La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Se acab

Filed under: Adop. Internacional,Adopcion y Escuela,adopcion-y-etica,CORA,ECAIs,Historias personales,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 2:42 pm el sábado, enero 9, 2010

Lamentablemente, no ha estado muy activo últimamente. Creo que, en gran parte, se debe a que las personas que normalmente escriben han estado más ajetreadas que de costumbre: mudanzas, nuevos trabajos, situaciones personales más o menos complicadas… ¡y yo que pensaba que la crisis al menos nos iba a traer más tiempo libre!

Por lo que a mí respecta, el 2009 ha sido un año… intenso. Ha sido un año muy guapo, lleno de pequeños momentos para paladear y saborear, mucho que pensar y mucho por hacer. Muchos posts se han quedado en el tintero mientras los días se me escurrían entre los dedos. El último trismestre pintaba tranquilito, pero finalmente ha sido un período muy ajetreado:

– Acepté muchas invitaciones para dar charlas en asociaciones, jornadas sobre adopción y también para seminarios en centros de recursos para profesores en torno a temas como la adopción y la diversidad en las aulas, el racismo en la escuela, etc.. De Gijón a Córdoba, de Cáceres a Girona, de Zaragoza a Badajoz… De cada viaje, me traje nuevas cosas en las que pensar,  y esa sensación de conocer gente que no resigna, que lucha y resiste para que las cosas cambien a mejor… ¡vitaminas para el alma!

– Tras el verano, nos comunicaron que el Ministerio ampliaba por tres años más la financiación del estudio sobre La integración familiar y social de los menores adoptados internacionalmente: perspectivas multidisciplinares y comparativas, que finaliza el próximo mes de marzo y que ahora cambiará su nombre para ampliar su temática: Adopción Internacional y Nacional: Familia, educación y pertenencia Es una excelente noticia, porque a estas alturas ya no tengo dudas de que es el más ambicioso de cuantos se han hecho sobre el tema en España y creo que, a través del intercambio entre los distintos grupos de trabajo que lo componemos, avanzamos cada vez un poquito más deprisa en descubrir y entender las complejidades que entraña.

– En octubre, volví a  la Universidad (a mi edad, a algunas les da por la liposucción y otras nos damos de bruces con formas más radicales de mantenerse en forma ja ja). Para rematar el mes, tuve un accidente de tráfico, que me ha dejado un problema en las cervicales que todavía me tiene en situación de baja, pero al que espero dejar atrás cuando acabe la rehabilitación.En diciembre, se publicaron finalmente dos reportajes sobre temas relacionados con la protección de la infancia en los que venía trabajando desde el 2008. El primero, al que finalmente pusieron por título Mimos de familia, lo disfruté enormemente. El segundo, Adopciones en la encrucijada, me obligó a mirar de frente las incongruencias y los fallos del sistema, y el drama enorme para todos los implicados que se esconde detrás de eso que eufemísticamente se llaman “irregularidades”.

– En el medio, asistí en representación de CORA a las jornadas sobre el marco de garantías en la adopción internacional organizadas por el Ministerio y el Gobierno de Aragón. Sabíamos de antemano que los discursos sobre la necesidad de extremar el control y las precauciones para evitar adoptabilidades fraudulentas de las asociaciones de CORA y de las ECAIs eran muy distintos; lo que no sabíamos es que los representantes de éstas últimas eran tan cobardes como para tratar de silenciar las cosas turbias que están ocurriendo mediante la difamación y la calumnia. Curiosamente, cuando se les ha solicitado vía bureaufax que asumieran o negaran la autoría del libelo que repartieron en las jornadas y que venía firmado por las distintas federaciones de ECAIs, han dado la callada por respuesta. El tema hubiera dado seguramente mucho de sí en el blog, pero me faltaron ganas y tiempo. Si a alguien le interesa, dejo los enlaces al comunicado de CORA y a mi respuesta sobre el tema.

Se acabó el 2009 y el 2010 me encuentra con muchos proyectos interesantes, muchas preguntas a las que encontrar respuesta y muchas ganas de seguir disfrutando de la vida, de mi familia, de los amigos… Espero que sea un buen año para todos, y que el blog se reactive… aunque sea con posts más cortos. ¡La aventura continúa! ¡Feliz 2010!

specialmente el último trimestre.

La autoestima: un fruto hermoso y largamente trabajado

Filed under: Historias personales — Beatriz San Román a las 6:42 pm el martes, febrero 17, 2009

Por E.

Mi hija tiene ahora 12 años y medio. Ha tenido muchos problemas, y los sigue teniendo a nivel escolar, de coordinación, de abstracción, de entender el mundo, etc… Pero hay algo de lo que en los últimos meses me siento muy orgullosa: su autoestima. Llegar hasta aquí nos ha llevado años, terapias y refuerzos en casa, charlas sobre lo que está bien, trabajar la empatía, la inteligencia emocional, etc, etc…..

