La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Se necesitan diez minutos de tu tiempo

Filed under: Uncategorized — Beatriz San Román a las 1:58 pm el sábado, enero 27, 2007

Ana Berastegui nos pide ayuda en un nuevo estudio sobre la adopción que está realizando. Se trata de rellenar un pequeño cuestionario.

Son solo unos minutos, pero vale la pena. Todavía hoy, la investigación sobre la adopción es en nuestro país muy escasa, lo que nos perjudica a todos, en especial a nuestros hijos. Con demasiada frecuencia se oye a muchos profesionales repetir ideas y clichés imposibles de demostrar o rebatir. Necesitamos estudios serios, que nos ayuden a entender mejor todo lo relacionado con la adopción y nos permitan comprender qué recursos necesitan nuestras familias. Sin investigación, nunca conseguiremos profesionales adecuadamente formados, ni podremos reivindicar para nuestros hijos y nuestras familias una respuesta apropiada a sus necesidades.

Pues eso, que os ruego que le dediquéis cinco minutos a este tema. Podéis descargar aquí el formulario, y remitirlo a la dirección e-mail que se indica en él. ¡Gracias a todos por vuestra colaboración!

Los problemas derivados de la adopci

Filed under: Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 12:34 am el domingo, enero 21, 2007

Por Beatriz San Román

Desde nuestra sociedad occidental, seguimos viendo la adopción como una forma alternativa de ser padres. Ciertamente lo es, pero es ante todo una medida de protección de la infancia en desamparo. Sin embargo, todo el sistema parece orientado no a buscar una familia a un niño que carece de ella, sino en buscar un hijo para aquellos que desean ser padres. Solo así se entiende que hablemos de “problemas de la adopción” o “problemas por ser adoptados”. La adopción de por sí NO causa ningún problema, al revés, ofrece al niño un espacio para reparar sus carencias.

Las causas de los “problemas” están ANTES de la adopción. Me explico:

– Existe consenso entre todos los especialistas en que los dos primeros años de vida son muy importantes para el desarrollo de una sana personalidad.

– Nuestros hijos, aunque sean pequeños cuando llegan, han pasado por experiencias traumáticas que no viven los niños que crecen en la familia en la que nacen: rupturas importantes, institucionalización, etc. En algunos casos, hay además cuidados negligentes o maltrato.

– Por lo general, han estado en situaciones en las que tanto sus necesidades físicas como emocionales no han recibido la respuesta adecuada. Es lógico por tanto que su desarrollo tanto físico como psicológico se haya visto comprometido.

– Cuando llegamos a casa, todos vamos al médico. Nos preocupa evaluar su estado de salud FISICA: desnutrición, anemias, parásitos… Rápidamente buscamos ayuda profesional para reparar las secuelas que han dejado en su salud su vida anterior. ¿Y las huellas que ha dejado en su salud PSICOLOGICA? Pues resulta que como no se ven a simple vista, y a veces pasa mucho tiempo antes de que seamos capaces de detectar los “síntomas”, pasan desapercibidas. Pero es de cajón que lo que han vivido les ha marcado, ha modelado su modo de ver el mundo, lo que esperan de los demás y lo que sienten.

Detrás de cada adopción, tenga la edad que tenga el menor, hay un niño que ha sido duramente golpeado por la vida. Traen sus heridas en el alma, invisibles, pero reales. La adopción, por sí sola, no cura ni repara de forma instantánea esas heridas. Quizás al principio nos parezca que las han cerrado, que pasado el primer tiempo de adaptación, cuando ya sacan su rabia y la procesan, ya está. Pero no es cierto. A medida que crecen vamos viendo que las huellas que dejaron en ellos lo que han vivido están ahí:

– Hay niños que adquieren fluidez en su nueva lengua a velocidad asombrosa, pero que a medida que avanzan en los primeros cursos de primaria les cuesta más y más seguir el ritmo escolar. (Los especialistas dicen que una cosa es el lenguaje cotidiano y otra el académico, y que aunque manejan perfectamente el lenguaje en la mayoría de las situaciones, no tienen asentadas las estructuras de lenguaje para seguir una clase, donde se usa un lenguaje más abstracto).

– Las heridas que dejan en ellos el abandono o las pérdidas, la falta de un ambiente apropiado para que desarrollen su afectividad, su seguridad, etc. son difíciles de reparar, un trabajo de toda la vida para que consigan desarrollar todo su potencial. No importa, que hayan sido adoptados de bebés. A medida que crecen y entienden lo que han pasado, sienten unas veces rabia, otras dolor… ¡Y encima no siempre lo expresan de manera que los podamos entender!

Los familias adoptivas cumplimos una FUNCIÓN REPARADORA. Por el bien de nuestros hijos, es necesario que asumamos que, después de lo que han vivido, es imposible que su integridad psíquica haya quedado ilesa. Tenemos RETOS ESPECÍFICOS, y es necesario que nos informemos y que de una vez por todas la administración se decida a FORMAR PROFESIONALES que nos puedan ayudar a nosotros y a nuestros hijos.

Cuando asumamos que el objetivo de toda adopción no es tener un hijo sano y feliz sino reparar la situación de un niño que ha sufrido, estaremos en mejor situación para ayudarle a proyectarse de forma positiva hacia el futuro.

