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La decisión de las madres biológicas

Clasificado bajo: Adop. Internacional, Adopcion interracial, ECAIs, Reflexiones al sol, Uncategorized, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 1:40 pm el Domingo, Junio 1, 2008

Por Mariana.

Ya son varias las veces que me han hablado de los comentarios de psicólogas y trabajadoras sociales de algunas ECAIS, con respecto a las “decisiones” de las madres biológicas de nuestros hijos etíopes. Comentarios que surgen en respuesta al interés de algunas familias adoptivas en conocer sobre dichas familias biológicas. Las profesionales de estas ECAIS les dicen que “las madres biológicas tomaron su decisión en su día, y que no tienen que pensar mas en ellas” .
Me gustaría abrir una reflexión sobre las decisiones de las madres biológicas de nuestros hijos etíopes (extrapolable a muchos otros países del Tercer Mundo donde hay adopción internacional y miseria).

Sus no-decisiones
Decisiones… ¿Realmente las madres de nuestros hijos etíopes toman sus propias decisiones, toman alguna decisión en su vida? Esta palabra se me antoja tan prepotente, ignorante y equivocada en boca de supuestos profesionales de nuestro primer mundo.
Si cronológicamente hiciésemos un listado de las NO-decisiones que toman las mujeres etíopes a lo largo de su vida, nos encontraríamos con que:

Una mujer etíope no decide ser explotada desde su más tierna infancia, siendo la última en comer en su hogar y trabajando como un animal de carga.

– Una mujer etíope no decide ser mutilada. En Etiopía entre el 80 y el 90 % de las niñas son sometidas a diversas mutilaciones. La tasa de mortalidad materna alcanza altas cuotas debido a las complicaciones en los partos relacionadas con la mutilación.

– Una mujer etíope no decide dejar la escuela ni su hogar para contraer un matrimonio temprano en contra de su voluntad, lo que compromete su derecho a la educación, el pleno desarrollo de su personalidad, sus habilidades y su capacidad física y mental. Cuando sobreviene un embarazo, compromete también su salud y, en ocasiones, su vida. La mayoría de las adolescentes que contraen matrimonio a edad temprana son presionadas para tener hijos antes de haber alcanzado la madurez fisiológica, lo que redunda gravemente en términos de morbilidad y mortalidad materna.

– Una mujer etíope no decide el numero de hijos que quiere tener (7 como media) .

– Una mujer etíope no elige como parir. Las mujeres niñas casadas a temprana edad tienen partos horribles, que causan desgarros muy importantes. Se calcula que más de 150 mil mujeres padecen fistulas en Etiopía. Y cada año se suman diez mil nuevos casos. Mujeres que están siempre acompañadas de un olor a orines y heces, ya que no controlan sus esfínteres, lo que la gente en Etiopía asocia con una maldición. Como consecuencia, las jóvenes son estigmatizadas y rechazadas en sus comunidades, por lo que muchas terminan suicidándose o mendigando en las calles con sus niños. Y muchos partos acaban con la muerte del niño.

– Una mujer etíope no decide ser maltratada (el 84% de las mujeres etíopes han sufrido o sufren maltrato en el seno de su hogar).

– Una mujer etíope no decide ser violada ni abusada sexualmente por su pareja. Un 59 por ciento de las mujeres son objeto de violencia sexual en su hogar, de acuerdo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Después de saber todo esto, ¿podemos decir que las madres etíopes de nuestros hijos deciden su entrega, deciden sobre algo? A ver si va a ser la primera decisión que toman en su vida y va a ser precisamente ésta.

Desgraciadamente la adopción internacional, que en principio es positiva, se esta convirtiendo en algo éticamente discutible, discutible desde varios puntos de vista debido a las diversas actuaciones de las entidades, personas y organismos que participan en ella.

¿Cómo no ser solidarios?
A veces he leído en los foros, “yo no pienso en la madre de mi hijo”, “No confundamos adopción con caridad”, “No quiero saber de la familia biológica ( por x causas)”.

¡Que fácil es pronunciar frases como esas cuando no se conoce la realidad de las madres etíopes! ¿Adopción y caridad?. ”Yo no adopto para hacer caridad, adopto porque quiero ser padre y madre…”. Pero no adoptamos en Noruega ni en Islandia, adoptamos en países económicamente muy desfavorecidos. Completamente de acuerdo en no confundir adopción con caridad. Pero la cosa tiene mas matices, no es todo blanco y negro.