Pero funciona, funciona dedicar años a estar con ellas. A matizar las palabras de los otros, a poner la carga de culpa en los otros, en ese malestar interior que tienen esas personas y que nos escupen al resto de los seres que pasamos por su lado. Todas esas cosas que nunca sabes si están sirviendo, porque durante años parece que no sirven para nada. Y ahora, cuando habla de cómo la maltrata alguien, aunque le duele mucho, es capaz de comprender y de razonar por sí misma. Y de contestar, pero no como una receta, si no sintiéndolo. Pero también es capaz de sentir empatía, de ponerse en la piel del otro y no rebotar su malestar contra los demás. Estamos en la base de la pirámide, pero al menos empezamos a ver esa base sobre la que se construye una personalidad capaz de resistir los envites de esta vida tan complicada.

Cuando hay problemas escolares, los padres tenemos que tomar consciencia de que la escuela no lo es todo. De que hay que hacerles ver que la escuela es necesaria, pero que hay muchos tipos de inteligencia y que la escuela no siempre cultiva todas ellas. Y si nos cuestan los deberes, paramos a una hora. Y si sacamos malas notas, la recuperación ya vendrá. Aquí no se acaba el mundo, cariño. Y si hay una terapia que está surgiendo efecto para su globalidad, priorizo antes que la escuela.

Si yo le doy importancia a las notas, ella también se las va a dar. Los padres podemos poner lupa o rebajar la graduación a los problemas… si somos capaces, claro. A veces, antes, debemos trabajarnos nosotros.

Palabras y sentimientos

Filed under: abandono,dolor,Historias personales,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 11:49 pm el lunes, julio 21, 2008

Hace poco estuve cenando con unos amigos que tienen dos hijas adoptadas. La mayor (que está a punto de empezar 1º de la ESO, ¿doce años?), sin venir a cuento, de pronto me preguntó: “¿Tú tienes miedo de que te abandonen?”. Me pilló desprevenida, y creo que le contesté que sí, que creía que todos tenemos una parte de nosotros a la que le da miedo que nos abandonen o nos fallen las personas en las que confiamos. Y entonces ella me dijo, “ya… es que a mí ya me ha pasado una vez”.

Su respuesta me ha tenido varios días pensando en la importancia de enseñar a nuestros hijos no sólo a manejar sus miedos o su rabia, sino a entender las causas de sus sentimientos para poder hacerles frente. Creo que uno de los aprendizajes más importantes y complicados de la vida es entender por qué uno siente las cosas que siente. Y también creo que la palabra es el mejor instrumento de transmisión de conocimiento. Pero es un instrumento limitado: las palabras nunca son más fuertes que las vivencias.

Y eso que yo soy “mamá charlitas”, de esas que aprovechan las ocasiones que van surgiendo para hablar y poner las emociones y los sentimientos en palabras, y tratar de explicar cómo funcionamos los humanos. Cuando miro atrás, me doy cuenta de que mi padre era mucho más dado que mi madre a este tipo de conversaciones. Y, si sigo recordando, me doy cuenta de dos cosas:

– Hay cosas que me dijeron de pequeña que en ese momento no me sirvieron para nada (o eso me pareció) pero que con el tiempo (y cientos de repeticiones) calaron profundo. Un ejemplo: yo era un niña tímida patológica, y mi padre siempre decía: “la vergüenza no sirve para nada, vergüenza solo de pecar”. Aunque pasada por un cierto tamiz “laicista”, esa enseñanza repetida mil veces que en su momento no parecía ayudar en nada, la tengo completamente incorporada. (¡Si no de qué iba yo a llevar el pelo fucsia!). Y eso me lleva a pensar que no se trata de convencer a mi hija y de que me dé la razón en el momento, que uno no transmite con palabras los aprendizajes emocionales, que va ?sembrando? esperando que llegue el momento en que a fuerza de repetición y madurez cobren sentido.

– Tambien hay cosas nunca verbalizadas que uno incorpora por la vivencia. Las enseñanzas no-habladas de mi niñez las llevo grabadas sin palabras, pero las llevo. Algunas son hábitos y reacciones aprendidas que me simplifican la vida; en cambio, las que no me gustan me ha costado mucho reconocerlas y desmontármelas, precisamente porque ni las tenía racionalizadas, pero ahí estaban.

La experiencia con mi hija me ha enseñado que hay cosas que por mucho que te las hayan explicado, por mucho que “se sepan”, se necesita vivirlas para saberlas. Y no una vez, sino muuuuuuuchas, sobre todo si has tenido experiencias antes en sentido contrario. Y aquí retomo con lo del miedo al abandono o “la herida primaria” como la llama Nancy Verrier en su interesantísimo libro The Primal Wound.

Confieso que, hasta que no lo he empezado a vivir, no he entendido todo eso de las heridas invisibles de la adopción. Tal vez porque me gano la vida escribiendo, tenía sobrevalorado el poder curativo de la palabra, como si lograr hablar de lo doloroso y explicarlo en un relato coherente fuera suficiente para cerrar las heridas.

