La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Paper Orphans: escalofriante documental sobre las adopciones en Nepal

Filed under: dolor,etica-y-adopcion,Nepal — Beatriz San Román a las 11:16 pm el Lunes, octubre 17, 2011

Un documental impresionante, realizado por Terre des Hommes.

Paper Orphans – I

Paper Orphans – II

Paper Orphans – III

Paper Orphans – IV

 

 

 

 

 

Reportaje en televisi

Filed under: Adop. Internacional,dolor,etica-y-adopcion,etiopia,madres-biologicas — Beatriz San Román a las 11:52 pm el Martes, septiembre 15, 2009

madresetiopia

En este enlace, se puede ver un reportaje de la ABC australiana sobre las adopciones en Etiopía. Impresionante. Mucho. Parte de él está grabado con cámara oculta. Se muestra el modo en que las agencias de adopción reclutan niños en las aldeas, cómo falsean los datos de adoptabilidad, cómo engañan a las familias biológicas y a las adoptivas.

Me ha impresionado el abrazo de las dos madres de la primera historia, que es la imagen con la que se ilustra este post. A los padres adoptivos del niño les dijeron que su madre etíope tenía SIDA y estaba muy enferma. Tuve la desgracia de perder varios amigos cuando esta enfermedad era en España incurable,  así que no he podido menos que levantar las cejas con suspicacia cuando, tras esta presentación, aparece una mujer aparentemente sana y fuerte. Con todo, lo que más me ha impresionado de esta parte es ese abrazo, y el pensar en cómo lo que allí es todavía una enfermedad-estigma, aquí es ya casi una enfermedad crónica.

Me ha impresionado sobremanera las secuencias en que se ve cómo se reclutan los niños en las aldeas remotas. Sabía de estos métodos, también utilizados por los orfanatos que tramitan con ECAI españolas, pero verlo en vivo ha hecho que me estremezca. Se ve también cómo en la misma localización la representante de la agencia americana presenta a uno de los niños que han sido entregados como abandonado, y explica que hasta ahora estaba acogido en casa del señor que aparece sentado junto a él. El niño no mira a ese hombre, su cabeza se vuelve mientras busca con su mirada a alguien que no aparece en el cuadro. No puedo evitar pensar que tal vez busca a su madre… La mano de la mujer de la agencia trata de corregir la posición de su cabeza.

El reportaje presenta después a los padres de este niño. Los papeles de Tegene Boe (así se llama el pequeño) recogían la historia que antes contaba a cámara la responsable de la agencia, explicando que se trataba de un niño huérfano abandonado. Entre sus papeles había una foto en la que el niño aparecía junto a las personas que supuestamente lo encontraban. Cuando los padres adoptivos mostraron la imagen al niño y señalaron a la mujer que en ella aparecía, el niño dijo que era su madre. Impresiona ver la cara desencajada de la madre californiana, explicando que ella no quería adoptar un falso huérfano y que si lo hubiera sabido nunca hubiera adoptado en esas condiciones.

Más adelante descubrieron que, a pesar de que el certificado médico decía que su salud era perfecta, el niño tenía una parálisis cerebral. Me impresiona la ternura y el cariño que la madre despliega con el chiquillo, y también sus lágrimas cuando reconoce que nunca lo hubiera adoptado de haber sabido su estado de salud.

Los reporteros visitan entonces al médico que firmó en Etiopía su certificado de salud. No se acuerda del caso, pero afirma que la agencia le solicitaba constantes cambios en los certificados, especialmente cambios de edad. De eso en España también sabemos bastante…

El vídeo recoge también las declaraciones de Mehari Maru, un abogado especialista en derechos humanos, y de Eyob Kolche, director de un orfanato con una visión muy crítica sobre cómo está funcionando la adopción internacional en su país. Para ellos, es inaceptable el modo en que se reclutan niños en las aldeas para su “comercialización”, en lugar de apoyar a sus familias y a sus comunidades. Kolche explica que los padres de los niños no entienden que la adopción significa que pasan a ser hijos de otros, y que perderán todo contacto para siempre.

