La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Ser madre no es lo que yo cre

Filed under: Uncategorized — Beatriz San Román a las 1:13 am el domingo, febrero 24, 2008

Por HCI

Me encantan los niños. Por eso, siempre fantaseaba con tener un hogar lleno de críos, en el que todos éramos felices y lo pasábamos genial. Yo era una tía (en el sentido literal de la expresión) estupenda, esa que comparte con los sobrinos travesuras, risas y complicidad contra el orden establecido (léase: los padres). También era una canguro muy divertida, que cantaba, bailaba, pintaba en papelotes en el suelo y les consentía casi de todo. Perfecto, todo perfecto… hasta que
llegaron mis hijas.

¿Qué hace que mi comportamiento con un niño no sea igual durante un corto periodo de tiempo, que cuando es para TODA la vida? Y eso que me planteo, es a la vez, la respuesta a mi pregunta. Pensaba que sería una madre divertida y “guay”. Y me sorprendo a mí misma cuando me veo desde lejos regañando, echando sermones, prohibiendo cosas ?hasta incluso las que antes he mencionado que hacía?, porque manchan, alborotan.

Ser madre te pone los pies en el suelo
Los niños son maravillosos pero también son cargantes, cuando son tuyos, claro. Cuando tienes
que despertarlos y no quieren, tienen que desayunar y vestirse rápido para ir al cole, y tampoco quieren. Cuando tienen que hacer los deberes y te cuesta un triunfo aún repitiendo las mismas
explicaciones mil veces. Cuando se pelean entre ellos, cuando tienen sueño o están cansados. Cuando lloran, chillan, protestan, contestan mal, comen mal, se sientan mal.

De repente, ya digo, mi tolerancia se acorta y, sin embargo, ¡son mis hijas! Debería ser al contrario, me digo, queriéndolas como las quiero con locura, tendría que ser más permisiva con ellas y menos exigente. Pero no. Porque las educo yo. Y educarlas supone ser a veces el “malo” de la película, el que marca los límites, el que se enfada, el que grita, el que dice NO. También el que acompaña y aplaude cuando va todo bien, el que comparte los buenos ratos y se divierte con ellas. Pero claro, esto último es coherente con como yo era; lo que me cuesta encajar es que yo sea dura como jamás pensé que sería.

Y no me gusta verme así, desde el otro lado. Y no estoy contenta conmigo misma. Y me siguen encantando los niños, porque me siguen sorprendiendo cada día, con su ingenuidad, su buen humor tres minutos después de una bronca, su buen corazón, sus ganas de reirse a todas horas, su cariño indiscriminado, su falta de rencores.

Ser madre
Pero todo lo bueno y todo lo bonito que tiene ser madre, ya me lo esperaba, por eso no me sorprende. Ser madre, pensándolo bien, no es ni mejor ni peor de lo que yo creía, pero eso sí, es mucho más difícil.

  • Ser madre es aprender un poquito más cada día a serlo. Analizar qué no me gusta de mí misma, para no repetirlo al dia siguiente.
  • Descubrir cosas bonitas todos los días en mis hijas, que me hagan ver menos oscuros los ratos grises.
  • Asumir que ellas tienen malos ratos, igual que yo, que todos.
  • Asumir que no seré tan divertida, tan “guay” como creía, a costa de plantearme muchos días si lo estoy haciendo bien o mal.
  • Acostarme a veces con la sensación de que puede que me haya pasado en algo. Y levantarme con buen rollo para que el día empiece bien, aunque haya dormido mal.
  • Permitir el descontrol parcial de muchas cosas. Mirar para otro lado
    y simular que no ves.
  • Y es un ejercicio de autocontrol, de paciencia y de buen humor diario. Aunque estés cansada, enfadada o preocupada. Y de saber aguantar el tipo, mientras hay rabietas al lado, o enfados, o malas caras cuando dices NO.

    Por supuesto también tiene cosas buenas y gratificantes. Aunque haya días que desee que terminen cuanto antes. Y me sienta culpable por sentirme así. Aunque haya días que no quiera ir a casa, o prefiera ir de tiendas sola, comer tranquila, ir a la peluquería tranquila, probarme ropa tranquila. Aunque eche de menos cosas tales como leer un libro que no sea sobre niños, educación, o cuentos. O ir al cine a disfrutar una película de mayores.

    Pero lo que jamás pensé es que de repente descubriera que ser madre me ha cambiado tanto, ellas me han cambiado todo tanto, que se han convertido en mi motor de vida, en mis pensamientos para todo, para planificar los días, hasta para comprar, para leer, para viajar. Ya no hay nada que no sea pensando en ellas, por y para ellas. Y eso creo que es por lo que ha cambiado mi forma de ser con los niños. Asumir la responsabilidad que supone que son tuyos, que dependen de ti, que es para todos los ratos y para siempre, crea un miedo y una sensación de responsabilidad tan fuerte que asusta.

    A veces, preferiría seguir siendo sólo tía. Y otras ?la mayoría por suerte?, estoy deseando llegar a casa a tirarme al suelo a jugar con ellas, cantando y bailando por toda la casa, hasta que toca la hora de la cena… Y entonces, vuelta a empezar.