El embarazo de la Elefanta

Filed under: Uncategorized — Beatriz San Román a las 6:42 pm el lunes, enero 15, 2007

Por Paula Pahino

Soy maniática, terca, analítica y organizada, demasiado cuadriculada tal vez, y como Beckam, creo que tengo un desorden compulsivo que me hace colocarlo todo recto, alineado, por pares y hasta por colores, ¡hasta tiendo la ropa combinando las pinzas! El caso es que con 38 años me cansé de esperar la vida soñada y, simplemente intento soñar una nueva vida o lo más difícil todavía, vivir día a día y que cada día intente ser un sueño…

Por el camino se quedaron las ilusiones de casarme algún día (puedo vivir sin ello), de compartir mi vida con una pareja estable (eso lo llevo perfectamente), de tener una familia tradicional (siempre dije que sería madre), y eso, eso está por encima de todo, VOY A SER MAMÁ. Llevo mucho tiempo esperando, empecé a informarme en julio de 2004 y presenté los papeles para una adopción internacional en febrero de 2005. Tras pasar la idoneidad con la xunta de Galicia en agosto de ese mismo año, y haber recibido el 12 de Septiembre de 2006 la llamada –la ansiada llamada– de la Ecai Addis Galicia de Vigo para preparar los documentos finales, cada día me acerco más a mi hijo o hija Etíope, al que siento tan dentro como si estuviese embarazada y el que, aunque obvio es que no lo llevo en mi vientre, me da patadas y me ha revolucionado una a una todas las hormonas de mi cuerpo…

Mientras preparo papeles y me pongo las vacunas, completo las anotaciones en el diario de la adopción que he empezado para no olvidar ningún detalle y que ningún pensamiento se quede por el camino. Ojeo diccionarios de amárico –lengua oficial de Etiopía–, consulto páginas web para organizar mi viaje, miro y remiro la habitación que lleva más de un año preparada en mi piso y escojo carrito… ¡Qué cerquita está, y que lejos a la vez!

Supongo que la vida no es para verla pasar. Si no te subes al carro, se te va y no te enteras; si quieres algo tienes que buscarlo, cogerlo o, por lo menos, intentarlo. No me arrepiento de todo aquello que intento, tal vez si lo haga de cosas que he dejado de hacer, de cosas que soñaba y dejé por el camino… No es que yo no pueda tener hijos biológicos, simplemente no lo he intentado, no lo considero fundamental aunque mucha gente no lo entienda. Tampoco entienden que no sueñe con comprarme un piso y no me importe vivir de alquiler. O que me haya atrevido a montar un negocio en el que desarrollo la poca creatividad que mis problemas y aventuras diarias me dejan libre…

Ahora mis prioridades son otras, mi vida es distinta. Olvido planes y proyectos, cuadrículas pasadas… E intento sobrevivir a cada mañana. Estoy cansada, agotada, estresada y a veces sola; pero contenta, ilusionada y feliz por muchos motivos. Feliz por tener amigos incondicionales –los justos– pero que saben que esta aventura de la maternidad es la aventura de mi vida; feliz por no perder la ilusión pese a los malos momentos vividos; y feliz por sentirme valiente –como no tengo abuela, lo puedo decir– y también agradecida. Agradecida a quienes comparten sus reflexiones y se convierten en una gran e importante guía para hombres y mujeres que, como yo, no somos unas superwomans… ¡pero lo intentamos!

Filed under: Uncategorized — Beatriz San Román a las 4:05 pm el sábado, enero 13, 2007

Algunas veces, las ecais “pre-asignan” un niño o niños concretos a una familia que todavía no tiene el expediente completo. Partiendo de la base de que todo el proceso de adopción tendría que estar basado en lo que es mejor para los niños, creo que resulta escandaloso.

– Sabemos que el tiempo de institucionalización marca negativamente su desarrollo. Los niños no deberían estar más tiempo del estrictamente inevitable en un orfanato.

– Si “reservamos” un niño para una familia que todavía está preparando el expediente, le negamos la opción de asignarlo mañana mismo a otra que sí pueda iniciar inmediatamente los trámites. ¿Y si resulta que la primera familia, por lo que sea, tiene que paralizar su proceso? No sería la primera vez que sucede, hay accidentes, embarazos, cosas de la vida…

¿Quién es la ECAI para decidir que los niños prolonguen, sea en mucho sea en poco, su estancia en un orfanato? ¿lo hacen en beneficio del bien superior del menor???????

Filed under: Uncategorized — Beatriz San Román a las 11:58 pm el domingo, enero 7, 2007

La elección de ECAI es importante, ¡cómo no iba a serlo decidir quienes nos acompañarán y asesorarán en el camino para encontrarnos con nuestros hijos! Como en la elección del país, las familias nos sentimos perdidos, sin saber demasiado qué información debemos buscar para tomar la decisión. En ¿Cómo elegir ECAI?, Montse Felez –de quien sin duda recordaréis el excelente post “¿Cómo es ser madre de una niña negra?”– reflexiona sobre el tema y sugiere un listado de preguntas que pueden ayudar a tomar la decisión.

Descarga del documento: ¿Cómo elegir ECAI?