La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Cuando la adopci

Filed under: abandono,dolor,media,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 2:44 pm el Domingo, diciembre 7, 2008

 (La imagen es de uno de mis ilustradores favoritos: Miguel Gallardo).

Hoy el Magazine, el suplemento dominical de La Vanguardia, que se entrega también con una veintena de diarios regionales, publica un reportaje titulado “Cuando las adopciones fallan”.

Cuando me lo encargaron hace ahora un año, no era consciente de lo difícil que iba a ser escribirlo. Difícil porque no hay manera de obtener datos para cuantificar el problema. Difícil porque cada nueva historia de fracaso de la que tenía conocimiento era un drama en toda regla. Difícil porque una y otra vez te asalta el interrogante de si se podía haber evitado. Difícil porque, cuando el fracaso es inevitable, no siempre el sistema trabaja para dar una respuesta a los niños que lo han sufrido. Y, difícil en suma, porque soy madre y persona.

Versión digital del reportaje: Cuando las adopciones fallan.

O aún mejor, te lo puedes descargar en PDF: Cuando las adopciones fallan

En la versión web, se ha quedado fuera un parrafito que copio a continuación:

Condena en Irlanda. En 2006, el Alto Tribunal de Dublín condenó a Joe Dowse y a su esposa a indemnizar con 100.000 euros al pequeño de cuatro años que adoptaron de bebé y años después retornaron a un orfanato en Yakarta porque la adopción “no estaba funcionando”. El pequeño conservará además la nacionalidad irlandesa y el derecho de herencia sobre sus padres adoptivos.

"Soy adoptado": en primera persona

Filed under: abandono,ORIGENES — Beatriz San Román a las 11:45 pm el Domingo, octubre 5, 2008

En los medios se leen y se oyen muchas cosas sobre la adopción, pero pocas veces tenemos la oportunidad de oir la voz de los adoptados

Con el título “Sense embuts” (que se podría traducir como “sin tapujos”), TV3 estrenó esta semana un nuevo programa. La primera entrega iba dedicada a la adopción, y se construía a través de retazos de entrevistas con personas adoptadas: “ocho hombres y mujeres que fueron adoptados de pequeños hablan de la necesidad de conocer sus orígenes, de la relación con sus padres adoptivos y del modo en que les ha marcado que los abandonasen en la infancia. La mayoría ha buscado, con o sin éxito, a su madre biológica. En el fondo, dos preguntas: quién era y por qué me abandonaron”.

Aunque está en catalán, creo que se puede entender casi todo aunque no se domine la lengua. Y que además vale la pena hacer el esfuerzo. El programa se puede ver en este enlace.

Otro link interesante es Hablan los hijos, que recoge “Veinte cosas que desearía que mis padres adoptivos hubieran sabido”.

 

Palabras y sentimientos

Filed under: abandono,dolor,Historias personales,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 11:49 pm el Lunes, julio 21, 2008

Hace poco estuve cenando con unos amigos que tienen dos hijas adoptadas. La mayor (que está a punto de empezar 1º de la ESO, ¿doce años?), sin venir a cuento, de pronto me preguntó: “¿Tú tienes miedo de que te abandonen?”. Me pilló desprevenida, y creo que le contesté que sí, que creía que todos tenemos una parte de nosotros a la que le da miedo que nos abandonen o nos fallen las personas en las que confiamos. Y entonces ella me dijo, “ya… es que a mí ya me ha pasado una vez”.

Su respuesta me ha tenido varios días pensando en la importancia de enseñar a nuestros hijos no sólo a manejar sus miedos o su rabia, sino a entender las causas de sus sentimientos para poder hacerles frente. Creo que uno de los aprendizajes más importantes y complicados de la vida es entender por qué uno siente las cosas que siente. Y también creo que la palabra es el mejor instrumento de transmisión de conocimiento. Pero es un instrumento limitado: las palabras nunca son más fuertes que las vivencias.

Y eso que yo soy “mamá charlitas”, de esas que aprovechan las ocasiones que van surgiendo para hablar y poner las emociones y los sentimientos en palabras, y tratar de explicar cómo funcionamos los humanos. Cuando miro atrás, me doy cuenta de que mi padre era mucho más dado que mi madre a este tipo de conversaciones. Y, si sigo recordando, me doy cuenta de dos cosas:

– Hay cosas que me dijeron de pequeña que en ese momento no me sirvieron para nada (o eso me pareció) pero que con el tiempo (y cientos de repeticiones) calaron profundo. Un ejemplo: yo era un niña tímida patológica, y mi padre siempre decía: “la vergüenza no sirve para nada, vergüenza solo de pecar”. Aunque pasada por un cierto tamiz “laicista”, esa enseñanza repetida mil veces que en su momento no parecía ayudar en nada, la tengo completamente incorporada. (¡Si no de qué iba yo a llevar el pelo fucsia!). Y eso me lleva a pensar que no se trata de convencer a mi hija y de que me dé la razón en el momento, que uno no transmite con palabras los aprendizajes emocionales, que va “sembrando” esperando que llegue el momento en que a fuerza de repetición y madurez cobren sentido.