En mi caso, había oído hablar de la luna de miel y de lo de después. La nuestra fue larguísima, y los primeros berrinches llegaron meses después. Me sorprendía la cantidad de rabia que podía caber en su pequeño cuerpecito de 80 c.m. de altura. Coincidía con la edad de las rabietas, pero me daba cuenta de que eran “más bestias” que las que había visto en otros niños… ¿o era una neura de madre primeriza? El tiempo pasó y también las rabietas. Y durante dos años, todo parecía colocado, todo era “normal”.

Luego, con el primer “desafío fuerte” (empezar el curso en clase nueva y con niños que sabían más que ella, que ya sabían las letras y ella no, etc.) llegó la primera racha de episodios de rabia y de poner al límite nuestra relación: ?Si no lo hago bien en el cole, ¿váis a querer seguir siendo mi papá y mi mamá??.

He aprendido en este tiempo que hay heridas que parecen cerradas y de pronto se reabren. Las situaciones o circunstancias que la hacen sentir insegura reavivan sus miedos que (gracias a Dios) proyecta hacia fuera en forma de enfado. Y también, creo que ahora estoy aprendiendo que no es suficiente con hablar y entender los miedos, que necesita sacarlos afuera, aunque sea a mordiscos y patadas, para comprobar que nada cambia, que seguimos ahí, que eran infundados.

¿Sirve de algo tener después una charlita sobre el tema? Pues cada vez lo tengo menos claro. La última vez me miró y me dijo “mami, ¿y si nos olvidamos que ha pasado?”. Y me pareció que tenía razón, que ella no necesitaba en ese momento volver a hablar de cosas que ya hemos hablado mil veces. Que su cabeza sabe y entiende, pero sus emociones van por otro lado.

Y aquí de nuevo la duda. ¿Simplemente necesita experimentarlo más veces? ¿O necesita que pongamos en palabras cosas que hasta ahora no poníamos? Siempre le hemos hablado de su historia desde el respeto y la comprensión a su madre biológica que no eligió unas circunstancias muy duras. ¿Será que necesita también que hablemos más, mucho más, de cómo vivió ella ese momento y de cómo le influye en lo que siente ahora?

De madre a madre

Filed under: Adop. Internacional,Adopcion interracial,Reflexiones al sol,Stephanie — Beatriz San Román a las 8:16 pm el martes, julio 1, 2008

Por S. Milla

Hace apenas una semana que conocí, por fin, a la madre de mi hija. Y ha sido una de las experiencias más importantes de mi vida. Y, sobre todo, creo que lo será también para mi pequeña. Ahora sé más sobre ella: el nombre de sus abuelos, de sus tíos. Lo que sintió su madre al tenerla. Cuánto lloró al entregarla para siempre, y también, al volver a saber de ella.

Sé que si quiere, podré darle respuestas. El nombre de su familia etíope? Lo que sintió su madre por ella, al dar a luz, al entregarla? Cuando quiera saber a quién se parece, tendrá respuestas. Podrá ir juntando las piezas de sus dos familias, recomponer una historia que cambió de rumbo un día para llevarla a otro mundo, a otro continente, sin que ella pudiera decidir al respecto.

Es curioso: al mirar a su madre, no hacía más que reconocer gestos, expresiones. Eran iguales, y a la vez, diferentes. Y cuando volví a casa, a sus brazos y a sus abrazos, veia en mi hija los rasgos de su madre. La forma de la frente? El rizo, grande y abierto, de su pelo? El ángulo de inclinación entre la nariz y la boca? La forma en que su labio superior y la nariz se curvan ligeramente hacia arriba cuando está de lado?

Al llegar a casa, dormí con ella la siesta, y al despertar, la miraba dormida y reconocía a su madre en sus rasgos. Me hizo sentir bien. Me gustó saber que en un futuro le podré decir de quién tiene su sonrisa, su forma de inclinar la cabeza un poco hacia un lado y hacia atrás cuando se ríe. Su diferencia hizo que la sintiera más cercana, más real. Mi hija es mi hija porque llevo sus rasgos grabados en el alma, y ahora que sé cuáles son sus raíces, la siento aún más mía.

Esta mañana he vuelto a ver la foto que me ha regalado su madre de su segundo cumpleaños. Es escalofriante: mi hija y su madre tienen exactamente el mismo gesto. Idéntico. Clavado. No digo los rasgos, no, sino el movimiento de la cara, ¡es un espejo! Me gusta ver esa foto. Y sé que a Madot le gustará verla, seguro, como a mí me gusta ver las fotos de mi madre cuando era niña.

No todo han sido maravillas en el encuentro. (Pero eso nos pertenece sólo a nosotras y a nuestra gente). Ver de cerca la situación de mi ?homóloga?, como la llamábamos, es muy duro. Yo no tengo la culpa de su situación, pero ella tampoco. Yo no elegí nacer donde lo hice. Ella, tampoco. Y aunque no soy responsable, me siento solidaria. Porque ella nació con las cartas marcadas. Y de no ser así, no habría dejado a su hija. Seguro.

