La aventura continúa

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Momentos trascendentes

Filed under: Stephanie — Beatriz San Román a las 7:53 pm el jueves, septiembre 7, 2006

Por STEFANIE

“¿Qué sentiste cuando te la dieron?”. Es una de las preguntas más frecuentes que me hacen sobre mi adopción. Y pienso que la gente espera una respuesta de inmensa emoción. Que la hubo. Y mucha. Pero, para mí, no ha sido la ocasión más significativa.

Me pasó algo similar cuando por fin, tras un retraso interminable de seis días sobre el resto del grupo, me comunicaron que ya podía ir a ver mi asignación. ¡Por fin! Salí corriendo, y al llegar, casi le arranco la hoja con la foto de las manos de quien la tenía. Llevaba ya una semana en estado de histeria máxima, elucubrando sobre la edad y el sexo de mi hijo, recopilando ropa para niños de dos años (el tiempo que yo le calculaba) e inmersa en una orgía de compras. Y cuando ¡por fin! vi la foto y supe quien era, el primer pensamiento que se me vino a la cabeza fue “menos mal que no he planchado toda la ropa que cogí para el beb酔. Muy prosaico, ¿verdad?

Mi esperad@ hij@ no tenía dos años, sino dos meses y medio. Era una bebé perfecta, hermosa, más pequeña de lo que nunca había imaginado. Y yo, que siempre había soñado con que me dieran un bebé, enfrentada a la realidad sólo pensé en la plancha…

He descubierto que a los momentos trascendentes no se les puede dar cita. Llegan cuando menos te los esperas. Por ejemplo, la primera vez que mi hija lloraba en brazos ajenos, desconsolada, y se calmó en cuanto la abracé. La primera vez que se divirtió jugando con mi cara. O cuando la fui a vacunar, y de repente yo (tan lógica, fría, racional) me tuve que salir porque no soportaba ver cómo la pinchaban y notaba un hueco en el corazón. La ocasión en que se volcó la Maxi Cossi y noté cómo se me paraban los pulsos… En esas ocasiones, la sensación de ser madre me golpeó brutalmente, con una intensidad inusitada, poniéndome al día con mi nueva realidad. No fueron fechas señaladas, sino momentos que se hicieron notar.

Y dicho esto que quede claro: ¡pienso seguir celebrando cada mes el aniversario del día en que conocía a mi hija! (Y, por dentro, el del día en que por primera vez, al despertarse, dejó de llorar y me dedico su mejor sonrisa al verme asomada a su cuna. Pero esa fecha quedará entre nosotras).