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Acogimiento de ni

Filed under: Uncategorized — Beatriz San Román a las 9:50 pm el miércoles, enero 20, 2010

Conocí al presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, el pasado otoño en la Facultad de Ciencias de la Educación de Badajoz, tras la clausura de unas jornadas sobre adopción y escuela. Estuvimos conversando cerca de 15 minutos, y me pareció un hombre cabal y prudente. Con un café en la mano, contaba que la etapa más dura que había vivido en su carrera había sido la de responsable de protección de la infancia. Le entendí perfectamente: para cualquiera con un mínimo de sensibilidad, no hay cosa peor que ver niños y niñas que sufren lo que no está escrito, y sentirse impotente ante su dolor.

Imagino que de esa sensibilidad nace la idea de ofrecer hogares extremeños para los menores haitianos. Las imágenes e informaciones de los medios de comunicación sobre el terremoto y sus consecuencias nos contraen el estómago. El cuerpo nos pide a gritos reconducir el dolor y la impotencia en alguna acción positiva. Nos dicen que miles y miles de pequeños se han quedado sin hogar, ¿por qué no ofrecerles los nuestros? Parece una ecuación de lo más simple pero las cosas no son tan sencillas.

Desde CORA que rápidamente ha colocado un comunicado en su página web, la Cruz Roja, Save the Children y la Plataforma por la Infancia se pide reflexión a aquellos que están pensando en que la mejor solución para esos niños es sacarlos inmediatamente del país. Los Servicios Sociales Internacionales han emitido una nota al respecto, que aparece reproducida en su versión española en la web de CORA. Sus argumentos son sólidos. No es el momento de pensar en acogimientos ni adopciones (que, por cierto, la ley de adopción internacional de 2007 prohibe en circunstancias como ésta).

Algunos piensan que es sólo burocracia lo que impide a esos niños ser acogidos en familias extremeñas o de donde sea. ¿Cómo pueden decir que estar allí es mejor que estar aquí? preguntan con incredulidad. Son niños que están viviendo una situación dramática. Muchos han perdido además de su casa (si es que la tenían), personas queridas en esta tragedia. Unicef, Cruz Roja y Save the Children, en colaboración con el gobierno haitiano, están organizando lugares seguros donde acogerlos y un registro de menores no-acompañados (leer más en la web de Unicef). La prioridad es reunirlos cuanto antes con su familia.

Imagino por un momento que sucede algo parecido en mi ciudad, una catástrofe imprevista de proporciones descomunales de esas a las que el cine americano nos tiene casi acostumbrados. Imagino que la ciudad queda devastada y que mi hija queda vagando sola por las calles en medio del caos. Haced la prueba, intentad imaginaros que es vuestro hijo el que queda perdido en el desastre. ¿Hay alguien que pueda imaginar que lo mejor sería que los cascos de la ONU nada más llegar lo sacaran del país y lo mandaran en acogimiento temporal a una familia japonesa?

Los niños que han quedado vagando solos por las calles de Puerto Príncipe necesitan ayuda y protección. Necesitan agua, comida …y, sobre todo, reencontrarse con los suyos. Si sus padres han fallecido, con sus hermanos mayores, con sus abuelos, con sus tías… ¿Cómo negarle a un niño en estas circunstancias el consuelo y el abrazo de quienes le quieren?

Hasta que no se hayan agotado las posibilidades de reagrupación familiar, ningún niño debería salir del país. Y eso, a buen seguro, llevará mucho tiempo. Ahora toca ayudar, pero de otra manera. En este enlace de RTVE están las cuentas de emergencia que han abierto diferentes entidades.