La aventura continúa

Postadopción Blog

La señora del autobús

Archivado en: Uncategorized — Beatriz S.R. a las 8:10 pm el Lunes, Febrero 1, 2010

Por M.E.

El sábado iba yo con mis hijos en el autobús. Me situé en la zona de los carritos con el pequeño y A. se sentó con otro niño, desconocido, en un asiento doble. Como los dos eran sociables, empezaron a hablar, bajo la atenta mirada de las dos acompañantes del otro niño.
De repente, una señora sentada al otro lado del pasillo pregunta “¿Y estos niños cómo se llaman?”. Le costó bastante entender el nombre del primero, Joan Marc (Juan Marcos), entender que no eran un nombre y un apellido, y entonces preguntó a A. (que tiene un precioso nombre indio): “¿Y tú qué nombre raro llevas?”.
A., sin ni siquiera mirarla, dijo “Ahora no me acuerdo”, y siguió hablando con el niño. La señora insiste y las acompañantes de Joan Marc me preguntan el nombre de mi hijo. Se lo digo, y entonces la señora empieza a decir “Que nombre más raro, este nombre no es catalán, aquí no nos llamamos así, bueno, tu amiguito que tiene dos nombres tan bonitos, que te dé uno, así tendrás un nombre normal”. Yo no daba crédito. Las chicas que iban con el otro niño tampoco, y contraatacaron diciéndole a A. que tenía un nombre muy bonito y muy original.
Pero yo cada día entiendo menos, la verdad.

Acogimiento de niños haitianos y camisas de 11 Varas

Archivado en: Uncategorized — Beatriz S.R. a las 9:50 pm el Miércoles, Enero 20, 2010

Conocí al presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, el pasado otoño en la Facultad de Ciencias de la Educación de Badajoz, tras la clausura de unas jornadas sobre adopción y escuela. Estuvimos conversando cerca de 15 minutos, y me pareció un hombre cabal y prudente. Con un café en la mano, contaba que la etapa más dura que había vivido en su carrera había sido la de responsable de protección de la infancia. Le entendí perfectamente: para cualquiera con un mínimo de sensibilidad, no hay cosa peor que ver niños y niñas que sufren lo que no está escrito, y sentirse impotente ante su dolor.

Imagino que de esa sensibilidad nace la idea de ofrecer hogares extremeños para los menores haitianos. Las imágenes e informaciones de los medios de comunicación sobre el terremoto y sus consecuencias nos contraen el estómago. El cuerpo nos pide a gritos reconducir el dolor y la impotencia en alguna acción positiva. Nos dicen que miles y miles de pequeños se han quedado sin hogar, ¿por qué no ofrecerles los nuestros? Parece una ecuación de lo más simple pero las cosas no son tan sencillas.

Desde CORA que rápidamente ha colocado un comunicado en su página web, la Cruz Roja, Save the Children y la Plataforma por la Infancia se pide reflexión a aquellos que están pensando en que la mejor solución para esos niños es sacarlos inmediatamente del país. Los Servicios Sociales Internacionales han emitido una nota al respecto, que aparece reproducida en su versión española en la web de CORA. Sus argumentos son sólidos. No es el momento de pensar en acogimientos ni adopciones (que, por cierto, la ley de adopción internacional de 2007 prohibe en circunstancias como ésta).

Algunos piensan que es sólo burocracia lo que impide a esos niños ser acogidos en familias extremeñas o de donde sea. ¿Cómo pueden decir que estar allí es mejor que estar aquí? preguntan con incredulidad. Son niños que están viviendo una situación dramática. Muchos han perdido además de su casa (si es que la tenían), personas queridas en esta tragedia. Unicef, Cruz Roja y Save the Children, en colaboración con el gobierno haitiano, están organizando lugares seguros donde acogerlos y un registro de menores no-acompañados (leer más en la web de Unicef). La prioridad es reunirlos cuanto antes con su familia.