Los testimonios ante la cámara de algunas madres etíopes que dieron a sus hijos en adopción son absolutamente desgarradores. Son mujeres fuertes, que llevan escrito en el rostro que la suya no es una vida fácil. Nadie les contó lo que implicaría su renuncia ni las preparó para ello. Nadie les contó que muy probablemente jamás volverían a saber de ellos. Entregaron a sus hijos pensando que los enviaban a una vida mejor y más segura, con la promesa de que recibirían información cada tres meses, pero pasan los años y nadie responde sus preguntas.  “No tengo palabras para expresar mis sentimientos y mi angustia sobre lo que ocurrió a mis hijos y lo que hice. Como madre no poder saber de la situación de mis hijos me hace muchísimo daño. No tengo palabras, no tengo palabras para expresar mis emociones” explica mientras enjuaga sus lágrimas una de las madres, cuyos hijos fueron adoptados en Canadá. Le prometieron que tendría noticias cada tres meses… y ahora llora y maldice el día en que se dejó convencer. La cámara la acompaña desde su aldea hasta la capital, para pedir noticias de sus hijos. Ni siquiera la reciben.

Añadido el 17 de septiembre de 2009: He vuelto a ver el reportaje, y esta vez creo que lo que más me ha impresionado es la madre adoptiva que le dice a la mujer etíope “tu tienes el privilegio de compartir tus hijos”. Bufff…

Enlaces relacionados:

Cuando la adopción busca familias a niños que ya tienen una

El dolor de las madres biológicas

La adopción internacional, ¿tiene que ser cerrada?

El dolor de las madres biol

Filed under: Adop. Internacional,adopcion-y-etica,dolor,madres-biologicas,ORIGENES,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 10:10 pm el Domingo, abril 26, 2009

Por Maite Cortés

NOTA: Este post es continuación de La familia de mi hij@, ¿es mi familia?, Cuando la adopción busca familias a niños que ya tienen una y La adopción internacional, ¿tiene que ser cerrada?

He conocido hasta la fecha 94 madres biológicas. Salvo dos, ninguna de las otras 92 pasa un día en que no se acuerden de esos hijos que dieron en adopción porque no podían quedárselos. No tuvieron realmente opciones y, cuando no hay opciones, no hay libertad ni hay justicia. ¿Cuántas madres habrá en la misma situación? La mayoría de esas madres no saben ni cómo están sus hijos. Algunas familias adoptivas envían información pero, una vez pasado el tiempo… si te he visto, no me acuerdo. Y a esas madres se les niega algo que necesitan: el derecho a saber que sus hijos están bien.

Ellas hablan de un dolor que no saben explicar, un vacío que no se llena con nada. Muchas se consideran monstruos por hacer lo que hicieron (cuando en realidad son simples víctimas de una sociedad que las criminaliza y las ignora). Algunas intentan suicidarse, otras se dan a la bebida… Nadie jamás les dijo que esa decisión de dar a sus hijos a una “mejor” vida será la fuente de su dolor, de su desdicha, de su vacío. Ni que sus hijos también sufrirán las consecuencias de esa decisión.

Nosotros celebramos lo que ellas lloran en silencio. En ocasiones es un secreto que las corroe por dentro y las lleva al borde de la locura. Y no pueden pedir ayuda, porque no la hay. Están solas, dolidas, rotas. En los países de origen de nuestros hijos no hay grupos de postadopcion para las madres, no son miembros de foros donde comparten sus “experiencias”, no tienen acceso a literatura sobre adopción, no hacen quedadas donde se ayudan y se hacen fotos que luego cuelgan en sus foros. Ellas no tienen motivo de celebración, nadie les manda tropecientos mensajes de enhorabuena por lo que han hecho, no llevan camisetas con algún motivo “solidario”… Ni siquiera pueden quejarse, ni explicar lo que les pasa cuando llegan las crisis. Porque ellas también sufren crisis, al igual que nuestros hijos. Pero nadie las lleva al psicólogo. Tienen sus días buenos, sus días malos, y sus días muy malos. Pero no tienen siquiera una mano que las ayude a verbalizar lo que las esta matando emocionalmente. La sociedad espera que continúen con su vida. Sin embargo, no pueden y no saben por qué. Son las incomprendidas de la triada, las ignoradas.