Quizás para empezar sería positivo dejar de usar la palabra caridad, y sustituirla por solidaridad. No solidaridad hacia nuestros hijos, sino solidaridad hacia la situación de la inmensa mayoría de familias biológicas de nuestros hijos. Solidaridad y respeto. En la mayoría de los casos, si no tuviesen vidas tan difíciles y desesperadas, no darían a sus hijos en adopción, así que nos guste o no hay un factor predominantemente económico por medio. Y solidaridad y respeto hacia el país de origen de nuestros hijos.

Norte-Sur, ¡cuantas diferencias! ¿Cuál es el futuro, ya presente? ¿Madres del tercer mundo donantes de hijos? ¿Hombres y mujeres del primer mundo receptores de ellos? ¿Se podría considerar una expoliación más de los países pobres?

Adopción y solidaridad, ¡cómo no van a estar mezcladas, si estamos en mundos tan distintos! Pero la solidaridad ya digo que no es hacia nuestros hijos, sino hacia sus familias biológicas. Y hacia familias como ellas. Y hacia los niños que no han decidido tampoco nacer en uno de los países a la cola del desarrollo, y por ello morir tempranamente o sufrir enfermedades aquí erradicadas con las vacunas y la atención medica…

La creación de “huérfanos”
Empezamos en la adopción pensando que hay muchísimos niños huérfanos que necesitan una familia…pero eso no es exactamente así. Los niños en los orfanatos que pueden salir en adopción son un pequeño número. El aumento de demanda -la demanda excesiva- y la falta de control corrompen el proceso y crean “huérfanos” para nosotros, niños que sin la adopción internacional podrían seguir viviendo con sus familias. Niños que al testarlos para el VIH si salen positivos nadie sabe con seguridad a dónde van a parar. Estos niños podían haber seguido viviendo con sus familias…

Y muchos acaban la adopción yendo a buscar a sus hijos a Etiopía, y deseando que pasen los días para volver, sin querer saber nada o casi nada mas del país de sus hijos. “Para que, si ya son españoles”, dicen . Para algunos da igual que sea Etiopía, Colombia, China o cualquier otro país. Sólo son sitios proveedores de niños. Del niño objeto de deseo.

¿Podemos considerar a las madres etíopes de nuestros hijos meros recipientes que algún día llevaron a nuestros hijos en su seno y quedarnos con la conciencia tranquila? ¿Podemos considerar que ellas “decidieron “ dar a sus hijos en adopción como aquel que realmente decide algo con objetividad, como si no hubiesen sufrido para llegar a eso, como si fuesen libres de decidir? La adopción internacional merece una reflexión mucho más profunda: esos “bomboncitos” o “chocolatitos” han crecido en un vientre, han estado con sus madres, las han querido y han sido queridos, y sus madres los seguirán queriendo siempre, porque las madres etíopes no son menos madres que nosotras.

Por supuesto que hay madres irresponsables, madres que no quieren a sus hijos, madres maltratadoras, y esas haberlas las hay en todas partes. Pero con vidas tan terribles ¿hasta qué punto podemos decir que una madre etíope elige dar en adopción a su hijo, que lo decide con total independencia de criterio?

La usurpación de su historia
No entiendo la postura de numerosas ECAIS, poniendo trabas o estando en contra de la búsqueda de la familia biológica. Y menos entiendo que falseen la historia de nuestros hijos en numerosas ocasiones, negándoles así la existencia de su familia biológica. O que no les den a las familias adoptivas los papeles de sus hijos que les corresponden por derecho que es el derecho del niño a conocer su propia historia. ¿Nos gustaría a nosotros que nos borrasen de un plumazo nuestro pasado, nuestros orígenes, nuestra historia?

En nuestro país se ha firmado el convenio de La Haya, nos creemos civilizados, tolerantes y amplios de miras, se trabaja “por el bien del menor”… pero muchísimas veces se niega el derecho del niño adoptado internacionalmente a su propia historia, ya sea falseándola directamente como antes dije (con lo que vulneramos el tratado de los derechos del niño e incurrimos en ilegalidades, porque ¿qué validez tienen los juicios basados en historias falsas?), ya sea negándoles un poco de información a las familias biológicas, algo que tendría que ser totalmente comprensible desde el punto de vista humano. Muchísimas de estas familias están desesperadas por saber solo si sus hijos están bien. Y muchas veces se hace que el niño o niña “nazca” el día que nos conoce…

La adopción internacional en España -masiva y descontrolada- hará que en unos años haya muchísimos niños adoptados que nos harán muchísimas preguntas. Podemos esconder la cabeza bajo la arena, creernos a pies puntilla los informes “oficiales” en cuanto a los orígenes, decir que no somos nadie para buscar, que cuando nuestros hijos sean mayores de edad ya lo harán ellos (el promedio de vida en Etiopía es de 48 años, ¿quién de la familia biológica quedara vivo para entonces?), que la familia biológica no importa…

Pero también, si decidimos buscar, hemos de saber que nos encontraremos en la mayoría de los casos con historias terriblemente duras, que nos van a crear problemas de conciencia y con las que lógicamente, si somos sensibles, vamos a crearnos un compromiso moral.

