genio, que mejoren su caligrafía, que sean ordenados y educados, que sigan el ritmo de las clases… Y está bien que eso nos preocupe, porque es parte importante de los aprendizajes que les ayudarán en el futuro a ser personas autónomas e independientes.

Lo que cuestiono (y me cuestiono) es si las prioridades y los plazos que marcamos son adecuados. Tengo la sensación de que a veces nos empecinamos en exigirles más de lo que pueden simplemente porque “se supone” que son cosas que a su edad deberían tener dominadas hace tiempo. Como si ellos hubieran tenido siempre la estimulación, el cariño, la seguridad y la ayuda necesaria para desarrollarse que “se supone” que todo niño tiene en esos primeros años de vida tan fundamentales.

Creo que muchas veces presionamos a nuestros hijos para que se esfuercen en objetivos que están lejos aún de su alcance. Y que, al hacerlo, perdemos un tiempo y una energía preciosos que podríamos centrar en hacerles avanzar en lo que realmente es prioritario. Nuestras metas de adultos (aprobar el control, librarse del pañal nocturno, dejar de morderse las cutículas, etc.) distraen sus esfuerzos y los nuestros en aspectos más prioritarios (aunque quizás menos visibles a los ojos de los que les rodean).

Antes me preocupaba si mi hija aprendía o no las mates al ritmo de sus compañeros, pero ahora he entendido que eso es lo de menos. O que es importante, pero no prioritario. He comprendido que su motivación y su capacidad de tolerar la frustración repercuten mucho más en sus avances que los ejercicios de refuerzo. Que lo prioritario es dedicar el tiempo que pasamos con ellos a que se sientan incondicionalmente queridos y apoyados, y a fomentar el autoconocimiento, el autocontrol y la autoestima. Sin ellos, las otras metas no son estimulantes desafíos, sino pruebas que no superan y que les hacen sentirse inseguros e incompetentes una y otra vez.

 

Ver también:

La autoestima: un fruto hermoso y largamente trabajado

El doble expediente en adopción internacional, ¿una buena idea?

Archivado en: Adop. Internacional, Reflexiones al sol, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 12:14 am el Martes, Mayo 12, 2009

La Generalitat ha anunciado hoy que Cataluña se sumará a las comunidades autónomas que permiten a los adoptantes tramitar simultáneamente dos procesos de adopción en dos países distintos. Dicen que el doble expediente permitirá “incrementar sus opciones y reducir el tiempo de espera”. Para cualquiera que no se haya leído los informes de Unicef o los Servicios Sociales Internacionales puede parecer una medida razonable y positiva, pero éste no debería ser el caso de los responsables del departamento de Acció Social y Ciutadania.

Una vez más, como ya ocurriera el pasado mes de noviembre cuando las autoridades catalanas pidieron al gobierno chino que acortara los tiempos de espera, la Generalitat sigue soslayando la difícil situación de la adopción internacional y creando falsas expectativas a las familias. En aquella ocasión, la respuesta de las autoridades chinas fue clara: si las esperas se han alargado es porque hay más familias esperando asignación que niños para ser asignados. No queda más remedio que esperar. Por cierto, resulta curioso que la web de la Generalitat recoge la noticia en la que se anuncia que la consellera Capdevila pedía al gobierno chino que las esperas se redujeran a un año o año y medio pero no su respuesta.

¿Cuándo vamos a empezar a hablar claro a las familias que empiezan el proceso? Tienen derecho a saber que sólo en nuestro país hay más de 20.000 familias esperando que las asignen, pero las adopciones realizadas durante todo el 2.008 no superan las 3.500. Tienen derecho a saber que, si los procesos son cada vez más inciertos y largos, no es por culpa de la burocracia insensible, sino porque hay muchas más familias que desean adoptar que niños adoptables esperando en los orfanatos. Tienen derecho a que, si se están planteando la adopción de un niño pequeño y sano porque creen que en el mundo hay muchos niños así que necesitan una familia, alguien les diga claramente que eso no es cierto.

La realidad es la que es: hay más familias esperando una adopción de un niño sano y pequeño que niños de ese perfil esperando una adopción. Por eso los procesos son cada vez más largos en países como China y Colombia, donde los tiempos de espera rondan ya los cuatro años; en otros, donde no existen mecanismos de control para garantizar la adoptabilidad de los niños, y donde los orfanatos cobran por cada uno que es adoptado, la mancha de la corrupción se extiende como una mancha de aceite.

Si seguimos mandando más expedientes de los que realmente se necesitan a países vulnerables a la corrupción, seguiremos presionando para que se saquen niños de dónde no debieran salir. Es la perversión del sistema: no se buscan familias para niños que carecen de ella, sino hijos a personas que quieren ser padres. En lugar de permitir a las familias que envíen dos expedientes, uno a Vietnam y otro a Etiopía a ver en cuál hay más suerte, ¿no sería mejor localizar cuáles y dónde están los niños que realmente necesitan una adopción y dirigir allí los de las familias que se ajusten a su perfil? ¿No se dan cuenta nuestras benditas autoridades que aumentando la presión de la demanda lo que se consigue es que intermediarios sin escrúpulos engañen, paguen o secuestren para conseguir niños?