¿Por qué los padres adoptivos contribuimos a esta situación con nuestro silencio? ¿Cuándo vamos a dejar de tener miedo de hablar de la otra madre de nuestros hijos? Sin secretos, con normalidad, sin utilizar lo de madre biológica, madre natural, madre de barriga… Puros eufemismos, porque son madres, tan madres como nosotras. De hecho, ellas con su renuncia son las que nos han hecho madres a nosotras.

No puedo soportar que se utilicen sus circunstancias para justificar nuestros procesos de adopción, que se niegue la importancia que tienen no solo en la vida de nuestros hijos sino en la nuestra propia. Sentarnos enfrente de ellas y asegurarles que jamás consentiremos que desaparezcan de nuestras vidas, ni de las nuestros hijos. Reconocer que nuestra dicha, nuestro gozo, es su eterno dolor, su inmenso vacío.

Y nosotros como adoptantes, ¿cuándo vamos a dejar de tener miedo y a exigir que no las borren de nuestras vidas? Ellas solamente quieren saber que sus hijos están bien, que los volverán a ver. Quieren poder explicarles algún día el porqué de la renuncia, que las entiendan. No buscan culpables, no culpan a los padres adoptivos de su dolor, no culpan a los hijos de su dolor. Es simplemente eso: su dolor, su vacío. Algo con lo que tienen que vivir el resto de sus vidas.

 

 

Cuando la adopci

Filed under: abandono,dolor,media,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 2:44 pm el Domingo, diciembre 7, 2008

 (La imagen es de uno de mis ilustradores favoritos: Miguel Gallardo).

Hoy el Magazine, el suplemento dominical de La Vanguardia, que se entrega también con una veintena de diarios regionales, publica un reportaje titulado “Cuando las adopciones fallan”.

Cuando me lo encargaron hace ahora un año, no era consciente de lo difícil que iba a ser escribirlo. Difícil porque no hay manera de obtener datos para cuantificar el problema. Difícil porque cada nueva historia de fracaso de la que tenía conocimiento era un drama en toda regla. Difícil porque una y otra vez te asalta el interrogante de si se podía haber evitado. Difícil porque, cuando el fracaso es inevitable, no siempre el sistema trabaja para dar una respuesta a los niños que lo han sufrido. Y, difícil en suma, porque soy madre y persona.

Versión digital del reportaje: Cuando las adopciones fallan.

O aún mejor, te lo puedes descargar en PDF: Cuando las adopciones fallan

En la versión web, se ha quedado fuera un parrafito que copio a continuación:

Condena en Irlanda. En 2006, el Alto Tribunal de Dublín condenó a Joe Dowse y a su esposa a indemnizar con 100.000 euros al pequeño de cuatro años que adoptaron de bebé y años después retornaron a un orfanato en Yakarta porque la adopción “no estaba funcionando”. El pequeño conservará además la nacionalidad irlandesa y el derecho de herencia sobre sus padres adoptivos.

Informaci

Filed under: Adop. Internacional,adopcion-y-etica,dolor,ECAIs,Preguntas incómodas — Beatriz San Román a las 12:50 pm el Sábado, septiembre 13, 2008

Sabía a lo que me exponía al escribir sobre las denuncias de falta de garantías en la adopción internacional, pero una no puede menos que obrar (y escribir) en conciencia. Como madre adoptiva, hay determinadas informaciones sobre la adopción que se me hacen muy difíciles de digerir, y que me duelen en lo más hondo. Pero precisamente porque soy madre adoptiva, creo que es necesario que los adoptantes tengamos TODA la información, también aquella que nos repugna y nos desgarra.

Duele asumir que haya quien esté dispuesto a jugar con nuestras ilusiones y nuestros sueños (y a vulnerar derechos fundamentales) con tal de hacer negocio, pero no podemos mirar hacia otro lado cuando se denuncia esta realidad. Tenemos que asumir que Unicef, Terre des hommes, Save the Children, el Centro Internacional de Referencia para los Derechos del Niño Privado de Familia etc. no son los enemigos de los niños. Tenemos que asumir que:

– Cuando advierten que el número de solicitudes de adopción de niños pequeños y sanos es inmensamente superior al de niños adoptables no mienten ni les mueve otro interés que la defensa de los niños.

