La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Buscando respuestas en Addis

Filed under: adopcion-y-etica,Montse - Lugano,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 9:55 pm el miércoles, diciembre 12, 2007

Buscando respuestas en Addis“¿Qué tipo de información quiere? ¿Por qué no comprobó los documentos y buscó información cuando vino a adoptar a sus hijas?”

Sentada delante del funcionario de policía, en el humilde despacho de esta mujer con galones, medito la respuesta. No es el primer policía con el que hablo, ni el primer despacho en el que me siento. Gracias al privilegio de ser blanca siempre me han abierto la puerta, aunque no siempre he sido bien recibida.

Parece que he encontrado a alguien que muestra interés en escucharme y no quiero desaprovechar la oportunidad. Delante de la mujer con galones valoro la situación. Hasta ese momento la conversación avanzaba de forma rígida y lenta. Hasta ese momento he medido las palabras con cuidado para no tropezar… No he olvidado ni por un momento que me encuentro en el despacho de un alto cargo de policía de un país que puede ser cruel con sus ciudadanos y que no respeta los derechos humanos. Esta ciudad cuenta con 90.000 niños de la calle… ¿qué importancia puede tener mi historia para esta mujer?

Durante el viaje de la adopción mis prioridades eran otras: los problemas de salud de las niñas, los detalles burocraticos por ultimar… Esas niñas que irrumpían con fuerza en mi vida requerían todas mis energías. Tampoco daba demasiada importancia al tiempo que habían vivido en “su” país. La vida es larga, pensaba, y unos meses en el océano de una vida se pierden. Si a eso le añadimos la falta de estímulos externos (la representante de mi agencia estaba más interesada en ofrecernos ceremonias del café, itinerarios turísticos y tiendas de souvenirs que información concreta sobre las niñas), se perdona mi falta de sensibilidad sobre el tema.

Por otro lado, de forma inconsciente, para mí mis hijas habían nacido al reunirnos y juntas comenzábamos a escribir nuestra historia. Mis hijas no fueron “reales” hasta algún tiempo después. Durante la preparación a la adopción, ningun intermediario ni experto en el mundo de la adopción mencionó la importancia de atesorar y guardar la historia de mis hijas. No despertaron mi conciencia ni me ayudaron a ver el respeto que merece la historia de cada niño.

Ni que decir tiene que con la asignación nada cambió: seguía sin ver al niño real, al ser humano que escondía la foto borrosa y mal definida que me enviaron. Un día entiendí, por fin, que mis hijas no habían nacido solas, que su madre –esa que nosotros llamamos “biológica”– les había dado la vida, llevado en su vientre y transmitido misterios que yo solo puedo intuir. ¡Sin ella mis hijas no existirían! Toda información puede ser importante, cualquier dato relevante. Comprobar la documentación, buscar testigos, detalles que den vida a una historia… debo buscar y lo que encuentre transmitírselo a mis hijas pues les pertenece.

Dónde, cuándo, cómo, por qué… Preguntas que ya estaban ahí desde siempre, adquirieron una nueva dimensión. Un dia mis hijas preguntarán y yo quiero poder decirles que he buscado respuestas, porque siempre he estado de su lado. Buscar cualquier dato relacionado con el tiempo que vivieron en su país de origen y guardarlo para entregárselo a medida que crezcan adquiere vital importancia. En el país que vio nacer a mis hijas, la vida no esta informatizada y muchas calles no tienen nombre, así que no puedo perder tiempo. Debo ponerme en marcha antes que el tiempo borre las huellas que en el futuro pueden ayudar a mis hijas a recomponer el puzle de sus vidas.

“¿Qué tipo de información quiere? ¿Por qué no comprobó los documentos y buscó información cuando vino a adoptar a sus hijas?”, repite en su inglés vacilante la mujer con galones.

Respiro hondo, la miro a los ojos y le pregunto: “¿Usted es madre?”

Filed under: Montse - Lugano,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 6:04 pm el martes, agosto 29, 2006

Por MONTSE – Lugano

A menudo para mi ser madre (adoptiva, que a veces me olvido!) de dos niñas negras es como andar sobre la cuerda floja, pero sabiendo que si pierdo el equilibrio quien se cae no soy yo, son mis hijas. Y eso me da mucho miedo. Ser madre de una niña negra significa:
Aprender lo que es el racismo y tener que aprender a combatirlo.
Sentirte algo negra y desear ser negra como tu hija.
Aprender a responder a tono y según las circunstancias a los comentarios de cualquiera, familiar, desconocido… ¡Todos se sientes con derecho a interrogarte!
Enseñar a tus hijas a proteger su intimidad, sin esconder su realidad (y eso es muuuuuuuuy difícil).
Sentirte un poco culpable por haberlas traído a este mundo tan blanco…
Interrogarte continuamente sobre qué es la identidad y para qué sirve.
Desear para tus hijas lo mejor, sin tener claro que es lo mejor. ¿Que se sientan africanas, cuando de africano solo tienen las personas que las engendraron? ¿Sentirse europeas, cuando muchos europeos no las reconoceran jamás como tales? ¿No sentirse nada?
– Esperar que sean guapas, simpáticas e inteligentes, para que el mundo “las trate bien” y les “perdone el ser tan negras”. Esperar que salgan cirujanos, cientificos…Sabiendo que eso no asegura la felicidad.

Cuando decidi adoptar me planteé cuáles eran mis limites:
– ¿Un niño que no tenga nuestro ADN? Por qué no… El equilibrio mental de mi familia da asquito, y si vierais a mi suegra…
– ¿Un niño negro? Si, no soy racista, adoptaría hasta un niño suizo y tengo muchos más prejuicios contra los suizos. Ademas el racismo es algo bastante superado en Europa…
Asi que comence con una base errónea y sin pensar en los problemas que podría tener esa personita por el hecho de ser diferente.
Dicen que uno de los elementos fundamentales para crear nuestra identidad es nuestro aspecto exterior, nuestra “raza”. Entonces la “raza”, el “color de la piel”… ¿son importantes? ¡No lo sabía! Asi que voy a hacer el esfuerzo de enseñarle algo de ….su (¿su?) cultura de origen. ¿Pero qué cultura de origen si llegó que no tenía ni un año? No lo sé…Yo, apátrida, no creyente y algo cínica, pero MADRE, voy a tener que enseñarles a querer y respetar un pais que no conocen y –dicho sea de paso– yo tampoco. Mostrarme firme durante la fase del rechazo a los orígenes, hablar siempre con respeto de sus padres biológicos, mostrando siempre comprensión, aun cuando uno no comprende nada…

Ser madre de una niña negra, a veces, muchas veces, duele. Duele por que la quieres, así como es, ¡perfecta!, y sabes que este mundo perfecto no es y la hará sufrir.
Comencé esta aventura de un modo inconsciente e ignorante y no me arrepiento. Porque aunque duela, tambien llena, alegra la vida, te hace pensar, buscar recursos, tener ganas de combatir la injusticia y de cambiar el mundo; en resumen, te entran ganas de ser una persona mejor. Y se me ocurre… ¿y si todos los blancos adoptaran a un negro?