La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

De bruces con la mentira

Filed under: Adop. Internacional,adopcion-y-etica,Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 1:55 am el viernes, marzo 28, 2008

Por Teresa A.
(Extraído de la ponencia presentada en el marco del proyecto de investigación sobre adopción internacional).

Viajé de noche en un minibús etíope, casi cuatrocientos quilómetros de carretera en parte en obras, en parte hecha polvo, algún trozo algo arreglada… Conocimos al responsable de servicios sociales de la zona, le dijimos que habíamos intentado llamar al numero que figuraba en los papeles pero que nadie respondía, le preguntamos por la familia del niño… En ese momento no nos podía decir nada, pero nos llevó a la casa cuna que la ECAI tiene en esa ciudad. Allí no había NADIE, y la verdad es que me pareció un lugar poco habitado, no era un lugar donde habitualmente hubiera niños. El patio estaba lleno de hierbas, y de hecho el acto de desamparamiento de mi hijo tenia la fecha de un día tal y dos días más tarde ya estaba en la capital, allí poco tiempo había pasado…

Quedamos con el asistente social en que nos llamaría por la tarde. Y lo hizo. Quedamos en el hotel dónde nos alojábamos, y vino con cuatro o cinco personas. Una de ellas me la presentaron como la tía del niño, la madre de otro niño del grupo de adopción, un par de hombres, y una chica joven. Les di fotos de nuestra familia, trípticos de mi trabajo… y se los quedaba esa chica, que se parecía mucho al niño… A un cierto punto me dijo “enséñale al niño a hacer cosas tan bonitas como las que tu haces”. Y fue entonces cuando pregunté al de servicios sociales si esa mujer era de la familia del niño… No quiso traducir mi pregunta, me dijo que hablaríamos luego…

Luego, a solas, me dijo que era su madre, y me dijo su nombre, el mismo que salía en su historial.

Por suerte habíamos quedado para el día siguiente con la familia, sin asistentes sociales sin tiempo determinado, en su casa, en su terreno conocido. Allí obtuve más detalles de la historia, esos no hace falta contarlos. Ella tenía muy clara la decisión, estaba contenta de conocerme, por lo menos sabia con quien estaría su hijo. Me dieron un regalo para él, eso me alegró mucho.

Y conocí a otra madre, madre de otro niño del grupo de adopción. Otro niño que, como el mío, era huérfano en sus papeles. Una madre que no tenía más de su hijo que una foto carné en blanco y negro, una madre que me pedía otras fotos…

El encuentro fue bonito, un verdadero regalo de la vida. Y luego hubo el otro, el reencuentro con el de servicios sociales, quizá el mas duro.

En ese encuentro oí hablar de lo que les pagan por cada grupo de niños que mandan a la capital, de las exigencias de la ecai: tantos niños cada mes o dos meses, tal y tal rango de edad… Un verdadero mercado… Oí hablar de las familias que quedan allí, las familias biológicas, que de vez en cuando van a servicios sociales a pedir noticias de los hijos de los que nunca más sabrán nada… de sus lágrimas, de la necesidad de saber si por lo menos están vivos o muertos.

¿Quien pudo dormir esa noche?

Y todavía a la vuelta encontré un pediatra que trabaja en esa ciudad, alguien que oyendo mi narración se ponía a llorar, que me dijo que allí no tenían reactivos para hacer los elisa del sida… Y allí surgió otra pregunta: ¿Y los niños que salen de esa región y van a la capital y una vez allí se ve que son seropositivos? Habrían podido quedarse con las familias, y esas no van a saber nada más de ellos. Y ni siquiera van a tener la suerte que les desearon dándolos en adopción.

Mam

Filed under: abandono,Adop. Internacional,Adopcion interracial,dolor,Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 12:00 pm el miércoles, marzo 19, 2008

(Hace poco, en una conversación sobre los duelos en la adopción, M. escribía lo siguiente. Con su permiso, lo reproduzco porque creo que muchos vemos en las cuitas de sus hijas reflejadas las de los nuestros)

Yo, que en esto de la adopción aprendo cada día, solo puedo decir lo duro que está siendo para ellos. Y a medida que crecen y son conscientes de lo que tienen aquí, son también más conscientes de que no saben –y lo que es peor, lo que nunca llegarán a saber– y lo que se perdieron allí.

Estos son algunas de las dudas que me plantean mis hijas (estamos teniendo un año de lo más… ¿profundo?), de 9 y 8 años y medio. Mi hijo pequeño todavía no plantea mucho, no se si porque es niño (las mujeres somos más “rebuscadas”), si por la edad –cumple 7 en un mes– o porque hace menos de tres que llegó a nosotros.