– Cuando advierten que, en los países en los que la autoridad central no tiene medios para controlar las declaraciones de adoptabilidad y sólo las visa (como ocurre en Vietnam), se están dando niños en adopción que nunca debieron salir del país –y, muchas veces, ni siquiera de su familia–, no lo hacen por fastidiar nuestro legítimo deseo de ser padres.

– Tampoco lo hacen cuando advierten que los desorbitados donativos –muchas veces encubiertos como proyectos de cooperación– sirven para tejer un entramado de “buscadores de niños”, cuando la adopción debería de ser, por encima de todo, la búsqueda de familias para los niños que de verdad la necesitan.

Creo en la necesidad de defender el derecho de todo niño a crecer en la familia en la que nació y a que, cuando ello no sea posible, se le busque una familia sustituta en su entorno. Creo también que la adopción internacional es una medida válida de protección de la infancia cuando ninguna de las dos cosas sea posible, siempre y cuando sus derechos sean completamente respetados y sus intereses colocados por encima de todo lo demás. Incluido nuestro sueño de ser padres.

Pienso que la adopción internacional tal y como la conocíamos (o creíamos conocerla) va a desaparecer en pocos años. Ya hay muchos países que están empezando a restringir la aceptación de solicitudes para niños pequeños y sin necesidades especiales. China endureció los requisitos; parece más que probable que Etiopía dejará de admitir muy pronto peticiones de monoparentales o matrimonios con menos de 2 años de casados. Otros, como Ucrania y Polonia, ya no aceptan solicitudes de adopción internacional para bebés sanos, y han pedido que se anime a las familias españolas a ser más realistas y a considerar la adopción de niños de otro perfil.

No podemos seguir alimentando el mito de que hay que promover y fomentar la adopción porque hay muchos niños en el mundo que sólo podrán ejercer su derecho a crecer en una familia a través de la adopción internacional. Los hay, es cierto, pero la mayor parte de ellos no se ajustan al perfil que solemos solicitar los adoptantes. Solo en Vietnam, las cifras oficiales hablan de decenas de miles de niños viviendo en la calle que, por sus características de edad y salud, nunca fueron considerados por el circuito de las adopciones. Es mucho más fácil (y rentable) buscar bebés que atender a pequeños de cuatro o más años en espera de que aparezca una familia que quiera adoptarlos.

En el caso de Vietnam, hay indicios de malapraxis e irregularidades gravísimas ¡ y no sólo en las adopciones tramitadas con EE.UU! El problema no es el convenio, cuyo contenido es muy similar a los firmados por Vietnam con Francia, Canadá, EE.UU. e Italia. El problema no son las agencias ni las ecais. Mientras el sistema vietnamita no tenga los recursos necesarios para hacer que los convenios se cumplan y evitar que se hagan declaraciones de adoptabilidad fraudulentas, podremos traer en adopción niños con todos los papeles “en regla”, aunque no podremos tener la seguridad de que la información que en ellos aparece no haya sido falseada.

Filed under: Adop. Internacional,adopcion-y-etica,dolor — Beatriz San Román a las 3:51 pm el Domingo, septiembre 7, 2008

Según las Ecais, los costes en el país de origen de una adopción en Vietnam rondan los 3.360 euros. ¿A qué se destina este dinero?

Según ellas, en torno a 350 € se van en los costes de tramitación del expediente en Vietnam. El gobierno nepalí cobra un millón de dongs (42 euros) por tramitación de cada expediente. ¿Más costes? El certificado médico que exigía la embajada americana para dar la visa de entrada al menor venía costando 28 euros… Habría que añadirle los costes de gestiones, el representante de la ecai, etc. Claro que:

– un buen salario en Vietnam es de 40€/mes

– el salario mínimo lo han subido de 20 a 26€/mes  

Es decir que, descontados los 42€ “oficiales”, quedarían 318 €, que darían para pagar el sueldo de DIEZ personas durante un mes, 6 días a la semana (o una persona durante diez meses a tiempo completo) ¡por cada expediente!