Imagino por un momento que sucede algo parecido en mi ciudad, una catástrofe imprevista de proporciones descomunales de esas a las que el cine americano nos tiene casi acostumbrados. Imagino que la ciudad queda devastada y que mi hija queda vagando sola por las calles en medio del caos. Haced la prueba, intentad imaginaros que es vuestro hijo el que queda perdido en el desastre. ¿Hay alguien que pueda imaginar que lo mejor sería que los cascos de la ONU nada más llegar lo sacaran del país y lo mandaran en acogimiento temporal a una familia japonesa?

Los niños que han quedado vagando solos por las calles de Puerto Príncipe necesitan ayuda y protección. Necesitan agua, comida …y, sobre todo, reencontrarse con los suyos. Si sus padres han fallecido, con sus hermanos mayores, con sus abuelos, con sus tías… ¿Cómo negarle a un niño en estas circunstancias el consuelo y el abrazo de quienes le quieren?

Hasta que no se hayan agotado las posibilidades de reagrupación familiar, ningún niño debería salir del país. Y eso, a buen seguro, llevará mucho tiempo. Ahora toca ayudar, pero de otra manera. En este enlace de RTVE están las cuentas de emergencia que han abierto diferentes entidades.

Con el corazón encogido: Terremoto en Haití­

Archivado en: Uncategorized — Beatriz S.R. a las 2:42 pm el Sábado, Enero 16, 2010

Llevaba tres dí­as con el estómago en un puño, pero ayer finalmente eché hasta la última papilla. Creo que fueron las declaraciones del obispo Munilla diciendo que lo ocurrido en Haití­ no era tan grave como la miseria moral de los españoles las que colmaron el vaso. Ya sé que después las ha matizado, y conozco la iglesia lo suficiente para entender aunque no la comparta la lógica detrás de una comparación tan desafortunada que suena a exabrupto, pero eso no quita que esas meteduras de pata sean, para algunos como yo, un golpe que duele en la misma boca del estómago.
La preocupación por las personas queridas que viven allí, la imposibilidad de contactar por teléfono, las noticias sobre ellas que llegan con cuentagotas, las que no se sabe cuándo ni cómo llegarán. Duele. En lo más hondo.
Y, de otra parte, explicarle a mi hija lo que ha pasado y lo que está pasando, sin someterla a ese aluvión de imágenes escabrosas que yo misma me siento incapaz de asimilar (los adultos de la casa nos informamos por los diarios, la radio e internet; los informativos televisados han quedado vetados). Preguntarse por dónde andará su cabecita o qué le habrán dicho en el cole. Escuchar lo que dice (y lo que no dice) y encontrar respuestas adecuadas.
Algunas personas me han preguntado sobre dónde es mejor hacer un donativo y a quién. Aunque suelo ser más partidaria de las pequeñas entidades autogestionadas con pocos gastos de infraestructura interna y buen conocimiento del terreno, en este caso me decanto por la Cruz Roja, que tiene un cómodo sistema para donativos online, por varios motivos:
- Son de las pocas organizaciones que están pudiendo llegar al terreno de forma inmediata. Sin fuel para repostar, sin torre de control en el aeropuerto, con las comunicaciones terrestres destrozadas, hace falta más que buenas intenciones para que la ayuda llegue a destino.
-Aunque son conscientes de que ésta es posiblemente la catástrofe reciente más complicada de gestionar a la que se han enfrentado, tienen experiencia en situaciones de este tipo. Conocen las prioridades, los riesgos, lo que funciona y lo que no en una situación tan extraordinaria. Y eso, en estos momentos, es clave.

Una advertencia: es importante no dar los datos personales (y más si lo que piden son los de la VISA) a entidades no conocidas. El FBI advirtió ayer que han aparecido más de 400 webs sobre el terremoto. Muchas de ellas piden donativos para Haití­, y se teme que una parte de ellas sean fraudulentas.

Se acabó el 2009

Archivado en: Adop. Internacional, Adopcion y Escuela, CORA, ECAIs, Historias personales, Reflexiones al sol, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 2:42 pm el Sábado, Enero 9, 2010

Lamentablemente, no ha estado muy activo últimamente. Creo que, en gran parte, se debe a que las personas que normalmente escriben han estado más ajetreadas que de costumbre: mudanzas, nuevos trabajos, situaciones personales más o menos complicadas… ¡y yo que pensaba que la crisis al menos nos iba a traer más tiempo libre!

