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Filed under: adopcion-y-etica,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 11:31 pm el Domingo, noviembre 4, 2007

Por Beatriz San Román

Desde hace ya varios días, todos los informativos abren con noticias sobre lo ocurrido en el Chad. Un día sí y otro también, el tema surge en conversaciones con amigos y conocidos (será porque tengo un hija que, a primera vista se ve, es adoptada). Así que me he forzado a seguir las noticias para, al menos, poder dar la réplica.

En la radio y la televisión, se ha oído de todo estos días. Hasta se han llegado a oír razonamientos del tipo “claro, con lo que tardan los procesos de adopción”, como si eso justificara algo de todo este desaguisado. Como afirma Tierra de Hombres, las acciones del “Arca de Zoé” en el Chad solo pueden ser calificadas de “irresponsables e ilegales” ya que “no respetan ni la Convención de los Derechos del Niño y de la Niña ni la Convención de la Haya sobre Protección de niños y niñas en materia de adopción internacional”.

Cuanto más datos salen en las noticias, más confuso se vuelve todo. Al principio, parecía que el “Arca de Zoé”, como si de un moderno Schlinder se tratara, se saltaba las leyes a la torera para salvar a niños y niñas abandonados. Eso, al menos, les habían contado a las familias francesas que los iban a acoger. Contrariamente a lo que se ha dicho en algunos medios, no se les había ofrecido una adopción “rápida y barata”. Ellos eran conscientes de que el proceso era irregular, y que acoger a uno de esos niños iba a ser de todo menos legalmente sencillo, pero –equivocadamente a mi juicio– creían que sólo saltándose las leyes podrían evitar que muchos de esos niños murieran ante la indiferencia de todos.

Según los responsables de la ONG francesa, idearon esta operación conscientes de que sería un escándalo, con el objetivo de azuzar la conciencia europea sobre la situación del Chad. Bueno, también teóricamente en beneficio de esos menores que teóricamente eran huérfanos y estaban a punto de morir. Ahora parece que los niños no eran huérfanos, y que la ONG solicitó al gobierno chadiano permiso para su traslado, asegurando que iban a un centro de acogida que habían creado en otra zona del país. Es decir, que en nombre de la solidaridad sacaron a los niños de sus familias y su país con engaños y mentiras.

Seguramente esperaban que los niños aterrizaran en París y que se montara un circo entre los defensores de devolver y abandonar a su suerte a 103 desvalidos “huérfanos” y los de saltarse las leyes y convenciones internacionales para evitarles una muerte inminente.

Cuanto más lo pienso, menos lo entiendo. ¿Estamos ante una utilización consciente de esas criaturas? Con el fin de sacudir nuestras conciencias (que comparto con ellos que necesitan una sacudida), ¿podemos pisotear los derechos de los niños y de sus familias, engañar y manipular a gobiernos y a quien haga falta?

Las leyes, y muy especialmente las dos que se mencionan, están hechas para garantizar la convivencia sin que nadie pisotee los derechos de los demás. Para eso existen. Y por eso son de obligado cumplimiento. En concreto, el Convenio de la Haya sobre Adop. Internacional, fue creado precisamente para eso: para garantizar que se adopten sólamente los niños que son adoptables. Cuando el Convenio exige garantías en cuanto a la orfandad o la renuncia por parte de los progenitores, no está alargando los procesos de adopción porque sí, está creando un marco que evite tratar a los niños como mercancía y traficar con ellos.

Uno de los medios para los que escribo me manda un mail pidiéndome una columna sobre qué tipos de garantías deben exigir los adoptantes a las entidades que tramitan las adopciones para no verse envuelto en un caso así. Ante el encargo, me doy cuenta de que el común de los mortales no tiene por qué conocer cómo funcionan los procesos, y que al verme pasear con mi hija pueden pensar “te podía haber tocado aquí”. No, no se confundan. Las familias que adoptamos internacionalmente no nos saltamos las leyes a la torera y exigimos que quienes nos gestionan el proceso también las cumplan. Lo del “Arca de Zoé” es un caso aislado que nada tiene que ver con los procesos de adopción internacional.