Pero hay más aún. Resulta que los 3.000 euros restantes se justifican con conceptos como “gastos de manutención” o “donativo al orfanato”. Apuesto a que en breve corregirán este concepto y lo convertirán en “proyectos de cooperación” (la ley vietnamita requiere que las ecais antes de trabajar firmen acuerdos de este tipo), tan pronto como se relean con atención el texto del Convenio firmado por España y que dice así:

Articulo 4.2. No podrán derivarse ganancias indebidas, financieras o de otro tipo, de las actividades relacionadas con la adopción internacional. Sólo podrán cobrarse y pagarse los costes y gastos que se contraigan, incluidos los honorarios profesionales hasta un importe razonable de las personas que intervengan en la adopción.

Pero lo llamen como lo llamen, resulta que 3000 euros son el equivalente a 100 salarios mensuales. ¿Cómo puede ser que cueste mantener a un niño de menos de 2 años durante el tiempo de tramitación lo mismo que tiene para vivir una familia vietnamita 8 AÑOS?

Siento reconocer que tienen razón los que dicen que algo huele a podrido en esto, y que siguiendo el rastro del dinero nos daremos de bruces con los que hacen negocio. Y no digo que sean las ecais las que se queden con todo ese dinero, no. Mucho me temo que el dinero “extra” se va en los pagos que denunciaba la embajada americana en Hanoi: a médicos y personal hospitalario, trabajadores sociales, intermediarios, etc. que buscan los niños para satisfacer la demanda.  Que se necesite tanto dinero sólo puede ser porque sí, hay “ganancias indebidas”. Y eso, se llama tráfico de niños por mucho que lo disfracen de protección a la infancia. 🙁

Palabras y sentimientos

Filed under: abandono,dolor,Historias personales,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 11:49 pm el Lunes, julio 21, 2008

Hace poco estuve cenando con unos amigos que tienen dos hijas adoptadas. La mayor (que está a punto de empezar 1º de la ESO, ¿doce años?), sin venir a cuento, de pronto me preguntó: “¿Tú tienes miedo de que te abandonen?”. Me pilló desprevenida, y creo que le contesté que sí, que creía que todos tenemos una parte de nosotros a la que le da miedo que nos abandonen o nos fallen las personas en las que confiamos. Y entonces ella me dijo, “ya… es que a mí ya me ha pasado una vez”.

Su respuesta me ha tenido varios días pensando en la importancia de enseñar a nuestros hijos no sólo a manejar sus miedos o su rabia, sino a entender las causas de sus sentimientos para poder hacerles frente. Creo que uno de los aprendizajes más importantes y complicados de la vida es entender por qué uno siente las cosas que siente. Y también creo que la palabra es el mejor instrumento de transmisión de conocimiento. Pero es un instrumento limitado: las palabras nunca son más fuertes que las vivencias.

Y eso que yo soy “mamá charlitas”, de esas que aprovechan las ocasiones que van surgiendo para hablar y poner las emociones y los sentimientos en palabras, y tratar de explicar cómo funcionamos los humanos. Cuando miro atrás, me doy cuenta de que mi padre era mucho más dado que mi madre a este tipo de conversaciones. Y, si sigo recordando, me doy cuenta de dos cosas:

– Hay cosas que me dijeron de pequeña que en ese momento no me sirvieron para nada (o eso me pareció) pero que con el tiempo (y cientos de repeticiones) calaron profundo. Un ejemplo: yo era un niña tímida patológica, y mi padre siempre decía: “la vergüenza no sirve para nada, vergüenza solo de pecar”. Aunque pasada por un cierto tamiz “laicista”, esa enseñanza repetida mil veces que en su momento no parecía ayudar en nada, la tengo completamente incorporada. (¡Si no de qué iba yo a llevar el pelo fucsia!). Y eso me lleva a pensar que no se trata de convencer a mi hija y de que me dé la razón en el momento, que uno no transmite con palabras los aprendizajes emocionales, que va “sembrando” esperando que llegue el momento en que a fuerza de repetición y madurez cobren sentido.

– Tambien hay cosas nunca verbalizadas que uno incorpora por la vivencia. Las enseñanzas no-habladas de mi niñez las llevo grabadas sin palabras, pero las llevo. Algunas son hábitos y reacciones aprendidas que me simplifican la vida; en cambio, las que no me gustan me ha costado mucho reconocerlas y desmontármelas, precisamente porque ni las tenía racionalizadas, pero ahí estaban.