Ya no podemos seguir cerrando los ojos a la realidad. Una visita a la web del Schuster Institute (en inglés) o la lectura atenta de informes como “En el interés superior del niño, ¿qué oferta para responder a qué demanda?” de los Servicios Sociales Internacionales hacen evidente que, mientras no se lleve a cabo una reforma que elimine los lucros indebidos, los países adoptantes seguirán constantemente en la inaceptable disyuntiva de ir cerrando países a medida que afloran las irregularidades o cerrar los ojos al tráfico de niños.

Enlaces relacionados: Posición oficial de UNICEF sobre la adopción internacional - Aclaración de UNICEF sobre las cifras de huérfanos en el mundoSituación actual de la adopción internacional - ¿Por qué la adopción internacional es cada vez más difícil?

Enlaces en inglés: Schuster Institute (Universidad de Brandeis)A voice for ethical adoptionBlog por la reforma del sistema internacional de adopciones

El dolor de las madres biológicas

Archivado en: Adop. Internacional, ORIGENES, Reflexiones al sol, adopcion-y-etica, dolor, madres-biologicas — Beatriz S.R. a las 10:10 pm el Domingo, Abril 26, 2009

Por Maite Cortés

NOTA: Este post es continuación de La familia de mi hij@, ¿es mi familia?, Cuando la adopción busca familias a niños que ya tienen una y La adopción internacional, ¿tiene que ser cerrada?

He conocido hasta la fecha 94 madres biológicas. Salvo dos, ninguna de las otras 92 pasa un día en que no se acuerden de esos hijos que dieron en adopción porque no podían quedárselos. No tuvieron realmente opciones y, cuando no hay opciones, no hay libertad ni hay justicia. ¿Cuántas madres habrá en la misma situación? La mayoría de esas madres no saben ni cómo están sus hijos. Algunas familias adoptivas envían información pero, una vez pasado el tiempo… si te he visto, no me acuerdo. Y a esas madres se les niega algo que necesitan: el derecho a saber que sus hijos están bien.

Ellas hablan de un dolor que no saben explicar, un vacío que no se llena con nada. Muchas se consideran monstruos por hacer lo que hicieron (cuando en realidad son simples víctimas de una sociedad que las criminaliza y las ignora). Algunas intentan suicidarse, otras se dan a la bebida… Nadie jamás les dijo que esa decisión de dar a sus hijos a una “mejor” vida será la fuente de su dolor, de su desdicha, de su vacío. Ni que sus hijos también sufrirán las consecuencias de esa decisión.

Nosotros celebramos lo que ellas lloran en silencio. En ocasiones es un secreto que las corroe por dentro y las lleva al borde de la locura. Y no pueden pedir ayuda, porque no la hay. Están solas, dolidas, rotas. En los países de origen de nuestros hijos no hay grupos de postadopcion para las madres, no son miembros de foros donde comparten sus “experiencias”, no tienen acceso a literatura sobre adopción, no hacen quedadas donde se ayudan y se hacen fotos que luego cuelgan en sus foros. Ellas no tienen motivo de celebración, nadie les manda tropecientos mensajes de enhorabuena por lo que han hecho, no llevan camisetas con algún motivo “solidario”… Ni siquiera pueden quejarse, ni explicar lo que les pasa cuando llegan las crisis. Porque ellas también sufren crisis, al igual que nuestros hijos. Pero nadie las lleva al psicólogo. Tienen sus días buenos, sus días malos, y sus días muy malos. Pero no tienen siquiera una mano que las ayude a verbalizar lo que las esta matando emocionalmente. La sociedad espera que continúen con su vida. Sin embargo, no pueden y no saben por qué. Son las incomprendidas de la triada, las ignoradas.

¿Por qué los padres adoptivos contribuimos a esta situación con nuestro silencio? ¿Cuándo vamos a dejar de tener miedo de hablar de la otra madre de nuestros hijos? Sin secretos, con normalidad, sin utilizar lo de madre biológica, madre natural, madre de barriga… Puros eufemismos, porque son madres, tan madres como nosotras. De hecho, ellas con su renuncia son las que nos han hecho madres a nosotras.

No puedo soportar que se utilicen sus circunstancias para justificar nuestros procesos de adopción, que se niegue la importancia que tienen no solo en la vida de nuestros hijos sino en la nuestra propia. Sentarnos enfrente de ellas y asegurarles que jamás consentiremos que desaparezcan de nuestras vidas, ni de las nuestros hijos. Reconocer que nuestra dicha, nuestro gozo, es su eterno dolor, su inmenso vacío.