Cuando, tiempo ha, le envíe fotos de nuestra hija, me dio reparo incluir alguna mía. No sé, sentía pudor de hacerlo. Quería que viera que su hija estaba bien, que era cuidada y querida, pero me daba algo de vergüenza ?presumir? de madre. Finalmente, incluí una imagen de las dos porque imaginé que ella también tendría curiosidad por saber quién cuidaba de su bebé. ¡Qué equivocada estaba! En un lugar privilegiado en su casa había sólo dos marcos de fotos: en uno, las imágenes de sus padres. En otro, la única foto en la que yo estaba con nuestra hija. De las más de 30 fotos que tenía, había elegido justo esa. Me alegró, y me rompió el corazón a la vez. Tras la tristeza inicial, sentí alivio: a ella le pasaba como a mí – se sentía unida a la madre de su hija.

Y es que es así como me siento: conectada a ella.

Hubo gente que me dijo que era valiente al ir a ver a la madre de mi hija. Nunca lo sentí como un gesto de valor. Para mí (y sólo puedo hablar por mí) fue algo natural. Algo fluido, parte de un proceso lógico. Es la continuación de una historia que escribimos juntas, aunque sean capítulos diferentes. Y siento que además experimentamos sentimientos muy similares, aunque los vivamos desde mundos que son universos diferentes.

Tras llegar a casa, descargué las fotos en el ordenador. Como tantas veces, mi hija se sentó en mi regazo a verlas, ¡le encanta hacerlo! Al llegar a mis fotos con su madre, ella exclamó, señalando mi imagen con el dedo, ?¡¡mamiiiiii!?. Y le dije, de corazón, ?sí, es mami, y ella es tu mami de Etiopía, la mamá que te tuvo en su barriga?. Y así es: estamos las dos, a veces llorosas, otras sonrientes, pero unidas, de la mano. Somos familia. Una familia rara, sí, pero familia.

Ella ahora no entiende lo de sus dos ?mamis?. Ni le importa. Pero me hace feliz saber que cuando lo entienda, y cuando le importe, podrá saber. Como sabrá que sus dos madres la quieren. Más que a nadie.

De bruces con la mentira

Filed under: Adop. Internacional,adopcion-y-etica,Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 1:55 am el viernes, marzo 28, 2008

Por Teresa A.
(Extraído de la ponencia presentada en el marco del proyecto de investigación sobre adopción internacional).

Viajé de noche en un minibús etíope, casi cuatrocientos quilómetros de carretera en parte en obras, en parte hecha polvo, algún trozo algo arreglada… Conocimos al responsable de servicios sociales de la zona, le dijimos que habíamos intentado llamar al numero que figuraba en los papeles pero que nadie respondía, le preguntamos por la familia del niño? En ese momento no nos podía decir nada, pero nos llevó a la casa cuna que la ECAI tiene en esa ciudad. Allí no había NADIE, y la verdad es que me pareció un lugar poco habitado, no era un lugar donde habitualmente hubiera niños. El patio estaba lleno de hierbas, y de hecho el acto de desamparamiento de mi hijo tenia la fecha de un día tal y dos días más tarde ya estaba en la capital, allí poco tiempo había pasado?

Quedamos con el asistente social en que nos llamaría por la tarde. Y lo hizo. Quedamos en el hotel dónde nos alojábamos, y vino con cuatro o cinco personas. Una de ellas me la presentaron como la tía del niño, la madre de otro niño del grupo de adopción, un par de hombres, y una chica joven. Les di fotos de nuestra familia, trípticos de mi trabajo? y se los quedaba esa chica, que se parecía mucho al niño? A un cierto punto me dijo “enséñale al niño a hacer cosas tan bonitas como las que tu haces”. Y fue entonces cuando pregunté al de servicios sociales si esa mujer era de la familia del niño? No quiso traducir mi pregunta, me dijo que hablaríamos luego?

Luego, a solas, me dijo que era su madre, y me dijo su nombre, el mismo que salía en su historial.

Por suerte habíamos quedado para el día siguiente con la familia, sin asistentes sociales sin tiempo determinado, en su casa, en su terreno conocido. Allí obtuve más detalles de la historia, esos no hace falta contarlos. Ella tenía muy clara la decisión, estaba contenta de conocerme, por lo menos sabia con quien estaría su hijo. Me dieron un regalo para él, eso me alegró mucho.

Y conocí a otra madre, madre de otro niño del grupo de adopción. Otro niño que, como el mío, era huérfano en sus papeles. Una madre que no tenía más de su hijo que una foto carné en blanco y negro, una madre que me pedía otras fotos?

El encuentro fue bonito, un verdadero regalo de la vida. Y luego hubo el otro, el reencuentro con el de servicios sociales, quizá el mas duro.

En ese encuentro oí hablar de lo que les pagan por cada grupo de niños que mandan a la capital, de las exigencias de la ecai: tantos niños cada mes o dos meses, tal y tal rango de edad? Un verdadero mercado? Oí hablar de las familias que quedan allí, las familias biológicas, que de vez en cuando van a servicios sociales a pedir noticias de los hijos de los que nunca más sabrán nada? de sus lágrimas, de la necesidad de saber si por lo menos están vivos o muertos.

