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La adopci

Filed under: Adop. Internacional,adopcion-y-etica,ORIGENES,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 9:35 pm el Domingo, abril 26, 2009

Por Maite Cortés

NOTA: Este post es continuación de La familia de mi hij@, ¿es mi familia? Cuando la adopción busca familias a niños que ya tienen una

Si la adopción es realmente una forma de proteger a los niños en desamparo, ¿por qué es cerrada? ¿No será que los padres adoptivos hemos antepuesto nuestros deseos y temores al sentido común y a lo que realmente seria mejor para nuestros hijos? Ahora intentamos arreglarlo defendiendo el “derecho a conocer sus orígenes”. Nos han vendido la idea de no mantener contacto porque “nunca sabes si van a pedirte dinero o a amenazarte”. O para proteger la “privacidad” de la familia biológica. No, no nos engañemos. La adopción se ha cerrado porque nuestro dinero hace y deshace para satisfacer nuestros deseos, para calmar nuestros miedos, y acallar nuestra conciencia.

Otra cosa es que hubieran intervenido los servicios sociales. En según que situaciones el contacto directo no puede ser fluído pero, aún así, la información y la posibilidad de acceder a ella debiera ser posible sin tener que esperar a que los hijos crezcan. Ese secretismo, esos hijos creciendo sin saber y sin acceso a esa información hasta que sean mayores… ¿Y antes qué?

La importancia de la familia biológica sigue infravalorándose. De ahí el hermetismo en adopción nacional, los informes con datos falsos en la adopción internacional, la cantidad de falsos “huérfanos”, la desidia de las Ecais por seguir aceptando esos “pequeños errores de traducción” como norma…

La adopción internacional debería ser el último recurso y debería ser abierta. Se debería exigir y preparar a los padres adoptivos para que así fuera. Eso posiblemente ayudaría a frenar la locura de expedientes y deseos de ser padres. Porque adoptarlos en el extranjero siempre da mas seguridad a los adoptantes de que los padres de nuestros hijos no van a aparecer por la puerta de casa. Y de un plumazo geográfico nos los quitamos de en medio.

¿Por qué se tiene que dejar a las familias adoptivas la decisión voluntaria de continuar el contacto con la familia bio? ¿Por qué no se nos exige? ¿Por qué no se nos prepara para ello? No en teoría sino en la práctica real. A la madre de mi hija le dijeron que era “muy afortunada” porque nosotros la queríamos a ella y al resto de la familia en la vida de mi hija. Cuando me lo dijo, me horrorice. ¿Por qué no es esto la regla en vez de la excepción?

¿Por qué no nos preparan como familias adoptivas para asumir esta relación? ¿Por qué tienen que ser las familias las que vayan a los países de origen de sus hijos a buscar, las que como familias decidamos trabajar, continuar, fomentar esa relación? ¿Por qué no se nos facilita a todos los padres adoptivos la continuación del vínculo? Nos hablan de que tiene una familia… pero no nos hablan de que esa familia es nuestra también.

Alguien me dijo una vez que entonces sería adopción sino acogimiento o algo así. Yo de legalidades no entiendo pero ¿no podríamos entonces plantearlo así? La adopción internacional legalmente como adopción pero emocionalmente como acogimiento porque eso es lo que hacemos cuando un niñó viene a nuestras familias teniendo ya una.

Mi hija es mía a efectos legales, pero sé que tiene familia en otro sitio. Una familia con la que tiene grandes vínculos, una familia que la quiere. ¿Por qué habría de querer a esa familia fuera de la vida de mi hija? Si la mayoría de nuestros hijos hubieran podido quedarse con su familia biológica, hubieran sido niños felices, muy felices. Y esto ha sido una revelación para mí.

Lo intuía pero no lo había visto tan claro como cuando vi a mi hija con su familia jugando y comiendo, como una más de ellos. Y la sentí más hija todavía, y sentí que no tengo derecho alguno a no continuar el contacto y facilitar la relación en todo lo posible. Son una presencia real en nuestras vidas, no una línea en su expediente o su “life book”.

No los siento como una amenaza, es una realidad que me ayuda a comprender mejor a su madre y sus circunstancias. Y, a la vez, me hace sentirme más madre de mi hija, de nuestra hija. Saber que la niña es feliz ayuda a su madre a sobrellevar su dolor. Un dolor que nunca jamás podré llegar a comprender, un vacío que nunca podremos llenar.