Por lo que a mí respecta, el 2009 ha sido un año… intenso. Ha sido un año muy guapo, lleno de pequeños momentos para paladear y saborear, mucho que pensar y mucho por hacer. Muchos posts se han quedado en el tintero mientras los días se me escurrían entre los dedos. El último trismestre pintaba tranquilito, pero finalmente ha sido un período muy ajetreado:

- Acepté muchas invitaciones para dar charlas en asociaciones, jornadas sobre adopción y también para seminarios en centros de recursos para profesores en torno a temas como la adopción y la diversidad en las aulas, el racismo en la escuela, etc.. De Gijón a Córdoba, de Cáceres a Girona, de Zaragoza a Badajoz… De cada viaje, me traje nuevas cosas en las que pensar,  y esa sensación de conocer gente que no resigna, que lucha y resiste para que las cosas cambien a mejor… ¡vitaminas para el alma!

- Tras el verano, nos comunicaron que el Ministerio ampliaba por tres años más la financiación del estudio sobre La integración familiar y social de los menores adoptados internacionalmente: perspectivas multidisciplinares y comparativas, que finaliza el próximo mes de marzo y que ahora cambiará su nombre para ampliar su temática: Adopción Internacional y Nacional: Familia, educación y pertenencia Es una excelente noticia, porque a estas alturas ya no tengo dudas de que es el más ambicioso de cuantos se han hecho sobre el tema en España y creo que, a través del intercambio entre los distintos grupos de trabajo que lo componemos, avanzamos cada vez un poquito más deprisa en descubrir y entender las complejidades que entraña.

- En octubre, volví a  la Universidad (a mi edad, a algunas les da por la liposucción y otras nos damos de bruces con formas más radicales de mantenerse en forma ja ja). Para rematar el mes, tuve un accidente de tráfico, que me ha dejado un problema en las cervicales que todavía me tiene en situación de baja, pero al que espero dejar atrás cuando acabe la rehabilitación.En diciembre, se publicaron finalmente dos reportajes sobre temas relacionados con la protección de la infancia en los que venía trabajando desde el 2008. El primero, al que finalmente pusieron por título Mimos de familia, lo disfruté enormemente. El segundo, Adopciones en la encrucijada, me obligó a mirar de frente las incongruencias y los fallos del sistema, y el drama enorme para todos los implicados que se esconde detrás de eso que eufemísticamente se llaman “irregularidades”.

- En el medio, asistí en representación de CORA a las jornadas sobre el marco de garantías en la adopción internacional organizadas por el Ministerio y el Gobierno de Aragón. Sabíamos de antemano que los discursos sobre la necesidad de extremar el control y las precauciones para evitar adoptabilidades fraudulentas de las asociaciones de CORA y de las ECAIs eran muy distintos; lo que no sabíamos es que los representantes de éstas últimas eran tan cobardes como para tratar de silenciar las cosas turbias que están ocurriendo mediante la difamación y la calumnia. Curiosamente, cuando se les ha solicitado vía bureaufax que asumieran o negaran la autoría del libelo que repartieron en las jornadas y que venía firmado por las distintas federaciones de ECAIs, han dado la callada por respuesta. El tema hubiera dado seguramente mucho de sí en el blog, pero me faltaron ganas y tiempo. Si a alguien le interesa, dejo los enlaces al comunicado de CORA y a mi respuesta sobre el tema.

Se acabó el 2009 y el 2010 me encuentra con muchos proyectos interesantes, muchas preguntas a las que encontrar respuesta y muchas ganas de seguir disfrutando de la vida, de mi familia, de los amigos… Espero que sea un buen año para todos, y que el blog se reactive… aunque sea con posts más cortos. ¡La aventura continúa! ¡Feliz 2010!

specialmente el último trimestre.

Apadrinamientos:
¿por qué ahora?,
¿cuáles son nuestros motivos?