¿Quien pudo dormir esa noche?

Y todavía a la vuelta encontré un pediatra que trabaja en esa ciudad, alguien que oyendo mi narración se ponía a llorar, que me dijo que allí no tenían reactivos para hacer los elisa del sida? Y allí surgió otra pregunta: ¿Y los niños que salen de esa región y van a la capital y una vez allí se ve que son seropositivos? Habrían podido quedarse con las familias, y esas no van a saber nada más de ellos. Y ni siquiera van a tener la suerte que les desearon dándolos en adopción.

Mam

Filed under: abandono,Adop. Internacional,Adopcion interracial,dolor,Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 12:00 pm el miércoles, marzo 19, 2008

(Hace poco, en una conversación sobre los duelos en la adopción, M. escribía lo siguiente. Con su permiso, lo reproduzco porque creo que muchos vemos en las cuitas de sus hijas reflejadas las de los nuestros)

Yo, que en esto de la adopción aprendo cada día, solo puedo decir lo duro que está siendo para ellos. Y a medida que crecen y son conscientes de lo que tienen aquí, son también más conscientes de que no saben ?y lo que es peor, lo que nunca llegarán a saber? y lo que se perdieron allí.

Estos son algunas de las dudas que me plantean mis hijas (estamos teniendo un año de lo más… ¿profundo?), de 9 y 8 años y medio. Mi hijo pequeño todavía no plantea mucho, no se si porque es niño (las mujeres somos más “rebuscadas”), si por la edad ?cumple 7 en un mes? o porque hace menos de tres que llegó a nosotros.

? Mamá, ¿tú lo harías??. Se refiere a si la abandonaría. Esta es la primera pregunta de la mañana, un día cualquiera al despertarse.
– Mamá, estoy muy contenta de la familia que tengo, pero no puedo dejar de pensar en como debe ser mi familia de China… ¡Seguro que estupenda también!

Algunas veces, desde la cama, las he oido llorar. Les pregunto que es lo que les pasa, y su respuesta es única: “Estaba pensando en mi madre de China, y le hago una pregunta, una pregunta que tu no puedes responderme”. Después de insistir, me acaba haciendo la pregunta a mí: “Mamá (la de China) ¿porqué lo hiciste?”

Un día, estábamos viendo un anuncio de un programa de televisión, en el que solicitaban que se pidieran tres deseos. Mi hija contesta rápidamente:
? Mis tres deseos son:
1) Volver a la India
2) No hacer más terapia (hace diariamente una terapia de maduración visual)
3) Que no se destruya más la capa de ozono.

? ¿Y por qué quieres volver a la India?
? Para no ser diferente. Soy diferente, porque soy negra y vosotros sois blancos. Si estoy en la India, con mi familia India, todos seremos negros.

Otro día:

– Mamá, ¿me acompañaras a la India a buscar a mis padres de allí? Es que no quiero ir sola, y además, quiero que tú también los conozcas.

Hoy mi hija E., ha hecho un dibujo a su padre. En grande y en el centro: “Feliz día del Padre, Papá”. A la derecha, abajo y en pequeño: “Feliz día también para mi padre de China”.

Intento ponerme en la piel de mis hijas cada día. Solo saben que perdieron algo. No saben ni porqué, ni que es lo que perdieron. Y esa incógnita les perseguirá siempre. Algunos afortunados quizás lleguen a saber algo más, pero la mayoría se quedarán sin saber poco más de lo que nosotros les contemos.

"Los ni

Filed under: Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 11:43 pm el sábado, febrero 2, 2008

Con permiso de su autora, reproduzco un mensaje de una madre amiga que me ha encantado. Habla de un camino que muchos padres hemos hecho, y que nuestros hijos también van haciendo poco a poco: el de entender que su historia es una, y no empieza cuando nos conocieron

En un principio, antes de adoptar a mi hijo e incluso estando ya con él, creía que los niños adoptados tenían dos historias: la de antes y la de después (de su adopción). Pensaba “bien, ahora vamos a empezar la nuestra…”. Pero no, nuestra vida juntos continúa algo que empezó antes, muchas veces años antes.

Los niños tienen una sola historia, la suya, que con más o menos ayuda tendrán que ir integrando.
Aunque he tenido mis dudas, ahora lo veo clarísimo con mi hijo. Desde que llegó, él habla de volver a su país y su pueblo natal. En un principio, a mi no me quería llevar en ese viaje. Se llevaba a sus abuelos, sus tios, sus primos, pero a mí no. Luego, pasado un tiempo, me incluía algunas veces, aunque algunas de esas veces se quedaba pensativo, y luego me decía que no, que yo me quedara aquí esperándole.