– Mamá, ¿tú lo harías?–. Se refiere a si la abandonaría. Esta es la primera pregunta de la mañana, un día cualquiera al despertarse.
– Mamá, estoy muy contenta de la familia que tengo, pero no puedo dejar de pensar en como debe ser mi familia de China… ¡Seguro que estupenda también!

Algunas veces, desde la cama, las he oido llorar. Les pregunto que es lo que les pasa, y su respuesta es única: “Estaba pensando en mi madre de China, y le hago una pregunta, una pregunta que tu no puedes responderme”. Después de insistir, me acaba haciendo la pregunta a mí: “Mamá (la de China) ¿porqué lo hiciste?”

Un día, estábamos viendo un anuncio de un programa de televisión, en el que solicitaban que se pidieran tres deseos. Mi hija contesta rápidamente:
– Mis tres deseos son:
1) Volver a la India
2) No hacer más terapia (hace diariamente una terapia de maduración visual)
3) Que no se destruya más la capa de ozono.

– ¿Y por qué quieres volver a la India?
– Para no ser diferente. Soy diferente, porque soy negra y vosotros sois blancos. Si estoy en la India, con mi familia India, todos seremos negros.

Otro día:

– Mamá, ¿me acompañaras a la India a buscar a mis padres de allí? Es que no quiero ir sola, y además, quiero que tú también los conozcas.

Hoy mi hija E., ha hecho un dibujo a su padre. En grande y en el centro: “Feliz día del Padre, Papá”. A la derecha, abajo y en pequeño: “Feliz día también para mi padre de China”.

Intento ponerme en la piel de mis hijas cada día. Solo saben que perdieron algo. No saben ni porqué, ni que es lo que perdieron. Y esa incógnita les perseguirá siempre. Algunos afortunados quizás lleguen a saber algo más, pero la mayoría se quedarán sin saber poco más de lo que nosotros les contemos.

"Los ni

Filed under: Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 11:43 pm el sábado, febrero 2, 2008

Con permiso de su autora, reproduzco un mensaje de una madre amiga que me ha encantado. Habla de un camino que muchos padres hemos hecho, y que nuestros hijos también van haciendo poco a poco: el de entender que su historia es una, y no empieza cuando nos conocieron

En un principio, antes de adoptar a mi hijo e incluso estando ya con él, creía que los niños adoptados tenían dos historias: la de antes y la de después (de su adopción). Pensaba “bien, ahora vamos a empezar la nuestra…”. Pero no, nuestra vida juntos continúa algo que empezó antes, muchas veces años antes.

Los niños tienen una sola historia, la suya, que con más o menos ayuda tendrán que ir integrando.
Aunque he tenido mis dudas, ahora lo veo clarísimo con mi hijo. Desde que llegó, él habla de volver a su país y su pueblo natal. En un principio, a mi no me quería llevar en ese viaje. Se llevaba a sus abuelos, sus tios, sus primos, pero a mí no. Luego, pasado un tiempo, me incluía algunas veces, aunque algunas de esas veces se quedaba pensativo, y luego me decía que no, que yo me quedara aquí esperándole.

Y hace unos días, mientras jugaba con un teléfono móvil, me dijo: “mira tengo un mensaje que dice que tú me vas a llevar allí”. Le comenté la suerte que teníamos, y empezamos a dicutir por los países por los que habría que pasar. Y entonces me pasó el teléfono, mientras me decía “ponte, es mi otra madre, que quiere hablar contigo”

"Mi marido es adoptado"

Filed under: abandono,dolor,Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 1:42 pm el viernes, enero 25, 2008

El texto que aparece bajo estas líneas ha sido enviado como comentario a este otro post antiguo

Yo puedo dar mi punto de vista de mujer de adoptado que está pasando los 6 meses más dificiles de su matrimonio despues de llevar juntos más de 8 años. Sin duda todo es por la carga emocional que tiene mi marido por ser adoptado, y que por varias experiencias emocionales fuertes en estos meses le están afectando terriblemente y, como no, a los que le rodeamos.

Escribo en esta sección al haber visto el caso de Javier, que se enteró siendo adulto, el de mi marido es similar. No se enteró que era adoptado hasta los 18 años. Se lo dijeron mis suegros un día tal que “pásame la mantequilla…te tengo que decir algo…siéntate…eres adoptado”. Unos meses antes habían decidido dejar la casa y la ciudad donde vivían para irse a vivir al campo, por lo que él se tenía que quedar solo. En unos meses sufrió el saber que su madre biológica le había abandonado…y, después, sus padres adoptivos de alguna manera también.

Nunca ha preguntado nada ni mis suegros le han contado nada. Es un tema tabú. Cuando nos casamos vio el nombre de sus padres biológicos en la partida de nacimiento, pero tiró el documento rápidamente en cuanto tuvo la informacion necesaria.