La experiencia con mi hija me ha enseñado que hay cosas que por mucho que te las hayan explicado, por mucho que “se sepan”, se necesita vivirlas para saberlas. Y no una vez, sino muuuuuuuchas, sobre todo si has tenido experiencias antes en sentido contrario. Y aquí retomo con lo del miedo al abandono o “la herida primaria” como la llama Nancy Verrier en su interesantísimo libro The Primal Wound.

Confieso que, hasta que no lo he empezado a vivir, no he entendido todo eso de las heridas invisibles de la adopción. Tal vez porque me gano la vida escribiendo, tenía sobrevalorado el poder curativo de la palabra, como si lograr hablar de lo doloroso y explicarlo en un relato coherente fuera suficiente para cerrar las heridas.

En mi caso, había oído hablar de la luna de miel y de lo de después. La nuestra fue larguísima, y los primeros berrinches llegaron meses después. Me sorprendía la cantidad de rabia que podía caber en su pequeño cuerpecito de 80 c.m. de altura. Coincidía con la edad de las rabietas, pero me daba cuenta de que eran “más bestias” que las que había visto en otros niños… ¿o era una neura de madre primeriza? El tiempo pasó y también las rabietas. Y durante dos años, todo parecía colocado, todo era “normal”.

Luego, con el primer “desafío fuerte” (empezar el curso en clase nueva y con niños que sabían más que ella, que ya sabían las letras y ella no, etc.) llegó la primera racha de episodios de rabia y de poner al límite nuestra relación: “Si no lo hago bien en el cole, ¿váis a querer seguir siendo mi papá y mi mamá?”.

He aprendido en este tiempo que hay heridas que parecen cerradas y de pronto se reabren. Las situaciones o circunstancias que la hacen sentir insegura reavivan sus miedos que (gracias a Dios) proyecta hacia fuera en forma de enfado. Y también, creo que ahora estoy aprendiendo que no es suficiente con hablar y entender los miedos, que necesita sacarlos afuera, aunque sea a mordiscos y patadas, para comprobar que nada cambia, que seguimos ahí, que eran infundados.

¿Sirve de algo tener después una charlita sobre el tema? Pues cada vez lo tengo menos claro. La última vez me miró y me dijo “mami, ¿y si nos olvidamos que ha pasado?”. Y me pareció que tenía razón, que ella no necesitaba en ese momento volver a hablar de cosas que ya hemos hablado mil veces. Que su cabeza sabe y entiende, pero sus emociones van por otro lado.

Y aquí de nuevo la duda. ¿Simplemente necesita experimentarlo más veces? ¿O necesita que pongamos en palabras cosas que hasta ahora no poníamos? Siempre le hemos hablado de su historia desde el respeto y la comprensión a su madre biológica que no eligió unas circunstancias muy duras. ¿Será que necesita también que hablemos más, mucho más, de cómo vivió ella ese momento y de cómo le influye en lo que siente ahora?

El carnet gen

Filed under: abandono,Adop. Internacional,Adopcion interracial,adopcion-y-etica,dolor,Reflexiones al sol,Uncategorized — Beatriz San Román a las 3:30 pm el Jueves, abril 24, 2008

¿Carné genético para familias adoptivas? La presentación de este producto nos ha dejado a muchos con la boca abierta.

Resulta que ADECOP (la federación de ECAIS) y los laboratorios Lorgen han llegado a un acuerdo para comercializar un servicio dirigido especialmente al colectivo de familias adoptivas. O dicho de otra manera, para intentar convencernos de que necesitamos pagarles a ellos 495 euros del ala. Por este inmódico precio, nos ofrecen unas pruebas de ADN que certifiquen que nuestros hijos son nuestros hijos.

Sólo a un prodigio de los negocios amante de la serie C.S.I. se le podrí­a haber ocurrido venderlo como “la respuesta a una necesidad social”. Se nos dice que, en caso de accidente, contaremos con un documento que certifique que nuestros hijos son nuestros hijos.