Así que como conclusión yo diría que aquí las únicas que deciden, y deciden decir frases gloriosamente penosas desde el punto de vista humano y de conocimiento, son esas trabajadoras de esas ECAIS, a las que quizás mas les valdría darse una vuelta por Etiopía. Aunque solo sea para adquirir un mayor conocimiento de causa a la hora de hablar de seres humanos…

El carnet genético: estrujando la gallina de los huevos de oro

Clasificado bajo: Adop. Internacional, Adopcion interracial, Reflexiones al sol, Uncategorized, abandono, adopcion-y-etica, dolor — Beatriz S.R. a las 3:30 pm el Jueves, Abril 24, 2008

¿Carné genético para familias adoptivas? La presentación de este producto nos ha dejado a muchos con la boca abierta.

Resulta que ADECOP (la federación de ECAIS) y los laboratorios Lorgen han llegado a un acuerdo para comercializar un servicio dirigido especialmente al colectivo de familias adoptivas. O dicho de otra manera, para intentar convencernos de que necesitamos pagarles a ellos 495 euros del ala. Por este inmódico precio, nos ofrecen unas pruebas de ADN que certifiquen que nuestros hijos son nuestros hijos.

Sólo a un prodigio de los negocios amante de la serie C.S.I. se le podrí­a haber ocurrido venderlo como “la respuesta a una necesidad social”. Se nos dice que, en caso de accidente, contaremos con un documento que certifique que nuestros hijos son nuestros hijos.

Seamos serios: accidentes hay muchos, y algunos de ellos son mortales, cierto. Pero son absolutamente excepcionales aquellos en los que la policí­a recurre a hacer pruebas de ADN para saber quién era el fallecido. Primero están los documentos que pudiera portar, la identificación por parte de familiares, las huellas digitales, las radiografías dentales… Sólo en aquellos casos en que el cuerpo está tan deteriorado que lo anterior no es posible, se recurre a la genética.

Por un momento, pongámonos en el macabro supuesto de que nuestro hijo fuera uno de esos casos excepcionales y que muriera en un incendio y su cadáver quedara calcinado. Un simple pelo del cepillo con el que se peina servirí­a para certificar su identidad. Aunque si el tema nos obsesiona, siempre podemos cortarle una uña y guardarla en lugar seguro por si un dí­a ocurre una desgracia. No me imagino a ningún juez discutiendo la validez de esa prueba para recuperar el cadáver de un hijo.

Los argumentos de ADECOP y los señores de LORGEN para convencernos de que es algo que necesitábamos urgentemente no tienen desperdicio. Intentan ser de lo más persuasivo. Lógico, por otra parte, pues tratan de sacarnos un buen pico y saben que no tomaremos la decisión por impulso.

“La identificación de menores adoptados ofrece a los padres adoptivos interesados seguridad jurí­dica y tranquilidad personal”, afirma Javier Valverde, el director gerente del laboratorio.

“Esto resuelve una situación de inferioridad de padres adoptivos e hijos adoptados respecto al resto de la sociedad?” apostilla Javier Góngora, el presidente de ADECOP.

“No es un problema legal, sino de conciencia”, añade el representante de ADECOP sin ni siquiera sonrojarse.

“Este carné es, en muchas ocasiones, la única posibilidad de certificar el parentesco no consanguíneo entre el menor y sus padres”. Subrayo lo de “en muchas ocasiones” porque me parece totalmente grotesco. En los últimos veinte años, sólo a través de la adopción internacional, ha habido decenas de miles de adopciones. ¡Y ni un solo caso en el que una familia haya necesitado algo así!

Apelar a nuestra conciencia para vendernos masivamente (¡anuncian que estará disponible en las farmacias!) un producto que lo más probable es que jamás lleguemos a necesitar, me parece francamente inmoral. ¿Será que ahora que las solicitudes de adopción internacional han bajado un 30% las ECAIS buscan diversificar su negocio?

De bruces con la mentira

Clasificado bajo: Adop. Internacional, Historias personales, ORIGENES, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 1:55 am el Viernes, Marzo 28, 2008

Por Teresa A.
(Extraído de la ponencia presentada en el marco del proyecto de investigación sobre adopción internacional).