Y hace unos días, mientras jugaba con un teléfono móvil, me dijo: “mira tengo un mensaje que dice que tú me vas a llevar allí”. Le comenté la suerte que teníamos, y empezamos a dicutir por los países por los que habría que pasar. Y entonces me pasó el teléfono, mientras me decía “ponte, es mi otra madre, que quiere hablar contigo”

"Mi marido es adoptado"

Filed under: abandono,dolor,Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 1:42 pm el viernes, enero 25, 2008

El texto que aparece bajo estas líneas ha sido enviado como comentario a este otro post antiguo

Yo puedo dar mi punto de vista de mujer de adoptado que está pasando los 6 meses más dificiles de su matrimonio despues de llevar juntos más de 8 años. Sin duda todo es por la carga emocional que tiene mi marido por ser adoptado, y que por varias experiencias emocionales fuertes en estos meses le están afectando terriblemente y, como no, a los que le rodeamos.

Escribo en esta sección al haber visto el caso de Javier, que se enteró siendo adulto, el de mi marido es similar. No se enteró que era adoptado hasta los 18 años. Se lo dijeron mis suegros un día tal que ?pásame la mantequilla?te tengo que decir algo?siéntate?eres adoptado?. Unos meses antes habían decidido dejar la casa y la ciudad donde vivían para irse a vivir al campo, por lo que él se tenía que quedar solo. En unos meses sufrió el saber que su madre biológica le había abandonado?y, después, sus padres adoptivos de alguna manera también.

Nunca ha preguntado nada ni mis suegros le han contado nada. Es un tema tabú. Cuando nos casamos vio el nombre de sus padres biológicos en la partida de nacimiento, pero tiró el documento rápidamente en cuanto tuvo la informacion necesaria.

En el ultimo año y medio hemos pasado por unos cambios muy radicales en nuestra vida: dos hijos, cambio de casa, mis suegros son ancianos y han estado ambos con problemas de salud algo importantes? Mi marido siempre tiene la ilusion de que vendrán a vivir con nosotros pero, aunque él no quiera verlo, solo le piden ayuda cuando necesitan que les haga papeles del banco, que les lleven y les traigan?mi suegra no vino a conocer a nuestra hija cuando nació en verano ni tampoco a su bautizo. La tuvo que obligar mi marido a verla el día que la trajo a una operacion de espalda, pero ella ni se digno a salir del coche. En navidades pasamos unos días con ellos, pero ella no se dignó a cenar con nosotros porque está enferma (aunque sí se levanta para dar de comer a sus gatos). Eso sí, como han hecho con mi marido siempre, al final de las celebraciones habia un cheque de una cantidad para mi gusto indecente para que comprásemos regalos a los niños.

Mi marido nunca ha hablado ni habla de lo que siente por ser adoptado, con los ?problemas?que ello pueda conllevar. Creo que tuvo que verse de nuevo ?abandonado? cuando mis suegros le dejaron, y que en esta etapa le gustaría que sus padres disfrutaran de nuestros hijos? pero le están abandonando una vez más?.

Se habla mucho de los niños pero ¿y cuando es un adulto el que está sacando ahora todos los traumas que tiene y se siente de nuevo abandonado, él y sus hijos?

Esos traumas los está proyectando en los que le queremos y estamos a su lado. A mis padres y a mi hermana, les explico que se pone así con ellos porque en el fondo les quiere con locura y se pone a la defensiva atacandoles pero todo todo tiene un límite?. Yo que vivo con él el día a día, estoy llegando también a mi límite. Le quiero y quiero que esto salga y salga bien?Que seamos de verdad una familia? Algo que él tiene que entender qué es y lo que significa.

El c

Filed under: adopcion-y-etica,Historias personales,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 11:24 pm el martes, enero 15, 2008

Por Xavier G.

Empecé la aventura de la adopción convencido de que era indispensable un conocimiento previo del país de origen de mi futuro hijo. El entender su cultura y filosofía de vida debía servir de herramienta para elaborar nuestro futuro juntos.

Un 2 de noviembre de hace tres años viajé a Katmandú, entrando de lleno en el mundo de las adopciones. Con la maleta llena de ilusión, con las mejores intenciones y conociendo el país. Aunque me creía preparado, no alcanzaba a ver la complejidad del camino que estaba emprendiendo. Intencionadamente escapé de los circuitos establecidos, escogí una adopción libre y directa sin involucrar ECAIs u otros intermediarios. El camino era más complejo. Las vías oficiales no ven con buenos ojos a quien escapa de sus redes, desaconsejan vivamente esa opción argumentando los peligros que acechan. Yo estaba firmemente convencido de que, ocupándome en primera persona de seguir todos los pasos de la adopción, me aseguraría de que ésta fuera transparente y limpia.

Saber donde nació mi hija, su origen étnico, la composición de su familia, su idiosincrasia, asegurarme y comprobar que los datos aportados (su orfandad y abandono de la familia extensa) eran verídicos fueron una de las prioridades. Rastrear su ingreso en la fundación en la que vivió diversos años era de vital importancia. Una vez asentadas las bases, reconocido y comprobado su pasado, creía (como la mayoría de adoptantes) que con amor y afecto todo se podía superar. El pasado era eso, simplemente pasado.

