La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

El fin de la inocencia

Filed under: Reflexiones al sol,Stephanie — Beatriz San Román a las 11:00 am el lunes, noviembre 6, 2006

Por STEFANIE

No puedo decir que ésta sea una idea original mía. Es más: creo que es muy común a todos los que hemos adoptado, y que, igualmente, todos la hemos ido viviendo de forma progresiva. Me refiero a la pérdida de la ingenuidad con la que comienzas un proceso de adopción.

Al principio, pensaba que la cosa era bastante simple. Hay niños que no tienen familia, y a mí me encantaría poder dar una familia a un niño sin ella. Limpio, claro, sin dobleces. Por eso mi primer shock llegó cuando, en la reunión informativa de mi comunidad autónoma, nos explicaron que si hacía falta tanto papeleo era porque el tráfico de niños era una realidad. Parecía tan improbable? El tráfico de niños me sonaba a fines maléficos, de explotación sexual o de mano de obra esclava, de donantes vivos de órganos. No sé, algo muy alejado a lo que yo (y creo que todos los demás asistentes al curso) nos proponíamos. Y sin embargo, el tiempo me ha hecho ver que era cierto. No lo de los órganos, o la explotación o la prostitución infantil (al menos, eso espero), sino a que es tan horrible como cierto que hay un mercado de niños. Y es algo que me tiene totalmente descolocada.

He aprendido que a pesar de los millones de huérfanos que hay en el mundo, sólo una pequeña parte cumple los requisitos de la ?demanda?. Niños pequeños, sanos, sin historia conocida. A ser posible, blanquitos de piel. (Es curioso: incluso en regiones de piel oscura, el claro se sigue cotizando al alza). Y a medida que aumenta la demanda, ya aparece quien se hace cargo de encontrar oferta. Y quienes no tienen miedo a saltarse un par de reglas con tal de tener al niño soñado.

Y poco a poco, una se va enterando de cosas que no imaginaba. Casos de niños con informes falsos. Criaturas asignadas que no habían sido dadas en adopción. Países en los que hay quienes engañan a los padres con patrañas para que entreguen a sus hijos. O donde, directamente, los compran. Facilitadores que, según la cantidad de dinero que reciban, ?encuentran? niños a la medida de lo buscado. Muchos casos poco claros en los que, al final, la gente prefiere callar por el bien de los menores ? o por no arriesgarse a ser señalados con el dedo, a poner en peligro su proceso o ser los que den la nota. Y al final, te das cuenta de que sí, es verdad: el tráfico de niños existe. Y los promotores somos nosotros. Cuando pagamos. (Porque es más corrupto quien corrompe que quien se deja corromper). Cuando callamos. Cuando hacemos la vista gorda. Cuando tenemos miedo a preguntar. O incluso a responder.

Por eso, cuando amigos y conocidos se llevan las manos a la cabeza diciendo cómo es posible que se tarde tanto en adoptar habiendo tanto niño necesitado, no me queda más remedio que decir ?porque hay tráfico de niños?.