– Tambien hay cosas nunca verbalizadas que uno incorpora por la vivencia. Las enseñanzas no-habladas de mi niñez las llevo grabadas sin palabras, pero las llevo. Algunas son hábitos y reacciones aprendidas que me simplifican la vida; en cambio, las que no me gustan me ha costado mucho reconocerlas y desmontármelas, precisamente porque ni las tenía racionalizadas, pero ahí estaban.

La experiencia con mi hija me ha enseñado que hay cosas que por mucho que te las hayan explicado, por mucho que “se sepan”, se necesita vivirlas para saberlas. Y no una vez, sino muuuuuuuchas, sobre todo si has tenido experiencias antes en sentido contrario. Y aquí retomo con lo del miedo al abandono o “la herida primaria” como la llama Nancy Verrier en su interesantísimo libro The Primal Wound.

Confieso que, hasta que no lo he empezado a vivir, no he entendido todo eso de las heridas invisibles de la adopción. Tal vez porque me gano la vida escribiendo, tenía sobrevalorado el poder curativo de la palabra, como si lograr hablar de lo doloroso y explicarlo en un relato coherente fuera suficiente para cerrar las heridas.

En mi caso, había oído hablar de la luna de miel y de lo de después. La nuestra fue larguísima, y los primeros berrinches llegaron meses después. Me sorprendía la cantidad de rabia que podía caber en su pequeño cuerpecito de 80 c.m. de altura. Coincidía con la edad de las rabietas, pero me daba cuenta de que eran “más bestias” que las que había visto en otros niños… ¿o era una neura de madre primeriza? El tiempo pasó y también las rabietas. Y durante dos años, todo parecía colocado, todo era “normal”.

Luego, con el primer “desafío fuerte” (empezar el curso en clase nueva y con niños que sabían más que ella, que ya sabían las letras y ella no, etc.) llegó la primera racha de episodios de rabia y de poner al límite nuestra relación: “Si no lo hago bien en el cole, ¿váis a querer seguir siendo mi papá y mi mamá?”.

He aprendido en este tiempo que hay heridas que parecen cerradas y de pronto se reabren. Las situaciones o circunstancias que la hacen sentir insegura reavivan sus miedos que (gracias a Dios) proyecta hacia fuera en forma de enfado. Y también, creo que ahora estoy aprendiendo que no es suficiente con hablar y entender los miedos, que necesita sacarlos afuera, aunque sea a mordiscos y patadas, para comprobar que nada cambia, que seguimos ahí, que eran infundados.

¿Sirve de algo tener después una charlita sobre el tema? Pues cada vez lo tengo menos claro. La última vez me miró y me dijo “mami, ¿y si nos olvidamos que ha pasado?”. Y me pareció que tenía razón, que ella no necesitaba en ese momento volver a hablar de cosas que ya hemos hablado mil veces. Que su cabeza sabe y entiende, pero sus emociones van por otro lado.

Y aquí de nuevo la duda. ¿Simplemente necesita experimentarlo más veces? ¿O necesita que pongamos en palabras cosas que hasta ahora no poníamos? Siempre le hemos hablado de su historia desde el respeto y la comprensión a su madre biológica que no eligió unas circunstancias muy duras. ¿Será que necesita también que hablemos más, mucho más, de cómo vivió ella ese momento y de cómo le influye en lo que siente ahora?

El carnet gen

Filed under: abandono,Adop. Internacional,Adopcion interracial,adopcion-y-etica,dolor,Reflexiones al sol,Uncategorized — Beatriz San Román a las 3:30 pm el Jueves, abril 24, 2008

¿Carné genético para familias adoptivas? La presentación de este producto nos ha dejado a muchos con la boca abierta.

Resulta que ADECOP (la federación de ECAIS) y los laboratorios Lorgen han llegado a un acuerdo para comercializar un servicio dirigido especialmente al colectivo de familias adoptivas. O dicho de otra manera, para intentar convencernos de que necesitamos pagarles a ellos 495 euros del ala. Por este inmódico precio, nos ofrecen unas pruebas de ADN que certifiquen que nuestros hijos son nuestros hijos.

Sólo a un prodigio de los negocios amante de la serie C.S.I. se le podrí­a haber ocurrido venderlo como “la respuesta a una necesidad social”. Se nos dice que, en caso de accidente, contaremos con un documento que certifique que nuestros hijos son nuestros hijos.