En el ultimo año y medio hemos pasado por unos cambios muy radicales en nuestra vida: dos hijos, cambio de casa, mis suegros son ancianos y han estado ambos con problemas de salud algo importantes… Mi marido siempre tiene la ilusion de que vendrán a vivir con nosotros pero, aunque él no quiera verlo, solo le piden ayuda cuando necesitan que les haga papeles del banco, que les lleven y les traigan…mi suegra no vino a conocer a nuestra hija cuando nació en verano ni tampoco a su bautizo. La tuvo que obligar mi marido a verla el día que la trajo a una operacion de espalda, pero ella ni se digno a salir del coche. En navidades pasamos unos días con ellos, pero ella no se dignó a cenar con nosotros porque está enferma (aunque sí se levanta para dar de comer a sus gatos). Eso sí, como han hecho con mi marido siempre, al final de las celebraciones habia un cheque de una cantidad para mi gusto indecente para que comprásemos regalos a los niños.

Mi marido nunca ha hablado ni habla de lo que siente por ser adoptado, con los “problemas”que ello pueda conllevar. Creo que tuvo que verse de nuevo ‘abandonado’ cuando mis suegros le dejaron, y que en esta etapa le gustaría que sus padres disfrutaran de nuestros hijos… pero le están abandonando una vez más….

Se habla mucho de los niños pero ¿y cuando es un adulto el que está sacando ahora todos los traumas que tiene y se siente de nuevo abandonado, él y sus hijos?

Esos traumas los está proyectando en los que le queremos y estamos a su lado. A mis padres y a mi hermana, les explico que se pone así con ellos porque en el fondo les quiere con locura y se pone a la defensiva atacandoles pero todo todo tiene un límite…. Yo que vivo con él el día a día, estoy llegando también a mi límite. Le quiero y quiero que esto salga y salga bien…Que seamos de verdad una familia… Algo que él tiene que entender qué es y lo que significa.

Entender el pasado para construir el futuro

Filed under: Adop. Internacional,ORIGENES,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 12:25 am el jueves, enero 3, 2008

De vez en cuando, recibo algunos mails de adultos adoptados que han leído en la web el libro de La aventura… Todos ellos me resultan muy interesantes, porque no muchas veces tenemos acceso a la adopción vista por un adoptado ya adulto.

Recuerdo uno que me impacto especialmente, porque fue el primero y porque durante algún tiempo estuvimos cruzándonos mensajes en el ciberespacio. Javier había descubierto que era adoptado un año después de que su padre adoptivo muriera (su madre había fallecido antes). Como muchos de su generación, fue al solicitar un certificado de nacimiento en el registro para casarse.

De pronto, en medio de los preparativos del bodorrio, allí estaba él con un papel que le intrigaba y revolvía el estómago a partes iguales. “Repasando mi infancia, me dí cuenta de que lo había sabido desde siempre. Había algo en el modo en que me miraban mis tías y mis abuelos, en el rápido y casi imperceptible cruce de miradas entre mis padres ante según que preguntas que parecían banales. Con tu libro, he puesto nombre a muchas cosas que no sabía cómo llamar, pero que he sentido tal cual describes. (…) Estoy intentando encontrar a mi madre biológica, aunque apenas tengo un nombre y algún dato lejano. (…) Tengo tantas preguntas sin respuesta.”

Javier me contaba que su relación con sus padres adoptivos había sido buena, que eran sus padres, que se había sentido querido… pero que necesitaba saber y entender.

Esta semana he recibido un mensaje de una mujer joven, 21 años. Pongamos que se llama Violeta. Me cuenta que esta pasando una etapa extraña, que a ella misma le sorprende. “Nunca manifesté no haber superado el tema de la adopcion, es más estaba segura que sí. Pero de pronto me he dado cuenta de que no es así. Me doy cuenta que hablar del tema ya no es lo mismo para mí. Ya no es algo cotidiano, es una idea que me remuerde y no sé que hacer. (…) Me siento mal, la seguridad en mi vida se desvaneció… No encuentro una solución… a mi vida. Estuve leyendo tu libro y hay pila de frases que son semejantes a mi vida”.

En la adopción internacional, los orígenes se diluyen en la bruma de la lejanía en el espacio y el tiempo. Algunos (lo hemos visto en el Congo, en Etiopía, en Nepal…) usurpan sin contemplaciones la verdadera historia de nuestros hijos. Ecais e intermediarios que hacen la vista gorda cuando saben perfectamente que los expedientes mienten, que los huérfanos no son tales, que tienen padres biológicos vivitos y coleando… ¿Creerán de verdad que eso va en beneficio del bien superior del menor?

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