La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Filed under: Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 5:59 pm el sábado, febrero 17, 2007

Por Beatriz San Román

Si no recuerdo mal, la primera vez que oí decir que por cada niño adoptable había 3 familias que solicitaban una adopción fue a un portavoz de UNICEF, que aclaraba que se refería a menores de 3 años sin necesidades especiales. Con posterioridad, he tenido ocasión de comprobar que los científicos sociales especializados en adopción no dudan del dato y lo dan por cierto. Pero… ¿de dónde sale? Es evidente que no existe un censo y, por tanto, es imposible conocer el número de niños y niñas exacto. Es, por tanto, una estimación basada en otros datos recogidos sobre el terreno.

La ONU estimó hace dos años que en África había 22 millones de personas infectadas por el HIV. Hay quien opina que la estimación no era ajustada, y que seguramente los africanos seropositivo no pasaban de los 14 millones; otros creen que eran por lo menos 3 millones más y que pronto se doblará esa cifra. A ninguno de ellos se les puede demostrar sin lugar para la duda la exactitud de la estimación, pero su falta de precisión no puede ser coartada para ignorar la incómoda realidad que refleja. Admitamos, a modo de hipótesis, que respecto al tema que nos ocupa los expertos de UNICEF y los estudiosos del tema se equivocan largamente, y que la relación no es de 1 a 3 sino de 1 a 2. ¿Cambiaría eso mucho las cosas?

La desproporción entre solicitudes y menores adoptables es especialmente difícil de aceptar para los que, como quien escribe, adoptamos pensando que había en el mundo muchos niños y niñas que necesitaban desesperadamente que nuestro egoísta primer mundo entendiera que no precisamos compartir genes para construir una relación padres-hijos. El dato nos pilla por sorpresa, y nos hacemos las preguntas que señalaba Silvia en los comentarios al post anterior. ¿De verdad hemos avanzado tanto en la corrección de las desigualdades y la pobreza? Es obvio que, como reconocía el propio Kofi Annan, estamos fracasando en esa lucha. Entonces, ¿qué ocurre? ¿Ya no nacen niños en el tercer mundo? ¿Qué se nos escapa en este razonamiento?

En algunos lugares, especialmente en el continente asiático, las medidas de control de la natalidad unidas al desarrollo económico han hecho que la necesidad de recurrir a la adopción internacional para proteger a la infancia desamparada haya disminuido. Corea, que en los 80 era el país que más menores daba en adopción internacional, tiene hoy una renta per cápita casi un 50% superior a la de Portugal. Resulta difícil explicar que continúe necesitando de la adopción internacional como entonces.

Si bien es cierto que el caso del sureste asiático no tiene equivalente en otras zonas del mundo donde la pobreza no deja de crecer, también lo es que, para una criatura que llega al mundo en un país pobre y en el seno de una familia en la que el hambre es una vieja conocida, no siempre la adopción internacional es la mejor opción. Como recuerda con insistencia UNICEF, buscar una familia a miles de kilómetros es la mejor opción cuando todo lo demás ha fallado, cuando no se ha logrado corregir la situación por la que el niño estaba en desamparo, ni se ha encontrado un hogar apropiado en el entorno del niño. Los programas de apoyo a las mujeres que tienen bebés a su cargo, la organización de cooperativas de comercio justo, la concesión de microcréditos, etc. etc. permiten a muchos niños crecer en sus familias.

Cuando en el post anterior escribí “se acaban los bebés”, no niego que había un ápice de provocación. En este momento hay en el mundo miles de bebés a los que sólo la adopción internacional puede proveer de lo que necesitan, pero también son legión los padres deseosos de convertirlos en sus hijos. Existe un desequilibrio “oferta-demanda”, tal y como ocurrió hace unos años en España, cuando las solicitudes de adopción nacional doblaban los niños adoptables. Como se recordará, en comunidades como Madrid o Cataluña, se optó entonces por cerrar la admisión de solicitudes.

Los peligros del desequilibrio

A diferencia de lo que ocurre en la nacional, la adopción internacional mueve mucho, muchísimo dinero. No nos gusta reconocerlo, pero para mucha gente es un lucrativo negocio. Ya sabemos que, ante una demanda insatisfecha, el mercado reaccionará haciendo crecer la oferta si los beneficios potenciales son suculentos. Ya lo está haciendo, y ante este dato uno encuadra en su contexto las noticias sobre las granjas de bebés desmanteladas en Guatemala o la falisificación de documentos de orfandad. Los mecanismos de control se están revelando muy insuficientes, totalmente desbordados por un tumor creciente de corrupción; los derechos recogidos en el Convenio de la Haya son pisoteados con regularidad.

Cerrar temporalmente las solicitudes de adopción internacional de menores de 3 años y reorientar las existentes hacia donde realmente se necesitan, sería una solución. Una solución hoy por hoy utópica y seguramente imposible de llevar la la práctica, pero si fuera posible, ¿sería la mejor? Le he dado muchas vueltas estos días. Un cierre, como en la nacional, respetaría el orden de solicitudes y, a medida que se necesitasen más familias, abriría el cupo de admisión. ¿Se protege así mejor el interés de los niños adoptables? No, seguramente se protege el interés de otros menores, precisamente de los que no deben ser adoptados aunque vivan en el tercer mundo. Para los menores que necesitan una familia que los adopte, sería mejor que se eligiera entre los solicitantes a los más idóneos, lo que nos lleva otra vez a una cuestión de difícil solución. ¿Quién o con qué criterios puede seleccionar a las familias más adecuadas entre las que merecen un CI?

Me congratula ver en las listas de adopción en las que participo que muchas familias de las que hoy empiezan el proceso manejan este tipo de información incómoda, pero necesaria. Hace unos años, el lema de los padres en proceso era “o confías o revientas”, pero hoy son muchos los que no están dispuestos a mirar para otro lado cuando huelen algo turbio y afrontan la adopción con un espíritu más crítico y más alerta.

Es un tema muy complejo, que a quienes nos toca de cerca nos sacude porque nos obliga a cuestionarnos si tal vez no tomamos decisiones muy importantes en base a creencias erróneas. Nos queda ?al menos a mí? mucho que reflexionar y que madurar todavía. Ante esa pareja que frenó su proceso de adopción porque entendía que con su solicitud estaba contribuyendo a aumentar la oferta de bebés y la corrupción de los procesos, no puedo menos que quitarme el sombrero… Y quedarme pensando que mi segunda adopción será de un niño mayor o no será.