Archivado en: Uncategorized — Beatriz S.R. a las 1:53 am el Domingo, Diciembre 6, 2009

Por Stefanie Milla

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Hace mucho tiempo, alguien me preguntó por qué no se hacían apadrinamientos en Mediterránea, algo muy habitual en otras ONGs. Las
razones eran muchas. Por un lado, como organización de voluntarios que
es, Mediterránea no tiene el personal para ocuparse de hacer fotos,
gestionar cartas o similar que requiere el seguimiento individual de
tantos niños. Por otro, pensamos, no era factible “discriminar” a unos
niños de otros. ¿Cómo se podían seleccionar a unos sí y a otros no?

Sin embargo, ahora estamos proponiendo apadrinar a unos niños: 22 en
la escuela Abugida y 10 en la escuela Birhan, aunque pronto se sumarán
más. ¿La razón? Ha sido la vida quien los ha seleccionado a ellos.
Porque son los niños más desprotegidos de nuestras escuelas.

Niños cuyos padres están enfermos, o que están al cuidado de una
abuela, aunque esa abuela sólo tenga una pensión de menos de 5 euros
al mes. Niños de los que se hacen cargo sus hermanos mayores, aunque
estos solo tengan 17 años y se hayan convertido en involuntarios
cabezas de familia cuando sus padres se han muerto o los han dejado.
Niños que están acogidos por una mujer que les quiere con todo el
alma, pero que tiene otros cuatro niños más y cuyo marido no entiende
por qué tiene que dar de comer a otra boca, cuando apenas les llega a
ellos.
Niños a cargo de un padre enfermo de sida que no ha dejado de acudir
al trabajo ni un solo día y que les saca adelante de forma ejemplar,
pero que sabe que puede tener los días contados.
Niños que son criados por madres enfermas de VIH, contagiadas por un
marido que se lo transmitió y que ya ha fallecido.

Son niños con circunstancias especialmente difíciles en una situación
ya difícil de por sí, pues no olvidemos que los alumnos de nuestras
escuelas están escogidos entre los más humildes, los más
desfavorecidos.

Son niños que necesitan algo más, y que sí son diferentes para lo
malo, han de serlo también para recibir una ayuda extra. Porque se lo
merecen, porque se merecen esa oportunidad.

Porque ni ellos ni nadie se merece vivir en la pobreza extrema, ni ser
un niño mendigo en la calle.

Porque sus padres se merecen saber que, aunque les pase algo, aunque
estén enfermos, sus hijos van a estar cuidados.

Yo no soy imparcial. Para nada. Conozco a muchos de esos niños.
Conozco a muchos de esos padres. Y tengo grabada a fuego a la madre de
una de ellas. Le juré que le ayudaríamos cuando supimos que ella
estaba enferma, muy enferma. Y me siento orgullosa de Mediterránea, y
de que realmente vayamos a ayudarla. Porque, por desgracia, no tengo,
ni Mediterránea tiene, esa varita mágica que pudiera curarla (¡ojalá!)
pero sí le podemos asegurar que sus hijos van a estar bien. Por eso he
apadrinado, por eso espero que haya más padrinos.

Yo tengo la suerte de que, si me pasara algo, no dejaría a mi hija
indefensa. Y sólo quiero que esos padres sepan que en su caso será
igual.


Más información: Blog de Mediterránea
Contacto: apadrinamediterranea@ gmail.com (sin espacio después de @)

Pensando en el ying y el yang
en un día perfecto

Archivado en: Uncategorized — Beatriz S.R. a las 10:45 am el Lunes, Noviembre 16, 2009

Por Stefanie Milla

Hoy he tenido un día perfecto con mi hija. Hemos jugado, nos hemos hecho cosquillas, hemos dejado que el tiempo se nos escurriera entre las manos, se ha abrazado a mí, me ha pedido y me ha dado mil besos, se ha acurrucado y dejado mecer en mis brazos… Ha sido un día precioso en la inmensidad de sus detalles, en el que, simplemente, todo parecía estar en su sitio. Un día dedicado a querernos, nada más. Sin rutinas, sin obligaciones. “¿Vamos al parque?”, le dije. “No, quiero estar en casa. Contigo”. Sólo quería eso: estar conmigo. Y nada más decirme eso, me dijo, “¡vamos a la cama a hacernos cosquillas!”. Tiradas, riendo, me decía que se quitaba mis besos mientras hacía como si se limpiara la cara. “¿Qué vas a hacer ahora”, me retaba. “¡Tendré que darte mil besos más!”. Y se reía y reía, con ese abandono y esa forma de reírse con todo el ser que tienen los niños de tres años.