Y nosotros como adoptantes, ¿cuándo vamos a dejar de tener miedo y a exigir que no las borren de nuestras vidas? Ellas solamente quieren saber que sus hijos están bien, que los volverán a ver. Quieren poder explicarles algún día el porqué de la renuncia, que las entiendan. No buscan culpables, no culpan a los padres adoptivos de su dolor, no culpan a los hijos de su dolor. Es simplemente eso: su dolor, su vacío. Algo con lo que tienen que vivir el resto de sus vidas.

 

 

La adopción internacional, ¿tiene que ser cerrada?

Archivado en: Adop. Internacional, ORIGENES, Reflexiones al sol, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 9:35 pm el Domingo, Abril 26, 2009

Por Maite Cortés

NOTA: Este post es continuación de La familia de mi hij@, ¿es mi familia? Cuando la adopción busca familias a niños que ya tienen una

Si la adopción es realmente una forma de proteger a los niños en desamparo, ¿por qué es cerrada? ¿No será que los padres adoptivos hemos antepuesto nuestros deseos y temores al sentido común y a lo que realmente seria mejor para nuestros hijos? Ahora intentamos arreglarlo defendiendo el “derecho a conocer sus orígenes”. Nos han vendido la idea de no mantener contacto porque “nunca sabes si van a pedirte dinero o a amenazarte”. O para proteger la “privacidad” de la familia biológica. No, no nos engañemos. La adopción se ha cerrado porque nuestro dinero hace y deshace para satisfacer nuestros deseos, para calmar nuestros miedos, y acallar nuestra conciencia.

Otra cosa es que hubieran intervenido los servicios sociales. En según que situaciones el contacto directo no puede ser fluído pero, aún así, la información y la posibilidad de acceder a ella debiera ser posible sin tener que esperar a que los hijos crezcan. Ese secretismo, esos hijos creciendo sin saber y sin acceso a esa información hasta que sean mayores… ¿Y antes qué?

La importancia de la familia biológica sigue infravalorándose. De ahí el hermetismo en adopción nacional, los informes con datos falsos en la adopción internacional, la cantidad de falsos “huérfanos”, la desidia de las Ecais por seguir aceptando esos “pequeños errores de traducción” como norma…

La adopción internacional debería ser el último recurso y debería ser abierta. Se debería exigir y preparar a los padres adoptivos para que así fuera. Eso posiblemente ayudaría a frenar la locura de expedientes y deseos de ser padres. Porque adoptarlos en el extranjero siempre da mas seguridad a los adoptantes de que los padres de nuestros hijos no van a aparecer por la puerta de casa. Y de un plumazo geográfico nos los quitamos de en medio.

¿Por qué se tiene que dejar a las familias adoptivas la decisión voluntaria de continuar el contacto con la familia bio? ¿Por qué no se nos exige? ¿Por qué no se nos prepara para ello? No en teoría sino en la práctica real. A la madre de mi hija le dijeron que era “muy afortunada” porque nosotros la queríamos a ella y al resto de la familia en la vida de mi hija. Cuando me lo dijo, me horrorice. ¿Por qué no es esto la regla en vez de la excepción?

¿Por qué no nos preparan como familias adoptivas para asumir esta relación? ¿Por qué tienen que ser las familias las que vayan a los países de origen de sus hijos a buscar, las que como familias decidamos trabajar, continuar, fomentar esa relación? ¿Por qué no se nos facilita a todos los padres adoptivos la continuación del vínculo? Nos hablan de que tiene una familia… pero no nos hablan de que esa familia es nuestra también.

Alguien me dijo una vez que entonces sería adopción sino acogimiento o algo así. Yo de legalidades no entiendo pero ¿no podríamos entonces plantearlo así? La adopción internacional legalmente como adopción pero emocionalmente como acogimiento porque eso es lo que hacemos cuando un niñó viene a nuestras familias teniendo ya una.

Mi hija es mía a efectos legales, pero sé que tiene familia en otro sitio. Una familia con la que tiene grandes vínculos, una familia que la quiere. ¿Por qué habría de querer a esa familia fuera de la vida de mi hija? Si la mayoría de nuestros hijos hubieran podido quedarse con su familia biológica, hubieran sido niños felices, muy felices. Y esto ha sido una revelación para mí.

Lo intuía pero no lo había visto tan claro como cuando vi a mi hija con su familia jugando y comiendo, como una más de ellos. Y la sentí más hija todavía, y sentí que no tengo derecho alguno a no continuar el contacto y facilitar la relación en todo lo posible. Son una presencia real en nuestras vidas, no una línea en su expediente o su “life book”.

No los siento como una amenaza, es una realidad que me ayuda a comprender mejor a su madre y sus circunstancias. Y, a la vez, me hace sentirme más madre de mi hija, de nuestra hija. Saber que la niña es feliz ayuda a su madre a sobrellevar su dolor. Un dolor que nunca jamás podré llegar a comprender, un vacío que nunca podremos llenar.

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