Viajé de noche en un minibús etíope, casi cuatrocientos quilómetros de carretera en parte en obras, en parte hecha polvo, algún trozo algo arreglada… Conocimos al responsable de servicios sociales de la zona, le dijimos que habíamos intentado llamar al numero que figuraba en los papeles pero que nadie respondía, le preguntamos por la familia del niño… En ese momento no nos podía decir nada, pero nos llevó a la casa cuna que la ECAI tiene en esa ciudad. Allí no había NADIE, y la verdad es que me pareció un lugar poco habitado, no era un lugar donde habitualmente hubiera niños. El patio estaba lleno de hierbas, y de hecho el acto de desamparamiento de mi hijo tenia la fecha de un día tal y dos días más tarde ya estaba en la capital, allí poco tiempo había pasado…

Quedamos con el asistente social en que nos llamaría por la tarde. Y lo hizo. Quedamos en el hotel dónde nos alojábamos, y vino con cuatro o cinco personas. Una de ellas me la presentaron como la tía del niño, la madre de otro niño del grupo de adopción, un par de hombres, y una chica joven. Les di fotos de nuestra familia, trípticos de mi trabajo… y se los quedaba esa chica, que se parecía mucho al niño… A un cierto punto me dijo “enséñale al niño a hacer cosas tan bonitas como las que tu haces”. Y fue entonces cuando pregunté al de servicios sociales si esa mujer era de la familia del niño… No quiso traducir mi pregunta, me dijo que hablaríamos luego…

Luego, a solas, me dijo que era su madre, y me dijo su nombre, el mismo que salía en su historial.

Por suerte habíamos quedado para el día siguiente con la familia, sin asistentes sociales sin tiempo determinado, en su casa, en su terreno conocido. Allí obtuve más detalles de la historia, esos no hace falta contarlos. Ella tenía muy clara la decisión, estaba contenta de conocerme, por lo menos sabia con quien estaría su hijo. Me dieron un regalo para él, eso me alegró mucho.

Y conocí a otra madre, madre de otro niño del grupo de adopción. Otro niño que, como el mío, era huérfano en sus papeles. Una madre que no tenía más de su hijo que una foto carné en blanco y negro, una madre que me pedía otras fotos…

El encuentro fue bonito, un verdadero regalo de la vida. Y luego hubo el otro, el reencuentro con el de servicios sociales, quizá el mas duro.

En ese encuentro oí hablar de lo que les pagan por cada grupo de niños que mandan a la capital, de las exigencias de la ecai: tantos niños cada mes o dos meses, tal y tal rango de edad… Un verdadero mercado… Oí hablar de las familias que quedan allí, las familias biológicas, que de vez en cuando van a servicios sociales a pedir noticias de los hijos de los que nunca más sabrán nada… de sus lágrimas, de la necesidad de saber si por lo menos están vivos o muertos.

¿Quien pudo dormir esa noche?

Y todavía a la vuelta encontré un pediatra que trabaja en esa ciudad, alguien que oyendo mi narración se ponía a llorar, que me dijo que allí no tenían reactivos para hacer los elisa del sida… Y allí surgió otra pregunta: ¿Y los niños que salen de esa región y van a la capital y una vez allí se ve que son seropositivos? Habrían podido quedarse con las familias, y esas no van a saber nada más de ellos. Y ni siquiera van a tener la suerte que les desearon dándolos en adopción.

¿Adopción a cambio de órganos? ¡Increíble!

Clasificado bajo: Adop. Internacional, Reflexiones al sol, adopcion-y-etica, media — Beatriz S.R. a las 8:10 pm el Viernes, Marzo 14, 2008

Hace unos días una buena amiga me pasó el link de la página de Medical Adoptions. Ya desde la primera frase, se me hizo un nudo en el estómago: “El órgano que necesitas, el hogar que ellos merecen”.

Tuve que releer varios párrafos para asegurarme de que no entendía mal. La supuesta agencia de adopción explica que el tráfico de órganos es ilegal, pero que si necesitas un riñón, puedes adoptar un niño. Aclaran que esta fórmula no es válida para transplantes de corazón, pero sí para otros órganos no vitales entre los que se listan el hígado, el pulmón, el ojo, los intestinos (”hasta 50 cm” aclaran) o las transfusiones de sangre.

La página no tiene desperdicio. La sección de FAQ argumenta que la donación de órganos entre familiares es perfectamente legal y, puesto que los niños están deseando donarlos a cambio de una vida mejor, no existe tampoco una cuestión ética. Es una buena idea para aquellos que “tienen mucho amor que dar”.