Y ha sido precisamente hoy, cuando se ha dormido la siesta entre mis brazos (porque quería rendirse al sueño entre mis brazos “como cuando era pequeña”, me dijo), cuando la he mirado, con ese abandono del sueño de los niños, el día en que he pensado en cuánto se parece a su madre etíope. Tiene el mismo pelo, sus ojos, la boca, la nariz fina y chata. Ha sido otra parte bonita de un día bonito: saber que sé a quién se parece. Reconocer sus rasgos, como yo me reconozco en los de mi abuela y los de mi padre. Saber que ella tendrá en quién reconocerse, con quién buscar parecidos.

A menudo me repiten la “suerte” que tiene mi hija por ser adoptada. Otras me dicen que la suerte la tuve yo (y no puedo estar más de acuerdo). Y, en ocasiones, me dicen que qué “bonita” es la adopción.

Yo no creo que sea “bonito”. Tiene, como todo en la vida, partes buenas y partes malas. Para mí, la mayoría son muy buenas. Pero, ¿y para ella? ¿Quién soy yo para juzgar cómo será para ella? Confío en que haya ganado muchas cosas. Desde luego, me voy a partir el alma porque gane muchísimas. Pero también ha perdido. Ha perdido una madre, una familia que se parece a ella, un país, una cultura en la que no es extraña, en la que nadie cuestionaría su pertenencia. Ying y yang, dulce y salado, bueno y malo, luz y oscuridad: todo tiene varias facetas. Yo espero con todo mi corazón que para ella el balance tenga más luz que oscuridad, que tire más a lo positivo que a lo negativo, pero también creo que habrá momentos en que su adopción le duela. Y que aunque me quiera muchísimo, echará de menos a la madre que no ha conocido. Y pensará en ella, y le dolerá tenerla lejos. Creo que es compatible, del mismo modo que es compatible querer mucho a un padre – y también a la madre. El amor crece: no es finito, no se acaba. Es más: creo que cuanto más amor se tiene, más se produce.

Yo no podré ponerme en su lugar. No quiero pensar que puedo entender cómo se va a sentir por haber sufrido un abandono ni qué se siente al ver que no te pareces a tu familia porque, sencillamente, no lo sé. Puedo imaginarlo, puedo comprender, pero lo único que podré hacer es escuchar, escuchar y escuchar. Y respetar lo que siente, aunque me duela. Y, lo que es muchísimo peor, aunque le duela a ella. Pero para eso soy su madre: para la bueno y para lo malo, para siempre jamás. Sobre todo, cuando nos duela.

Reportaje en televisión sobre la adopciones en Etiopía. Impresiones

Archivado en: Adop. Internacional, dolor, etica-y-adopcion, etiopia, madres-biologicas — Beatriz S.R. a las 11:52 pm el Martes, Septiembre 15, 2009

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En este enlace, se puede ver un reportaje de la ABC australiana sobre las adopciones en Etiopía. Impresionante. Mucho. Parte de él está grabado con cámara oculta. Se muestra el modo en que las agencias de adopción reclutan niños en las aldeas, cómo falsean los datos de adoptabilidad, cómo engañan a las familias biológicas y a las adoptivas.

Me ha impresionado el abrazo de las dos madres de la primera historia, que es la imagen con la que se ilustra este post. A los padres adoptivos del niño les dijeron que su madre etíope tenía SIDA y estaba muy enferma. Tuve la desgracia de perder varios amigos cuando esta enfermedad era en España incurable,  así que no he podido menos que levantar las cejas con suspicacia cuando, tras esta presentación, aparece una mujer aparentemente sana y fuerte. Con todo, lo que más me ha impresionado de esta parte es ese abrazo, y el pensar en cómo lo que allí es todavía una enfermedad-estigma, aquí es ya casi una enfermedad crónica.