Seamos serios: accidentes hay muchos, y algunos de ellos son mortales, cierto. Pero son absolutamente excepcionales aquellos en los que la policí­a recurre a hacer pruebas de ADN para saber quién era el fallecido. Primero están los documentos que pudiera portar, la identificación por parte de familiares, las huellas digitales, las radiografías dentales… Sólo en aquellos casos en que el cuerpo está tan deteriorado que lo anterior no es posible, se recurre a la genética.

Por un momento, pongámonos en el macabro supuesto de que nuestro hijo fuera uno de esos casos excepcionales y que muriera en un incendio y su cadáver quedara calcinado. Un simple pelo del cepillo con el que se peina servirí­a para certificar su identidad. Aunque si el tema nos obsesiona, siempre podemos cortarle una uña y guardarla en lugar seguro por si un dí­a ocurre una desgracia. No me imagino a ningún juez discutiendo la validez de esa prueba para recuperar el cadáver de un hijo.

Los argumentos de ADECOP y los señores de LORGEN para convencernos de que es algo que necesitábamos urgentemente no tienen desperdicio. Intentan ser de lo más persuasivo. Lógico, por otra parte, pues tratan de sacarnos un buen pico y saben que no tomaremos la decisión por impulso.

“La identificación de menores adoptados ofrece a los padres adoptivos interesados seguridad jurí­dica y tranquilidad personal”, afirma Javier Valverde, el director gerente del laboratorio.

“Esto resuelve una situación de inferioridad de padres adoptivos e hijos adoptados respecto al resto de la sociedad?” apostilla Javier Góngora, el presidente de ADECOP.

“No es un problema legal, sino de conciencia”, añade el representante de ADECOP sin ni siquiera sonrojarse.

“Este carné es, en muchas ocasiones, la única posibilidad de certificar el parentesco no consanguíneo entre el menor y sus padres”. Subrayo lo de “en muchas ocasiones” porque me parece totalmente grotesco. En los últimos veinte años, sólo a través de la adopción internacional, ha habido decenas de miles de adopciones. ¡Y ni un solo caso en el que una familia haya necesitado algo así!

Apelar a nuestra conciencia para vendernos masivamente (¡anuncian que estará disponible en las farmacias!) un producto que lo más probable es que jamás lleguemos a necesitar, me parece francamente inmoral. ¿Será que ahora que las solicitudes de adopción internacional han bajado un 30% las ECAIS buscan diversificar su negocio?

Mam

Filed under: abandono,Adop. Internacional,Adopcion interracial,dolor,Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 12:00 pm el Miércoles, marzo 19, 2008

(Hace poco, en una conversación sobre los duelos en la adopción, M. escribía lo siguiente. Con su permiso, lo reproduzco porque creo que muchos vemos en las cuitas de sus hijas reflejadas las de los nuestros)

Yo, que en esto de la adopción aprendo cada día, solo puedo decir lo duro que está siendo para ellos. Y a medida que crecen y son conscientes de lo que tienen aquí, son también más conscientes de que no saben –y lo que es peor, lo que nunca llegarán a saber– y lo que se perdieron allí.

Estos son algunas de las dudas que me plantean mis hijas (estamos teniendo un año de lo más… ¿profundo?), de 9 y 8 años y medio. Mi hijo pequeño todavía no plantea mucho, no se si porque es niño (las mujeres somos más “rebuscadas”), si por la edad –cumple 7 en un mes– o porque hace menos de tres que llegó a nosotros.

– Mamá, ¿tú lo harías?–. Se refiere a si la abandonaría. Esta es la primera pregunta de la mañana, un día cualquiera al despertarse.
– Mamá, estoy muy contenta de la familia que tengo, pero no puedo dejar de pensar en como debe ser mi familia de China… ¡Seguro que estupenda también!

Algunas veces, desde la cama, las he oido llorar. Les pregunto que es lo que les pasa, y su respuesta es única: “Estaba pensando en mi madre de China, y le hago una pregunta, una pregunta que tu no puedes responderme”. Después de insistir, me acaba haciendo la pregunta a mí: “Mamá (la de China) ¿porqué lo hiciste?”

Un día, estábamos viendo un anuncio de un programa de televisión, en el que solicitaban que se pidieran tres deseos. Mi hija contesta rápidamente:
– Mis tres deseos son:
1) Volver a la India
2) No hacer más terapia (hace diariamente una terapia de maduración visual)
3) Que no se destruya más la capa de ozono.