Seamos serios: accidentes hay muchos, y algunos de ellos son mortales, cierto. Pero son absolutamente excepcionales aquellos en los que la policí­a recurre a hacer pruebas de ADN para saber quién era el fallecido. Primero están los documentos que pudiera portar, la identificación por parte de familiares, las huellas digitales, las radiografías dentales… Sólo en aquellos casos en que el cuerpo está tan deteriorado que lo anterior no es posible, se recurre a la genética.

Por un momento, pongámonos en el macabro supuesto de que nuestro hijo fuera uno de esos casos excepcionales y que muriera en un incendio y su cadáver quedara calcinado. Un simple pelo del cepillo con el que se peina servirí­a para certificar su identidad. Aunque si el tema nos obsesiona, siempre podemos cortarle una uña y guardarla en lugar seguro por si un dí­a ocurre una desgracia. No me imagino a ningún juez discutiendo la validez de esa prueba para recuperar el cadáver de un hijo.

Los argumentos de ADECOP y los señores de LORGEN para convencernos de que es algo que necesitábamos urgentemente no tienen desperdicio. Intentan ser de lo más persuasivo. Lógico, por otra parte, pues tratan de sacarnos un buen pico y saben que no tomaremos la decisión por impulso.

“La identificación de menores adoptados ofrece a los padres adoptivos interesados seguridad jurí­dica y tranquilidad personal”, afirma Javier Valverde, el director gerente del laboratorio.

“Esto resuelve una situación de inferioridad de padres adoptivos e hijos adoptados respecto al resto de la sociedad?” apostilla Javier Góngora, el presidente de ADECOP.

“No es un problema legal, sino de conciencia”, añade el representante de ADECOP sin ni siquiera sonrojarse.

“Este carné es, en muchas ocasiones, la única posibilidad de certificar el parentesco no consanguíneo entre el menor y sus padres”. Subrayo lo de “en muchas ocasiones” porque me parece totalmente grotesco. En los últimos veinte años, sólo a través de la adopción internacional, ha habido decenas de miles de adopciones. ¡Y ni un solo caso en el que una familia haya necesitado algo así!

Apelar a nuestra conciencia para vendernos masivamente (¡anuncian que estará disponible en las farmacias!) un producto que lo más probable es que jamás lleguemos a necesitar, me parece francamente inmoral. ¿Será que ahora que las solicitudes de adopción internacional han bajado un 30% las ECAIS buscan diversificar su negocio?

Mam

Filed under: abandono,Adop. Internacional,Adopcion interracial,dolor,Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 12:00 pm el Miércoles, marzo 19, 2008

(Hace poco, en una conversación sobre los duelos en la adopción, M. escribía lo siguiente. Con su permiso, lo reproduzco porque creo que muchos vemos en las cuitas de sus hijas reflejadas las de los nuestros)

Yo, que en esto de la adopción aprendo cada día, solo puedo decir lo duro que está siendo para ellos. Y a medida que crecen y son conscientes de lo que tienen aquí, son también más conscientes de que no saben –y lo que es peor, lo que nunca llegarán a saber– y lo que se perdieron allí.

Estos son algunas de las dudas que me plantean mis hijas (estamos teniendo un año de lo más… ¿profundo?), de 9 y 8 años y medio. Mi hijo pequeño todavía no plantea mucho, no se si porque es niño (las mujeres somos más “rebuscadas”), si por la edad –cumple 7 en un mes– o porque hace menos de tres que llegó a nosotros.

– Mamá, ¿tú lo harías?–. Se refiere a si la abandonaría. Esta es la primera pregunta de la mañana, un día cualquiera al despertarse.
– Mamá, estoy muy contenta de la familia que tengo, pero no puedo dejar de pensar en como debe ser mi familia de China… ¡Seguro que estupenda también!

Algunas veces, desde la cama, las he oido llorar. Les pregunto que es lo que les pasa, y su respuesta es única: “Estaba pensando en mi madre de China, y le hago una pregunta, una pregunta que tu no puedes responderme”. Después de insistir, me acaba haciendo la pregunta a mí: “Mamá (la de China) ¿porqué lo hiciste?”

Un día, estábamos viendo un anuncio de un programa de televisión, en el que solicitaban que se pidieran tres deseos. Mi hija contesta rápidamente:
– Mis tres deseos son:
1) Volver a la India
2) No hacer más terapia (hace diariamente una terapia de maduración visual)
3) Que no se destruya más la capa de ozono.

– ¿Y por qué quieres volver a la India?
– Para no ser diferente. Soy diferente, porque soy negra y vosotros sois blancos. Si estoy en la India, con mi familia India, todos seremos negros.

Otro día:

– Mamá, ¿me acompañaras a la India a buscar a mis padres de allí? Es que no quiero ir sola, y además, quiero que tú también los conozcas.