Me ha impresionado sobremanera las secuencias en que se ve cómo se reclutan los niños en las aldeas remotas. Sabía de estos métodos, también utilizados por los orfanatos que tramitan con ECAI españolas, pero verlo en vivo ha hecho que me estremezca. Se ve también cómo en la misma localización la representante de la agencia americana presenta a uno de los niños que han sido entregados como abandonado, y explica que hasta ahora estaba acogido en casa del señor que aparece sentado junto a él. El niño no mira a ese hombre, su cabeza se vuelve mientras busca con su mirada a alguien que no aparece en el cuadro. No puedo evitar pensar que tal vez busca a su madre… La mano de la mujer de la agencia trata de corregir la posición de su cabeza.

El reportaje presenta después a los padres de este niño. Los papeles de Tegene Boe (así se llama el pequeño) recogían la historia que antes contaba a cámara la responsable de la agencia, explicando que se trataba de un niño huérfano abandonado. Entre sus papeles había una foto en la que el niño aparecía junto a las personas que supuestamente lo encontraban. Cuando los padres adoptivos mostraron la imagen al niño y señalaron a la mujer que en ella aparecía, el niño dijo que era su madre. Impresiona ver la cara desencajada de la madre californiana, explicando que ella no quería adoptar un falso huérfano y que si lo hubiera sabido nunca hubiera adoptado en esas condiciones.

Más adelante descubrieron que, a pesar de que el certificado médico decía que su salud era perfecta, el niño tenía una parálisis cerebral. Me impresiona la ternura y el cariño que la madre despliega con el chiquillo, y también sus lágrimas cuando reconoce que nunca lo hubiera adoptado de haber sabido su estado de salud.

Los reporteros visitan entonces al médico que firmó en Etiopía su certificado de salud. No se acuerda del caso, pero afirma que la agencia le solicitaba constantes cambios en los certificados, especialmente cambios de edad. De eso en España también sabemos bastante…

El vídeo recoge también las declaraciones de Mehari Maru, un abogado especialista en derechos humanos, y de Eyob Kolche, director de un orfanato con una visión muy crítica sobre cómo está funcionando la adopción internacional en su país. Para ellos, es inaceptable el modo en que se reclutan niños en las aldeas para su “comercialización”, en lugar de apoyar a sus familias y a sus comunidades. Kolche explica que los padres de los niños no entienden que la adopción significa que pasan a ser hijos de otros, y que perderán todo contacto para siempre.

Los testimonios ante la cámara de algunas madres etíopes que dieron a sus hijos en adopción son absolutamente desgarradores. Son mujeres fuertes, que llevan escrito en el rostro que la suya no es una vida fácil. Nadie les contó lo que implicaría su renuncia ni las preparó para ello. Nadie les contó que muy probablemente jamás volverían a saber de ellos. Entregaron a sus hijos pensando que los enviaban a una vida mejor y más segura, con la promesa de que recibirían información cada tres meses, pero pasan los años y nadie responde sus preguntas.  “No tengo palabras para expresar mis sentimientos y mi angustia sobre lo que ocurrió a mis hijos y lo que hice. Como madre no poder saber de la situación de mis hijos me hace muchísimo daño. No tengo palabras, no tengo palabras para expresar mis emociones” explica mientras enjuaga sus lágrimas una de las madres, cuyos hijos fueron adoptados en Canadá. Le prometieron que tendría noticias cada tres meses… y ahora llora y maldice el día en que se dejó convencer. La cámara la acompaña desde su aldea hasta la capital, para pedir noticias de sus hijos. Ni siquiera la reciben.

Añadido el 17 de septiembre de 2009: He vuelto a ver el reportaje, y esta vez creo que lo que más me ha impresionado es la madre adoptiva que le dice a la mujer etíope “tu tienes el privilegio de compartir tus hijos”. Bufff…

Enlaces relacionados:

Cuando la adopción busca familias a niños que ya tienen una

El dolor de las madres biológicas

La adopción internacional, ¿tiene que ser cerrada?