Recuerdo el primer encuentro como entrañable y sencillo. Tomando un masala (té con leche) en la fundación, ella se acercó mirándome fijamente. Me dijo: ?Namaste?. ?Namaste?, respondí. Empezamos el camino juntos, día a día nos descubríamos y vinculábamos, día a día ella se convertía en mi hija y yo en su padre. Día a día nos ?adoptamos? mutuamente.

Pasé nueve largos meses en su país, aprovechando para indagar sobre lo que me parecía fundamental: reconstruir junto a su familia sus orígenes y su historia antes de que entrara formar parte de mi vida. Conocer el lugar donde nació, donde se crió, cuáles fueron sus primeros pasos en la vida, saber el porqué de su orfandad. Quería saber toda su historia, consciente de que ésta debía servir como vehículo de integración a nuestro mundo. En medio de la búsqueda de sus orígenes, seguían papeleo y burocracia interminables, a veces agotadores. La esperanza y la impotencia hacían contrapeso a la alegría cotidiana de ver reforzarse nuestro vínculo. Ella no era ajena a toda esa incertidumbre, sufriendo ante la lentitud del proceso y rezando a sus dioses para que los ?papeles? llegaran. Su expediente de adopción estuvo apilado durante meses en la estantería de un ministerio gubernativo corrupto e insensible, ajeno a la realidad de cientos de niños de la calle y orfanatos. El país que había aprendido a amar, me mostraba su lado más oscuro.

Tras meses de tensión y espera y, finalmente, un día monzónico, mi hija pudo embarcar en el avión con destino hacia su nuevo hogar. Días más tarde, un salvoconducto me permitía dejar el país donde había visto florecer a mi hija. En el camino quedaban alegría y llanto por una cultura, una filosofía y unas gentes que habían conquistado mi corazón. En ese momento creía que el círculo de la adopción se había completado.

Hoy, tres años después de ese primer encuentro, me enfrento a una nueva realidad: el círculo sigue abierto. Siento el peso de las incógnitas que planean sobre nuestros hijos ensombreciendo su futuro, la impotencia ante todas esas vidas arrancadas. Las dudas y preguntas, ¿realmente estaba preparado y comprendía el significado de la adopción? ¿Somos conscientes, al comenzar el camino, de lo que supone despojar a todos esos niños de su pasado sin saber nada, o muy poco, sobre sus orígenes, ni sobre la veracidad de esas historias? ¿No los abandonamos a la soledad en esta sociedad nuestra llena de contradicciones e incoherencias? Un lugar donde siempre habrá alguien que les recuerde que son diferentes y los señale por el exotismo de sus rasgos o el color de su piel?

Hoy, tres años después, me siguen asaltando las dudas, no sobre sus orígenes ni sobre su historia, que me preocupe en comprobar y conocer. Las dudas son de carácter ético ¿Fue una adopción todo lo transparente y limpia posible? ¿O también, de alguna manera, pertenece al mercadeo de esta industria lucrativa? Hoy mis dudas van en otra dirección. Reflexionando me pregunto si la adopción es el camino idóneo para restablecer el equilibrio entre nuestro mal llamado ?primer mundo? y ese denostado tercer mundo. ¿No seremos los nuevos colonos expansionistas del siglo XXI? ¿No será la adopción internacional otro acto más de egoísmo que engendramos en esta vida?

Por otro lado, ¿qué hacer con toda la información obtenida? ¿Archivarla, completando el álbum de fotos? ¿Pasar página y dar por concluido el capítulo, hojeándolo cada año, como las viejas fotos de vacaciones familiares? ¿Cómo emplear toda esa información para que no se pierda, para que sirva de instrumento en la formación de la identidad de nuestros hijos? Hay que evitar caer en el error de dejarla en el álbum solo para nuestra gratificación personal, para recordarnos que hicimos ?lo correcto?. ¿Cómo transmitir a nuestros hijos sus orígenes, su cultura, su país, en una sociedad que continuamente aniquila lo diferente? ¿Como enseñar a nuestros hijos a querer, respetar y enorgullecerse de su pasado? Cada vez hay mas adoptantes que se preocupan por conocer las historias de sus hijos, evitando el error de ignorarlo o menospreciarlo. Aun así?¿estamos a la altura? ¿Como encajar esas piezas del puzle en sus vidas? Incluso con nuestras mejores intenciones como padres ¿podremos luchar contra la presión de una sociedad poco preparada para entender y respetar la diferencia y la idiosincrasia de nuestros hijos y de su pasado?

¿Somos conscientes que este círculo jamás se completará y de que deberemos seguir haciéndonos preguntas y dudando sobre las vidas arrancadas de nuestros hijos? Para proteger su identidad debemos, a veces, cuestionarnos cosas dolorosas, ponerlos a ellos en primer plano. ¿Estamos dispuestos a no caer en la tentación de obviar que la adopción tiene una función reparadora?

