La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Filed under: Montse - Lugano,Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 6:04 pm el Martes, agosto 29, 2006

Por MONTSE – Lugano

A menudo para mi ser madre (adoptiva, que a veces me olvido!) de dos niñas negras es como andar sobre la cuerda floja, pero sabiendo que si pierdo el equilibrio quien se cae no soy yo, son mis hijas. Y eso me da mucho miedo. Ser madre de una niña negra significa:
Aprender lo que es el racismo y tener que aprender a combatirlo.
Sentirte algo negra y desear ser negra como tu hija.
Aprender a responder a tono y según las circunstancias a los comentarios de cualquiera, familiar, desconocido… ¡Todos se sientes con derecho a interrogarte!
Enseñar a tus hijas a proteger su intimidad, sin esconder su realidad (y eso es muuuuuuuuy difícil).
Sentirte un poco culpable por haberlas traído a este mundo tan blanco…
Interrogarte continuamente sobre qué es la identidad y para qué sirve.
Desear para tus hijas lo mejor, sin tener claro que es lo mejor. ¿Que se sientan africanas, cuando de africano solo tienen las personas que las engendraron? ¿Sentirse europeas, cuando muchos europeos no las reconoceran jamás como tales? ¿No sentirse nada?
– Esperar que sean guapas, simpáticas e inteligentes, para que el mundo “las trate bien” y les “perdone el ser tan negras”. Esperar que salgan cirujanos, cientificos…Sabiendo que eso no asegura la felicidad.

Cuando decidi adoptar me planteé cuáles eran mis limites:
– ¿Un niño que no tenga nuestro ADN? Por qué no… El equilibrio mental de mi familia da asquito, y si vierais a mi suegra…
– ¿Un niño negro? Si, no soy racista, adoptaría hasta un niño suizo y tengo muchos más prejuicios contra los suizos. Ademas el racismo es algo bastante superado en Europa…
Asi que comence con una base errónea y sin pensar en los problemas que podría tener esa personita por el hecho de ser diferente.
Dicen que uno de los elementos fundamentales para crear nuestra identidad es nuestro aspecto exterior, nuestra “raza”. Entonces la “raza”, el “color de la piel”… ¿son importantes? ¡No lo sabía! Asi que voy a hacer el esfuerzo de enseñarle algo de ….su (¿su?) cultura de origen. ¿Pero qué cultura de origen si llegó que no tenía ni un año? No lo sé…Yo, apátrida, no creyente y algo cínica, pero MADRE, voy a tener que enseñarles a querer y respetar un pais que no conocen y –dicho sea de paso– yo tampoco. Mostrarme firme durante la fase del rechazo a los orígenes, hablar siempre con respeto de sus padres biológicos, mostrando siempre comprensión, aun cuando uno no comprende nada…

Ser madre de una niña negra, a veces, muchas veces, duele. Duele por que la quieres, así como es, ¡perfecta!, y sabes que este mundo perfecto no es y la hará sufrir.
Comencé esta aventura de un modo inconsciente e ignorante y no me arrepiento. Porque aunque duela, tambien llena, alegra la vida, te hace pensar, buscar recursos, tener ganas de combatir la injusticia y de cambiar el mundo; en resumen, te entran ganas de ser una persona mejor. Y se me ocurre… ¿y si todos los blancos adoptaran a un negro?