La duda que desgarra

Archivado en: ORIGENES, adopcion-y-etica — Beatriz S.R. a las 12:59 am el Domingo, Septiembre 6, 2009

Hoy he asistido al acto de presentación de la Coordinadora de Afectados de la Clínica San Ramón, cuyo nombre completo añade la coletilla “y otras clínicas de Madrid”, aunque son conscientes de que van a necesitar cambiarlo. No fue solo el doctor Vela, la clínica que dirigía, la de O’Donnell, la de Santa Cristina o la de Belén. Chiringuitos similares los hubo en muchas otras ciudades de este país, y es difícil cuantificar cuántas fueron las adopciones tramitadas de forma irregular, cuántos los niños separados de sus madres mediante coacciones, mentiras y engaños. El sociólogo Francisco González de Tena afirma que posiblemente se cuenten por miles. Y seguramente así sea, pues desde su creación hace tan sólo unos meses más de cien personas se han adherido a la coordinadora. Hoy tres de estas personas nos han hablado de su búsqueda y de su necesidad de saber la verdad: Carolina y David en su condición de hijos adoptados; Elsa en la de madre que lleva 28 años preguntándose qué habrá sido del bebé que dio a luz.

Sus testimonios han sido grabados en video, y espero muy pronto poder añadir a este post los enlaces de youtube para quien tenga interés en visionarlos. A los tres les une la sombra de la duda que desgarra, la sospecha de haber sido víctimas de la mafia de tráfico de niños que urdieron el doctor Vela, Sor María y sus colaboradores. Una oscura trama que se destapó en el año 81, y en el que aún a día de hoy los interrogantes son más que las certezas. Y lo que es peor, su peregrinaje en pos de la verdad, de su verdad, la que les pertenece y nadie debería negarles, choca una y otra vez con puertas cerradas, con archivos desaparecidos o inaccesibles, con respuestas frías e insensibles que tratan de convencerles de que aquello fue por su propio bien y que es mejor que pasen página.

Sus relatos, como los de las personas del público que intervienen a continuación para contar historias escalofriantemente similares a las suyas, me provocan una gran indignación pero también una enorme vergüenza. Me indignan los tejemanejes del doctor Vela y compañía pisoteando los derechos de unos y otras, pero también siento una enorme vergüenza con la falta de respuesta que como sociedad estamos ofreciendo a sus víctimas. ¿Tan difícil sería crear un banco de datos genéticos para cruzar los de las madres y los hijos que se buscan? ¿No debería el Estado, que fue en su día incapaz de proteger sus derechos, poner los medios para reparar esos atropellos y restituirles al menos el derecho a conocer la verdad?

Las adopciones de Bones y demás series

Archivado en: Reflexiones al sol, media — Beatriz S.R. a las 12:41 am el Lunes, Agosto 31, 2009

 

BONES2Los encargados de traducir los diálogos de las series traducen indefectiblemente “foster home” por “hogar adoptivo” (que ya de por sí suena raro), y “foster family/mother/father” por “familia/madre/padre adoptivo”. Mentes criminales, CSI… no hay ninguna serie policíaca que se precie que no tenga varios capítulos en los que a alguno de los personajes le destrozó la vida su “hogar” o su familia adoptivos. La prota de Bones, una brillante antropóloga con ciertas dificultades para implicarse emocionalmente en sus relaciones, hace referencias constante a las familias adoptivas de su pasado. En la wikipedia, al hablar de ella dicen “La Dra. Brennan no ha tenido una vida nada fácil; a los 15 años entró en el sistema de adopciones debido a que sus padres desaparecieron poco antes de Navidad y su hermano Russ, quien ese entonces contaba con 19 años decidió no hacerse cargo de ella, ya que pensó que estaría mejor con una familia adoptiva”. Cuando uno ve la serie, entiende que no paso por varias adopciones, sino por distintas centros y familias de acogida.

“Foster” no significa adopción, sino algo así como “acogida”, pero nadie parece haberse dado cuenta. Bueno, sí, estoy segura de que no soy el único miembro de una familia adoptiva que pega un respingo cada vez que los problemas psicológicos de un personaje, muchas veces un asesino en serie, se atribuyen a haber pasado su infancia en uno o más “hogares adoptivos” donde sufrió todo tipo de abusos.