– ¿Y por qué quieres volver a la India?
– Para no ser diferente. Soy diferente, porque soy negra y vosotros sois blancos. Si estoy en la India, con mi familia India, todos seremos negros.

Otro día:

– Mamá, ¿me acompañaras a la India a buscar a mis padres de allí? Es que no quiero ir sola, y además, quiero que tú también los conozcas.

Hoy mi hija E., ha hecho un dibujo a su padre. En grande y en el centro: “Feliz día del Padre, Papá”. A la derecha, abajo y en pequeño: “Feliz día también para mi padre de China”.

Intento ponerme en la piel de mis hijas cada día. Solo saben que perdieron algo. No saben ni porqué, ni que es lo que perdieron. Y esa incógnita les perseguirá siempre. Algunos afortunados quizás lleguen a saber algo más, pero la mayoría se quedarán sin saber poco más de lo que nosotros les contemos.

"Mi marido es adoptado"

Filed under: abandono,dolor,Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 1:42 pm el Viernes, enero 25, 2008

El texto que aparece bajo estas líneas ha sido enviado como comentario a este otro post antiguo

Yo puedo dar mi punto de vista de mujer de adoptado que está pasando los 6 meses más dificiles de su matrimonio despues de llevar juntos más de 8 años. Sin duda todo es por la carga emocional que tiene mi marido por ser adoptado, y que por varias experiencias emocionales fuertes en estos meses le están afectando terriblemente y, como no, a los que le rodeamos.

Escribo en esta sección al haber visto el caso de Javier, que se enteró siendo adulto, el de mi marido es similar. No se enteró que era adoptado hasta los 18 años. Se lo dijeron mis suegros un día tal que “pásame la mantequilla…te tengo que decir algo…siéntate…eres adoptado”. Unos meses antes habían decidido dejar la casa y la ciudad donde vivían para irse a vivir al campo, por lo que él se tenía que quedar solo. En unos meses sufrió el saber que su madre biológica le había abandonado…y, después, sus padres adoptivos de alguna manera también.

Nunca ha preguntado nada ni mis suegros le han contado nada. Es un tema tabú. Cuando nos casamos vio el nombre de sus padres biológicos en la partida de nacimiento, pero tiró el documento rápidamente en cuanto tuvo la informacion necesaria.

En el ultimo año y medio hemos pasado por unos cambios muy radicales en nuestra vida: dos hijos, cambio de casa, mis suegros son ancianos y han estado ambos con problemas de salud algo importantes… Mi marido siempre tiene la ilusion de que vendrán a vivir con nosotros pero, aunque él no quiera verlo, solo le piden ayuda cuando necesitan que les haga papeles del banco, que les lleven y les traigan…mi suegra no vino a conocer a nuestra hija cuando nació en verano ni tampoco a su bautizo. La tuvo que obligar mi marido a verla el día que la trajo a una operacion de espalda, pero ella ni se digno a salir del coche. En navidades pasamos unos días con ellos, pero ella no se dignó a cenar con nosotros porque está enferma (aunque sí se levanta para dar de comer a sus gatos). Eso sí, como han hecho con mi marido siempre, al final de las celebraciones habia un cheque de una cantidad para mi gusto indecente para que comprásemos regalos a los niños.

Mi marido nunca ha hablado ni habla de lo que siente por ser adoptado, con los “problemas”que ello pueda conllevar. Creo que tuvo que verse de nuevo ‘abandonado’ cuando mis suegros le dejaron, y que en esta etapa le gustaría que sus padres disfrutaran de nuestros hijos… pero le están abandonando una vez más….

Se habla mucho de los niños pero ¿y cuando es un adulto el que está sacando ahora todos los traumas que tiene y se siente de nuevo abandonado, él y sus hijos?

Esos traumas los está proyectando en los que le queremos y estamos a su lado. A mis padres y a mi hermana, les explico que se pone así con ellos porque en el fondo les quiere con locura y se pone a la defensiva atacandoles pero todo todo tiene un límite…. Yo que vivo con él el día a día, estoy llegando también a mi límite. Le quiero y quiero que esto salga y salga bien…Que seamos de verdad una familia… Algo que él tiene que entender qué es y lo que significa.