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El esc

Filed under: adopcion-y-etica,ECAIs,etiopia — Beatriz San Román a las 10:28 am el Lunes, abril 12, 2010

Hay cosas que desafían la lógica. Que no hay quien las entienda, vamos. Y lo que ha pasado y pasa con la ECAI Amofrem es una de ellas.

Varias familias han presentado denuncia ante la comunidad de Murcia por irregularidades graves en sus procesos de adopción. No es algo nuevo (aunque cada vez son más). En noviembre de 2008, algunas familias que habían denunciado a Amofrem contaron lo que les había sucedido en las listas de correo de adopción. Historias alucinantes, en las que había desde “errores” y falsedades varias en la información sobre la edad, el estado de salud o la historia de los menores adoptados hasta peticiones de donativos fuera de presupuesto. Pero más alucinante aún fue la respuesta de Salvador Gálvez, director de Amofrem. En un escrito bochornoso, que todavía está colgado en internet y se puede leer en este enlace, no sólo hacía gala de una demagogia barata para acusar a las familias engañadas de estar intentando acabar con la adopción internacional para perjudicar a los menores huérfanos, sino que se permitió el lujo de amenazarlas públicamente. Con el enrevesado y nada creíble argumento de que si firmas un contrato no puedes luego denunciar ninguna irregularidad porque eso sería “vicio de consentimiento”, aseguraba que debía informar a las autoridades etíopes de que las adopciones de los denunciantes eran “nulas” para que “el país pueda actuar en consecuencia y decidir si deben ser devueltos los menores”. Jurídicamente, el argumento es de risa; al margen de las leyes, solo se me ocurren adjetivos como deleznable para calificar una amenaza tan burda en un tema tan sensible.

El papel de la administración murciana ante las denuncias

Cuesta creer que nadie en la administración tomara cartas en el asunto, que no se exigiera una rectificación pública a Amofrem ni se le abriera ningún tipo de expediente. Como cuesta creer algunas de las respuestas de la administración a las denuncias que he tenido ocasión de leer. Cuesta creer que todo se justifique. ¿Que hay errores graves en las pruebas médicas? Bueno, es que estas cosas pasan. ¿Que algunos menores tenían más de 3 años de lo que decían sus papeles? Una confusión en la comunicación. ¿Que se exigen donativos extra fuera de presupuesto para el orfanato? Bueno, pues como es una cantidad fija, eso es “una garantía”. ¿En qué cabeza cabe semejante argumento? Todos sabemos que el Convenio de la Haya prohíbe exigir ese tipo de pagos porque son el engrasante de la corrupción, pero parece que para la administración murciana, mientras no se subasten, no pasa nada por comprar voluntades.

No contentos con justificar lo injustificable para que las denuncias no prosperen, resulta que ahora se les niega su solicitud de realizar los seguimientos postadoptivos anuales con una entidad distinta a Amofrem. Los seguimientos son una obligación contraída por los adoptantes con el país de origen (en este caso, Etiopía), y en espera de que se resolviera su solicitud, varias familias los realizaron con otros equipos y los entregaron directamente al MOWA, el organismo etíope responsable de las adopciones, quienes no les pusieron el menor inconveniente, al contrario.

Y, sin embargo, la administración sigue empeñada en que eso no es posible, y en que las familias tienen que “pasar por el aro”. Por más que lo pienso, no encuentro razones para seguir la lógica de este empecinamiento. ¿Se trata simplemente de “machacar” a las familias? Me parece poco creíble. ¿De garantizar el negocio de los seguimientos a los amigos de Amofrem? Pues por 300 eurillos al año, tampoco sé yo si merece la pena montar tal escándalo… ¿Lo que se pretende es desanimar a otras familias que han descubierto también irregularidades graves en sus procesos para que no denuncien? Me resisto a pensar que se pueda ser tan retorcido…

El colmo de los despropósitos es ya, como denuncia CORA en su web, que la administración murciana haya amenazado a las familias con comunicar a las autoridades etíopes que los seguimientos no se están haciendo por la negativa de las familias a realizarlos. Eso es, sencillamente, faltar a la verdad. Las familias quieren hacer los seguimientos pero, como es lógico, no quieren hacerlo con el equipo de la entidad a la que han denunciado por haber traicionado su confianza en lo más sensible, el proceso de adopción de sus hijos. ¡A mí me parece una pretensión de lo más lógica!

No entiendo la negativa de la administración a autorizarles a realizarlos con otra entidad en lugar de buscar una mejor solución (solución que, por otra parte, las familias ya han encontrado por sí solas). Los seguimientos son, además del cumplimiento de una obligación con el país de origen, una herramienta de extraordinario valor para apoyar a las familias en los procesos de adaptación e integración de sus hijos. Como las visitas periódicas al pediatra, los seguimientos son una buena forma de acompañar a los menores y sus familias en su desarrollo, de detectar posibles problemas y resolver las dudas que vayan surgiendo.  Pero para ello, es necesario un clima de respeto y confianza imposible de establecer con personas a las que se ha denunciado. Una vez más, con el empecinamiento de los adultos, los que salen perdiendo son los menores.