Sobrecoge el apartado de tarifas, que clasifica a los menores adoptables según su procedencia. El “Platinum Package”, el más caro, es para niños blancos. También está el “Golden Package” (asiáticos) y hasta la mejor oferta (”Best value” dicen ellos) para los africanos. El precio de la adopción varía también dependiendo de la edad del menor ¡y del órgano que se desee!

Tarifas del “Golden Package”

En la web hay hasta un fotolistado de niños con órganos disponibles. Allí encontramos la historia de la pequeña Angela (6 años) a la que se describe como una niña preciosa “con riñones perfectos”. O la de Natia (15 años) rescatada de las redes de la prostitución infantil, que ha estado libre de los pecados de la carne desde que descubrió a Dios, pero que sugiere que este tema ¡”es negociable”!

La primera vez que entré en la página tuve que cerrarla con un ataque de asco infinito, bloqueada por la indignación y la náusea. Luego, con el paso de las horas, me fui dando cuenta de que obviamente la web no es lo que parece.

Leída con detenimiento, la web da suficientes pistas para entender que no, que no se trata de una agencia legal o ilegal que venda unos servicios repulsivos. Está hecha con astucia, calcando el lenguaje “sensible” (o sensiblero) de muchas agencias legales de adopción internacional que anuncian sus servicios en internet. Tiene una apariencia verosímil, muy currada, pero son demasiadas las incongruencias y las barbaridades.

Ni se sostiene que alguien pueda insinuar que los niños están dispuestos a aceptar que las relaciones sexuales entren en el trato ni que puedas elegir un donante a través de una foto (no es tan sencillo encontrar donantes compatibles con el enfermo). Nadie que conozca mínimamente los procesos de adopción puede creerse tampoco que estén en disposición de tramitar en cualquier país (Corea, Rusia, México, Panamá, Chequia… ¡la lista es enorme!) y encima en unos plazos de 20 a 28 días. El cuestionario de registro, leído con frialdad, hasta puede resultar hilarante. Te preguntan si has sido condenado por violación o abusos de menores, pero te aclaran que las preguntas son un puro trámite y que no se usarán para denegar una solicitud. ¡Si hasta te preguntan si has comprendido que dentro del acuerdo está el comprarle un coche al adoptado!

La pregunta entonces es ¿quién y con qué objeto se ha tomado el trabajo de realizar esta web? Otra buena amiga me sugiere que se trata a buen seguro de una crítica ácida y feroz al sistema y que, como tal, es magistral. Y seguramente está en lo cierto. Una parte de mí se alegra de encontrar una explicación plausible, pero entonces surgen dos nuevos interrogantes:

- Si hay quien no logra entenderla como tal, y se traga el cuento, ¿es efectiva? Por desgracia somos capaces de asumir que existen injusticias atroces sin que eso nos robe el sueño. La muerte de niños y civiles en los conflictos de Oriente Medio, por ejemplo, nos sobresaltan por un minuto, y después seguimos con nuestra vida…

- Y la cuestión tal vez más espinosa: ¿qué tipo de civilización incivilizada hemos construído donde una cosa así nos puede llegar a parecer verosímil?

Espero que se reciban en la Interpol (children@ interpol.int), en la Guardia Civil y en webs como la de protégeles un montón de denuncias. Eso significaría al menos que todavía somos capaces de escandalizarnos y de actuar en consecuencia.

El círculo de la adopción

Clasificado bajo: Historias personales, Reflexiones al sol, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 11:24 pm el Martes, Enero 15, 2008

Por Xavier G.

Empecé la aventura de la adopción convencido de que era indispensable un conocimiento previo del país de origen de mi futuro hijo. El entender su cultura y filosofía de vida debía servir de herramienta para elaborar nuestro futuro juntos.

Un 2 de noviembre de hace tres años viajé a Katmandú, entrando de lleno en el mundo de las adopciones. Con la maleta llena de ilusión, con las mejores intenciones y conociendo el país. Aunque me creía preparado, no alcanzaba a ver la complejidad del camino que estaba emprendiendo. Intencionadamente escapé de los circuitos establecidos, escogí una adopción libre y directa sin involucrar ECAIs u otros intermediarios. El camino era más complejo. Las vías oficiales no ven con buenos ojos a quien escapa de sus redes, desaconsejan vivamente esa opción argumentando los peligros que acechan. Yo estaba firmemente convencido de que, ocupándome en primera persona de seguir todos los pasos de la adopción, me aseguraría de que ésta fuera transparente y limpia.