Hoy mi hija E., ha hecho un dibujo a su padre. En grande y en el centro: “Feliz día del Padre, Papá”. A la derecha, abajo y en pequeño: “Feliz día también para mi padre de China”.

Intento ponerme en la piel de mis hijas cada día. Solo saben que perdieron algo. No saben ni porqué, ni que es lo que perdieron. Y esa incógnita les perseguirá siempre. Algunos afortunados quizás lleguen a saber algo más, pero la mayoría se quedarán sin saber poco más de lo que nosotros les contemos.

En primera persona

Filed under: abandono,Adop. Internacional,Adopcion interracial,agenda,CORA — Beatriz San Román a las 10:12 am el Martes, marzo 18, 2008

Ana Kay, Danya Shao y Jennifer Jue-Steuck
Ana Kay, Danya Shao y Jennifer Jue-Steuck. Foto: AFAC

El jueves pasado, y dentro del programa de investigación financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología sobre la integración de los menores adoptados internacionalmente, se celebro la jornada “Jóvenes Globales: Generaciones Globales. Cosas que desearíamos que nuestros padres supieran”.

Para los que no pudieron ir, podéis ver algo de lo que se habló en los siguientes enlaces:

La adopción a lo largo de la vida

En 1ª persona: celebrar el aniversario de la adopción

En 1ª persona: ¿abandonadas o colocadas en una vida mejor?

"Mi marido es adoptado"

Filed under: abandono,dolor,Historias personales,ORIGENES — Beatriz San Román a las 1:42 pm el Viernes, enero 25, 2008

El texto que aparece bajo estas líneas ha sido enviado como comentario a este otro post antiguo

Yo puedo dar mi punto de vista de mujer de adoptado que está pasando los 6 meses más dificiles de su matrimonio despues de llevar juntos más de 8 años. Sin duda todo es por la carga emocional que tiene mi marido por ser adoptado, y que por varias experiencias emocionales fuertes en estos meses le están afectando terriblemente y, como no, a los que le rodeamos.

Escribo en esta sección al haber visto el caso de Javier, que se enteró siendo adulto, el de mi marido es similar. No se enteró que era adoptado hasta los 18 años. Se lo dijeron mis suegros un día tal que “pásame la mantequilla…te tengo que decir algo…siéntate…eres adoptado”. Unos meses antes habían decidido dejar la casa y la ciudad donde vivían para irse a vivir al campo, por lo que él se tenía que quedar solo. En unos meses sufrió el saber que su madre biológica le había abandonado…y, después, sus padres adoptivos de alguna manera también.

Nunca ha preguntado nada ni mis suegros le han contado nada. Es un tema tabú. Cuando nos casamos vio el nombre de sus padres biológicos en la partida de nacimiento, pero tiró el documento rápidamente en cuanto tuvo la informacion necesaria.

En el ultimo año y medio hemos pasado por unos cambios muy radicales en nuestra vida: dos hijos, cambio de casa, mis suegros son ancianos y han estado ambos con problemas de salud algo importantes… Mi marido siempre tiene la ilusion de que vendrán a vivir con nosotros pero, aunque él no quiera verlo, solo le piden ayuda cuando necesitan que les haga papeles del banco, que les lleven y les traigan…mi suegra no vino a conocer a nuestra hija cuando nació en verano ni tampoco a su bautizo. La tuvo que obligar mi marido a verla el día que la trajo a una operacion de espalda, pero ella ni se digno a salir del coche. En navidades pasamos unos días con ellos, pero ella no se dignó a cenar con nosotros porque está enferma (aunque sí se levanta para dar de comer a sus gatos). Eso sí, como han hecho con mi marido siempre, al final de las celebraciones habia un cheque de una cantidad para mi gusto indecente para que comprásemos regalos a los niños.

Mi marido nunca ha hablado ni habla de lo que siente por ser adoptado, con los “problemas”que ello pueda conllevar. Creo que tuvo que verse de nuevo ‘abandonado’ cuando mis suegros le dejaron, y que en esta etapa le gustaría que sus padres disfrutaran de nuestros hijos… pero le están abandonando una vez más….

Se habla mucho de los niños pero ¿y cuando es un adulto el que está sacando ahora todos los traumas que tiene y se siente de nuevo abandonado, él y sus hijos?

Esos traumas los está proyectando en los que le queremos y estamos a su lado. A mis padres y a mi hermana, les explico que se pone así con ellos porque en el fondo les quiere con locura y se pone a la defensiva atacandoles pero todo todo tiene un límite…. Yo que vivo con él el día a día, estoy llegando también a mi límite. Le quiero y quiero que esto salga y salga bien…Que seamos de verdad una familia… Algo que él tiene que entender qué es y lo que significa.