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La raza humana

Filed under: Reflexiones al sol — Beatriz San Román a las 6:34 pm el martes, julio 11, 2006

Recientemente los científicos han cuestionando la validez del término “raza” para aplicarlo a la especie humana, pues las variaciones genéticas entre unos y otros grupos de individuos no son suficientemente significativas. ¿Debemos de acuerdo a los progresos de la Ciencia eliminarlo también en el habla no-científica? La cuestión ha despertado numerosos debates entre la comunidad de padres adoptantes. Hay quienes consideran que el término es ya hoy anacrónico, y se sienten ofendidos cuando se considera a su hij@ “de otra raza” por tener una herencia genética asiática o africana.

El debate tiene más miga de la que aparenta. La R.A.E. define raza como
“Cada uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos caracteres diferenciales se perpetúan por herencia”. Está claro que mi hija comparte con Sydney Poitier o con Etoo unos rasgos transmitidos en su herencia genética. La cuestión es si el tono de la piel o la textura del cabello son o no son “diferenciales”. ¿Qué entendemos por diferenciales? ¿Lo que marca una diferencia cualquiera? ¿una diferencia “esencial? ¿Lo son el color de la piel, la textura y color del pelo o el de los ojos? Mi cabello ?rizado y oscuro? se parece al de mi hija mucho más que al de mi vecina, tan rubia y alemana ella. Lo mismo puedo decir del color y la forma de los ojos…

Al hijo de otro de mis vecinos ?un chaval negro y fuerte que mide 1,85 m.? le para la policía una semana sí y otra también para pedirle la documentación. A él no le importa si la raza humana es una sola, pero tiene claro que, en demasiadas ocasiones, la gente le juzga antes de conocerle simplemente basándose en su físico.

Las familias que tenemos hijos… ¿cómo decirlo? ¿puedo decir aún “de otra raza” o mejor algo como “con características físicas que denotan que pertenecen a otro origen genético”? ?oh, oh, esto empieza a parecerse peligrosamente a los dodecasílabos de lo lo políticamente correcto?… Para entendernos: las familias que hemos adoptado en Asia, África, etc. estamos acostumbradas a que nuestro aspecto llame la atención. Coleccionamos estupidiarios de todas las barbaridades que nos dicen o preguntan auténticos desconocidos y nos vemos forzados a desarrollar estrategias de respuesta que protejan tanto la intimidad de nuestros pequeños como su autoestima. Y sabemos que tenemos que prepararles para los múltiples incidentes “raciales” (¿debería decir “derivados de los prejuicios y estereotipos ligados a sus rasgos físicos”?) que vivirán cuando crezcan y vuelen en solitario.

Como madre, no me quita el sueño la utilización de la palabra raza, mis desvelos van por otro lado. Una joven adoptada de pequeña en Brasil describía Madrid como un lugar hostil, donde apenas ponía un pie en la calle notaba miradas de desconfianza cuando no de abierto desprecio. De niña, paseando junto a sus padres, seguramente llamaba la atención, pero no había sentido esa hostilidad que ahora, al empezar su vida adulta y andar por la vida en solitario, se hace dolorosamente patente. ¿Seremos capaces de asumir que con toda probabilidad nuestros hijos se sentirán en algún momento discriminados? ¿Seremos capaces de entender su dolor y su ira? Y lo que es aún más importante, ¿seremos capaces de ayudarles a desarrollar una sana identidad y hacer frente a los prejuicios?