Saber donde nació mi hija, su origen étnico, la composición de su familia, su idiosincrasia, asegurarme y comprobar que los datos aportados (su orfandad y abandono de la familia extensa) eran verídicos fueron una de las prioridades. Rastrear su ingreso en la fundación en la que vivió diversos años era de vital importancia. Una vez asentadas las bases, reconocido y comprobado su pasado, creía (como la mayoría de adoptantes) que con amor y afecto todo se podía superar. El pasado era eso, simplemente pasado.

Recuerdo el primer encuentro como entrañable y sencillo. Tomando un masala (té con leche) en la fundación, ella se acercó mirándome fijamente. Me dijo: “Namaste”. “Namaste”, respondí. Empezamos el camino juntos, día a día nos descubríamos y vinculábamos, día a día ella se convertía en mi hija y yo en su padre. Día a día nos “adoptamos” mutuamente.

Pasé nueve largos meses en su país, aprovechando para indagar sobre lo que me parecía fundamental: reconstruir junto a su familia sus orígenes y su historia antes de que entrara formar parte de mi vida. Conocer el lugar donde nació, donde se crió, cuáles fueron sus primeros pasos en la vida, saber el porqué de su orfandad. Quería saber toda su historia, consciente de que ésta debía servir como vehículo de integración a nuestro mundo. En medio de la búsqueda de sus orígenes, seguían papeleo y burocracia interminables, a veces agotadores. La esperanza y la impotencia hacían contrapeso a la alegría cotidiana de ver reforzarse nuestro vínculo. Ella no era ajena a toda esa incertidumbre, sufriendo ante la lentitud del proceso y rezando a sus dioses para que los “papeles” llegaran. Su expediente de adopción estuvo apilado durante meses en la estantería de un ministerio gubernativo corrupto e insensible, ajeno a la realidad de cientos de niños de la calle y orfanatos. El país que había aprendido a amar, me mostraba su lado más oscuro.

Tras meses de tensión y espera y, finalmente, un día monzónico, mi hija pudo embarcar en el avión con destino hacia su nuevo hogar. Días más tarde, un salvoconducto me permitía dejar el país donde había visto florecer a mi hija. En el camino quedaban alegría y llanto por una cultura, una filosofía y unas gentes que habían conquistado mi corazón. En ese momento creía que el círculo de la adopción se había completado.

Hoy, tres años después de ese primer encuentro, me enfrento a una nueva realidad: el círculo sigue abierto. Siento el peso de las incógnitas que planean sobre nuestros hijos ensombreciendo su futuro, la impotencia ante todas esas vidas arrancadas. Las dudas y preguntas, ¿realmente estaba preparado y comprendía el significado de la adopción? ¿Somos conscientes, al comenzar el camino, de lo que supone despojar a todos esos niños de su pasado sin saber nada, o muy poco, sobre sus orígenes, ni sobre la veracidad de esas historias? ¿No los abandonamos a la soledad en esta sociedad nuestra llena de contradicciones e incoherencias? Un lugar donde siempre habrá alguien que les recuerde que son diferentes y los señale por el exotismo de sus rasgos o el color de su piel…

Hoy, tres años después, me siguen asaltando las dudas, no sobre sus orígenes ni sobre su historia, que me preocupe en comprobar y conocer. Las dudas son de carácter ético ¿Fue una adopción todo lo transparente y limpia posible? ¿O también, de alguna manera, pertenece al mercadeo de esta industria lucrativa? Hoy mis dudas van en otra dirección. Reflexionando me pregunto si la adopción es el camino idóneo para restablecer el equilibrio entre nuestro mal llamado “primer mundo” y ese denostado tercer mundo. ¿No seremos los nuevos colonos expansionistas del siglo XXI? ¿No será la adopción internacional otro acto más de egoísmo que engendramos en esta vida?

Por otro lado, ¿qué hacer con toda la información obtenida? ¿Archivarla, completando el álbum de fotos? ¿Pasar página y dar por concluido el capítulo, hojeándolo cada año, como las viejas fotos de vacaciones familiares? ¿Cómo emplear toda esa información para que no se pierda, para que sirva de instrumento en la formación de la identidad de nuestros hijos? Hay que evitar caer en el error de dejarla en el álbum solo para nuestra gratificación personal, para recordarnos que hicimos “lo correcto”. ¿Cómo transmitir a nuestros hijos sus orígenes, su cultura, su país, en una sociedad que continuamente aniquila lo diferente? ¿Como enseñar a nuestros hijos a querer, respetar y enorgullecerse de su pasado? Cada vez hay mas adoptantes que se preocupan por conocer las historias de sus hijos, evitando el error de ignorarlo o menospreciarlo. Aun así…¿estamos a la altura? ¿Como encajar esas piezas del puzle en sus vidas? Incluso con nuestras mejores intenciones como padres ¿podremos luchar contra la presión de una sociedad poco preparada para entender y respetar la diferencia y la idiosincrasia de nuestros hijos y de su pasado?