Gracias a mi hija he podido descubrir el significado de la paternidad, lo maravilloso que es contribuir al crecimiento y desarrollo de este pequeño ser, ella forma parte fundamental de mi vida y de mi historia. Me cuesta recordar como era el mundo cuando ella no estaba conmigo. Mi experiencia como padre es positiva y enriquecedora. Doy un paso atrás e intento ver la situación con perspectiva, veo el volumen de las adopciones internacionales, la escasa preparación con la que comenzamos el camino la gran mayoría de adoptantes, las contradicciones con las que nos encontramos y a las que tenemos que hacer frente?¿es ético seguir adoptando en las circunstancias actuales?

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Filed under: Reflexiones al sol,Stephanie — Beatriz San Román a las 12:57 am el miércoles, noviembre 28, 2007

Por Stephanie Milla

Con motivo de la emisión de las noticias sobre El Arca de Zoé, las irregularidades en las adopciones en el Congo y el documental “Huérfanos en venta” de la BBC, he oído y leído a varias personas decir que los medios están desatando una ampaña “anti-adopción”.

Sinceramente, no puedo estar más en desacuerdo. La verdadera campaña anti-adopciones no es denunciar los casos que hay de robo, tráfico o compraventa de niños, sino cerrar los ojos ante
esos casos. Es indecente, deshonesto, prepotente, delictivo, ilegal, inmoral y, además, el camino más corto para cerrar las adopciones en un país. A mí eso me preocupa por los niños que, necesitándola, se quedan sin familia, no por los aspirantes a padres adoptivos. Ellos tienen opciones, incluso la opción de no adoptar. Esos niños no las tienen.

A mí no me quita la ilusión por adoptar conocer los casos de corrupción: lo que hace es indignarme profundamente y despertar en mí una furia inmensa. Yo he adoptado para ser madre de un niño que necesita una familia, no para robárselo a nadie. Y, lo siento, no me parece que la corrupción
relacionada con los niños se justifique diciendo que “la corrupción existe en todas partes”, como he llegado a leer. En primer lugar, porque aspiro a que no haya corrupción en ninguna parte, y si la hay, no quiero ser ni cómplice ni instigadora. (Ni víctima, claro está. Pero si no quiero ser víctima,
no puedo ser causante). Y en segundo y más importante, porque me sigue pareciendo que el tráfico de seres humanos, sea para prostitución, niños soldado, trabajo esclavo o adopción es un crimen muchísimo más abominable que los de naturaleza económica.

No, no me quita la ilusión conocer el lado oscuro de la adopción, sino que me abre los ojos. ¿O alguien cree que nuestros niños vienen de lugares paradisíacos? Sus historias son, por definición, historias tristes en las que ellos son víctimas de una situación familiar catastrófica, la pobreza o la simple y desgarradora desidia de sus padres. Nosotros intentamos, como padres, compensarlo, pero el inicio de sus vidas nunca es bueno. Yo quiero enmendarlo, pero no puedo borrar su pasado.

Creo que la ilusión por adoptar es perfectamente compatible con la realidad. Es más, es imprescindible para asumir de verdad, cara a cara, los retos de la adopción. No puedo dejar de pensar en los padres adoptivos de Ciryl, el bebé ruso que en el documental “Huérfanos en venta” muere ante los ojos de sus recientes padres. No sé qué hubiera hecho yo, pero algo tengo claro: quizás si hubieran tenido menos “ilusión” y más conocimiento sobre los problemas que podía presentar ese hijo, en vez de sorprenderse de que el niño comiera poco y estuviera tan apagadito, le hubieran llevado corriendo a un pediatra en vez de dedicarse a filmar su muerte en vídeo. Habrían estudiado las patologías que podía presentar, habrían tenido a mano direcciones de médicos en esa ciudad. Esa “madre” decía que quería adoptar en Rusia para tener un “niño rubio de ojos azules” (literal). Y que al ser ruso, podría ser jugador de hockey o bailarín. (de nuevo, literal). Y cuando le dan al niño, que estaba obvia y claramente enfermo, se dedica a filmarlo en vez de llevarle a un médico. Quizás no se hubiera salvado, no lo sé, pero desde luego, no se habría muerto tirado en una toalla extendida en el suelo del hotel. Y no debió sentirlo tanto como su hijo cuando lo dejó en la morgue local, que no se le ocurrió repatriar el cadáver. Eso sí, le puso un pijamita amarillo, que era más mono que dejarle sólo con el pañal. Habrían hecho menos planes de futuro, y más de presente. Y quizás, sólo quizás, el niño estaría vivo.

Es cierto que hay muchos niños adoptados que ahora juegan sanos y felices, algo que no estaban al llegar a sus nuevas familias. Pero si lo hacen es porque sus padres han puesto los medios para que se recuperen. Necesitan cariño, sí, tanto como el aire que respiran, pero también necesitan atención especializada, y son legión los padres adoptivos que lo saben y afrontan ese reto y lo superan con nota. La ilusión es imprescindible, pero sin que nos nuble el sentido porque estamos tratando con niños heridos, que son un material ultrasensible.

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