En algún momento, me plantée escribir a las cadenas que emiten las series una carta, señalándoles el error de traducción. Los “foster homes” son en realidad centros de menores, y las “foster families”, familias de acogida. Me frenó pensar que, si cambiaran las traducciones, serían las miles de familias de acogida que hay en este país las que pegarían un bote en la silla al ver repetido de forma abrumadora el estereotipo de familia de acogida maltratadora. Una y otra vez. Es como lo de los hombres que tienen una doble vida, con dos familias, una en la Costa Este y otra en la Costa Oeste. ¿Os habéis fijado la cantidad de telefilmes y series que incluyen uno en su argumento? ¿Será una fantasía americana o realmente se habrán dado muchísimos casos?

El año pasado, mientras preparaba un reportaje sobre el tema para el Magazine, conocí decenas de familias acogedoras. Me sirvió para romper muchas de mis ideas preconcebidas, y para darme cuenta de que se parecen bastante a las adoptivas. Si éstas últimas han entendido que no necesitan compartir ADN para querer a sus hijos, las familais de acogida han ido un paso más allá. Han entendido que no necesitan compartir genética ni apellidos para criar y querer a un niño como si fuera su hijo. Ni siquiera una garantía temporal de que seguirá siéndolo en un futuro. Garantía que, por otra parte, no tenemos ninguno…

El dinero corrompe, aquí y en la China

Archivado en: Adop. Internacional, China, etica-y-adopcion, media — Beatriz S.R. a las 12:05 pm el Domingo, Agosto 23, 2009

Durante mucho tiempo muchos hemos querido creer que China ofrecía un proceso de adopción claro, limpio, sin fisuras. Los orígenes de los menores resultaban difícilmente rastreables pero nadie dudaba de las razones que les habían llevado a ser adoptables: las leyes chinas sobre control de la natalidad daban lugar al abandono de miles de niños (fundamentalmente niñas).

Sin embargo, ya en 2005 saltó a la prensa la noticia del desmantelamiento de una red en las provincias de Hunan y Guangdong.  El Brandeis Institute recoge en su web noticias sobre el tema y afirma que se llevaron a cabo unas 1.000 adopciones de niños sustraídos ilegítimamente. Casos similares fueron apareciendo de forma puntual. Si se tiene en cuenta que del país han salido más de 80.000 niños en los últimos años, podrían considerarse muy bajos… pero son la señal inequívoca de que el sistema debe ser mejorado y corregido.

Este verano hemos tenido conocimiento de otro gran escándalo ligado a la adopción en China; dos, si añadimos la negativa del gobierno holandés a investigar los indicios de corrupción para no perjudicar las relaciones con el gigante asiático (Ver: Dimite la directora de la ecai holandesa “Niños del mundo”). A principios de Julio, el diario chino Southern Metropolis News se hacía eco de las denuncias contra funcionarios que habían vendido a los orfanatos niños para la adopción internacional. Recientemente, Research-China ha publicado la traducción al inglés del artículo, con detalles que ponen los pelos de punta. Los “family-planners” (funcionarios encargados de supervisar el cumplimiento de las políticas de natalidad) arrebataban sus hijos a las familias que no podían pagar las multas por incumplir la ley del hijo único; después declaraban que habían sido encontrados en la calle y se repartían con el orfanato de turno los 3.000 dólares del donativo.

La adopción internacional en China adolece del mismo fallo de base que está corrompiendo el sistema en tantos lugares: ligar las adopciones a las ayudas humanitarias. A la vista de lo que está ocurriendo, resulta hoy de una ingenuidad increíble. Resuenan una vez más en mi mente las palabras de David Smolin: “los pagos y los donativos son el lubricante del tráfico de niños”. También en China.

Para los orfanatos, cada niño que sale del país en adopción supone un ingreso de 3.000 dólares. Si la demanda de adopciones supera la cantidad de abandonos en su zona… cada niño extra supone un pago equivalente a dos años del salario local. Demasiado dinero, demasiado tentador….

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