¿Somos conscientes que este círculo jamás se completará y de que deberemos seguir haciéndonos preguntas y dudando sobre las vidas arrancadas de nuestros hijos? Para proteger su identidad debemos, a veces, cuestionarnos cosas dolorosas, ponerlos a ellos en primer plano. ¿Estamos dispuestos a no caer en la tentación de obviar que la adopción tiene una función reparadora?

Gracias a mi hija he podido descubrir el significado de la paternidad, lo maravilloso que es contribuir al crecimiento y desarrollo de este pequeño ser, ella forma parte fundamental de mi vida y de mi historia. Me cuesta recordar como era el mundo cuando ella no estaba conmigo. Mi experiencia como padre es positiva y enriquecedora. Doy un paso atrás e intento ver la situación con perspectiva, veo el volumen de las adopciones internacionales, la escasa preparación con la que comenzamos el camino la gran mayoría de adoptantes, las contradicciones con las que nos encontramos y a las que tenemos que hacer frente…¿es ético seguir adoptando en las circunstancias actuales?

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Buscando respuestas en Addis

Clasificado bajo: Montse - Lugano, Reflexiones al sol, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 9:55 pm el Miércoles, Diciembre 12, 2007

Buscando respuestas en Addis“¿Qué tipo de información quiere? ¿Por qué no comprobó los documentos y buscó información cuando vino a adoptar a sus hijas?”

Sentada delante del funcionario de policía, en el humilde despacho de esta mujer con galones, medito la respuesta. No es el primer policía con el que hablo, ni el primer despacho en el que me siento. Gracias al privilegio de ser blanca siempre me han abierto la puerta, aunque no siempre he sido bien recibida.

Parece que he encontrado a alguien que muestra interés en escucharme y no quiero desaprovechar la oportunidad. Delante de la mujer con galones valoro la situación. Hasta ese momento la conversación avanzaba de forma rígida y lenta. Hasta ese momento he medido las palabras con cuidado para no tropezar… No he olvidado ni por un momento que me encuentro en el despacho de un alto cargo de policía de un país que puede ser cruel con sus ciudadanos y que no respeta los derechos humanos. Esta ciudad cuenta con 90.000 niños de la calle… ¿qué importancia puede tener mi historia para esta mujer?

Durante el viaje de la adopción mis prioridades eran otras: los problemas de salud de las niñas, los detalles burocraticos por ultimar… Esas niñas que irrumpían con fuerza en mi vida requerían todas mis energías. Tampoco daba demasiada importancia al tiempo que habían vivido en “su” país. La vida es larga, pensaba, y unos meses en el océano de una vida se pierden. Si a eso le añadimos la falta de estímulos externos (la representante de mi agencia estaba más interesada en ofrecernos ceremonias del café, itinerarios turísticos y tiendas de souvenirs que información concreta sobre las niñas), se perdona mi falta de sensibilidad sobre el tema.

Por otro lado, de forma inconsciente, para mí mis hijas habían nacido al reunirnos y juntas comenzábamos a escribir nuestra historia. Mis hijas no fueron “reales” hasta algún tiempo después. Durante la preparación a la adopción, ningun intermediario ni experto en el mundo de la adopción mencionó la importancia de atesorar y guardar la historia de mis hijas. No despertaron mi conciencia ni me ayudaron a ver el respeto que merece la historia de cada niño.

Ni que decir tiene que con la asignación nada cambió: seguía sin ver al niño real, al ser humano que escondía la foto borrosa y mal definida que me enviaron. Un día entiendí, por fin, que mis hijas no habían nacido solas, que su madre –esa que nosotros llamamos “biológica”– les había dado la vida, llevado en su vientre y transmitido misterios que yo solo puedo intuir. ¡Sin ella mis hijas no existirían! Toda información puede ser importante, cualquier dato relevante. Comprobar la documentación, buscar testigos, detalles que den vida a una historia… debo buscar y lo que encuentre transmitírselo a mis hijas pues les pertenece.

Dónde, cuándo, cómo, por qué… Preguntas que ya estaban ahí desde siempre, adquirieron una nueva dimensión. Un dia mis hijas preguntarán y yo quiero poder decirles que he buscado respuestas, porque siempre he estado de su lado. Buscar cualquier dato relacionado con el tiempo que vivieron en su país de origen y guardarlo para entregárselo a medida que crezcan adquiere vital importancia. En el país que vio nacer a mis hijas, la vida no esta informatizada y muchas calles no tienen nombre, así que no puedo perder tiempo. Debo ponerme en marcha antes que el tiempo borre las huellas que en el futuro pueden ayudar a mis hijas a recomponer el puzle de sus vidas.

