La aventura continúa

Postadopción Blog. Nadie sabe más que todos juntos.

Con el d

Filed under: Historias personales — Beatriz San Román a las 11:32 pm el jueves, julio 13, 2006

Fue un 12 de julio, ayer se cumplieron tres años. A las 7.30 de la mañana, el avión despegó de Miami con destino a Puerto Príncipe. Como todas las madres en las horas previas a ver la cara de su hij@ por primera vez, sentía fuertes contracciones. Estomacales, pero contracciones al fin y al cabo.

A pie de avión, nos entregaron las maletas y cruzamos a pie la distancia que nos separaba de la terminal del aeropuerto. Recuerdo el impacto de la luz en mi retina y la lucha por mantener los ojos muy abiertos y tratar de grabar cada imagen en mi memoria. También recuerdo la sensación de sobrevolar, como en un sueño, lo que ocurría a mi alrededor, como si todo transcurriera a cámara lenta y sin sonido: el abrazo emocionado con Suzette, su sonriente “let’s go to the car”, su espalda mientras avanzaba decidida abriéndome camino entre la gente…

Tres minutos después, llegamos al desvencijado 4×4 donde esperaba Lamar, quien tras las presentaciones y los abrazos abrió la puerta trasera del coche y con la sonrisa y la mirada chispeante de un niño travieso me dijo “aquí hay alguien que te está esperando”. Y sí, allí estaba ella, “arregladita como pa’ ir de boda”, sudando como un pollito en su vestido de volantes, y con cara de no entender nada. Recuerdo la emoción de tomarla en brazos, sus pequeñas manos aferrándose a mi cuello, su ceño fruncido… También la rapidez con la que se quedó dormida apenas arrancó el coche. Haití es un país que te atrapa antes del primer parpadeo, lleno de colores vibrantes desconocidos en la guía Pantone. Pero de ese primer trayecto por carretera, apenas recuerdo instantáneas sueltas del paisaje. Embotada por sensaciones y emociones totalmente nuevas, apenas podía apartar unos segundos la mirada de esa pequeña que dormía profundamente en mi regazo, ¡mi hija!

Los días que siguieron fueron mágicos e intensos. Ahora, al recordarlos, pienso también en su madre biológica, en el regalo inmenso que le hizo a mi vida, en lo injusto de un mundo que no le dio la oportunidad de disfrutar viendo crecer a un ser tan hermoso. Dicen los libros de los psicólogos que los padres adoptivos tenemos sentimientos confusos en este terreno. Me imagino que se refieren a la necesidad de asimilar que lo más bello de nuestra vida llegó a nosotros porque el mundo es cruel e injusto. Por eso, sentimos una punzada en el estómago cuando nos dedican uno de esos odiosos comentarios del tipo “qué obra más bonita has hecho”. Que nadie se engañe, ser padre por el camino que sea no es una acción solidaria. Si realmente fuera esa nuestra motivación, bastaría con haber enviado lo que nos gastamos en tabaco para que nuestros hijos crecieran en el entorno que les vio nacer. No, la adopción internacional no es un acto de solidaridad ni una buena obra; en términos de “justicia mundial” no es sino un mal parche a una situación que nunca debiera darse.