“¿Qué tipo de información quiere? ¿Por qué no comprobó los documentos y buscó información cuando vino a adoptar a sus hijas?”, repite en su inglés vacilante la mujer con galones.

Respiro hondo, la miro a los ojos y le pregunto: “¿Usted es madre?”

Los “huérfanos” del Chad y el respeto a las leyes y el derecho

Clasificado bajo: Reflexiones al sol, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 11:31 pm el Domingo, Noviembre 4, 2007

Por Beatriz San Román

Desde hace ya varios días, todos los informativos abren con noticias sobre lo ocurrido en el Chad. Un día sí y otro también, el tema surge en conversaciones con amigos y conocidos (será porque tengo un hija que, a primera vista se ve, es adoptada). Así que me he forzado a seguir las noticias para, al menos, poder dar la réplica.

En la radio y la televisión, se ha oído de todo estos días. Hasta se han llegado a oír razonamientos del tipo “claro, con lo que tardan los procesos de adopción”, como si eso justificara algo de todo este desaguisado. Como afirma Tierra de Hombres, las acciones del “Arca de Zoé” en el Chad solo pueden ser calificadas de “irresponsables e ilegales” ya que “no respetan ni la Convención de los Derechos del Niño y de la Niña ni la Convención de la Haya sobre Protección de niños y niñas en materia de adopción internacional”.

Cuanto más datos salen en las noticias, más confuso se vuelve todo. Al principio, parecía que el “Arca de Zoé”, como si de un moderno Schlinder se tratara, se saltaba las leyes a la torera para salvar a niños y niñas abandonados. Eso, al menos, les habían contado a las familias francesas que los iban a acoger. Contrariamente a lo que se ha dicho en algunos medios, no se les había ofrecido una adopción “rápida y barata”. Ellos eran conscientes de que el proceso era irregular, y que acoger a uno de esos niños iba a ser de todo menos legalmente sencillo, pero –equivocadamente a mi juicio– creían que sólo saltándose las leyes podrían evitar que muchos de esos niños murieran ante la indiferencia de todos.

Según los responsables de la ONG francesa, idearon esta operación conscientes de que sería un escándalo, con el objetivo de azuzar la conciencia europea sobre la situación del Chad. Bueno, también teóricamente en beneficio de esos menores que teóricamente eran huérfanos y estaban a punto de morir. Ahora parece que los niños no eran huérfanos, y que la ONG solicitó al gobierno chadiano permiso para su traslado, asegurando que iban a un centro de acogida que habían creado en otra zona del país. Es decir, que en nombre de la solidaridad sacaron a los niños de sus familias y su país con engaños y mentiras.

Seguramente esperaban que los niños aterrizaran en París y que se montara un circo entre los defensores de devolver y abandonar a su suerte a 103 desvalidos “huérfanos” y los de saltarse las leyes y convenciones internacionales para evitarles una muerte inminente.

Cuanto más lo pienso, menos lo entiendo. ¿Estamos ante una utilización consciente de esas criaturas? Con el fin de sacudir nuestras conciencias (que comparto con ellos que necesitan una sacudida), ¿podemos pisotear los derechos de los niños y de sus familias, engañar y manipular a gobiernos y a quien haga falta?

Las leyes, y muy especialmente las dos que se mencionan, están hechas para garantizar la convivencia sin que nadie pisotee los derechos de los demás. Para eso existen. Y por eso son de obligado cumplimiento. En concreto, el Convenio de la Haya sobre Adop. Internacional, fue creado precisamente para eso: para garantizar que se adopten sólamente los niños que son adoptables. Cuando el Convenio exige garantías en cuanto a la orfandad o la renuncia por parte de los progenitores, no está alargando los procesos de adopción porque sí, está creando un marco que evite tratar a los niños como mercancía y traficar con ellos.

Uno de los medios para los que escribo me manda un mail pidiéndome una columna sobre qué tipos de garantías deben exigir los adoptantes a las entidades que tramitan las adopciones para no verse envuelto en un caso así. Ante el encargo, me doy cuenta de que el común de los mortales no tiene por qué conocer cómo funcionan los procesos, y que al verme pasear con mi hija pueden pensar “te podía haber tocado aquí”. No, no se confundan. Las familias que adoptamos internacionalmente no nos saltamos las leyes a la torera y exigimos que quienes nos gestionan el proceso también las cumplan. Lo del “Arca de Zoé” es un caso aislado que nada tiene que ver con los procesos de adopción internacional.